Las Parábolas de Cristo – P.Leonardo Castellani

   PARÁBOLAS DE LOS SIERVOS

29ene12

«¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o apacentando en el campo, que al volver del campo le diga: Pasa en seguida y acuéstate; y no le diga más bien: Prepárame la cena, cámbiate, sírveme de comer y beber y después comerás tú? ¿Es un favor el que hace el siervo cumpliendo esto que le mandan? No me parece. Así vosotros, después de haber hecho todo lo mandado, habéis de decir: Siervos inútiles somos; sólo lo que debimos hacer, hicimos. (Le. XVII,7). 


Después de las parábolas de los Patrones (paráb. 29) hay que considerar las de los Peones; que a veces andan entremezcladas.

Como a los Patrones solamente la Prudencia, a los Peones no parece Cristo pedirles sino la Fidelidad total; los cuales en realidad eran esclavos en ese tiempo y sitio, aunque en Palestina eran casi como «criados» cristianos, pues eran bien tratados; y cada siete años, en el Jubileo Sabático, manumitidos; aunque es verdad que el Patrón tenía mano para «partirlos por el medio» (como dice Cristo) si se encanallaban. Hay que advertir empero que además de los esclavos pueden entrar en la palabra «siervo» usada por Cristo, los jornaleros o «alquilados» -no los paisanos, que eran arrendatarios, aunque oprimidos y pobrísimos; ni los artesanos, a los cuales perteneció Cristo. También hay que advertir que la ley de la Manumisión se cumplía poco y mal en el tiempo de Cristo; y en cuanto a la Ley Jubilaica del perdón de todas las deudas cada 50 años, y la devolución de las tierras a sus prístinos dueños, no hay la menor huella en la historia de que se cumpliera entonces desde siglos atrás.

La Fidelidad total comprende tres cosas: Firmeza, Vigilancia y Solicitud; y de ésta última conviene hacer artículo separado.

En todo el A. T. los israelitas son llamados invariablemente los «siervos» o esclavos de Dios: «Y tú, Israel, siervo mío -Jakob a quien elegi.: -Y te dije: siervo mío eres tú; yo te elegí y no te rechacé”. (Is. XLI,S). Tanto es así que el Mesías mismo es llamado Siervo, por Isaías principalmente; y quizá por David. En el cap. XLII, Isaías llama al Redentor el Siervo, como en el anterior lo había llamado el Justo; y este capítulo se aplicó Él a sí mismo en la Sinagoga de Nazareth, como está visto.

Esa tradición continuó Cristo en su Parábola, transformándola: pues «siervos» son ahora no ya los circuncisos por serlo, sino los que Lo recibieron a Él; y al final de su vida hace la gran Manumisión Mesiánica: dejamos de ser Siervos para ser Amigos -e Hijos de Dios. La nota de Hijos ya estaba insinuada en el Padrenuestro.

«Mi Siervo» es uno de los Nombres de Cristo, y Él mismo se lo adjudicó. Fray Luis de León se lo dejó en el tintero, pero podría haberlo tratado en una 3a Parte. Para su 1a escrita en la cárcel de la Inquisición (que en este caso debe ser bendecida) tomó «los 10 nombres más substanciales»; para la 2a, que es la mejor, tomó otros cuatro (Hijo, Amado, Cordero y Jesús) que resultaron aun más substanciales; y si hubiese hecho una tercera con Siervo, Luz, Vida y Viña, grandes linduras nos habría legado sin duda. Hagámosla nosotros, linda o fea.

«Esaías» (como llama Fray Luis al profeta Iésaiah, a la griega) es quien más clara y reiteradamente predice que Él iba a tomar «forma de siervo» (Philip. Il,»): «Yo estoy entre vosotros como un Siervo»; incluso predice al Mesías Sufriente, predicción que como sabemos fue echada en olvido después por la Sinagoga; y no tuvo eco. Es muy conocido el Capítulo 53, que ha sido llamado «Evangelio según Isaías» y «protoevangelio»; pero es bueno ponerlo aquí entero:

He aquí que entenderá mi Siervo

 Y será levantado y elevado y sublime grande

Como se asombraron de él muchos

así sin gloria será entre los varones su aspecto

y su forma entre los hombres … (LII,13-14)   

LIII. – Quién creerá nuestra profecía

y el BRAZO DE DIOS ¿a quién revelará?

2 Se levantará como pimpollo ante Dios

Y como raíz de la tierra seca.

No había hermosura en él ni decoro, lo vimos

Y no había belleza, como para desearlo.

3 Despreciadísimo y el último de los hombres.

Varón de dolores, sabedor de lo que es pena

Y como escondido su rostro y despreciado;

Así que ni le hicimos caso.

4 Realmente nuestros males Él tomó

Y nuestros dolores asumió

Y lo consideramos como un llagado

Y golpeado por Dios y aplastado.

5 Mas Él fue herido por nuestras maldades

Deshecho por los pecados nuestros

La penitencia por la paz nuestra sobre Él

Y con su herida fuimos sanados.

6 Todos nosotros como ovejas desviamos

Cada uno se descarrió en su camino,

Y Dios puso en Él La iniquidad de nosotros todos.

7 Él se sacrificó porque quiso

Y no abrió siquiera la boca

Como la oveja es llevada al carneo

Y como el cordero en la esquila enmudece

Y no abre siquiera la boca.

8 Pero de la angustia y la sentencia fue quitado.

Su larga vida ¿quién numerará?

Porque fue cortado de la tierra viviente

Por el delito de mi pueblo lo herí a Él.

9 Y con los impíos tendrá sepultura

Y un rico, cuando ya esté muerto

A causa de que nunca hizo iniquidad

Ni habló dolosidad su boca.

10 Y Dios quiso triturarlo en su flaqueza:

Mas si Él pone por el pecado su propia vida

Verá larguísima descendencia

Y la voluntad de Dios se manejará por su mano.

11 Y porque puso en trabajos su alma

Verá luz y será saciado

Y después con su ciencia justificará

El Justo, Siervo mío, a muchos

Y sus iniquidades llevará sobre sí.

12 Por eso derrotaré para Él a muchos

Y se repartirá el botín de los fuertes

A causa de que entregó a la muerte su vida

Y fue contado entre los delincuentes;

Y Él llevó el pecado de muchos

Y rogó por los transgresores ...

He traducido la Biblia de Lutero, más literal que la Vulgata compulsándola con la misma Vulgata y los Setenta; y consultando dos grandes hebraístas, Luis de León y Power: mas no se puede hace, a no ser aprender hebreo, para lo cual ya soy viejo.

La estrofa 9 es muy difícil. San Jerónimo tradujo el primer dístico acomodándolo al hecho de que Cristo murió con dos ladrones y José de Arimatea (un rico) lo sepultó; pero los Setenta, anteriores al hecho, traducen: «y daré los malvados contra (o enfrente) su sepulcro; y los ricos contra (o enfrente) su muerte»; que lo que quiere decir yo no lo veo.

Pero el sentido substancial déste celebrado canto 4° (Cap. 53) es claro en todas las traducciones, malgrado las discrepancias de pormenores: el futuro Mesías es llamado «Siervo» y se predice su pasión, su humillación, su muerte y la conversión de los gentiles a consecuencia de ella; y por primera vez se habla en el A. T. de la «redención» o sea de la función vicarial del sufrimiento; que después habían de proclamar Cristo y san Pablo: se puede satisfacer por otro; Cristo sufrió por nosotros.

Este Cap. LIII (que en realidad comienza en el LII, 13) al cual soy muy devoto, forma cuerpo con los tres anteriores, pues todos tratan de la misión futura del Mesías en toda su amplitud; y comprenden por tanto no sola la Primera sino la Segunda Venida; y la nota propia del Reino Mesiánico, su carácter espiritual está anunciada netamente; y en el L, donde el título de «Siervo» es trasladado de Israel al Mesías, anticipa claramente un rasgo profético de la Pasión (la cual va a describir el LIII) a saber:

El Señor Dios abrió mi oreja

Yo no lo contradigo  

No retrocedí:

  Mi cuerpo entregué a los azotadores

Mis mejillas a los repelones

No retiré mi rostro de los que lo insultaban

Y escupían contra mí.   

 «El que hace el pecado, es siervo del pecado». «Yo me hice siervo» -dijo Cristo; no haciendo pecados, sino tomando a su cargo los nuestros; y mediante su satisfacción, nos volvió de siervos, libres en la Verdad: «La Verdad os hará libres».

Pues los israelitas, como está dicho, son llamados «siervos de Dios» en A.T. La designación de «Esposa», que comienza en los Deuteroprofetas se refiere a Israel como cuerpo y no a cada uno de sus miembros. El Cantar de los Cantares (el Cántico entre los Cánticos, un epitalamio, o mejor dicho, especie de égloga dramático-nupcial) fue puesto entre los libros inspirados por ese respecto; por ser considerado símbolo del amor entre Jahwéh a Israel en figura de Salomón y la Sulamita -si acaso los dos personajes del diálogo no son dos pastores, como estima Fray Luis; y para los cristianos, símbolo de la Encarnación. El sentido posterior del amor entre Dios y un alma particular, que es legítimo, fue establecido por los místicos españoles y alemanes, ya insinuado antes por muchos Padres antiguos. El libro, que a nosotros nos suena a raro con sus metáforas desconcertadas y exóticas, es tan inflamado que los hebreos tenían prohibido leerlo hasta los treinta años. Fray Luis después de comentarlo, lo tradujo en «octava rima»; y con su saber de la lengua hebraica y su don poético, quitó de él las rarezas y los exotismos (aunque no los erotismos) que nos desconciertan; y nos dejó en su traducción esa égloga pastoril y nupcial, tan primorosa, sin arredrarse un momento por las enamoradas expresiones y alusiones a los que llaman hoy disparatadamente «amor físico», que al fin es parte esencial del amor conyugal. Cristo se llamó a sí mismo «el Esposo» y repetidas veces comparó el Reino de los Cielos y la gloria de la otra vida a una «fiesta de bodas»; mas esa economía del amor personal entre Cristo y el alma, viene después; y mientras Cristo predicó, los hombres éramos con respecto a Dios «siervos»; y aun los mejores, comparados con Dios, «siervos inútiles».

A estos siervos se les pide fidelidad y firmeza: un apego personal a Cristo que llega hasta la entrega total, es la esencia del cristianismo, y no un listín de preceptos y observancias como estatuyen los fariseos … y los filósofos.

«Y cierto, yo amo a Jesucristo, pero nadie en este mundo me hará amar la Moral» – Y el minucioso cumplimiento de las 370 – Reglas, y las Constituciones, la Rutina y el Ritual- Y la Ética de Spinoza, de Kant y de Jordán B. Genta».

La fidelidad al espíritu de Cristo comprende todo; y la misma moral social es digerida por ella y convertida en flor de caridad. La caridad con el prójimo aparece ya en la última parábola de los» siervos». Un siervo ha sido dejado de lugarteniente por su señor que ha viajado lejos, con la prevención de que volverá de imprevisto: pues Dios nos ha dejado todo este vasto mundo en las manos de nuestra «creatividad»; para que creemos algo, no nos dice qué cosa, lo que nos brote del corazón, una obra maestra del arte o de ciencia, un cuerpo de fieles organizados contra el desorden, una Universidad Católica, no falluta, un Sindicato, un hogar biensentado, una nación entera o una ranchada, cada uno según los «talentos» emprestados; los más humildes una cantidad de gestos y delicadezas de «solidaridad» o «amistad humana», pero algo hay que «crear»: el siervo que enterró su «talento» fue arrojado a las tinieblas de allá afuera. Mas el lugarteniente se encanalló, en vista que el Señor mucho tiempo ya no daba razón de sí: «¡no vuelve más!» -dijo. Y volvió el Señor de golpe y «lo partió por el medio», como traduce cabalmente la Vulgata el «dijotoméesei aután» del texto: le aplicó la pena capital. ¿Y por qué? Porque «empezó a maltratar a sus consiervos o compañeros» y también a «atracarse y emborracharse» dice la Vulgata, pero ese inciso no está en muchos códices griegos. Como fuere, el pecado capital fue hacerse el señor y el déspota con los demás siervos.

Mas al siervo que está vigilante, «super omnia bona sua constituit eum»: de lugarteniente lo hizo señor de este vasto mundo que es el Suyo; y más aun, lo hizo Señor de su mismo Señor. Porque el que es Amado es señor del que ama.

Al fin de la predicación de Cristo los siervos son convertidos en señores: «no os llamaré ya siervos; a vosotros os llamaré amigos, porque el siervo no sabe los secretos de su señor, y yo os he amado, y todo cuanto me comunicó mi Padre os he comunicado» (Jo. XV, 15).

El amor, la ley de las leyes, hace su aparición transfigurando fidelidad. En la aparición de la Segunda Pesca en el Lago, al poner solemnemente a Pedro, antes débil e infiel, en posesión de su cargo primacial, Cristo no lo interroga sino acerca del amor: «¿Pedro, me amas tú más que éstos?» Mas no diré, dijo Pedro, pero Tú sabes que sí te amo -Apacienta mis ovejas; y apaciéntalas con el amor que te he mostrado, no con el rigor, que no te he infligido; porque los que mandan en este mundo, se hacen llamar «excelencia» o «majestad» u «honorable» o «protector» y no lo son muchas veces; mas entre vosotros «el que quiera mandar que se haga como un siervo» por amor. El que es llamado «señor» tiene que ser en su corazón siervo de los demás.

Y que sea capaz de aguantar la persecución: la fidelidad es llevada al máximo cuando se pone en contingencia la vida; y nadie ama más que el que da la vida por el amigo. El martirio y la creatividad verdadera son las dos piedras de toque de la fidelidad a Cristo. Mas este tema es mejor para el próximo comentario. Con ellas, la fidelidad de siervo se convierte en fidelidad de esposa: como le dijo el Señor a santa Teresa.