Las Parábolas de Cristo – P.Leonardo Castellani

 PARÁBOLAS DE LAS MINAS Y LOS TALENTOS

(Lc. XIX, 11; Mt. XXV, 14) 

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Las dos últimas parábolas acerca del «Servicio de Dios» o sea de los «siervos», fueron pronunciadas al final de la prédica evangélica, el día de Ramos o el Martes o Miércoles Santo respectivamente

. Nos proponemos probar en este artículo que la «creatividad» ha sido querida y mandada por Dios, como precepto capital del «siervo de Dios» e «hijo de Dios», que es el Hombre; contra N. Berdyaef que pretende el Evangelio no dice nada acerca de la «creatividad», mas sólo trata de «el pecado y la redención»; en su libro «El sentido del acto creador» (The Meaning ofthe Creative Act., trad. del ruso de Lowrie, Gollancz, Londres, 1955) por otra parte grande: grande en filosofía, inseguro y aun tropezado en teología.

Las dos parábolas tienen el mismo asunto y paralelo desarrollo, de donde algunos Santos Padres como san Ambrosio y varios exégetas modernos como Maldonado y Lagrange dicen que son una sola, tratada diferentemente por Mateo y Lucas; es decir, maltratada, en ese caso, pues no es de creer que estos supiesen más que Jesucristo. Son dos parábolas. Para no hacerme largo probándolo (pues no escribo un tratado científico) aduzco la autoridad de san Agustín, san Crisóstomo y santo Tomás; y también el hecho de que uno de los «identicistas», el P. Buzy, para probar que es una sola, mete la tijera en el Evangelio, corta, recorta, suprime, desarma, y ensambla; y «reconstruye» triunfalmente «la parábola primitiva», Dios le perdone. Eso no se ha de hacer. Hacer mangas y capirotes con los textos evangélicos no es lícito, hay que dejar eso a los racionalistas; un católico debe abstenerse; y un hombre de ciencia también, puesto que sabemos hoy de cierto que los meturgemanes y recitadores jamás metían cuchara en los recitados de los «nabihim», mas su oficio era conservarlos escrupulosamente. No me cansaré de decir ésto. Si Mateo y Lucas hubiesen pergeñado sendas parábolas por su cuenta tomando pie de otra (perdida) de Cristo, lo hubiesen suplantado como Predicador y Revelador, simplemente. Es impensable (Ver Evangelio de Jesucristo, pág. 45).

Lo mismo que las del Amigo Insistente y la Viuda Fastidiosa, tenemos aquí dos parábolas con el mismo tema, con el comienzo y el cabo diversos, y más amplitud y alcance en la segunda, las de las «Minas» -como escribieron ambiguamente los Padres latinos la palabra «mna», moneda que es un sesentavo de un talento; que habría que escribir «enna» y no «mina».

El tema es un Potentado (un «financista» en un caso; un «rey» en otro) que entrega capital a sus siervos para que lo beneficien; y retomando de una ausencia, premia desmesuradamente a los que han lucrado mucho o poco; y a los que no han acrecido aunque tampoco perdido el peculio, castiga también desmesuradamente. (El significado es tan claro que ya desde el principio la palabra «talentum», que era una moneda y un póndere, empezó a significar para el pueblo los dones espirituales que el hombre recibe de natura, hasta eliminar este sentido metafórico al otro sentido literal del término en el latín; como hoy persiste en castellano, francés e inglés; en que decimos «hombre de talento» sin acordamos siquiera del significado primitivo: intrusión del evangelio en el lenguaje).

Díganme si esto no significa ordenar Dios al hombre, como «servicio de Dios», la creatividad, -o sea la actividad productiva de sus facultades- con el rigor más absoluto. O yo no entiendo lo que quiere decir con «creatividad» el filósofo ruso (cosa que puede ser), o el filósofo ruso ha leído muy por encima el Evangelio. No menos de seis veces aparece en él el mandato de «negociar hasta que yo vuelva»; y en cambio «la doctrina del pecado y la redención», que es el fondo exclusivo del Evangelio según Berdyaef, no la nombre jamás Cristo directamente, mas la establece solamente con sus hechos: «este cáliz del Nuevo Convenio es mi sangre, la cual será derramada por los pecados de muchos».

La parábola de las «minas» o «ennas» es más larga y circunstanciada, añade el tema accesorio de «los rebeldes al monarca» y alude al final a la Parusía, el último «juicio» del Rey; de modo que comprende en sí a la otra; y por eso la traduciremos íntegra:

«Escuchando ellos estas cosas, Jesús les dijo OTRA parábola (diversa de las anteriores y más capital) porque iban acercándose a Jerusalén (y a la Pasión) y ellos se imaginaban que el Reino de Dios iba a sobrevenir entonces de golpe. Y les habló así: Había un hombre de linaje regio que se iba lejos a recibir investidura real para volver en seguida (como solían en ese tiempo los príncipes vasallos de Roma: como hizo Herodes Magno, el año 40 A.c.; y su hijo Arquelao, el 4). Y llamando a sus diez servidores, les entregó diez ennas con este encargo: «Valorizadlas hasta mi vuelta». Mas sus conciudadanos lo odiaban y enviaron (al Emperador) una embajada en pos de él para decirle: «No queremos que este reine sobre nosotros» (como hicieron el año 39 d.C. los judíos con Herodes Antipas, el cual fracasó en su viaje, y no retornó nunca a su Tetrarquía).

Y sucedió cuando Este volvió coronado, que convocó a los siervos que había habilitado, para ver qué medro habían obtenido. Y presentándose el primero, dijo: Señor, vuestra enna ha lucrado diez ennas. Díjole el Señor: -Bien, buen siervo fiel, porque has sido fiel en lo poco, recibe e! gobierno de diez ciudades. Vino el otro y dijo: Señor, vuestra enna ha producido cinco ennas. Díjole el Señor: -y tú, sé gobernador de cinco lugares míos. Mas vino un tercero.y dijo: -Señor, aquí está tu enna, guardada en una bolsa, pues he tenido miedo de ti, que eres hombre austero; y sacas de donde no has metido, y cosechas donde no has sembrado. Replicó el Señor: -Por tu boca te condenas, mal siervo. Si sabías que soy un hombre austero, que saca de donde no metió, y cosecha aun donde no sembró, podías al menos haber puesto mi dinero en préstamo; y a mi llegada, lo habría recogido con réditos. Y dijo a los asistentes: -Quitadle la enna, y dadla al que tiene diez. Dijeron: -Señor, el otro ya tiene diez. – Replicó: -Os digo que a todo el que tiene se le dará más y abundará; al que no tiene se le quitará (lo poco) que tiene. Pero, mis enemigos, los que no me querían por rey, sean apresados y degollados en mi presencia…» Y esto dicho, caminó impetuosamente hacia Jerusalén.

No es insólito en los improvisadores de estilo oral adaptar un recitado a un nuevo auditorio o a una nueva moraleja, volviéndolo otro… y el mismo.

Las diferencias de la otra parábola son: aquí es un ricachón y no un rey, la suma confiada es enormemente mayor (no sé si ironizó Cristo al hacer al Noble más pobre que al Financista) les dio diferentes sumas, diez, cinco y un Talento, «según su capacidad»; el premio que da a los industriosos y creadores es mayor y más indeterminado («entra en el gozo de tu Señor») y el castigo es enorme: le quitan el talento que tenía para darlo al que tenía diez y arrojan al «siervo inútil» a «las tinieblas de allá fuera, donde será el llanto y el rechinar de dientes”, lo que significa la muerte eterna. En vano Dom Calmet contiende que significa un calabozo, la cárcel. Eso no es «allá afuera»; sino, como dicen los malevitos, «adentro»; y esa expresión de Cristo designa siempre el infierno. Si el no hacer fructificar los dones que Dios nos dio (nos confió) puede resultar en la muerte eterna y Berdyaef quiere todavía más «mandato divino de creatividad» que éste, yo no sé lo que quiere.

Dios quiere por lo visto que cada hombre en este mundo (y sin eso no puede salvarse) «haga algo», produzca con y en su mente primero y después fuera, una cosa que ningún otro pueda hacer sino él. El valor «terrenal» de lo que hace (sea la Novena Sinfonía, sea otra cosa… no digo un tango) no tiene importancia; lo cual parece indicar el hecho de que Cristo sea indiferente a las sumas, en un caso una suma enorme, en el otro módica; los talentos nuestros a nuestros ojos son enormes; y las diferencias en «talentos» de los hombres nos suelen parecer enormes; en sí mismos mirados, la diferencia es poca o nada; «una mna a cada uno». (Entre paréntesis, no sé como Buzy dice que la «enna» era una cantidad risible, «como 1.000 francos»; pues según mis datos y los exégetas alemanes, una «enna» de oro moneda eran 87 dólares y por ende un talento 5.220; una «enna» de oro póndere eran 2.250 dólares y un talento 135.000. Puede que Buzy asuma que eran «talentos» de cobre (unos 49 kilos); pero el caso es que cuando no se hacía aposición ninguna, la palabra simple «talento» indicaba el peso en oro. Como quiera que sea, Dios quiere que «negociemos» con los 87, los 2.250 ó los 135.000 ó los 1.350.000 dólares que nos confió al crearnos con tal o cual disposición o fuerza vital.

Todos los Papas modernos, señaladamente Pío XI (que Berdyaef conoció) han insistido sobre la «creatividad», incluso los que nada han creado. El Papa Pío XII dijo repetidas veces que «la Verdad debe ser vivida, comunicada, obrada»; y para que la Verdad viva no hay tu tía si no hacerla pasar por la propia existencia; cosa que el artista, el científico, el caudillo, el empresario y el «pechero» hacen de modo diferente, una misma cosa en el fondo. El predicador que recita lugares comunes religiosos que él no practica ni siente, no predica en realidad; y sus «verdades» son escasamente «la VERDAD».

Y ¿qué ha de crear un pobrecito de amenos de un dólar, un minero de Bolivia, un mensú de Misiones o un zafrero de Salta? No se engañen: esos tienen más creatividad espiritual a lo mejor que un muchachito porteño que estudia (naturalmente) abogacía para llegar naturalmente a «gobernante»; y pilla una neurosis porque no era ese su lugar, y más le valiera haber sembrado papas. Todos pueden crear algo si el mundo moderno los deja; lo malo es que no nos deja; y entonces creamos, al menos, resistencia al mundo moderno. Los que entierran su «talento» en una bolsa o en un hoyo en la tierra, no son los que resisten, sino los que siguen la correntada. Estoy por contar aquí ejemplos de gente chiquitísima, sencillas sirvientas, peones rudos, que han hecho de repente en el mundo un hecho escondido, pequeño, singular, y admirable, como una joya en el fondo del río o una flor donde no se ve; pero ustedes deben saber más aun que yo de eso. Son cosas finas, que sólo Dios puede haber inspirado; y son más para contemplar que para describir; pues no las entendemos del todo.

Lo curioso es que Berdyaef esperaba una explosión de «creatividad religiosa» en el mundo hacia 1913, que iba a superar incluso la revelación de Cristo, pues había de ser
Las Parábolas de Cristo -191 – Leonardo Castellani
la revelación del Espíritu Santo, la Tercera Iglesia, la Iglesia de Juan, mayor que la de Pedro; antigua herejía de los Gnósticos primero, y después de los Joaquinistas y de los Fratricelli; resucitada en la Rusia por Feodorof y Merejkowsky; la cual herejía invocaba una tercera, nueva y mayor «revelación» futura que la del Padre (Antiguo Testamento) y la del Hijo (Nuevo Testamento); cuya cabeza iba a ser la «Santa Rusia» lavada de sus pecados; y lo que se les reveló fue el comunismo ateo y satánico, después de una guerra sangrienta y una revolución atroz. No es profeta todo el que quiere… Dostoiewsky también esperaba esa extraordinaria revelación en la Tercera Roma (o sea Rusia), pero como alternativa de otra revelación o explosión demoníaca (“Los demonios», novela) una de las dos: y aconteció la segunda.

Una Orden Religiosa, o una nación, o un Estado, que suprimen, cohartan o podan la «creatividad» de sus miembros, ofenden la persona humana; y están condenados, a la corta o a la larga. Esto ocurre a causa de la «socialización», que es un proceso de arteriosclerosis que amenaza a toda sociedad humana: cuando lo social oprime a lo personal, lo formal a lo carismático, la simple conservación al crecimiento y elevación, «la letra al espíritu»; proceso que se dio al máximo en el cuerpo de los «Pherizim» o fariseos. Una orden religiosa que en vez de doctores sacros produjera técnicos en televisión, o cosas por el estilo, anda mal de «creatividad», patina, no cumple con su misión; y si no se examina y orienta, va a llegar a hacer daño en vez de provecho.

El «Servicio de Dios y el Rey» a través de la creatividad, el motor y el mote de la España Grande: no hemos de abnegarlo ni olvidarlo. Quizá por olvidarlo un tiempo, España devino chica. Mas ahora ¡arriba España!

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