OBISPO, CONFESOR Y DOCTOR DE LA IGLESIA
Considera, cuan milagroso se ostentó Dios en la conversión del Gran Padre y Doctor de la Iglesia San Agustín, pues habiéndose criado en su juventud en la maldita secta de los Maniqueos, y con ella entregándose a todo género de vicios, especialmente al deshonesto, de tal suerte que, como el mismo Santo dice de sí, había hecho ya naturaleza de este abominable vicio; y que se afrentaba de no ser tan sensual como algunos de sus compañeros; y que por no ser despreciado de ellos, no sólo se alababa de lo que había hecho, sino que se jactaba de lo que no había cometido. En él, pues, en donde más abundó el delito, sobresalieron más los resplandores de la divina gracia.Fue San Agustín hijo de Santa Mónica, según la carne, y fue hijo de sus lágrimas, según el espíritu. ¡Oh buena Madre! Lloró infinitas lágrimas para que no se perdiere el alma de su hijo. Dejó Agustín las malas compañías que llevaba, se dio a leer libros devotos, especialmente la vida del Gran Antonio; trabó grande amistad con San Ambrosio; y estos fueron los medios para salir del cieno y ceguedad en que estaba.
Procura, pues, a su imitación, dejar la compañía de los depravados y juntarte con los buenos, leer libros piadosos y oír santas amonestaciones; y con esto, si eres malo, te harás bueno; y si bueno, te harás espiritual.
Considera, como de un pecador tan grande hizo Dios una de las mayores Columnas y Lumbreras de su Iglesia, de quien, como dice San Vicente Ferrer, se verifica la visión que vio el Profeta Zacarías, cuando le dijo el Ángel: ¿Qué es lo que ves? Y respondió: Un candelero todo de oro, y siete luces encima. Este Candelero, dice el Santo, es San Agustín; las luces, son los demás Doctores de la Iglesia.
Además de lo dicho, por estas siete luces entiende San Vicente siete especiales virtudes en que resplandeció San Agustín, que fueron la Humildad, la Pobreza de espíritu, la Castidad, la Caridad, la Abstinencia, la Paciencia en los trabajos, y la Diligencia con que expulsó de sí todo género de ociosidad.
Resuélvete a imitarle en esta diligencia, y será medio para imitarle en las otras virtudes.
Considera como esta Lumbrera grande tuvo un ingenio y sabiduría exquisita; alumbró con sus celestiales escritos toda la Iglesia de Dios, y la hermoseó con la Sagrada Orden que fundó, y sin embargo fue su humildad profundísima. ¿Qué Santo hay en la Iglesia de Dios que haya dejado escrita una Confesión general de todas sus culpas, para que todo el mundo las sepa, como lo hizo San Agustín? ¿Quién se retractó públicamente de algunas cosas que escribió y que como hombre erró, como lo hizo San Agustín? ¡Oh humildad más profunda! ¡Oh acción tan poco usada de los sabios de este mundo! Por ello a estos les ocultó Dios los altísimos Misterios de su Sabiduría Divina, y los comunicó al humilde Agustín para luz de la Iglesia y confusión de los Herejes.
Tú, ya que no tienes tanto de qué envanecerte, procura ser humilde, pues sería gran ceguedad que, siendo poco sabio, te perdieses por quererlo parecer con altivez y soberbia.

