JORGE DORÉ: POESÍA

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Oh Dios, que con tu sangre vuelta un ígneo torrente
recorriste las sendas de la muerte y la vida
y en cada llaga abierta te transformaste en fuente
de luz para nosotros, la humanidad caída.

                               ***

Tú que morir quisiste con los brazos abiertos,
–monumental abrazo de amor a los humanos–,
y que resucitaste de entre todos los muertos
volviéndote esperanza de todos los cristianos,

                               ***

ven. Ruédame la piedra de mi sepulcro oscuro,
llega ante mi cadáver, rasga este mal sudario
que tan pegado llevo de haber vivido impuro,
inútil, como el hueco de un vacío incensario.

                               ***

Si tuviste palabras de perdón para aquellos
que al verte destrozado, se burlaron de Ti,
tal vez viste mi rostro confuso entre uno de ellos.
Perdóname, Dios mío, porque yo estuve allí.

                               ***

Te vi morir grandioso. Como un pájaro helado
que bajo la custodia de sus alas abiertas
en agónica estampa, –con pecho desgarrado–,
velaba por sus crías aun con sus plumas yertas.

                                ***

Así, en tu gesto cupo la humanidad entera,
uniste cielo y tierra y oeste y este en luz;
tu corazón en medio. Carne, hierro y madera,
sellaron el profundo misterio de la cruz.

                                ***

Apártame la piedra de mi tumba, que es tarde.
Mi lámpara está llena de aceite. Quiero arder.
no dejes que me canten más gallos por cobarde.
Mi fe promete un alba. Sé tú mi amanecer.

                                ***

Perdóname estos años baldíos. Un buen huerto
me diste y, por descuido, lo tengo sin labrar.
Fecunda mi esperanza, florece en mi desierto
y apártame la piedra, ¡No quiero seguir muerto!
¡Apártame la piedra para resucitar!

Jorge Doré