Padre Juan Carlos Ceriani: Fiesta de Santa Rosa de Lima

Sermones-Ceriani

SANTA ROSA DE LIMA

Celebramos hoy la fiesta de Santa Rosa de Lima, Patrona de América.

Lo primero que llama la atención es la espontánea popularidad de esta Santa, cuya vida, casi eremítica y de escalofriantes maceraciones, desconcierta y retrae a quienes leen sus biografías.

Porque Rosa, desde su más tierna edad, mortificó su cuerpo con ayunos extenuantes, abstinencias y cilicios, despiadados azotes, coronas de hirientes púas, lecho erizado de aguzadas ramas y tejas.

El mismo tesón e industria que ponemos el común de los mortales en huir el cuerpo al dolor y hacer más llevadera la fatiga y cómodo el bien vivir, lo empleó esta singular doncella en atormentarse, hasta desbaratar de firme en sí misma aun los más sutiles requerimientos de la naturaleza, todo con la mirada fija en Jesús Crucificado, de Quien vivía perdidamente enamorada y resuelta a imitar en su sacrificio.

A pesar de haber cultivado una santidad tan a trasmano de la mentalidad temporal, su nombre sobrepasó las fronteras del Perú hasta invadir la toponimia americana. No hay país americano que no la celebre bautizando más de un pueblo o comarca con su nombre y erigiendo iglesias, monasterios o escuelas dedicados a ella.

La Liturgia la denomina primera rosa de santidad del continente americano; y la Iglesia nos la propone como modelo a imitar e intercesora a quien invocar.

¿Qué podemos hoy aprovechar para nuestra alma, algo que nos edifique y estimule?

Reflexionemos sobre el Evangelio que la Liturgia escogió para su fiesta: «Semejante es el Reino de los Cielos a un grano de mostaza… semejante es el Reino de los Cielos a un poco de levadura…».

El Reino de los Cielos, la doctrina de Cristo, la Iglesia Católica es como el grano de mostaza: muy pequeña en su comienzo, tan insignificante que apenas fue tenida en cuenta; y sin embargo llegó a convertirse en la más grande, gloriosa e importante de las instituciones… Todas las actividades del hombre y todas las instituciones humanas, cual pájaros del cielo, recurrieron a sus ramas para anidar en ellas, para encontrar en esa doctrina y en esa institución un lugar de refugio y de progreso.

La doctrina cristiana, la Iglesia Católica es también semejante a un poco de levadura, pues con su acción transforma a los individuos, a las familias, a las naciones y a la sociedad toda entera.

Gracias a la Iglesia Católica y a su doctrina, todo cambió en el mundo: la teología, el dogma, la moral, las costumbres, la filosofía, la ciencia, las artes (la literatura, la música, la pintura, la escultura, la arquitectura), la educación, el derecho, la política, la economía… todo… toda la vida del hombre quedó transformada…

«Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados», dice León XIII. Hubo un tiempo en que la doctrina católica iluminaba toda la vida del hombre y dirigía todas sus empresas. De este modo llegó a forjarse la Civilización Cristiana.

Esa misma fuerza misteriosa del Evangelio llegó también aquí a nuestras tierras y produjo los mismos frutos de santidad.

En la historia del catolicismo encontramos vidas de santos que, al igual que Santa Rosa, nos llenan de admiración.

Pensemos en los Apóstoles, los mártires, los confesores, las vírgenes, las santas mujeres…

Ejemplo de sumos pontífices, sacerdotes, fundadores y reformadores de Órdenes, monjes, misioneros, reyes, padres de familia, intelectuales, simples labriegos, hombres de armas, artistas, mujeres ejemplares, vírgenes y viudas, jóvenes y ancianos, niños y adultos…

Todo un programa de vida… Todo un ideal…

Así se fundó, se construyó, se desarrolló, se conservó y llegó a su apogeo la Ciudad Católica, la Civilización Cristiana.

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Y Santa Rosa de Lima fue el primer fruto americano, concebido y dado a luz por aquella Civilización en nuestras tierras…

Su simiente tendría que haber producido frutos aún más escogidos. La lista de santos americanos debería ser interminable… Y, sin embargo…

¿Qué pasó?

Contra aquella Sociedad Católica se había levantado la Revolución Anticristiana, el proceso revolucionario…

Aquí llegó lo último que quedaba de la Cristiandad, personificado en la España de Fernando e Isabel…

Pero ese proceso revolucionario también llegó…; más tarde, pero llegó y se propagó: Humanismo – Renacimiento – Protestantismo – Masonería – Filosofismo – Revolución Francesa – Siglo Estúpido – Revolución Comunista – … Concilio Vaticano II… y lo que va de la Gran Apostasía, que ya llega a su término… y lo que preanuncia…

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¿Qué hacer, entonces?

Ante el proceso revolucionario anticristiano que se iniciara hace seis siglos y que hoy parece arrasar y aniquilar todo, sólo se opone aquella fértil semilla y aquella transformante levadura, que hoy apenas son perceptibles, sí, pero que perdurarán hasta el fin de los tiempos.

Semilla y levadura que se conservan en los que son verdaderamente cristianos, genuinos católicos, auténticos hijos de la Iglesia y discípulos de Nuestro Señor Jesucristo. Estos se asemejan a aquellos que forjaron la Civilización Cristiana.

Hemos visto cómo se construyó la Sociedad Católica. Del mismo modo debe ser conservada y transmitida en la medida de nuestras posibilidades.

¿Cómo lograr esto? De la misma forma en que se instauró; con los mismos ideales, con los mismos principios, con el mismo programa, con idéntico estilo de vida.

Así como la semilla y la levadura del Evangelio transformaron el mundo pagano, y fundaron las universidades, y edificaron las catedrales, organizaron las cruzadas, emprendieron la obra grandiosa de la evangelización de América… del mismo modo, también hoy, aquella semilla y aquella levadura pueden influir sobre la vida toda entera, sobre la manera de vivir, sin olvidar la muerte y la forma de morir…

Pero, para esto hacen falta sembradores y mezcladores, es decir, idénticos cristianos…, católicos como los primeros mártires…, cristianos con los mismos principios de los hombres y mujeres de la Edad Media…, católicos con espíritu de cruzado…, hijos de la Iglesia como Santa Rosa de Lima, como los vendeanos de Francia, los carlistas y requetés de España y los cristeros de Méjico…, católicos enamorados de la Iglesia, de Cristo y de la Civilización Cristiana…

El espíritu del Evangelio, la vida de Cristo conocida y vivida, el ideal cristiano hecho carne, sigue siendo aún hoy en día una semilla capaz de germinar católicos íntegros y una levadura con virtud de transformar las almas y las costumbres neopaganas en almas cristianas y costumbres católicas.

Sólo se trata de sembrar esa semilla en buena tierra y regarla con la oración, la mortificación y los Sacramentos.

Sembrarla en tierra espaciosa, en almas grandes, magnánimas, no en macetas, no en la mezquindad y la pusilanimidad.

No hay más que mezclar esa levadura con los buenos sentimientos e ideales de un alma sedienta de nobleza, de honor, de decoro, de orden, de jerarquía, de valor, en fin, de todos esos valores que hacen grande a una sociedad.

Pero debemos ser conscientes que es imprescindible que la espiritualidad de los que luchan por el recto orden social sea sostenida por sacerdotes fieles a la Tradición, y exclusivamente por éstos.

En efecto, toda la Cristiandad se edificó alrededor del Depósito de la Fe y de la Santa Misa.

Es impensable que los sacerdotes que compaginan errores conciliares con verdades católicas, aunque recen la Misa de siempre, puedan alimentar rectamente las almas de los que han decidido resistir en la inhóspita trinchera con alma de pie de gallo.

Los que para poder sobrevivir necesitan esconder ciertas verdades, ciertos hechos, colocan una espesa nube de deformaciones sobre la evidencia de un cambio, de una ruptura, respecto de doctrinas y ritos que no se pueden abandonar sin vulnerar la Fe Católica.

Este arreglar las cosas, este acomodar los discursos, produce un catolicismo mediocre, que no permite que prenda el fuego sagrado del amor por la Verdad íntegra; engendra un catolicismo mortecino, que impide que la semilla de mostaza germine; gesta un catolicismo amerengado, que obstaculiza el accionar fermentante de la levadura…

La obra de la restauración exige un catolicismo genuino, sin componendas de ninguna naturaleza…

Para terminar, dos preguntas… ¿queremos sembrar esa semilla?… ¿queremos mezclar esa levadura?…

Si estamos dispuestos a ello, entonces habrá almas aisladas y hogares en que el legado de Santa Rosa dará su fruto.

Si no estamos dispuestos a ese sembrar y mezclar, con todo lo que ello exige, pues entonces, poco a poco, lo que aún queda de catolicismo en estas tierras irá desapareciendo y hará su irrupción el hijo de perdición

Recordemos que el don más grande que Dios da a un alma, a una familia, a un pueblo es el don de la FE. Por encima de todas las discusiones, es necesario dar gracias a Dios por este inestimable Don y conservarlo con delicada fidelidad.

De ello es figura señera la santa que hoy honramos y veneramos. Así como ella fue luminaria en los albores de la evangelización de nuestro continente, también puede serlo igualmente en el ocaso que vivimos y en el cual, a pesar de todo y de todos, estamos llamados a dar testimonio de la Verdad.

Que el maravilloso ejemplo de Santa Rosa, Patrona de América, nos ilumine y guíe en esta tarea; y que María Santísima, vencedora de todas las batallas de la Cristiandad, nos conceda la gracia de la fidelidad…