PARA LOS QUE AÚN DUDAN – IIª PARTE

CRÍTICA DE FONDO – II

DE LA ESCANDALOSA RESPUESTA DEL OBISPO DE KENT

Para la Primera Entrega de la Crítica de Fondo, ver aquí:

https://radiocristiandad.wordpress.com/2015/08/03/para-los-que-aun-dudan/

Hemos visto que el Obispo de Kent dice acertadamente:

 Esta es la religión actualmente y es mortal, absolutamente mortal, no tiene nada que ver con la fe católica, excepto que es una inteligente imitación de la fe católica.

 Toda la nueva religión —y la misa Novus Ordo es una parte esencial de la nueva religión— está diseñada para alejarlo de la fe católica.

 En sí misma hace daño, no hay duda de eso. Es un rito diseñado para socavar la fe católica.

Lamentablemente, también asentó estos principios de moral de situación:

 El principio esencial es: haga lo que necesite para conservar la fe.

 La regla de oro es esta, la regla absoluta de las reglas me parece ser esta: haga lo que necesite para nutrir su fe. Si para nutrir su fe usted necesita…

Y, Preso por mil, preso por mil quinientos”, sacó sus consecuencias:

 Mientras que la nueva religión es falsa, es peligrosa y estrangula la gracia y está haciendo que mucha gente pierda la fe, al mismo tiempo todavía hay casos en que [la nueva religión o la nueva misa] puede ser usada y todavía es usada para edificar la fe.

 Hay casos en que incluso se puede asistir a la misa Novus Ordo con un efecto de edificar la propia fe en lugar de perderla.

 Hay algunos sacerdotes Novus Ordo con parroquias Novus Ordo que están en problemas con sus obispos. Ellos están en problemas con sus obispos Novus Ordo porque están nutriendo y edificando la fe en su parroquia Novus Ordo. Ellos celebran Misa lo más decentemente posible, ellos dan bendiciones con el Santísimo, alientan a rezar el rosario.

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Relación entre la Fe y la Liturgia

Todos estos textos del Obispo de Kent nos llevan a analizar la relación estrecha que existe entre la Fe y la Liturgia.

Mi disputa con el señor de Obispo no data del mes pasado, sino que viene de lejos…

En efecto, respecto del Motu proprio (¡y no del Novus Ordo Missæ!), escribí al futuro Obispo de Kent en mi carta del 21 de diciembre de 2007:

https://radiocristiandad.wordpress.com/2012/10/06/carta-del-padre-ceriani-a-monsenor-williamson-de-diciembre-de-2007/

Se nos objetará que la verdadera liturgia está necesariamente vinculada a la fe genuina, según el adagio “Lex orandi, lex credendi”.

Sí, es cierto, las dos están vinculadas, pero no en el sentido que se nos querría hacer admitir.

La verdad es que la ley de la fe establece la ley del rezo, pero no el revés.

Pío XII tuvo que poner las cosas en orden. En efecto, ya que en su tiempo, en nombre del sentimiento interior, ¡el modernismo daba la preferencia a la liturgia sobre la fe!

Dice Pío XII en la Encíclica Mediator Dei (ahora completo la cita):

La Sagrada Liturgia está íntimamente unida con los principios doctrinales que la Iglesia propone como verdades certísimas, y por consiguiente tiene que conformarse a las enseñanzas de la fe católica, predicadas por el Magisterio supremo, con el fin de amparar la integridad de la Religión por Dios revelada.

A este propósito, Venerables Hermanos, juzgamos necesario poner en su punto algo que creemos no os es desconocido: Nos referimos al error y engaño de los que han considerado la Liturgia como un ensayo del Dogma, en cuanto que si una de estas verdades producía a través de los ritos litúrgicos frutos de piedad y santidad, la Iglesia tendría que aprobarla, y en el caso contrario, reprobarla. De ahí provendría el principio: La ley de la Oración es ley de la Fe.

No es, sin embargo, esto lo que enseña ni lo que ordena la Iglesia. El culto que Ella tributa a Dios es, como concisa y expresivamente dice San Agustín, una continua profesión de fe católica y un ejercicio de la esperanza y de la caridad: «Dios debe ser honrado con la fe, la esperanza y la caridad».

En la Sagrada Liturgia hacemos explícita y manifiesta profesión de la fe católica, no sólo con la celebración de los misterios divinos, con la oblación del Sacrificio, la administración de los Sacramentos, sino también rezando y cantando el Símbolo de la Fe, que es como la insignia distintiva de los cristianos, con la lectura de otros documentos y de la Sagrada Escritura, inspirada por el Espíritu Santo. Toda la Liturgia, por consiguiente, contiene la fe católica, en cuanto da un testimonio oficial de la fe de la Iglesia.

Por este motivo, cuando se ha tratado de definir un dogma, los Sumos Pontífices y los Concilios, al recurrir a las llamadas «Fuentes Teológicas», muchas veces sacaron también argumentos de esta sagrada disciplina, como lo hizo, por ejemplo, Nuestro Predecesor, de inmortal memoria, Pío IX, cuando definió la Inmaculada Concepción de la Virgen María. De la misma manera también la Iglesia y los Santos Padres, cuando se discutía una verdad controvertida o puesta en duda, nunca dejaron de pedir luz a los ritos venerables transmitidos por la antigüedad. De ahí viene el conocido y respetable axioma: «La ley de la oración determina la ley de la Fe» (Legem credendi lex statuat supplicandi).

La Liturgia, por consiguiente, no presenta ni constituye en sentido absoluto y por su propia autoridad la fe católica, sino más bien, siendo como es una profesión de las verdades divinas —profesión sujeta al Supremo Magisterio de la Iglesia—, puede proporcionar argumentos y testimonios de no escaso valor para decidir un punto determinado de la doctrina cristiana.

De aquí que, sí queremos distinguir y determinar de manera general y absoluta las relaciones que existen entre fe y Liturgia, se puede con razón afirmar: «la ley de la Fe debe establecer la ley de la oración».

Lo mismo se diga cuando se trata de las otras virtudes teologales: «En la Fe, Esperanza y Caridad oramos siempre con deseo continuo».

Se ve por este texto de Pío XII que la Liturgia está en dependencia de la Fe, y no el revés.

Se puede honrar a Dios por la Liturgia si se tiene de antemano la Fe recta.

Es decir la Liturgia y la Misa no pueden hacer profesar y alimentar la Fe sino en los que ya la poseen.

Por lo tanto, debemos sostener que la única ley de la oración que puede nutrir nuestra fe es la que está establecida por la ley de la fe.

No pienso que el Obispo de Kent lea mis artículos publicados en Radio Cristiandad. Pero aquella carta de diciembre de 2007, ¡me consta que la leyó! Sin retractarse…, claro… Es más, fue incluso más lejos… Pues del Motu proprio pasó al Novus Ordo Missæ…

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En aquella misma carta de 2007 también le escribí, entre otras cosas, lo siguiente:

La Iglesia prohíbe a los fieles católicos recibir los sacramentos, incluso si son juzgados válidos, incluso la Eucaristía, de un ministro cismático o hereje.

Lo que demuestra que la validez de un rito no es suficiente para probar que la recepción del fruto sea buena en todas las circunstancias.

Adorar al Santísimo Sacramento es ejercer la virtud de religión, usando los frutos de un rito válidamente celebrado. Pero la Iglesia prohíbe a los fieles practicar la virtud de religión en connivencia con los cismáticos o herejes. Sigue siendo el delito de communicatio in sacris.

No se permite ir a meditar, orar y adorar a Nuestro Señor, incluso realmente presente en el tabernáculo, si esta presencia real se deriva de un rito válido pero cismático.

Una vez más vemos que no es suficiente que una hostia haya sido válidamente consagrada para que todo creyente pueda y deba darle el tributo de adoración.

En el caso extremo de la misa negra satánica, la Iglesia establece que las sagradas especies, válidamente consagradas en tal contexto sacrílego, no deben ser devueltas a la adoración de los fieles (imagine, o mejor no imagine la escena…) sino simplemente abandonadas a su corrupción natural.

En resumen, el uso de los sacramentos y el ejercicio de la virtud de religión, que suponen, en un caso como en el otro, la validez del rito, no hace nunca abstracción del valor doctrinal y moral de este rito. Esto es así porque, recibiendo los sacramentos y ejerciendo la religión, los fieles deben profesar su fe y practicar la moral.

Por tanto, ni el uso de los sacramentos ni el ejercicio de la religión debe ser la ocasión de herir la fe y la moral. La Iglesia no permite a los fieles el uso de los sacramentos (incluso válidos) administrados por acatólicos, y también les prohíbe practicar su religión en el contexto que se siga de estos sacramentos.

Monseñor Lefebvre juzgó preferible extender esta legislación de la Iglesia respecto de los nuevos sacramentos conciliares, especialmente la Nueva Misa:

«Estas nuevas misas no sólo no pueden ser objeto de una obligación para el precepto dominical, sino que deben aplicarse a ellas las reglas canónicas que la Iglesia suele aplicar a la communicatio in sacris con los cultos cismáticos ortodoxos y con los cultos protestantes» (Cor Unum Nº 4, noviembre de 1979, págs. 4-5).

«Con respecto a la Nueva Misa, destruyamos inmediatamente esta idea absurda: si la nueva misa es válida, se puede participar en ella. La Iglesia siempre ha prohibido asistir a las misas de cismáticos y herejes, incluso si son válidas. Es obvio que no podemos participar en misas sacrílegas, ni en misas que ponen en peligro nuestra fe» (Declaración sobre la Nueva Misa. Noviembre de 1976).

Sólo un modernista conciliar puede decir que la nueva misa puede ser usada para edificar la fe.

Sólo modernistas conciliares pueden defender a un modernista conciliar que sostiene tales principios.

Sólo modernistas conciliares pueden secundar la absurda idea de participar en la nueva misa por el solo hecho de pensar que es válida…

¡Con mayor razón si hay dudas positivas sobre su invalidez!

Este será el tema de la siguiente entrega.

 

Continuará…

 

Padre Juan Carlos Ceriani