PADRE GABRIEL GROSSO: REFLEXIONES APOCALÍPTICAS.

REFLEXIONES APOCALÍPTICAS II

Ver Parte 1ª:

https://radiocristiandad.wordpress.com/2013/07/30/especiales-de-radio-cristiandad-con-el-p-gabriel-grosso-1o-parte-reflexiones-apocalipticas/

Continuando con nuestra investigación sobre el tiempo que nos toca vivir, e insistiendo que debemos tener una mentalidad apocalíptica, so pena de no comprender donde estamos parados, me adentraré en el tema que se refiere a la segunda bestia del capítulo XIII del Apocalipsis.

El texto dice así: Apoc. 13: 11 “Y vi otra bestia que subía de la tierra, y tenía dos cuernos semejantes a los de cordero y hablaba como dragón.

El Padre Manuel Lacunza tiene para este texto una exégesis que para mi entender coincide con la verdad, pues, el apocalipsis real que vemos hoy le da la razón. Desarrollemos, pues, un poco más la exegesis del Padre Lacunza que, por supuesto, es fiel al texto inspirado.

El Padre Lacunza dice:

“Sí, amigo mío, nuestro sacerdocio; éste es, y no otra cosa el que viene aquí significado, y anunciado para los últimos tiempos debajo de la metáfora de una bestia con dos cuernos semejantes a los del cordero.

Nuestro sacerdocio, que como buen pastor, y no mercenario, debía defender el rebaño de Cristo, y poner por él su propia vida, será en aquellos tiempos su mayor escándalo, y su mayor y más próximo peligro”.

Esto que dice el Padre Lacunza se puede aplicar:

            – Tanto al verdadero sacerdocio católico de la época después del concilio Vaticano II hasta Benedicto XVI, que fue ordenado con el rito antiguo, que ejecutó todas sus nefastas reformas y que fue conformando la iglesia conciliar, y con el tiempo fue perdiendo su carácter de verdadero sacerdocio católico, por la muerte de los válidamente ordenados y la muy probable invalidez de las consagraciones y ordenaciones nuevas, que en palabras de Mons. Lefebvre era un clero bastardo.

            – Como a un verdadero sacerdocio católico que hasta hoy sobrevive siendo mucho más reducido en número.

Así tenemos esta bestia que es cordero pero por ella habla el dragón. ¿Quién puede negar que todos estos eclesiásticos tuvieron el orden sagrado y por lo mismo eran parte del clero católico? ¿No se ve claramente aquí esta bestia que tenía dos cuernos semejantes a los de cordero y hablaba como dragón?

Ahora, la objeción que surge es que esta segunda bestia recién aparece después del parto de la mujer vestida del sol, que para los más acreditados exegetas es Israel convertido. Como Israel todavía no se convirtió, lo que es evidente a todas luces, nos preguntamos ¿qué sacerdocio católico será la mano derecha del Anticristo en el tiempo que todavía no llegó y que creemos que está próximo?

Si somos coherentes con lo dicho arriba, no podemos ver más en el clero de la iglesia oficial a la segunda bestia del apocalipsis. Entonces debemos buscar un verdadero sacerdocio católico que, en los tiempos futuros, sea al que le competa el infeliz oficio “hacer que la tierra y los que habitan en ella adoren a la bestia primera”.

Veamos este problema más de cerca, y hagamos nuestras las palabras del Padre Lacunza:

“El respeto y veneración con que miro, y debemos mirar todos los fieles cristianos a nuestro sacerdocio, me obliga a andar con estos rodeos, y cierto que no me atreviera a tocar este punto, si no estuviese plenamente persuadido de su verdad, de su importancia, y aun de su extrema necesidad”.

Por lo tanto, vemos que el Pseudoprofeta del Anticristo tiene características que lo hacen reconocible, tiene cuernos como cordero, es decir, es verdaderamente obispo, así lo expresa el Padre Lacunza:

“Añade, que la vio con dos cuernos semejantes a los de un cordero; la cual semejanza, aun prescindiendo de la alusión a la mitra, que reparan varios doctores, parece por otra parte, siguiendo la metáfora, un distintivo propísimo del sacerdocio, que a él solo puede competir”.

Otra característica esencial del Pseudoprofeta es su lengua, que es lengua de dragón, así lo expresa el Padre Lacunza:

Mas esta bestia en la apariencia mansa y pacífica, esta bestia en la apariencia inerme, pues no se le veían otras armas que dos pequeños cuernos semejantes a los de un cordero, esta bestia tenía una arma horrible y ocultísima, que era su lengua, la cual no era de cordero, sino de dragón: hablaba como el dragón.

Lo que quiere decir esta similitud, y a lo que alude manifiestamente, lo podéis ver en el capítulo III del Génesis. Allí entenderéis cuál es la lengua, o la locuela del dragón, y por esta locuela entenderéis también fácilmente la locuela de la bestia de dos cuernos en los últimos tiempos, de la cual se dice, que como habló el dragón en los primeros tiempos, y engañó a la mujer, así hablará en los últimos la bestia de dos cuernos, o por medio de ella el dragón mismo”.

Por lo tanto tenemos en el Apocalipsis las luces que nos deben orientar en estos dificilísimos tiempos, y nos advierte: huyamos de todo Monseñor o sacerdote válidamente ordenado que hable como dragón:

“Hablará con dulzura, con halagos, con promesas, con artificio, con astucias, con apariencias de bien, abusando de la confianza y simplicidad de las pobres ovejas para entregarlas a los lobos, para hacerlas rendirse a la primera bestia, para obligarlas a que la adoren, la obedezcan, la admiren, y entren a participar o a ser iniciadas en su misterio de iniquidad”.

Y para terminar nos preguntamos, ¿en quién debemos  confiar en estos tiempos peligrosos que nos toca vivir? El Padre Lacunza nos dice que los fieles en los últimos tiempos tendrán estas características:

“No por eso se dice, que no habrá en aquellos tiempos algunos pastores buenos, que no sean mercenarios. Si, los habrá: ni se puede creer menos de la bondad y providencia de Sumo Pastor; mas estos pastores buenos serán tan pocos, y tan poco atendidos, respecto de los otros, como lo fue Elías respecto de los profetas de su tiempo(…) Su modo de hablar debe ser sencillo e inocente(…) se determinen a obedecer a Dios, arriesgándolo todo por Dios, y se vean por esto abandonados de todos, sin hallar quien les dé y quien les venda, y todo esto por mandato de sus propios pastores(…) Y todo esto porque no se les ve ni en las manos ni en la frente señal alguna de ser contra Cristo(…) Y si algunas se hallaren entre ellas tan entendidas que conozcan el engaño, y tan animosas que resistan a la tentación (como ciertamente las habrá) contra éstas se usarán, o se pondrán en gran movimiento las armas de la potestad espiritual, o los cuernos como de cordero, prohibiendo que ninguno pueda comprar, o vender, sino aquel que tiene la señal, o el nombre de la bestia. Éstas serán separadas de la sociedad y comunicación con las otras, a éstas nadie les podrá comprar ni vender, si no traen públicamente alguna señal de apostasía: porque ya habían acordado los judíos, dice el evangelista, que si alguno confesase a Jesús por Cristo, fuese echado de la sinagoga (S. Jn. IX, 22). Aplíquese la semejanza.”

Padre Gabriel Grosso