PARA LOS QUE AÚN DUDAN – Iª PARTE

CRÍTICA DE FONDO – I

DE LA ESCANDALOSA RESPUESTA DEL OBISPO DE KENT

Recordamos que el Obispo que no se retracta, luego de una Conferencia que diera el 28 de junio pasado, ante la pregunta de una señora sobre la asistencia a la nueva misa, se explayó durante diez minutos con una escandalosa respuesta.

Ver aquí:

https://radiocristiandad.wordpress.com/2015/07/30/la-tristemente-famosa-y-escandalosa-respuesta-del-obispo-de-kent/

Ya he publicado un Breve Análisis de la misma:

https://radiocristiandad.wordpress.com/2015/07/31/38766/

Nos queda por ver la crítica de fondo. Comenzamos hoy con dos temas fundamentales:

► Los fines de la Santa Liturgia en general, y del Santo Sacrificio de la Misa en particular.

► La moral de situación.

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Fines de la Santa Liturgia y de la Santa Misa

Hemos visto que el Obispo de Kent, partiendo de principios ilusorios:

Todavía hay casos en que la nueva religión (o la nueva misa) puede ser usada, y todavía es usada, para edificar la fe.

Hay casos en que incluso se puede asistir a la misa Novus Ordo con un efecto de edificar la propia fe en lugar de perderla.

Llega a dar malos consejos:

La regla de oro es esta, la regla absoluta de las reglas me parece ser esta: haga lo que necesite para nutrir su fe.

Por lo tanto, no voy a decir que todas las personas deben permanecer alejadas de cada misa Novus Ordo. No, si ellos pueden confiar en su propio juicio de que asistir a esta misa puede hacerles más bien que mal espiritualmente.

Tenga mucho cuidado, permanezca alejado del Novus Ordo, pero excepcionalmente, si usted está vigilando y orando, incluso allí usted encontrará la gracia de Dios, si usted la usa para santificar su alma.

Ahora bien, sabemos que los fines de la Santa Liturgia consisten:

1º) En la gloria de Dios

2º) En la santificación y edificación de los fieles.

El deber fundamental del hombre es, sin duda ninguna, el de orientar hacia Dios su persona y su propia vida. Ahora bien, el hombre se vuelve ordenadamente a Dios cuando ofrece, mediante la virtud de la religión, el culto y homenaje debidos al único y verdadero Dios.

No se puede procurar la gloria de Dios por medio de un culto bastardo.

El Obispo de Kent antepone una pretendida santificación de los fieles a la gloria de Dios.

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La moral de situación

También vimos que el Obispo de Kent parte de principios subjetivos:

Usted haga sus propios juicios.

Tengo que tomar mis propias decisiones en mis propias circunstancias.

Estos consejos del señor Obispo se asemejan mucho al principio de la llamada moral de situación.

Este error consiste en afirmar que el hecho de que un acto sea bueno o malo no lo determina una ley universal e inmutable (la ley moral), sino que se debe valorar en base a la situación personal en que se encuentra la persona.

No es lícito realizar acciones malas, sea cual fuese la situación de la persona.

La moralidad de un acto no depende del estado anímico de la persona que realiza dicho acto, sino de su adecuación o no a la ley moral.

Es más, hay situaciones en que debemos sacrificarlo todo, incluida la propia vida, con tal de no realizar una acción mala, sean cuales fueren las circunstancias en que nos encontremos.

En una carta de abril de 1987, dirigida a sus sacerdotes, Monseñor Lefebvre escribió:

No tomar más como guía del pensamiento y de la acción la verdad objetiva es una empresa nueva para la Iglesia, y es difícil unirla a la Tradición a no ser afirmando proposiciones contradictorias.

Con la nueva moral ya no es la ley la que dicta lo que se debe hacer o no, sino que es la situación del individuo la que establece la ley.

El error de la moral de situación radica en sustituir las normas objetivas por las aspiraciones subjetivas y el sentimiento personal.

En cambio, según la recta moral, la conciencia aplica la norma moral objetiva al caso particular; no crea la norma de acción en función de la situación subjetiva en que se halle la persona.

La moral de situación, en definitiva, es una consecuencia del modernismo, el cual, después de arrasar con todo en el campo teórico, invadió el ámbito práctico con la moral de situación.

Esta nueva moral es la fase terminal del modernismo, que desnaturaliza la moral, separándola de la ley divina natural y positiva.

Pío XII abordó en reiteradas oportunidades el tema de la moral de situación, particularmente en el Radiomensaje del 23 de marzo de 1952 y en el Discurso al Congreso Internacional de la Federación Mundial de la Juventudes Femeninas Católicas, del 18 de abril de ese mismo año.

Ambos documentos los publicamos en separata.

De allí cito ahora los siguientes párrafos:

Expresiones como «el juicio de la conciencia cristiana», o esta otra, «juzgar según la conciencia cristiana», tienen este sentido: la norma de la decisión última y personal para una acción moral está tomada de la palabra y de la voluntad de Cristo.

De donde se sigue que formar la conciencia cristiana de un niño o de un joven consiste, ante todo, en instruir su inteligencia acerca de la voluntad de Cristo, su ley, su camino, y, además, en cuanto desde fuera puede hacerse, para introducirla al libre y constante cumplimiento de la voluntad divina. Este es el deber más alto de la educación.

Contra esta doctrina, nunca impugnada en largos siglos, surgen ahora dificultades y objeciones que es preciso aclarar. Como en la doctrina dogmática, también en el ordenamiento moral católico se querría hacer casi una revisión radical para establecer un nuevo orden de valores.

Conveniente será poner de manifiesto el vicio capital de esta nueva moral. Al dejar todo criterio ético a la conciencia individual, celosamente cerrada en sí misma y convertida en árbitro absoluto de sus determinaciones, esta teoría, lejos de facilitarle el camino, la apartaría del camino real que es Cristo.

Nos queremos descubrir los profundos orígenes de esta concepción. Se la podría calificar de existencialismo ético, de actualismo ético, de individualismo ético, entendidos en el sentido restrictivo que vamos a explicar y tal como se les encuentra en lo que con otro nombre se ha llamado Situationsethik (moral de situación).

El signo distintivo de esta moral es que no se basa en manera alguna sobre las leyes morales universales, como —por ejemplo— los diez mandamientos, sino sobre las condiciones o circunstancias reales y concretas en las que ha de obrar y según las cuales la conciencia individual tiene que juzgar y elegir.

Ella no niega, sin más, los conceptos y los principios morales generales (aunque a veces se acerque mucho a semejante negación), sino que los desplaza del centro al último confín.

Puede suceder que la decisión de la conciencia muchas veces esté de acuerdo con ellos. Pero no son, por decirlo así, una colección de premisas, de las que la conciencia saca las consecuencias lógicas en el caso particular, el caso de una vez. ¡De ningún modo! En el centro se encuentra el bien, que es preciso cumplir o conservar en su valor real y concreto; por ejemplo, en el campo de la fe, la relación personal que nos liga a Dios. Si la conciencia seriamente formada estableciera que el abandono de la fe católica y la adhesión a otra «confesión» lleva más cerca de Dios, este paso se encontraría justificado, aun cuando generalmente se le califica de defección en la fe.

Los juicios de una conciencia de esta naturaleza, por muy contrarios que a primera vista parezcan a los preceptos divinos, valdrían, sin embargo, delante de Dios; porque, se dice, la conciencia sincera, seriamente formada, es más importante delante de Dios mismo que el precepto y que la ley.

La ética nueva (adaptada a las circunstancias), dicen sus autores, es eminentemente individual. En la determinación de la conciencia, cada hombre en particular se encuentra directamente con Dios y ante Él se decide, sin intervención de ninguna ley, de ninguna autoridad, de ninguna comunidad, de ningún culto o confesión, en nada y de ninguna manera.

Vista así, la decisión de la conciencia es, por lo tanto, un riesgo personal, según el conocimiento y la valoración propios, con plena sinceridad ante Dios.

Estas dos cosas, la intención recta y la respuesta sincera, son lo que Dios considera; la acción no le importa. Por ello, la respuesta puede ser la de cambiar la fe católica por otros principios, la de divorciarse, la de interrumpir la gestación, la de rehusar la obediencia a la autoridad competente en la familia, en la Iglesia, en el Estado; y así, en otras cosas.

Expuesta así la ética nueva, se halla tan fuera de la ley y de los principios católicos, que hasta un niño que sepa su Catecismo lo verá y se dará cuenta y lo percibirá. Por lo tanto, no es difícil advertir cómo el nuevo sistema moral se deriva del existencialismo, que, o hace abstracción de Dios, o simplemente lo niega, y en todo caso abandona al hombre a sí mismo.

A la ética de situación Nos oponemos tres consideraciones o máximas:

La primera: Concedemos que Dios quiere ante todo y siempre la intención recta; pero ésta no basta. Él quiere, además, la obra buena.

La segunda: No está permitido hacer el mal para que resulte un bien. Pero esta ética obra —tal vez sin darse cuenta de ello— según el principio de que «el fin santifica los medios».

La tercera: Puede haber situaciones en las cuales el hombre —y en especial el cristiano— no pueda ignorar que debe sacrificarlo todo, aun la misma vida, por salvar su alma.

Después de la lectura de estos textos tan luminosos, ya sabemos qué debemos pensar de acerca de los malos consejos del Obispo de Kent:

Usted haga sus propios juicios.

Tengo que tomar mis propias decisiones en mis propias circunstancias.

Continuará…

Padre Juan Carlos Ceriani