OTRO OBISPO HABLA, MIRANDO HACIA KENT

MONSEÑOR ANTONIO DE CASTRO MAYER

M. Castro Mayer

CONSIDERACIONES SOBRE EL NOVUS ORDO MISSÆ

El Novus Ordo Missæ comporta las normas generales y el texto del Ordinario de la Misa.

Estos dos textos proponen una Nueva Misa que no considera suficientemente las definiciones del Concilio de Trento con respecto a esta cuestión, y por esta razón constituye un peligro serio para la integridad y la pureza de la Fe católica.

Aquí solamente examinamos algunos puntos que, pensamos, manifiestan lo que afirmamos.

 

  1. Noción de la Misa

En el n. 7, el Novus Ordo da esta definición de la Misa: “En la Misa o Cena del Señor el Pueblo de Dios se congrega bajo la presidencia del sacerdote celebrante que oficia «in persona Christi», para celebrar el memorial del Señor o sacrificio eucarístico, Por lo cual en la asamblea local de la Santa Iglesia se realiza eminentemente la promesa de Cristo: «Donde dos o tres se hallan congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt. 18,20)”.

En esta definición:

1) Se insiste sobre la Misa considerada como comida. Además, esta manera de concebir la Misa se encuentra frecuentemente a lo largo de las normas generales (cfr., v.g., n. 8, 48, 55 d, 56, etc…).

Parece incluso que la intención del Novus Ordo Missæ es inculcar ese aspecto de la Misa, lo cual se ha hecho en detrimento del otro aspecto, el esencial: la Misa es un Sacrificio.

2) De hecho, en esta definición de la Misa en el n. 7, el carácter de sacrificio de la Misa no se halla significado.

3) De la misma manera, no se resalta el carácter sacramental del sacerdote, lo que lo distingue de los fieles.

4) Además, nada se dice del valor intrínseco de la Misa independientemente de la presencia de la asamblea. Así, hace suponer que no hay Misa sin la congregatio populi”, que es la congregatio la que define la Misa.

5) Finalmente, el texto deja entrever una confusión entre la Presencia Real y la presencia espiritual, debido a que aplica a la Misa el texto de San Mateo en el cual se menciona solamente la presencia espiritual.

El equívoco entre la Presencia Real y la espiritual, ya notado en el n. 7, se confirma en el n. 8, que divide a la Misa en la “mesa de la Palabra de Dios” y en la “del Cuerpo de Cristo”, y que escamotea igualmente el carácter de sacrificio, lo cual es principal en la Misa, porque el espíritu de comida es sólo una consecuencia, como se lo puede deducir del canon 3 de la sesión XXIIª del Concilio de Trento.

Observamos que los dos textos del Vaticano II citados en nota, no justifican el concepto de la Misa propuesto en el texto. Vemos también que algunas expresiones más o menos incidentales, en las cuales se encuentran expresiones como ésta: al altar, sacrificium crucis sub signis sacramentalibus presens officitur (n. 259) no son suficientes para disipar el concepto equívoco, ya inculcado en el lugar donde se describe la Misa (n. 7) y en otros numerosos pasajes de las normas generales.

 

  1. Finalidad de la Misa

La Misa es el sacrificio de alabanza a la Santísima Trinidad. Este fin no aparece explícitamente en el “Novus Ordo Missæ”. Por el contrario, lo que en la Misa de San Pío V ponía de relieve ese fin del sacrificio, está suprimido en el Novus Ordo”. Así pasa con las oraciones Suscipe, Sancta Trinitas…“ del ofertorio, y la oración final Placeat tibi, Sancta Trinitas…“ Igual sucede con el Prefacio de la Santísima Trinidad, que dejó de ser el prefacio del domingo, día del Señor.

Además del sacrificium laudis Sanctissimæ Trinitatis”, la Misa es un sacrificio propiciatorio. El Concilio de Trento insiste mucho sobre este carácter, contra los errores de los protestantes (capítulo 1 y canon 3). Este fin no aparece explícitamente en el Novus Ordo”. Aquí y allá se encuentran una u otra expresiones que se podrían entender como que implican este concepto, pero no aparecen nunca sin la sombra de una duda.

Más aún, está ausente cuando las normas generales designan la finalidad de la Misa (n. 54). De hecho, para respetar la teología de la Misa establecida por el Concilio de Trento, no basta con afirmar que persigue “la santificación”. No se establece claramente que este concepto de santificación implique necesariamente el de propiciación. Además, la intención propiciatoria, perfectamente indicada en la Misa de San Pío V, desaparece en la nueva misa.

De hecho, las oraciones del Ofertorio Suscipe, Sancte Pater…“, “Offerimus tibi…” y la de la bendición del agua (“Deus, qui humanæ substantiæ… reformasti…”) han sido reemplazadas por otras que no dicen nada de la propiciación. Inculcan más bien el sentido de banquete espiritual: panis vitæ”, “potus spiritualis”.

 

  1. Esencia del Sacrificio.

La esencia del Sacrificio de la Misa está en la reiteración de lo que Jesús ha hecho en la Última Cena, no en el simple relato, aún si es acompañado por gestos. Desde ahora, como lo notan los moralistas, no basta con relatar históricamente lo que Jesús ha hecho: es necesario pronunciar las palabras de la Consagración, con la intención de hacer de nuevo lo que Jesús ha hecho, porque el sacerdote, cuando celebra, representa a Jesucristo. Opera in persona Christi”. En el Novus Ordo”, semejante realidad —sin embargo, esencial— no es tomada en consideración.

Por el contrario, en el pasaje que subraya la parte narrativa, nada se dice de la noción propiamente sacrificial. Por ejemplo, cuando expone la Prex Eucharistica, habla de narratio institutionis (n. 54 d) de tal manera que las expresiones Ecclesia memoriam ipsius Christi agit”, y otra del fin de la consagración (“Hoc facite in meam commemorationem”) tienen el sentido indicado claramente en las normas generales precedentes (n. 54 d). Observamos que la frase final de la consagración (“Hæc quotiescumque faceritis in mei memoriam facietes”) es mucho más expresiva para decir que, en la Misa, se repite la acción de Jesucristo.

Notemos que el agregado a las palabras esenciales de la consagración de las expresiones Accipite et manducate omnes y Accipite et bibite ex eo omnes”, introduce la parte narrativa en el acto mismo del Sacrificio.

Ahora bien, en la Misa de San Pío V, el texto y los gestos guían al sacerdote, naturalmente, hacia la acción sacrificial propiciatoria, y casi imponen la intención al sacerdote que celebra. De esta manera, la lex suplicandi se conforma perfectamente con la lex credendi”. No se puede decir lo mismo del Novus Ordo Missæ”. Sin embargo, dada la gravedad de la acción, sin contar la inestabilidad de los tiempos modernos, dadas también las condiciones psicológicas de las nuevas generaciones, el Ordo Missæ tendría que facilitarle al celebrante la intención necesaria para cumplir válida y dignamente el acto del Santo Sacrificio.

 

  1. Presencia real.

El Sacrificio de la Misa está vinculado a la Presencia Real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Esta Presencia es la consecuencia del Sacrificio. En la transubstanciación se opera el cambio de la sustancia del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre del Salvador, y así se realiza el Sacrificio. En consecuencia, sobre el altar se halla la presencia de la Víctima perpetua.

El Santísimo Sacramento no es otro que la Hostia del Sacrificio, que permanece cuando el acto sacrificial ya fue cumplido.

El Novus Ordo”, por la definición de la Misa (n. 7) deja entrever una ambigüedad sobre la Presencia Real, más o menos confundida con la presencia simplemente espiritual que existe cuando rezan dos o tres personas reunidas en nombre de Jesús.

Además, la supresión de casi todas las genuflexiones —manera tradicional de adorar entre los latinos— el hecho de sentarse para la acción de gracias, la posibilidad de celebrar sin la piedra de altar, sobre una simple mesa, la comparación del banquete eucarístico con una comida espiritual, todo concurre a un oscurecimiento de la fe en la Presencia Real.

La última consideración sobre la equivalencia entre el pan eucarístico y el pan espiritual, deja en el equívoco la idea de que la Presencia de Jesús en el Santísimo Sacramento está ligada con el uso que se hace de ella, como pasa con la Palabra de Dios.

Y desde allí, no es difícil llegar al error de los luteranos, sobre todo en una sociedad poco preparada para la reflexión del orden trascendental. La misma conclusión está favorecida por el papel del altar: es solamente una mesa, donde normalmente no hay lugar para el Sagrario, en el cual habitualmente se conserva la Víctima del Sacrificio.

Igualmente, la práctica que anima a los fieles a comulgar de la misma hostia que el celebrante, en sí misma crea la idea de que, cuando el sacrificio se ha terminado, no hay más razón de guardar la santa reserva.

Así, toda la disposición del Novus Ordo Missæ no lleva en absoluto al fervor en la fe en la Presencia Real, sino que —por el contrario— lo disminuye.

 

  1. Sacerdocio jerárquico.

El Concilio de Trento define que Jesús ha instituido sacerdotes a los apóstoles a fin de que ellos, y sus sucesores, ofrecieran su Cuerpo y su Sangre (canon 2, sesión XXIIª). Así, la realización del Sacrificio de la Misa exige la consagración sacerdotal. Además, el mismo Concilio condena la tesis protestante que hace de todos los cristianos, sacerdotes del Nuevo Testamento.

Entonces, según la fe, sólo el sacerdocio jerárquico es capaz de cumplir el Sacrificio de la Nueva Ley

Esta verdad es difuminada en el Novus Ordo Missæ”. En ese “Ordo”, efectivamente, la Misa es más la obra del pueblo que la del sacerdote. La Misa pertenece también al sacerdote, solamente en cuanto forma parte del pueblo. No aparece más como el mediador ex hominibus assumptus in iis quæ sunt ad Deum”, inferior a Jesucristo y superior a los fieles, como lo dice San Roberto Bellarmino. No es más, el juez que absuelve. Es el humano que simplemente preside.

Podríamos formular otras observaciones que confirmarían lo que aquí decimos.

Sin embargo, juzgamos que los puntos examinados son suficientes para demostrar que el Novus Ordo Missæ no es conforme a la teología de la Misa, establecida de manera definitiva por el Concilio de Trento, y que así —de hecho— constituye un grave peligro para la pureza de la fe.