CRÍTICA DE FONDO – III
DE LA ESCANDALOSA RESPUESTA DEL OBISPO DE KENT
Para las dos Entregas anteriores de la Crítica de Fondo, ver aquí:
https://radiocristiandad.wordpress.com/2015/08/03/para-los-que-aun-dudan/
https://radiocristiandad.wordpress.com/2015/08/04/para-los-que-aun-dudan-iia-parte/
Terminaba la Segunda Parte de mi Crítica de Fondo con estas palabras:
Sólo un modernista conciliar puede decir que la nueva misa puede ser usada para edificar la fe.
Sólo modernistas conciliares pueden defender a un modernista conciliar que sostiene tales principios.
Sólo modernistas conciliares pueden secundar la absurda idea de participar en la nueva misa por el solo hecho de pensar que es válida…
¡Con mayor razón, si hay dudas positivas sobre su invalidez!
Este será el tema de la siguiente entrega.
Pues, aquí estamos
En efecto, recordemos que el Obispo de Kent, en su tan triste como famosa respuesta, expresó:
No hay nada en el texto de la misa nueva que la haga inevitablemente inválida.
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Sería muy largo analizar en detalle todo lo referente al Novus Ordo Missæ. Me contentaré, pues, con proporcionar algunos puntos de reflexión y comentar otros.
En primer lugar, tengamos en cuenta que en su respuesta el Obispo de Kent no hace en ningún momento la distinción entre Novus Ordo Missæ tal como apareció en su versión latina en 1969 y Novus Ordo Missæ en sus diversas variantes en lengua vernácula. ¿A cuál asiste la señora de la pregunta, y a cuál se refiere el señor Obispo?
Él dice simplemente:
Yo no creo que la nueva misa siempre sea inválida. No lo creo. Y Monseñor Lefebvre tampoco lo creía. No hay nada en el texto de la misa nueva que la haga inevitablemente inválida. Hay gente que lo dice, yo no creo que tengan razón; de acuerdo a la teología católica, no creo que tengan razón. Yo creo, como usted dice, que es muy posible que la consagración sea real.
Esto es muy importante.
Lo repito, no entro en todos los detalles. Digo esto porque las dos fórmulas latinas de la Consagración también han sido modificadas.
Pero en las versiones en lengua vernácula las modificaciones son más graves, especialmente en las palabras de la Consagración del Cáliz: el famoso por todos los hombres en lugar del pro multis.
Siendo profesor en el Seminario de Ecône, el futuro Obispo de Kent enseñaba lo siguiente:
Para que una Misa Nueva en lengua vernácula sea válida son necesarias dos condiciones:
1ª) Que Santo Tomás de Aquino tenga razón, y la transubstanciación se realice por las palabras Este es el cáliz de mi sangre.
Dice Santo Tomás en III, q. 78, a. 3:
Todas estas palabras pertenecen a la esencia de la forma. Pero las primeras palabras: Este es el cáliz de mi sangre, significan precisamente la conversión del vino en la sangre, del modo que ya se dijo en la forma de la consagración del pan. Y las palabras siguientes designan el poder de la sangre derramada en la pasión.
2ª) Que un cambio tan importante no afecte, por su proximidad, a la intención que debe tener el sacerdote, la cual ha de ser “por muchos” y no “por todos”.
Todo indicaría que el darwinismo teológico es el responsable de que el Obispo de Kent sostenga, treinta y cuatro años más tarde:
Yo creo, como usted dice, que es muy posible que la consagración sea real.
Es interesante recordar que el 17 de octubre de 2006, la Congregación [modernista-conciliar] para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos escribió a los presidentes de todas las conferencias episcopales respecto a la traducción de pro multis en las palabras de consagración del Ordinario de la Misa. Allí se lee:
► “Por muchos” es la fiel traducción de pro multis.
► A las Conferencias Episcopales de aquellos países en donde la fórmula “por todos” o su equivalente está siendo utilizada actualmente, se les solicita que emprendan una catequesis necesaria de los fieles acerca de este asunto en los próximos uno o dos años a fin de prepararlos para la introducción de una traducción vernácula precisa de la fórmula pro multis (e.g., “por muchos,” “per molti,” etc.) en la próxima traducción del Misal Romano que los obispos y la Santa Sede aprobarán para ser usados en sus países.
Pero también se dice en el mismo documento:
► No existe duda alguna en relación a la validez de las Misas celebradas utilizando una fórmula aprobada debidamente y que contenga una fórmula equivalente a “por todos”. Por cierto, la fórmula “por todos” correspondería indudablemente a una interpretación precisa de la intención del Señor expresada en el texto. Es un dogma de fe que Cristo murió en la Cruz por todos los hombres y mujeres (cf. Juan 11: 52; 2 Corintios 5: 14-15; Tito 2: 11; 1 Juan 2: 2).
El darwinismo teológico del Obispo de Kent parece, pues, estar en consonancia con el modernismo conciliar, que se opone al Magisterio de la Iglesia, y por lo mismo está condenado.
Leamos algunas definiciones doctrinales al respecto:
Concilio de Quiersy (año 853): “Cap. 3. Dios omnipotente quiere que todos los hombres sin excepción se salven [1 Tim. 2, 4], aunque no todos se salvan. Ahora bien, que algunos se salven, es don del que salva; pero que algunos se pierdan, es merecimiento de los que se pierden. Cap. 4. Como no hay, hubo o habrá hombre alguno cuya naturaleza no fuera asumida en Él; así no hay, hubo o habrá hombre alguno por quien no haya padecido Cristo Jesús Señor nuestro, aunque no todos sean redimidos por el misterio de su pasión. Ahora bien, que no todos sean redimidos por el misterio de su pasión, no mira a la magnitud y copiosidad del precio, sino a la parte de los infieles y de los que no creen con aquella fe que obra por la caridad [Gal. 5, 6]; porque la bebida de la humana salud, que está compuesta de nuestra flaqueza y de la virtud divina, tiene, ciertamente, en sí misma, virtud para aprovechar a todos, pero si no se bebe, no cura” (Dz. 318-319).
Concilio de Valence (año 855): “Can. 4. Igualmente sobre la redención por la sangre de Cristo, en razón del excesivo error que acerca de esta materia ha surgido, hasta el punto de que algunos, como sus escritos lo indican, definen haber sido derramada aun por aquellos impíos que desde el principio del mundo hasta la pasión del Señor han muerto en su impiedad y han sido castigados con condenación eterna, contra el dicho del profeta: Seré muerte tuya, oh muerte; tu mordedura seré, oh infierno [Os. 13, 14]; nos place que debe sencilla y fielmente mantenerse y enseñarse, según la verdad evangélica y apostólica, que por aquellos fue dado este precio, de quienes nuestro Señor mismo dice: Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es menester que sea levantado el Hijo del Hombre, a fin de que todo el que crea en Él, no perezca, sino que tenga la vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo unigénito, a fin de que todo el que crea en Él, no perezca, sino que tenga la vida eterna. [loh., 3, 14ss]; y el Apóstol: Cristo -dice- se ha ofrecido una sola vez para cargar con los pecados de muchos [Hebr. 9, 28]” (Dz. 323).
Concilio de Trento (Sesión VI, 13/1/1547): “Cap. 3. Más, aun cuando Él murió por todos [2 Cor. 5, 15], no todos, sin embargo, reciben el beneficio de su muerte, sino sólo aquellos a quienes se comunica el mérito de su pasión. En efecto, al modo que realmente si los hombres no nacieran propagados de la semilla de Adán, no nacerían injustos, como quiera que por esa propagación por aquél contraen, al ser concebidos, su propia injusticia; así, si no renacieran en Cristo, nunca serían justificados, como quiera que, con ese renacer se les da, por el mérito de la pasión de Aquél, la gracia que los hace justos” (Dz. 795).
Catecismo Romano: “Las palabras por vosotros y por muchos, tomadas separadamente de San Mateo y de San Lucas, fueron unidas por la Iglesia, por divina inspiración, para significar el fruto y la fecundidad de la Pasión de Nuestro Señor. Porque considerando su eficacísima virtud, debemos admitir que Cristo derramó su sangre por la salud de todos; mas si atendemos al fruto que en ella consiguen los hombres, habremos de admitir que no todos participan efectivamente, sino sólo muchos. Por consiguiente, al decir Cristo por vosotros, significó a los Apóstoles, con quienes hablaba, excepto Judas, y a los elegidos entre los judíos como discípulos suyos. Y al añadir por muchos, quiso referirse a todos los demás elegidos, tanto judíos como gentiles. Con razón no dijo por todos, tratándose de los frutos de su pasión, que sólo los elegidos perciben. En este sentido deben entenderse las palabras de San Pablo: Cristo que se ofreció una vez para soportar los pecados de muchos, por segunda vez aparecerá, sin pecado, a los que le esperan para recibir la salud [Heb. 9, 28]. Y aquellas otras del mismo Señor: Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que tú mediste, porque son tuyos [Jn. 17, 9]” (B.A.C., págs. 459-460).
Por lo tanto, la intención de Jesucristo al consagrar fue la de expresar la voluntad de su Padre, que si bien antecedentemente quiere la salvación de todos los hombres, consecuentemente sólo quiere la salvación de muchos. Esa es la intención de la Iglesia Católica y la que debe tener todo sacerdote para consagrar válidamente.
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Para terminar la presente entrega llamó una vez más la atención sobre las palabras del Obispo de Kent, tan taxativas que no admiten discusión y cortan cualquier posibilidad de réplica:
No hay nada en el texto de la misa nueva que la haga inevitablemente inválida.
Después de todo lo que hemos leído, como mínimo se puede establecer una duda positiva sobre la validez de una misa celebrada con el Novus Ordo, tanto en lengua vernácula, como en latín.
Por esta razón y a este respecto le escribí al futuro Obispo de Kent, en mi carta del 21 de diciembre de 2007, citando al Superior del Distrito de Francia:
Entre un rito ciertamente válido y un rito ciertamente inválido, se da lo que estamos obligados a llamar un rito o sacramento dudosamente válido.
Monseñor Lefebvre habla sobre esto en el Sermón del 30 de junio 1988, con ocasión de las Consagraciones Episcopales en Ecône: «Ustedes saben bien, mis queridos hermanos, no puede haber sacerdotes sin un obispo. Todos estos seminaristas que están aquí, si mañana el buen Señor me llama −y sin duda será sin tardar− así, estos seminaristas, ¿de quién recibirán el sacramento del orden? ¿De Obispos conciliares, cuyos sacramentos son todos dudosos, porque no sabemos exactamente cuáles son sus intenciones? ¡No es posible!»
Destaquemos todo el alcance de esta declaración: dadas las circunstancias, estas palabras tuvieron una repercusión Urbi et orbi. Menos que en otros lugares, la amplificación retórica fue puesta aquí. Si Monseñor Lefebvre (cuya franqueza nunca ha sido negada por nadie y cuya prudencia siempre ha sido elogiada por todos los que lo siguieron) se atrevió a hablar de este modo, es porque estaba convencido seriamente al mismo tiempo de la verdad y de la importancia de esta afirmación.
Es cierto que los frutos de un rito ciertamente válido siguen siendo buenos. Pero el rito del NOM es dudosamente válido porque, si lo examinamos, hay razones objetivas para concluir que, utilizando este rito, todo celebrante no tendrá necesariamente, siempre y en todas partes, la intención necesaria para la validez del sacramento de la Eucaristía, la intención objetiva de hacer lo que hace la Iglesia (independientemente de sus intenciones subjetivas y personales que, por definición, nadie puede juzgar). A veces, la intención estará ahí, a veces no va a estar allí: la inconsistencia de este rito podrá adecuarse a todas las acomodaciones.
En efecto, existe un vínculo necesario entre la ortodoxia del rito y su validez. Debido a que el rito es la causa de la intención del ministro, requerida para la validez.
Un ejemplo puede ayudarnos a entender esto. En efecto, sabemos que por la Bula Apostolicæ Curæ, del 13 de septiembre de 1896, el Papa León XIII tranzaba con autoridad para decir que el rito utilizado para consagrar a los sacerdotes u obispos anglicanos da la certeza moral de que no hay allí la intención requerida para el ministro (sea éste válidamente consagrado o no).
La expresión de León XIII es muy precisa: no dice que este rito sea inválido por vicio de forma sacramental; dice que este rito es inválido por defecto de la intención.
Como lo explica León XIII, la forma no se utiliza nunca como tal, como una pieza desprendida y abstracta del rito. Se utiliza en el contexto de un rito que determina el sentido y que va de este modo a condicionar la intención del ministro.
Es posible que, ateniéndose sólo a las palabras de la forma, tomadas literalmente y sin referencia a ningún rito, nada se oponga a la validez. Pero es posible que con esto, si nos atenemos al sentido que estas palabras revisten en el contexto de todo el rito, tal como el ministro realmente las utiliza, la validez sea cuestionada.
Debemos, pues, distinguir cuidadosamente las dos condiciones necesarias para la validez: por un lado, una condición de parte de la forma sacramental tomada en el estado puro, en función de las palabras literales y abstractas del rito; por otra parte, la condición requerida del lado de la intención, en función del sentido que el contexto de todo el rito dará a estas palabras, en el uso concreto que el ministro hace de ellas. Si el rito da a las palabras de la forma sacramental un significado que no es el de la Iglesia Católica, o que es dudoso, el ministro que usa este rito no tendrá o tendrá dudosamente la intención de hacer lo que hace la Iglesia.
La dificultad que plantea el nuevo rito de la Misa de 1969, reformado por Pablo VI, se plantea en términos comparables. Ella viene del hecho de que las palabras de la totalidad del nuevo rito (no sólo las palabras literales de la consagración que, en lo abstracto del rito, podrían ser suficientes para su validez) ya no son suficientes para asegurar la intención necesaria para el celebrante.
Este rito, sin ser positivamente herético, favorece la herejía a causa de su ambigüedad y de sus omisiones graves, es un rito totalmente nuevo, del cual expertos altamente calificados han dicho que «se aleja impresionantemente, en el conjunto como en todos los detalles, de la teología católica de la santa Misa, tal como ella se formuló en la sesión 20ª del Concilio de Trento». Este rito es ambiguo, al punto de sugerir (sin confesarlo francamente nunca) una doctrina que no es más católica, sino heterodoxa, y por lo tanto al punto de condicionar en el celebrante una intención que no es la de la Iglesia.
Este es el significado de la crítica dirigida al Papa Pablo VI por los cardenales Ottaviani y Bacci en 1969:
«El alcance de las palabras de la consagración tal como figuran en el Novus Ordo está condicionado por todo el contexto. Estas palabras pueden asegurar la validez en razón de la intención del ministro, pero no lo hacen ex vi verborum o, más precisamente, en virtud del modus significandi que les está asociado en el Canon de San Pío V. Es posible, pues, que estas palabras no garanticen la validez de la consagración. Los sacerdotes que en un futuro cercano no hayan recibido la formación tradicional y que se fiarán del Novus Ordo para hacer lo que hace la Iglesia, ¿consagrarán válidamente? Es legítimo dudarlo.»
Monseñor Lefebvre insistía en la importancia de este juicio del Breve Examen Crítico de los Cardenales Ottaviani y Bacci:
«Tuve la oportunidad de releer el pequeño fascículo que obviamente conocéis, el Breve Examen Crítico del Novus Ordo Missæ, aprobado por los cardenales Ottaviani y Bacci. Hay una nota en este pequeño libro que es muy útil releer acerca de las palabras de la consagración, que, desde la introducción del Novus Ordo, fueron motivo de muchas discusiones y consideraciones. Les puedo decir que lo que allí se encuentra representa lo que yo personalmente siempre he considerado como la evaluación más precisa sobre la validez o invalidez del Novus Ordo Missæ. Esto tiene cierta importancia, debido a las actuales discusiones sobre este tema. Esto es lo que pienso que yo siempre he dicho: habrá de más en más misas inválidas debido a la formación de los sacerdotes jóvenes que no tendrán la intención de hacer realmente lo que hace la Iglesia. Hacer lo que hace la Iglesia, es decir hacer lo que la Iglesia siempre ha hecho, lo que la Iglesia de una manera −casi me atrevería a decir si se puede decir− eterna. De este modo, estos jóvenes sacerdotes no tendrán la intención de hacer lo que hace la Iglesia, porque no les han enseñado que la Misa es un verdadero sacrificio. Ellos no tendrán la intención de hacer un sacrificio, tendrán la intención de hacer una Eucaristía, un compartir, una comunión, un memorial, lo cual no tiene nada que ver con la fe en el sacrificio de la misa. Así, en este punto, a medida que estos sacerdotes deformados ya no tengan más la intención de hacer lo que hace la Iglesia, las misas serán de más en más obviamente inválidas» (Conferencia espiritual en Ecône, 8 de febrero 1979, incluida en el libro producido bajo la dirección del Padre Troadec, La Misa de siempre, págs. 372-374)”.
Todo lo hasta aquí leído nos lleva a plantear la relación que existe entre la Forma de un Sacramento, su Significación y la Intención del ministro.
Dios mediante, lo veremos en una próxima entrega.
Continuará…
Padre Juan Carlos Ceriani



