PARÁBOLA DE LOS PATRONES PRUDENTES
(Mt. VII, 24)
El hombre que oye estas palabras y las cumple, es parecido a un patrón prudente que edificó su casa sobre piedra…
Y si supiera el patrón a qué hora vendrá el ladrón, a osadas que vigilaría y no dejaría , barrenar su casa … Y ¿qué consorcio de propietarios horizontales hay que compre una caldera nueva si no tiene la mitad del precio en efectivo, y no sabe el tanto por ciento de los socios que NO van a pagar la cuota que aprobaron por unanimidad en la asamblea general extraordinaria?
En realidad aquí al fin Cristo dijo: «¿Y qué hombre hay que queriendo edificar una torre»… etc. Pero ¿quién edifica torres hoy día, señor, fuera de Davidson, Lanusse, Kaplan, Terza y Colombres?, que no son patrones y trabajan con plata de otros; y tampoco miran mucho si tienen el 50%. El Evangelio está lleno de Patrones y Siervos, Siervos y Patrones. La mayor parte de los palestinos de entonces eran siervos, como los argentinos de hoy, aunque no eran propiamente «proletarios»; y a pesar de ello, tenían cada uno un montón de patrones (siempre los mismos), los Romanos, los Sacerdotes, los grandes mohatreros que arrendaban los impuestos, los publicanos que los cobraban, los grandes dueños de viñas, olivares, o de las míseras parcelas trigarias arrendadas, los dueños de grandes greyes de ovejas, el ejército risible pero prepotente de Herodes; y quién no. De modo que las parábolas de siervos y patrones eran obvias y muy interesantes. A los patrones, Cristo parece no exigirles más que la Prudencia y la Generosidad; a los Siervos menos aún, la Fidelidad. Es de notar que Cristo nunca tronó contra los pecadores comunes (como los predicadores actuales ut sólitum) contentándose con llamarlos Malos Siervos. Tronó contra los pecados espirituales (como hemos visto en la parábola anterior) contra los Pseudoprofetas, Malos Pastores, Católicos de Letrerito y Malos Ricos; llamándolos Lobos Rapaces y Árboles Venenosos, Mercenarios y Asaltantes, y en suma «hipócritas». Los pecadores comunes (todos nosotros), somos siervos descuidados que halla dormidos cuando llega el Señor; o haraganes que no han lucrado con el talento recibido; o prepotentes que han maltratado a los otros siervos; es decir, los que se entontecen en los bienes de la tierra con solicitud terrena; los que se apropian como si fueran dueños (el dueño es Dios) y no meros administradores de cosas prestadas; los que los vuelven sus ídolos, en fin, apropiándoselos de la peor manera (o dejándose apropiar por ellos, mejor dicho) y haciéndose como dioses respecto a los consiervos o prójimos. No quiere decir que no los castigue al final, si no se convierten; pero no les grita mucho, ni los baldona. Cristo fue acusado de ser demasiado benigno con los hijos pródigos, con los publicanos, con la adúltera lapidada; mas Él era benigno solamente con los arrepentidos. Le achacaron que era seguido de prostitutas, lo cual era calumnia, pues una sola aparece en el Evangelio, Magdalena, que no fue prostituta; mas probablemente «divorciada» y «ajuntada»; la misma que Él salvó de la lapidación; y que cuando el fariseo la vio y la despreció como «pecadora», ya no lo era, sino un alma mejor que él, profundamente humillada y transida de contrición y amor de Dios. Era ya la Virgen Prudente que encendió su lámpara, mejor que otras «vírgenes» (corporalmente) vanas y sin amor. Los patrones de aquel tiempo tenían casa, y no sólo los «capitalistas»; y los siervos también tenían casa, que era la casa del patrón; no vivían en conventillos de lujo (como los «departamentos» de Buenos Aires) ni en conventillos de miseria, ni en «Villas Miseria». La principal de las parábolas «patronales» es la del hombre prudente que edificó su casa sobre piedra; y del estulto que la hizo sobre arena; que está puesta al fin del Sermón Serrano. Lucas acorta y reduce al mínimo el recitado; y Mateo mismo lo resume un poco, pero es un buen ejemplo de la estructura del «estilo oral» (Evangelio de Jesucristo, pág. 49):
1 «Quienquiera oye estos mis discursos y los hace
Es parecido a un hombre CUERDO
Que edificó su casa sobre PIEDRA
2 Y mirad la lluvia ha caído
Los torrentes se desataron
3 Y los vientos han soplado
Ya cayeron sobre la CASA
4 Y la casa no cayó
PORQUE ESTABA FUNDADA SOBRE PIEDRA.
1 Quienquiera oye estos discursos y NO los haceEs parecido a un hombre NECIO
Que edificó su casa sobre ARENA
2 Y mirad ……………………………..
Los torrentes ……………………….
3 Y los vientos ………………………..
Y cayeron ……………………………
Y la casa SE DERRUMBÓ,
………………… SOBRE ARENA
Y su ruina fue tremenda.
El mundo moderno ha oído hasta de sobra las palabras de Cristo, y no las ha puesto por obra; y de ahí vienen las «villas miserias», o «the slums» o «la zone», o «el bajo» de las ciudades modernas que no conocieron las antiguas, y otros muchos desastres y ruinas. Por los patrones imprudentes surgieron los malos pobres y la «lucha de clases» y lo que ella traía detrás. El antiguo orden económico cristiano fue destruido; y la economía, insuflada por la avaricia, se volvió loca; y la política perdió un tornillo, sino todos. El mundo comenzó a debatirse en conflictos universales y… apocalípticos. Bien dicho está que «la ruina fue tremenda». (La bomba atómica va a arreglar todo). Dos sistemas económicos (que son también políticos e incluso religiosos; o sea, antirreligiosos), el capitalismo y el comunismo, lucha hoy con todas las armas por imponer al mundo futuro su forma; la cual es deforme; porque el uno se basa en el abuso de la propiedad privada, y el otro en su eliminación. Entre los dos ha surgido un tercero, el «neocapitalismo» yanqui, que parece defender incluso mi maestro Maritain (aunque con reservas), y que nos parece una combinación tramposa de los otros: tantos libros de propaganda corren sobre él entre nosotros (como el «Gran Cambio» del periodista Tyndall y los libros del sabihondo Burnham) que es fácil conocerlo… o bien mal conocerlo y engañarse. Este neocapitalismo (proclamado con lujo de detalles por el tratadista alemán Sombart) pretende que con la adquisición de «acciones», de fábricas los obreros se están volviendo propietarios y su nivel de vida es el más alto del mundo: superándose así a la vez al capitalismo y al comunismo. La respuesta está a mano: los obreros se convierten en propietarios sin voto efectivo, o sea no-propietarios; pues propietario es el que puede dirigir lo suyo, mandar en lo «propio»; y el alto nivel de vida de EE. UU. se obtiene a costa del bajo nivel de vida de otras naciones; por ejemplo, Yanquilandia hoy día traspasa su propia inflación a las otras naciones; no a todas: a Alemania no, por ejemplo, sino a las sonsas: una de las dos causas de la inflación argentina es el patrón oro inamovible del dólar, mantenido por el Fondo Monetario Internacional y por los argentinos sonsos… o felones. Lo que llaman neocapitalismo es un fenómeno curioso, una mezcla producida por la presión de los otros dos sistemas, que llamaremos (bárbaramente) Servilización Paternalista del Pobre; con ella el obrero industrial va reduciéndose al «estado servil» o del esclavo de los tiempos paganos a una forma refinada y oculta: obtiene la seguridad a costa de la libertad. Es como si el Patrón dijera: «Tendrás la subsistencia toda tu vida, hospital, dentista y cine; pero trabajarás para mí toda tu vida, para mí y no otro, en esto y no en lo que se te antoje: mis Parlamentos te van a hacer una maravilla de Leyes Protectoras del Obrero y mi señora es miembra de la Sociedad de Damas Capitalistas Protectoras del Hijo del Obrero… » Esa era justamente la condición del esclavo antiguo, el cual por lo general no era maltratado (algunos vivían hasta con lujo) al contrario, era cuidado como una cosa de valor, como un buey o un caballo; como se puede ver en los testamentos antiguos de los «afincados» de Salta. A este estado de cosas, la «condición servil», se encamina Inglaterra por ejemplo, según H. Belloc; el cual en su precioso librito «The Servile State» (traducido por Bruno Jacovella y editado por «Espiga de Oro»), analiza agudamente el efecto de las leyes de «protección» y a la vez «reducción» del obrero; el cual se abre con este epígrafe:
» … Si no restauramos la institución de la Propiedad, no podemos escaparnos de restaurar la institución de la Esclavitud; no hay tercer camino».
El capitalismo teórico (de Adam Smith o Bentham) pretendió convertir el mundo en un Edén por medio de la abundancia obtenida por la superproducción; y no es negable que él es el mejor medio para obtener la mayor producción, que no es lo mismo que la mayor felicidad humana colectiva; y fracasó, pues dos Guerras Mundiales, una guerra internacional latente (guerra fría), otra caliente que se prepara y aterroriza al mundo, y la guerra civil permanente de «la lucha de clases», le han dado un desmentido como un bofetón. El comunismo no fracasó todavía en el intento de conseguir el orden externo (el orden del hormiguero) y el poderío (el poder brutal de los antiguos «imperios» del Asia): desde que nació hace cien años no ha dado un solo paso atrás. El guante está echado ahora (es decir, el desafío bélico) entre esos dos grandes movimientos mundiales, que para mí son dos de las Tres Ranas del Apocalipsis. Si me preguntan qué saldrá de allí para nuestros hijos o nietos, yo no lo sé, porque no soy profeta; pero como filósofo sé decir que saldrá una de dos cosas; la segunda dividida en otras dos, «aut-aut», que veremos en otro lugar. Volviendo a nuestros Patrones, Cristo los divide en Prudentes e Imprudentes; no hace el retrato del Ingeneroso, porque esos están rechazados en las maldiciones de los Malos Ricos. La prudencia, virtud tan desconocida hoy día (de que hablaremos al explicar la parábola de la Paloma y la Sierpe), no es una virtud intelectual sólo, sino indivisiblemente intelectual y moral, en que concurren el intelecto y la voluntad; y donde ella existe, existen las otras tres virtudes cardinales, Justicia, Fortaleza y Templanza; por lo cual quizá Cristo se limitó a pedir «Prudencia» a los Patrones, sabiendo que ella nunca existe sola. Así, pues, la prudencia no es una cosa meramente intelectual, como la tabla de multiplicar; y ella no puede ser reemplazada, lo mismo que el juicio de la conciencia, por ninguna ciencia o cognición teórica. Uno puede agotarse hojeando el diccionario de «Casos de Conciencia», de Genicot, las Reglas de la Compañía de Jesús, y los 700 preceptos del hombre justo según la moral de Scavini, sin saber de cierto qué es lo que se debe hacer en este caso particular, si se carece de prudencia, o si la voluntad no está rectamente ordenada respecto al Fin. Pues primero de todo, la Prudencia presupone la ordenación del hombre respecto al Fin; lo mismo que el juicio de la conciencia moral, en el cual interviene todo el hombre y no su intelecto sólo. De ahí que san Agustín se dejó decir, como recordé arriba, que los malos no pueden hacer ningún acto bueno; lo cual no significa que alguien que está en desgracia de Dios no pueda dar una limosna con buena intención; y que eso no sea bueno en el plano moral; pero esa limosna no le sirve para el cielo, en el plano teológico, no tiene mérito ni premio de ultratumba, aunque le puede merecer (y sin duda le merecerá) gracias de Dios para convertirse a Él. En ese sentido dictaminó san Agustín; no en el sentido de sus adversarios los donatistas que sostenían un sacerdote malo no podía hacer un bautismo, y un sacerdote bueno no podía, aunque quisiera, hacer un bautismo inválido; aunque en verdad, si quisiera hacerlo inválido, dejaría en el instante de ser «bueno». Y por eso los Patrones Prudentes de Jesucristo son viejitos queridos y raros; pues en todo hombre, y sobre todo en los hombres superiores (en los singulares), cada acto moral es único y singular naturalmente; y a veces, parece raro. Son caprichosos estos Patrones de Cristo; lo mismo que los santos; es decir, son soberanamente libres. Cuando una santa abandona sus hijos o los expone a rebelarse por entrar religiosa; cuando otra deja asesinar a su hermano a la puerta del convento por no violar la clausura; cuando un santo se desnuda del todo delante de su obispo por amor a la pobreza; cuando otro se hace mendigo y escandaliza a la gente con sus piojos; cuando otro abandona a su mujer de noche de bodas y se esconde de ella veinte años; cuando otro deja sus deberes de estado y se hace galeote por amor a los galeotes; cuando otro se deja condenar injustamente por guardar silencio ante una acusación calumniosa… éstos pasan la medida. ¿Qué digo? Ellos tienen otra medida; como Cristo cuando se quedó en el Templo contra la voluntad de sus padres. Adrede he recordado a santa Chantal, santa Margarita, san Francisco, san Benito Labre, san Alejo, san Vicente de Paúl y san Alonso para jorobar a los democristianos, y recordar la irreversibilidad de la Prudencia, sobre todo cuando está inflamada por el don de Consejo, o sea, la inspiración del Espíritu Santo. Pero no imiten ustedes a ninguno de estos santos. Ni tampoco a los caprichosos e incomprensibles Patrones de las parábolas de Cristo. En realidad, los Patrones Prudentes (y Raros) de Cristo designan a Dios, el gran Patrón de Todo; y Dios es incomprensible. El que hizo la casa sobre piedra es Dios; la piedra es Cristo («Petra autem erat Christus», 1 Corint. X,l), la casa es su Iglesia; y el Patrón estulto sería yo, si pudiese ser patrón de algo. Cuando una vieja porteña me regale una estancia, vamos a ver qué hacemos. Hasta ahora no he sabido lo que es ser Patrón; y quizá también (según dicen) lo que es ser prudente; aunque puedo explicar tal cual en qué consiste la Prudencia; en la próxima plática.

