NOVENA DEL GLORIOSO PRÍNCIPE Y ARCÁNGEL SAN RAFAEL – DÍA TERCERO

Médico y medicina de los dolientes,
Guía y Defensor de los caminantes,
Abogado y Protector de los pretendientes,
Consuelo y Alivio de los afligidos.

 

Por la señal, etc…

ACTO DE CONTRICIÓN

Para todos los días

 

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, mi poderoso Criador, mi dulce Padre y mi piadosísimo Redentor: aquí tenéis postrado a vuestros pies a este hijo pródigo, que tantas veces ha malogrado el patrimonio de vuestra gracia con enormes pecados.La confusión cubre mi rostro, Dios mío, y apenas me atrevo a levantar mis ojos para miraros, aterrado con el asombroso número de mis pecados. Mas, ¿a quién iré, bien mío, sino al que me dio el ser y derramó por mi toda su sangre? Sí: me levantaré y me iré al Padre, os digo como aquel pródigo. A Vos, pues, vengo, cierto que me esperáis con los brazos abiertos para abrazarme y regar con dulces lágrimas mi cuello. Si para esto queréis también mi llanto, de sangre viva quisiera yo formarlo, y daros con esto un testimonio de mi verdadero arrepentimiento. Dad Vos Señor firmeza a mis buenos propósitos, para que, dejando ya de ser demonio por los vicios, sea por las virtudes un Ángel puro, semejante a vuestro querido Arcángel San Rafael.

A Vos, pues, me dirijo, Príncipe gloriosísimo y Ángel de la salud Rafael, para que a la vista de vuestras virtudes y excelencias salga con vuestra protección del abismo de mis vicios y miserias, y merezca con esto el favor que solicito en esta novena, y que espero de aquella vuestra gran clemencia y fondo de caridad, que forma vuestro carácter. Amen.

DÍA TERCERO

mAAMNBIriw4ZcgZ8CcJujWw

SAN RAFAEL PROTECTOR DE LA PUREZA

Aunque la pureza sea blasón común de todos los Ángeles, por ser puros espíritus y carecer, por lo mismo, de esta grosera y corruptible masa de carne que agrava a nuestra triste alma; sin embargo ella pertenece y distingue de un modo especial al purísimo Rafael, por cuyo motivo es considerado por especial protector de la castidad.

Él es quien ata, sujeta y confina al infernal Asmodeo, que es el porta-estandarte de la lujuria.

Efectivamente, leemos en la Sagrada Escritura que el libró a Sara, hija de Raguel y Ana, de la obsesión de aquel inmundo demonio, que le había ya muerto siete maridos, en quienes había atizado antes el hediondo fuego de la lujuria. Pero la protección del grande Rafael escudó al joven Tobías, y lejos de permitir a aquel impuro espíritu que le asestase sus tiros como a los demás maridos de Sara: le atrapó, dice la Escritura, y le amarró en el desierto del alto Egipto.

Así es que este angélico protector de la pureza quita las fuerzas al demonio tentador y corona de triunfos a los que reclaman su auxilio en las arduas y siempre temibles batallas, con que pretenden los demonios conquistar el preciosísimo tesoro de una virtud tan bella, como fácil de perderse.

Medítese un poco y pídase el favor que se desee alcanzar.

COLOQUIO

Purísimo Rafael, ¡oh cuán enamorado os contemplo de la fragantísima azucena de la pureza! ¡Con qué ahínco, y con cuán sabias y oportunas instrucciones procurasteis a inspirarla a vuestro querido Tobías, pintándole la brutal condición de aquellos infelices que a la manera del caballo y el mulo corren precipitados a disfrutar unos placeres, que gustados acarrean la muerte!

Ángel de la pureza, interesaos también en mi ayuda, sostenedme en mis choques y esgrimid la espada de vuestra irresistible virtud contra los infernales enemigos, que con incesantes y porfiados ataques pretenden abrir brecha en mi corazón, para hurtarme aquella preciosa joya que forman las delicias del Hijo de la Virgen.

Mirad, que son muchos y muy temibles los enemigos que se han aliado con cruel mancomún contra de mí; el mundo, con mil aparatos lisonjeros, mi propia carne, con sensaciones tan halagüeñas como traidoras, todo el infierno, con innumerables artimañas; todo, Santo mío, conspira a triunfar de mi constancia en ser puro.

¿Qué haré, triste de mí, que no soy sino imbecilidad y flaqueza, sino sucumbir y perderme? Preciso me será una mano tan robusta como la vuestra, para sacarme airoso y triunfante. Esta mano, pues, pido, esta deseo y su favor espero.

Y para más obligaros, unido mi espíritu con las tres Jerarquías de los Ángeles, saludo a la Sacrosanta e individua Trinidad con tres Padre Nuestros, tres Ave Marías y un Gloria Patri.

ORACIÓN

(Para todos los días)

Excelentísimo Príncipe del Empíreo San Rafael, Ministro del gran Rey, celador de su honra, protector de la castidad, patrono de la limosna y oración, conductor de los caminantes, libertador en los peligros, auxilio cierto en las necesidades, iluminador de los ciegos, y médico universal de todas las enfermedades, a vos clamo, y a la sombra de vuestro patrocinio acudo, para que os dignéis sostenerme en todos mis peligros, consolarme en todas mis tristezas, dirigirme en todos mis apuros y remediarme en todas mis necesidades.

Vos reunís todas las prerrogativas de los nueve coros angélicos; tenéis la pureza y el candor de los demás Ángeles; sois Embajador de las cosas grandes, como los Arcángeles; sobre Vos descansa Dios como en los Tronos; con las Dominaciones señoreáis los ánimos; con los Principados veláis sobre Reyes y reinos; enfrenáis los demonios con las Potestades; obráis estupendos milagros como las Virtudes; en Vos, finalmente, se ven brillar las luces de los Querubines y arder las amorosas llamas de los espíritus Seráficos.

Ya, pues, que residen en Vos tanta grandeza, poder y gloria, usad de vuestra generosa beneficencia con esta inútil criatura, que aunque frágil, al fin os ama con dulce pasión, para que sea feliz en tiempo y eternidad. Amen.