Las Parábolas de Cristo – P.Leonardo Castellani

PARÁBOLAS DE LA ORACIÓN PERTINAZ

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«Orad siempre y sin cansaros… ¿Creéis que Dios no os hará justicia, aun no sea más que de cansado?

(Lc. XVIII, 1).


Hemos visto en otra parte (Paráb. 25) las parábolas de la Oración Eficaz, y resuelto pro módulo la dificultad que suscitan; la dificultad insistente e insidiosa no es otra que su aparente contradicción con la experiencia. Estas dos parábolas del Amigo Insistente y la Viuda Fastidiosa tratan de la Oración Pertinaz, o sea Constante; que Cristo graciosamente equipara a la Pertinacia; como equipara el acceder a Dios, al cansancio; humanizando humorísticamente a Dios para uso nuestro. Con exageración sublime Cristo indica (y manda) que el hombre debe incluso «cansar a Dios» si fuera posible -y no cansarse él mismo de orar.

Estas dos típicas y graciosas anécdotas orientales refuerzan la solución de la dificultad: «a veces no se cumple la promesa de la Oración Eficaz». A veces no se cumple porque no oramos bastantemente constantes. Es obvio que no se tiene que cumplir cuando «pedimos mal»: cuando pedimos una piedra creyéndola un pan, o bien una sierpe creyéndola un pez, ya está dicho:

Si non asequistes, decíroslo he gratis

Fue, dissol’Sant’Yago, quia male petatis.

Así, uno de nuestros clásicos. Santiago el Menor dice en su Epístola (IV, 3) Pedís y no recibís, a causa de que pedís mal: quia male petatis; y este inciso en latín cita Cayetano Fernández en los versos ele sus «Fábulas Ascéticas» que he transcrito. Después del Padrenuestro pone Lucas esta parábola:

– ¿Quién de vosotros no tiene un amigo, y va a su casa a medio noche y le dice: «Amigo, préstame tres panes, dos sábanas y una lata de «paté-de-foie» grande, porque me ha venido un huésped a casa ahora mismo y me agarró sin perros: ya sabes que aquí se viaja más bien de noche por el bárbaro calor del día; y éste es socio viejo y anda de viaje: y no se rehusa nunca entre nosotros hospitalidad a un viajero, más a un amigo; así que tengo que molestarte». Y el otro respondió: «¡Cuándo no! Tenías que ser vos. No hace quince días que te presté una tinaja de vino, y hasta ahora, tururú. Estoy durmiendo, querido». Mas el atribulado comenzó a batir la puerta, no ya con la palma, con un pedrusco, a decir: -¡Vamos, no seas haragán! Te aseguro que no tengo qué ponerle delante, mi mujer le está dando conversación, pero eso es poco para un hambriento, todavía si te pidiera un colchón o un cabrito, qué te cuesta levantarte y darme tres libretas; reduzco mi petición a tres panecillos». Y el otro: «A esta hora vaya despertar a los chicos que ni siquiera alcanzan a abrir la puerta que está con tranca y todo por tu maldita imprevisión; te lo he dicho mil veces, gaucho prevenido nunca fue vencido, y hace un fresquete de la madona y yo estoy refriado. ¿A esta hora se te ocurre venir?» Y el primero: «Justamente, el frío me está calando y no me voa ir de aquí hasta que me abras; y si me muero de frío, peor para vos, pues yo no tengo cara para presentarme de nuevo en casa sin nada; y te vaya picar la puerta a golpes». Y el otro: «¿No hay otro en esta calle que tenga panes y más que yo, para que me vengas a escorchar a estas horas?» Y el primero: «Ya siento que te estás levantando, menos mal, tus chicos ya los despertaste de todos modos con tus gritos, arrieros somos y en la senda estamos, déjate de rezuengos, mañana vaya hacer por vos lo mismo o más… si viene a mano». -«Pero vos sos lo que no hay: al amigo y al caballo, no cansallo. -Cállate, vago: que también hay otro refrán que dice: Amigo que no presta cuchillo que no corta, perderlo poco importa. Bueno, gracias por todo y perdón por la molestia… «

«De verdad os digo, -concluye Cristo- que si no se levanta y le presta por su amistad, por su improbidad se levantará y le dará todo lo necesario… » Y después añadió el sermoncito sobre la Oración Eficaz, con la parábola de la Sierpe y la Piedra, que hemos visto en otro lugar: «Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá …

Dicen los exégetas sutiles que el sermoncito es otra «perícopa» y que la parábola de la insistencia en el pedir se tiene por sí misma; pero no pueden negar que es el mismo tema y se complementan ambas. Yo creo que NO es otra perícopa.

La otra parábola es igualmente típica de las costumbres orientales, la moraleja es la misma, aunque más amplia al final y más clara al principio, y Dios es tipificado no ya en un amigo perezoso sino ¡en un juez inicuo! -que es como Él aparece a ratos a los ojos humanos; ¡y ha habido alguien que ha negado a Cristo «sentido del humor»! Ella dice así:

Había en una región (no en la Argentina, que allí no hay tal) un juez inicuo, acomodado y cínico «que no respetaba ni a Dios ni a los hombres», dice el texto y había una pobre viuda que iba cada día a pedirle justicia en su pleito. «Vindícame de mi adversario: soy una pobre viuda, me faltó mi hombre, tengo chicos, no sé administrar; y los «amigos» que tenía mi marido, en vez de ayudar cayeron a su muerte sobre nosotros como banda de buitres: esto quiero, esto no quiero, esto le presté y esto me lo debía. Y el que se daba por más amigo de mi finado se quedó con el maizalito y quiere quitarme la casa, alegando contrato de retrovendencia, enfiteusis y laudemia, que no existe, aunque no sé lo que es; y dejarme en la santa vía; y hace ya un mes que vengo aquí, y ésto es la muerte. En qué nación vivimos dónde se ha visto mire cómo son ustedes parece mentira para éso sirven los juzgados y ustedes dijeron que cuando subiera el Partido todo iba a andar bien y Moisés dice que hay que socorrer a las viudas y los «güérfanos», 86 veces nombra a las viudas en la Ley, y esa es la única religión verdadera, ayudar a las viudas y «güérfanos» en su tribulación y mantenerse inmaculado de este siglo; cosa que no hacen ni usté ni ninguno de los «pherizim», o sea «intransigentes»… El juez la mandó a echar de la sala al comenzar la soflama, que si pudo acabarla, fue porque el milico le tuvo lástima y el juez dijo a la sala: «Esa mala pécora zaparrastrosa, me ha dado una bofetada moral»; y ella le gritó desde la puerta: «Y te voy a dar otra; y esa no va a ser moral». Al otro día el milico por orden superior no la dejó entrar, y ella desde la puerta no más recitó hasta no dar más su cantilena. Al tercer día le cerraron la puerta y se las pasó golpeando con una muleta que traía. Así que el Mal Juez dijo: «Yo soy una persona que no teme a Dios ni al diablo tan siquiera; pero si ésta sigue, al final me va a dar knock-out, o me va a dejar groggy, porque es peor que el diablo. Le vaya fallar en pro aunque quede mal con el comité y se me enoje el mismo Embajador de Bélgica. También ese Síndaco se está abusando, un poco está bien, pero ya es por demás, hay límites; podía dejarle al menos la casa. Le vaya hacer devolver todo y sin mirar siquiera el expediente».

Eso del «knock-out» no es chiste mío sino del griego Lucas, que usa el verbo «ypoopspiatzo», término pugilístico que significa» derechazo en el ojo» (y la Vulgata traduce «sugellet», me va a señalar) que el pueblo usaba en el sentido de» dejar fuera de combate, quebrar la cabeza, pudrir la sangre». Por lo cual, doté a la viudita de una muleta, porque a mano limpia no es de creer lo pudiera al Juez.

He reconstruido la parábola al uso nápoli porque así lo recomienda un gran escriturista, el francés Buzy, pero no es nada probable que haya contenido más pormenores que los sobrios del Evangelista, aunque es cierto que esas pocas frases de Cristo evocaban en los oyentes toda la escena con mil detalles, pues les era familiar, y a nosotros no, porque en nuestro país no pasa eso: aquí si una viuda protesta, se va a lo mejor «a disposición del Poder Ejecutivo». «Y les decía esta parábola porque se debe siempre orar y nunca cansarse», dice Lucas al principio, y al final inesperadamente dice Cristo: «¿Y Dios no hará justicia a sus elegidos que lo claman día y noche? Os aseguro que les hará pronto justicia. Empero, cuando el Hijo del Hombre vuelva, ¿creéis que hallará fe en la tierra? Este último versículo inesperado y como ilógico, amplía de golpe la perspectiva y lo proyecta a la situación más apretada de la Humanidad, a la Parusía.

Ningún intérprete católico deja de ver en este último versículo una referencia al fin del mundo; y bien está, pues entonces la oración importunando a Dios tendrá que ser casi desesperada. El racionalista Jülicher, que hace acerca de las parábolas una cantidad de facecias sosas (es decir, chistes alemanes) escribe aquí: «Si en el fin del mundo ya no habrá fe ¿cómo van a orar con constancia? Es contradictorio». Habrá fe verdadera en pocos, los cuales orarán a toda furia y habrá en la mayoría falta de fe y adulteración de la fe, herejía y apostasía. El texto griego dice: ¿Pensáis que, viniendo, encontraré LA FE sobre la tierra? La fe estará como desaparecida; pero los pocos «escogidos» que quedarán han de orar de tal modo que lo harán retornar a Cristo.

Dios es pues como las mujeres, quiere ser importunado. Dice san Agustín: «Pulsa, dare vult. Et quod dare vult, differt, ut amplius desideres dilatum, me vilescat cito datum. Plus vult Ille dare quam nos accípere: Golpea, Él quiere dar, y lo que quiere dar lo dilata, para que desees más lo dilatado, y no se desprecie pronto dado. Más quiere Él dar que nosotros recibir». Y así, fuera del primer caso de oración no cumplida, porque se pide mal, hay el segundo caso, en que se pide poco. Cristo les dice a los Apóstoles la noche de la Pasión: «Hasta ahora no me habéis pedido nada» -y le habían pedido por lo menos tres cosas; pero no buenas: una tener los primeros asientos en su (soñado) Reino temporal; otra, que hiciese llover fuego del cielo sobre los samaritanos; tercia, que huyese de «su cáliz», de ir a Jerusalén a la muerte. «Hasta ahora no habéis pedido nada; pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido».

Hay un tercer caso de petición no cumplida, en que se pide cosas buenas, y se pide con constancia y se pide toda la vida, inútilmente al parecer; es caso extraordinario. Es el caso de los puestos por Dios en la «noche oscura» de los místicos, que es una especie de purgatorio en vida. Hay dos noches oscuras en el camino místico, la noche oscura «del sentido», y la «del espíritu», que es mucho más dura, y no solamente se parece al purgatorio, sino que puramente lo es; y lo que en ella sufre el alma, según Juan de la Cruz, es indecible; y algunos (como pienso yo fue Soeren Kierkegaard) no salen nunca de ella. «¿Por qué? Dios lo sabe, yo no lo sé», dice el santo. También santa Teresa lo nota; que a algunos Dios los entra un paso en el camino místico pasivo y no los lleva más allá. Esta sí que fue perseverante en orar; y Dios la llevó más que más allá; me figuro que aun ahora está rezando por Buenos Aires, la ciudad pantanosa que co-fundó su hermano menor Rodrigo, «el más querido», el cual dejó sus huesos en esta tierra; y quizá descendientes, los Cepeda. Ahora sí que hay noche oscura aquí en Buenos Aires. De suyo Dios da esa especie de «contemplación negra» para que el alma purgada salga a los grados supremos de la contemplación, que es como un anticipo leve del cielo; así como «la noche» lo es del Purgatorio. Naturalmente, los que están en esa oscuridad viva, como Jonás en el vientre de la ballena, piden a Dios salir de ella, piden la luz; y algunos como hemos visto, mueren pidiéndola. Mas no es vana su oración, pues cada paso que han de dar, lo ven, aunque no ven ni el sol ni el horizonte ni todo el camino: chispazos fugitivos los atraviesan, como dijo el otro poeta:

Estoy contento con mi mal destino

Y esta del corazón tan mala estrella

Que sin embargo alumbra mi camino

Y siempre indica una inmediata huella…

Kirkegor que fue un perpetuo Orante decía: «Cristo me curará de mi melancolía y podré ser párroco», y jamás lo curó, ni fue párroco. Pero un día escribe: «He tenido una suspensión de amor de Dios que no lo sé explicar, que no la podría. escribir, del todo extraordinaria e inesperada; que si dura, mi vida será un Paraíso». No duró. Son esos «chispazos» que dije.

Hoy día parecería que la noche oscura de la fe esté de moda en el mundo: así opinan los autores de una encuesta de «Les Etudes Carmelitaines» acerca de la vida de oración en los conventos de su Orden. También fuera de los conventos; además del nombrado arriba, me parece ver la señal de este estado místico (a veces no aceptado ni correspondido) en grandes ejemplos actuales, como Baudelaire, Rimbaud, Laforgue, Kafka, Nietzsche, quizá también en Bjorson, en León Bloy, en Van del’ Merck.

Siendo grandes poetas o escritores, expresaron el estado de su alma, que parece a las presas con algo sobrehumano, sitiada por una incomprensible ausencia y obsesión de Dios. La noche oscura es solamente el llamado a los estados místicos, a la «contemplación infusa», y de ella se puede no usar, o no usar bastante, o usar mal-como de toda gracia; lo que no se puede hacer es salir sin que Dios lo haga, como ni tampoco entrar.

He querido poner un ejemplo extremo de oración pertinaz a un Dios que se hace el Amigo Dormido, y aun el Juez Inicuo; pues los que entran en estas tinieblas vivas oran siempre y cumplen literalmente la orden de san Pablo: «Sin intermisión orad», que parece no hacedero en lo humano; y aunque a veces les parece que están ya condenados y dejados de la mano de Dios, aman a Dios también sin intermisión y claman a Él sordamente y a veces hasta con cuasi blasfemias, (libro de Job) desde el vientre tenebroso del monstruo.

¿Cómo sé yo esto? No solamente por los grandes místicos españoles, sino por Cristo mismo: Cristo oró toda la vida a su Padre que «apartase de Él ese cáliz» como lo hizo ostensible y tremendamente en el Huerto. Se puede decir que el hacerse hombre fue su noche oscura. Eso se ve en varios rasgos de su vida, por ejemplo, cuando le dijo a los dos Zebedeos: ¿Podéis beber el cáliz que yo bebo?; en el enojo contra Pedro cuando lo exhortaba a huir de su Cáliz; y en la irritación que lo tomaba a veces y lo hacía decir: ¡Dios mío! ¿Hasta cuándo tendré que aguantar a esta generación bastarda y degradada?
Las Parábolas de Cristo -148 – Leonardo Castellani
Su naturaleza humana repugnaba al dolor como cualquiera de las nuestras; y el Padre no lo escuchó hasta la Resurrección. Oremos, pues, sin desesperar y sin cansarnos a santa Rita para que venga algún gobierno bueno a la Argentina.

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