En relación con el hartazgo generado
por los ya más de 400 ELEISON COMMENT
“Vosotros sois la sal de la tierra.
Mas si la sal pierde su sabor, ¿con que será salada?
Para nada vale ya,
sino para que, tirada fuera, la pisen los hombres.”
San Mateo, V, 13
¿El papa es papa cuando es hereje? ¡Yo no sé, no zanjo!
Pero pueden plantearse la cuestión ustedes mismos.
Pienso que todo hombre juicioso debe plantearse la cuestión.
No sé, entonces ahora, ¿es urgente hablar de esto?…
Se puede no hablar, obviamente… podemos hablar entre nosotros, privadamente, en nuestras oficinas, en nuestras conversaciones privadas, entre seminaristas, entre sacerdotes…
¿Es necesario hablar a los fieles? Muchos dicen: no, no habléis a los fieles, van a escandalizarse, eso va a ser terrible, eso va a ir lejos…
Bien, les dije a los sacerdotes en París cuando los reuní, y luego a vosotros mismos ya les había hablado, les dije: pienso que, muy suavemente, es necesario, a pesar de todo, esclarecer un poco a los fieles.
No digo que sea necesario hacerlo brutalmente y lanzar eso como condimento a los fieles para asustarlos… no, pero pienso que, a pesar de todo, es una cuestión de fe.
Es necesario que los fieles no pierdan la fe.
Monseñor Marcel Lefebvre
CARTA ABIERTA A MONS. WILLIAMSON
Excelencia:
Le concedo ese título tradicional por su Episcopado, para evitar toda presunción de agravio personal en este texto.
Aunque, sencillamente y por imperio de la Fe, a usted, por su contumaz subordinación a su “maestro” (el antipapa ocupante, como un anticristo, de la cátedra romana, y precursor inconfundible del ANTICRISTO), se le aplican las palabras de San Mateo, V: 13, que hemos colocado al principio.
Porque lo que interesa, primordialmente, es la sustancia de la FE y la doctrina congruente.
Por eso se expresaba de este modo el Arzobispo Marcel Lefebvre: “… pero pienso que, a pesar de todo, ES UNA CUESTIÓN DE FE. ES NECESARIO QUE LOS FIELES NO PIERDAN LA FE.”
Tal la lectura que debe hacerse del otro texto completo que incluimos al principio, donde el Arzobispo Marcel Lefebvre, muy lejos de rechazar el sedevacantismo y con claridad meridiana (y a pesar de la evidente resistencia que le oponían muchos cofrades, entre los cuales seguramente se encontraba usted…, deducción para nada arbitraria a la luz de su pertinacia en el largo camino que conduce a la negación de la realidad y la Apostasía y al que pretende arrastrar a muchos), les reclama a sus hijos en el sacerdocio y en el episcopado: que es necesario hablar a los fieles con suavidad (claro que 40 años después lo de “suavidad” es por completo prescindible) respecto de la posibilidad de que “este papa no sea el Papa”…; o sea, que la Sede Apostólica esté vacante. Posibilidad que Mons. Lefebvre JAMÁS rechazó expresamente, ni mucho menos combatió dedicándole extensos textos insustanciales por años, como sí hace usted, su… “Excelencia“.
O, como miente el Obispo Jean-Michel Faure cuando afirma que Mons. Lefebvre jamás ordenó a ningún seminarista que fuese sedevacantista.
Es según la FE y para custodia y exaltación de esa FE en la SACRA TRADICIÓN que las dignidades, oficios y funciones fueron creados y existen en la Iglesia. Otra cosa, es cháchara.
Consecuentemente, en última instancia se perfila su situación personal —la conciencia como le dicen ahora— de cuya solidez y destino sólo es juez la infinita sapiencia divina, a la que por supuesto también está sometido, y gravemente sometido quien esto escribe, por mandato de San Juan Apocaleta, autor además del Evangelio, que ustedes, dignidades eclesiásticas prevaricadoras, vilipendian, vacían y diluyen; de ese EVANGELIO, diluido y burlado por Roncalli, Montini, Luciani, Wojtyla, Ratzinger, Bergoglio, y tutti quanti, de los cuales usted es un apóstol.
Y aunque limitado e indigno (en muchos pormenores, en muchos aspectos ostensibles y dolorosos), mi fuerza y autoridad proceden de esa IGLESIA y de esa FE INMACULADA y SUBLIME, que los mencionados traicionan y entregan, como nuevos fariseos y saduceos (y de los cuales es usted apóstol), a los negadores del Señor, y de la que han apostatado junto con Juan XXIII, Paulo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, todos los cuales se configuran en el pontifex, descripto en el capítulo XIII, 11-12 del Apocalipsis. Pontifex del cual usted TAMBIÉN hace parte.
Esta es la primera claridad que quiero disponer sin ambages en un texto, seguramente insólito para su credulidad de seguidor y apóstol de apóstatas convencidos; primera claridad, a saber, que si lo llamo “Excelencia” es por deseo de no confundirlo todo en el emocionalismo pseudo-místico y adulterado que los apóstatas como usted esgrimen a troche y moche.
Porque, más allá de su perfil en el “episcopado” y del mío en la sencilla y atribulada condición de simple fiel de a pie, mi autoridad en la FE es superior a la suya, pues uno que sigue a apóstatas no puede reclamar ninguna autoridad, que es lo que es POR LA FE, y no por la burocracia de los saduceos, apoderada de los puestos de la Iglesia.
Esto es diáfano, incuestionable, absoluto.
Hechas estas aclaraciones, imprescindibles y objetivas, veamos el contenido y rigor de mi respuesta, aclarando que ya hace rato que entiendo estar totalmente fuera de los alcances de su “autoridad” írrita y corrupta.
Esta respuesta tiene en cuenta primordialmente sus últimos 403 ELEISON (o sea TODOS), pero en especial aquellos con los cuales usted pretende DILUIR, reitero DI-LU-IR, la que es tal vez la ÚNICA MANERA DE PRESERVAR LA FE VERDADERA, dentro de la Pusillus Grex.
Y no lo digo yo…, sino que lo afirma su mentor y padre en el Episcopado Mons. Marcel Lefebvre.
Usted, en realidad (y permítame que parafrasee su último e impresentable ELEISON 403) “pavimenta el camino al infierno para la verdadera Iglesia”; porque usted manda, impulsa, favorece y protege la apostasía ya mencionada, cuando induce a los fieles a que permanezcan bajo la autoridad del antipapa, tirano de la Iglesia perseguida, y bajo los textos del concilio que, por otro lado, usted asegura combatir.
¿Y por qué digo esto? Sencillamente porque las autoridades que usted defiende son autoras, impulsoras, difusoras y defensoras de dichos textos, judaizantes todos ellos, consensuados y aprobados en previos acuerdos con la logia B`nai B`rith.
Es necesario agregar que repaso innumerables “Eleison”, “discursos”, y “actitudes” suyas, que no tengo por qué analizar, sino que simplemente trato de considerar todo eso en un contexto general, una curva explícita de su camino (el suyo, “Excelencia”), que apostata de la Tradición, y por lógica se separa del camino trazado por Mons. Marcel Lefebvre.
Debo aclararle que llevo años siguiendo su derrotero y leyendo sus trabajos, y más años aún en este combate, que lo es del intelecto.
Hecho este que doy por supuesto quizás conozca, toda vez que sé que le molestan ciertos “ladridos”, según manifestara la otra “su Excelencia”, recientemente monseñoreada por usted, a contertulios de relativamente cercanas tenidas clericales.
Y bien, distingo en primer lugar en sus alocuciones y escritos, y sobre todo en los últimos en particular, una serie de arbitrariedades y absurdos con los que intenta desvirtuar la realidad, para reemplazarla por su propia e imaginaria idea.
En efecto, todas sus palabras, argumentaciones y equívoca eclesiología descansan en este presupuesto: no hay anticristos en Roma (contrariando, nuevamente, a Mons. Lefebvre), ni mucho menos ha llegado todavía el PODER DEL ANTICRISTO.
Así contraviene usted la enseñanza explícita de San Juan y de la IGLESIA verdadera, en tiempos precisamente de ostensible poder del Anticristo.
Sí, leyó bien (si es que llegó hasta aquí). Sostengo, y no estoy solo para hacerlo, que nos encontramos en tiempos de ostensible poder del Anticristo.
Usted, al negar la presencia en Roma de anticristos (al menos con sus discursos y mensajes concretos), constantemente confunde la realidad.
Porque usted termina avalando luego las “benditas” distinciones pastorales, y sus fundamentos ecuménicos y sociomórficos con los que la “iglesia romana” encubre su apostasía y su inconvalidable connivencia con la sinagoga de satanás.
¿Por qué? Sencillamente porque usted les reconoce como autoridades válidas y legítimas EN LA IGLESIA, mientras ellos hacen lo que hemos descrito.
La mistificación religiosa, implementada por los grandes heresiarcas conciliares, con su imponente masa de textos, contrarios a la sencillez y Verdad del Evangelio y la Iglesia, converge, desde el concilio hasta hoy, con los poderes mundialistas que han sometido los pueblos cristianos a la tiranía de los actuales saduceos y fariseos, en nombre precisamente de un Evangelio vilipendiado y adulterado.
Pero en el primer plano de sus generalidades obsoletas, gastadas y estériles, abiertamente usted NIEGA el actual estado de APOSTASÍA TERMINAL (por ejemplo, cuando en uno de sus últimos ELEISON usted manifiesta que el Divino Salvador ha impedido que los heresiarcas conciliares pierdan por completo la Fe).
Ahora bien, será necesario recordar el orden que establece San Pablo, que trascribiremos seguidamente: “Porque PRIMERO debe venir la APOSTASÍA y hacerse manifiesto el Hombre de Iniquidad…”
Y usted, precisamente, NIEGA IMPERIOSAMENTE LA APOSTASÍA. Y la niega porque para usted representa un callejón sin salida; dado que reconocerla manifiesta, concreta y real, ahora mismo implica reconocer que Roma ha perdido la Fe y se ha hecho sede del ANTICRISTO.
Usted NIEGA “EL ANTICRISTO”, sobre el que nos advierte precisamente San Juan, toda vez que NIEGA la existencia de anticristos en Roma.
Y en un segundo plano pretende usted, como todos los vaticanistas, cismáticos y heréticos insanables, confundir la Fe con autoridad (la de ustedes, entiéndase bien; o mejor dicho, la de las autoridades romanas, que son las únicas, según usted, que pueden otorgar jurisdicción y a las que no obstante “desobedece“).
Si estos no son anticristos, ¿quiénes otros podrían serlo?
Si la Iglesia Conciliar, o lo que usted llama Iglesia, no se perfila como la Babilonia, ebria con la sangre de los mártires y de los justos, entonces, ¿qué otra cosa podría llegar a serlo?
Es que para usted, “Excelencia”…, eso nunca va a ocurrir, porque usted LO NIEGA. O, para ser más exacto, LO DILUYE.
Siendo para usted imposible que ocurriera lo que salta a la vista que ya HA OCURRIDO, dado ese contexto que usted propone, sólo quedaría la solución impulsada por las logias judías, a saber: el “mesías” está aún por venir; ese “mesías” es el único mesías judío; el único “mesías” creíble por ende; el único aceptable…
Pero, precisamente, ese es EL ANTICRISTO, cuyo poder mundial ustedes CONCRETAN, alientan e idolatran so capa de cristianismo.
Pues el CRISTO (verdadero Dios y verdadero Hombre, y único Señor) anuncia claramente, y debemos avizorar, “el reino del ANTICRISTO”, emergente de la “iglesia apóstata”, que en cambio usted pretende hacer pasar por la Iglesia de Cristo.
Sumariamente:
1º) Todo en la Iglesia Conciliar, Iglesia Falsa y babilónica, presume de facilitar el poder de la sinagoga de Satanás, descripta por San Juan en el capítulo VIII de su Evangelio; y, por ende, los conciliares velan u ocultan la revelación auténtica y cierta sobre EL ANTICRISTO, y desfondan la FE.
2º) Para nada se menciona la realidad histórica, teológica y política del ANTÍCRISTO (ni del poder de sus predecesores, miembros todos del “cuerpo místico” del ANTICRISTO, y por ende anticristos ellos mismos), dato inexcusable, sin embargo, de la FE Íntegra y Verdadera.
Por lo tanto trabajan por su advenimiento, y no por el “reino” del Señor.
3º) La “iglesia” del Vaticano II, regida siempre por un ANTICRISTO, culminante ahora con éste actual y grotesco payaso, que usurpa manifiestamente la cátedra de Roma, esa “iglesia” pretende tiránicamente profundizar, expandir y afianzar la apostasía consumada de la entera congregación de los fieles.
Es, ante todo, necesario testimoniar que, por supuesto, el Misterio de la FE es invulnerable a los “anticristos” o al ANTICRISTO.
Esta invulnerabilidad está en estrecha relación con la INDEFECTIBILIDAD de la Iglesia, hecho este que usted se empecina en empañar…, mejor dicho, nuevamente utilizaré el término correcto que es DILUIR (y ya veremos por qué razón preferimos este término).
Se vislumbra claramente su intención, “Excelencia”, en textos tales como aquel en que propone que la Iglesia sería algo así como una MANZANA, MITAD SANA y MITAD PODRIDA; o aquel otro en que la IGLESIA ESTÁ DESPROVISTA DE SENTIDOS.
Es en esa eclesiología, equívoca y BLASFEMA, en la que usted se afana para fundamentar la NEGACIÓN de una realidad evidente, cual es la de la APOSTASÍA total, completa significante y precursora de Roma, llevada a cabo por los anticristos romanos, denunciados oportunamente por Mons. Marcel Lefebvre, al que ahora USTED, y la otra nueva “Excelencia” Mons. Faure, CONTRADICEN y COMBATEN abierta y ostensiblemente.
¿Por cuál razón preferimos para nuestra respuesta el término DILUIR? Dice el Padre Lacunza que, “Si preguntamos al amado discípulo qué cosa es Anticristo, nos responde por estas palabras: «omnis spiritus qui solvit Jesu, ex Deo no est; et hic est Antichristus, de quo audistis quoniam venit, et nunc jam in mundo est.» (Todo espíritu que disuelve a Jesús, no es de Dios; y ese es Anticristo, del cual habéis oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo).
En efecto, así aparece en la vulgata, Iª de San Juan, Capítulo IV, versículo 3.
SOLVIT, significa DISOLVER, y resulta ser el término más adecuado para describir la actual situación, en particular, la suya, “Excelencia” y la de quienes lo siguen.
Porque, ¿quién es Anticristo? Es aquel que DISUELVE a Cristo.
En el Nuevo Testamento el término anticristo es exclusivo de San Juan, y más concretamente de sus epístolas Iª y IIª. Le anoto los lugares concretos, para que sus “doctos” compañeros de ruta —que estudian de todo, menos lo que atañe a la FE— busquen ellos (y usted, “Excelencia“) la enseñanza que deben al pueblo cristiano, sin falsificaciones ni manipulaciones, para lo que podríamos llamar la definición del Anticristo.
Por esto, con mi respuesta, más que desmenuzar sus lamentables conceptos y palabras en esta y en tantas oportunidades, o hablar ahora de la incesante, terrible y nefasta presión judaizante, prefiero oponerle la cuestión fundamental.
Y es que “el Anticristo” no puede destruir la esencia de la Iglesia; pero puede sí reclutar en la apostasía a la jerarquía entera, con papas, cardenales y obispos (verdaderos en su momento, aparentes luego y hasta ahora); reclutar tanto a los poderes mundanos, a los judíos y sectarios; en fin, puede posesionarse de las cátedras de la FE —episcopales— y destruir la piedad, el Sacrificio Perpetuo. En otras palabras, puede adulterar, falsificar, sustituir la FE. Puede y lo hace; prueba de ello son sus actos y sus palabras, que aunque mitrados, atesoran y fomentan la apostasía.
Prueba también la inconmensurable ruina de la Iglesia Romana, cuya voz no es maestra de la Fe, sino, por el contrario, tiniebla de la apostasía. Esa tiniebla cubre ya la entera dimensión de lo que convenimos en seguir llamando “iglesia conciliar”, vaciada de la FE; ludibrio de las fuerzas satánicas que la ocupan, en lugar del Paráclito.
A ellos, a esos impostores, usted sostiene haciéndolos pasar por Vicarios de Cristo.
Al carecer de entidad escatológica, en muchos de sus acostumbrados flatus vocis, típicos del actual poder clerical, usted torna a ser un eje de manipulación judeo-masónica… que explicaría lo que usted no ha querido explicar en referencia a su blasón episcopal.
La Iglesia, cuando en sus miembros reniega de Cristo, deviene “Falsa Iglesia”. La historia está allí para probarlo.
En nuestra época y caso, devino iglesia conciliar y apóstata.
En la medida en que esta iglesia apóstata reniegue de Cristo conocerá el poder del ANTICRISTO.
Y, viceversa, en la medida en que oculte la realidad escatológica del ANTICRISTO, corromperá la FE y provocará su advenimiento y su poder…
ESTO ES LO USTED HACE…
El judaísmo es la negación de Cristo, Hombre verdadero y Dios verdadero.
Entonces, es el judaísmo quien define la hora del Anticristo.
Por lo tanto, la ostensible ahora infiltración y subsecuente expansión judaica en la Iglesia (que afecta desde los llamados “papas conciliares” a los “desposeídos del mundo“, desde los “obispos” a los poderes de la tierra) manifiesta la hora del Anticristo.
De ello estamos advertidos, y esta advertencia se torna signo de la FE, íntegra y vivida. No se trata, pues, de una propaganda sectaria, al modo de tantos herejes antiguos y modernos, que presentan al Apocalipsis, en versión trastocada y judaica, distinto por naturaleza de la Revelación Cristiana.
Aclaraciones las últimas que hacemos para prevenirnos de que desde ahora su “Excelencia” intente confundir (tal su costumbre) nuestras expresiones con las perspectivas de tantas y tantas sectas, ellas también criaturas prefiguradas del Anticristo, con el objeto final de hacer pasar a varios Anticristos como Vicarios de Cristo.
A principios del siglo XX, y como signo para toda la Iglesia romana, en aquel momento todavía al borde de la apostasía, San Pío X comienza su primera encíclica, E Supremi Apostolatus (1903), subrayando la doctrina acerca del Anticristo (parágrafo 4 “Los hombres contra Dios”, en San Pío X, Escritos Doctrinales, Ed. Palabra, Madrid 1975, págs. 18-20. Texto bilingüe):
Tanta scilicet audacia, eo furore religionis pietas ubique impetitur, revelatae fidei documenta oppugnantur, quaeque homini cum Deo officia intercedunt tollere delere prorsus praefracte contenditur! E contra, quae, secundum Apostolum eundem, propria est Antichristi nota, homo ipse, temeritate summa in Dei locum invasit, extollens se supra omne quod dicitur Deus (…). In templo Dei sedeat, ostendens se tamquam sit Deus.
Cuya traducción literal es como sigue:
Y en verdad con desmesurada audacia, y con ese su odio por todas partes se ataca la piedad de nuestra religión, se combaten las doctrinas de la fe revelada, procurando suprimir todo vínculo sagrado entre hombre y Dios, y se lucha obstinadamente más bien para borrarlos; y en cambio lo que se yergue, según el mismo Apóstol, es connotación propia del Anticristo, el hombre mismo, con suma temeridad, ha invadido el lugar de Dios, exaltándose sobre todo aquello que recibe el nombre de Dios (…) De modo que se siente en el templo de Dios, mostrándose como si fuera Dios.
Ya en el párrafo anterior el Santo Pontífice había señalado, cauta pero firmemente: “el prólogo de los males que debemos esperar en el fin de los tiempos, neve filius perditionis (…) iam in hisce terris versetur. —El hijo de perdición (…) habita ya en este mundo—
Hablemos de Mélanie. Ya que me parece mejor que hacerlo de Valtorta o de Akita (¡Ah!…, le paso un dato: los compendistas de sus errores critican a los de Una Voce, pero nada dicen de que ellos también prestan fe a la japonesa aquella).
Es interesante destacar que, ante la literalidad del mensaje de la Santísima Virgen en La Salette, la palabra Anticristo, repetida en tres o cuatro párrafos distintos, Mélanie, sorprendida, preguntó: “¿Qué es el Anticristo?”.
El Mensaje de la Montaña de La Salette, habla del Anticristo, en un siglo carnal y estúpido, que pone los fundamentos de este desprecio por la FE.
Le transcribo un párrafo pertinente, que dice en traducción literal: “Habiendo sido olvidada la santa Fe de Dios, cada individuo querrá guiarse por sí mismo (…) Durante este tiempo nacerá el Anticristo, de una religiosa hebrea, de una falsa virgen, que tendrá comunicación con la antigua serpiente; su padre será “obispo” (…) Roma perderá la FE, y se transformará en la sede del Anticristo (…) La Iglesia será eclipsada (…) La FE sola vivirá” (op. cit. p. 21-28).
¿Qué puede representar mejor que esa imagen que resaltamos en el texto, la unión o contubernio entre el judaísmo y la iglesia conciliar?… ¡Unión adúltera entre una “falsa virgen judía” y un “Obispo”!
Recordará su Excelencia el relato del Anticristo que realizara Santa Hildegarde de Bingen. No sólo relata la Santa, sino que también dibuja.
Y el siguiente dibujo es el modo con que ella quiso legarle a la Iglesia su visión del tiempo actual.
Representa a “la Iglesia” (por supuesto la falsa Iglesia) pariendo al Anticristo. Ni más ni menos.
Hacemos votos para que usted comprenda de qué se trata. Y para que usted lo entienda le propongo una frase de uno de sus “Papas inconscientes”, (el heresiarca Montini), que en el discurso de clausura del nefasto conciliábulo Vaticano II, anunció la INSTAURACIÓN de la Religión del ANTICRISTO, que no es otra cosa que la Religión del Hombre hecho “dios“:
“La iglesia del concilio, sí, se ha ocupado mucho, además, de sí misma y de la relación que la une con Dios, del hombre tal cual hoy en realidad se presenta: del hombre vivo, del hombre enteramente ocupado de sí, del hombre que no solo se hace el centro de todo su interés, sino que se atreve a llamarse principio y razón de toda realidad. Todo el hombre fenoménico, es decir, cubierto con las vestiduras de sus innumerables apariencias, se ha levantado ante la asamblea de los Padres conciliares, también ellos hombres, todos pastores y hermanos, y, por tanto, atentos y amorosos; se ha levantado el hombre trágico en sus propios dramas, el hombre superhombre de ayer y de hoy, y, por lo mismo, frágil y falso, egoísta y feroz; luego, el hombre descontento de sí, que ríe y que llora; el hombre versátil, siempre dispuesto a declamar cualquier papel, y el hombre rígido, que cultiva solamente la realidad científica; el hombre tal cual es, que piensa, que ama, que trabaja, que está siempre a la expectativa de algo, el filius accrescens (Gen.49,22); el hombre sagrado por la inocencia de su infancia, por el misterio de su pobreza, por la piedad de su dolor; el hombre individualista y el hombre social; el hombre “laudator temporis acti” (que alaba los tiempos pasados) y el hombre que sueña en el porvenir; el hombre pecador y el hombre santo… el humanismo laico y profano ha aparecido, finalmente, en toda su terrible estatura y, en un cierto sentido ha desafiado al concilio. La religión del Dios que se ha hecho hombre, se ha encontrado con la religión —porque tal es— del hombre que se hace Dios. ¿Qué ha sucedido? ¿Un choque, una lucha, una condenación? Podía haberse dado, pero no se produjo. La antigua historia del samaritano ha sido la pauta de la espiritualidad del Concilio. Una simpatía inmensa lo ha penetrado todo. El descubrimiento de las necesidades humanas —y son tanto mayores cuanto más grande se hace el hijo de la tierra— ha absorbido la atención de nuestro Sínodo. Vosotros, humanistas modernos, que renunciáis a la trascendencia de las cosas supremas, conferidle siquiera este mérito y reconoced nuestro nuevo humanismo: También nosotros —y más que nadie— somos promotores del hombre.”
¿Más pruebas, “Excelencia”? ¿Acaso deberemos conectar todas las referencias que hemos aportado en este artículo, insistiendo, remarcando, señalando específicamente lo que resulta obvio para cualquiera que todavía utilice su cerebro?
Es que por cierto, “Excelencia“, al estúpido siglo XIX, bajo la conducción de la “ciencia”, las “logias” y la “revolución”, ha seguido ese estupidísimo siglo XX, que sin embargo tuvo la gracia de tener a un San Pío X, a quien nadie creyó ni obedeció, y menos obviamente el estamento de la alta clerecía (salvo unos pocos, entre ellos el Fundador de la FSSPX; no en vano su Obra lleva el nombre del último Papa Santo) y el ignorante clero desinformado y aborregado.
Esta clerecía esgrime la teología de la obediencia, si conviene a sus designios de mistificación y adulteración u ocultamiento; o la teología de la subversión, cuando conviene a su apostasía y a su alianza con las fuerzas oscuras que gobiernan el mundo y a sus designios de poder.
Por la primera dicen: “No se habla más del ANTICRISTO, se habla del ecumenismo y de la alianza con la sinagoga.”
Por la segunda, instalan en la cátedra romana a “un” anticristo, que erosiona y destruye la FE. ¡Y siguen llamándole Santo Padre, a quien se debe obedecer desde luego! ¡O tempora, o mores!
Ustedes, muy particularmente, usted y los que como usted le hacen el juego al poder judaico, se expresan de este otro modo: “No más Apocalipsis”… “No acepto más preguntas acerca del Apocalipsis”…
Frente a lo cual, decimos nosotros: ¡Anathema sit!
Usted no es otra cosa que un FUNCIONAL al poder de las tinieblas, en esta verdadera “hora del poder las tinieblas”, que se impone en el Orbe entero.
Ese término —ANTICRISTO— lo comprendería un niño con sólo saberse el Catecismo, en cuanto a sus implicancias y extensión lógicas. Pero, Excelencia, es necesario decirlo en una sola sentencia: ni en CRISTO ni en el ANTICRISTO creen ustedes, enseñados y conducidos por teósofos, antropósofos, gnósticos, cabalistas, mundialistas, etc. etc. como son todos los que fungen con autoridad usurpada y caduca en Roma, a los cuales ustedes reconocen como autoridad en “La Iglesia”.
Una Roma en que, como ha quedado demostrado en el ya célebre y reciente Sínodo (llamado “de la Familia“), con su sexualismo y hasta feminismo, propiciado en horrenda alquimia del anticristo actual, podemos ver claramente juntas las “teología de la obediencia” y “teología de la subversión”; juntas en una sola Roma apóstata.
Pero debemos terminar esta Carta Abierta, que ha explorado distintas fuentes.
La voz de San Juan urge y lacera; y la tiniebla horrenda, pletórica de rostros infernales, esa tiniebla espesa de mentiras y adulteraciones, rodea como una muralla siniestra al mundo y a la Iglesia, tiniebla consolidada, cultivada y regenerada constantemente por la apostasía. Allí crece el poder del ANTICRISTO, contra el que nos previene San Juan.
Estos son los textos que ustedes o desfiguran o edulcoran, sobre todo como dije por influencia del pacto actual con la Synagoga Satanæ, y por obra de los nefastos “doctores” que nos ha legado el Concilio Vaticano II.
Estos son los textos que, sin embargo, la IGLESIA no olvidó nunca (incluso cuando debió padecer cautiverio), por lo menos hasta San Pío X.
No enseñar esta doctrina de San Juan es descalabrar, corromper y finalmente anular la FE en la Iglesia, a fin de constituir una “iglesia” y un ecumenismo anticrístico que “ha disuelto al Salvador” (San Juan I. 4. 3).
Se cumple también aquí lo de La Salette: “l’Église sera eclipsée”, porque es eclipsada, según la definición cabal del “anticristo”.
No se trata de describir catástrofes cósmicas —que existirán, por supuesto, cuando el momento llegue, mal que le pese a Mons. Fellay y al Padre Pfluger—; se trata de la catástrofe que destruye LA FE, la que provoca el “anticristo” para sustituir a Cristo, es decir, “eclipsar al Salvador”, con cualquier maniobra, manipulación, tiranía de la “obediencia” o de la “subversión”.
La característica del anticristo no sólo es estar contra, sino maquinar con su poder para “SER EN LUGAR DE” Cristo in Ecclesia y en el mundo, por supuesto; es que ese es el verdadero sentido del prefijo “ANTI“: SUSTITUIR.
Distingue San Juan entre anticristos (en plural) y el ANTICRISTO.
Los anticristos, o sea los que en el decurso de los tiempos pretenderán estar contra Cristo, pero sobre todo ocupar el lugar de Cristo, de variable modo incoativo, potencial, pero no absoluto.
Y el ANTICRISTO (en singular), que es la cúspide de esa larga serie o curva misteriosa que, iniciada en la antigüedad cristiana, sigue sin pausa hasta la culminación, única y definitiva de “el anticristo”, o en “el anticristo”, dentro de la Iglesia, y mediante la apostasía o adulteración de la FE.
Esto es, precisamente, lo que se plasmó en y con el Concilio Vaticano II. Eso es justamente lo que en su discurso de cierre del mencionado conciliábulo describe con una admirable desfachatez el heresiarca Montini al declarar la INSTAURACIÓN de la Religión del Anticristo, que no es otra cosa que la Religión del Hombre que se hace “dios”.
El Anticristo constituye una coronación, una madurez, una sustitución, lisa y llana, de Cristo, una subversión absoluta y esencial; o en términos congruentes una sincronía con el poder mundial, de mistificación mundial y religiosa, de impiedad concreta y tiránica, recubierta con la imagen del Cordero, y por ende una FE traicionada y subvertida en su expresión temporal, histórica, concreta, es decir, una “revolución totalitaria” tiránica en la enseñanza de la Fe.
En suma, Cristo es desplazado y eclipsado por el anti-Cristo; la Piedad, por la anti-Piedad; la Iglesia por la anti-Iglesia; la Tradición, por la anti-Tradición, el Cáliz por el anti-Cáliz, etc., usado siempre el prefijo ANTI en el sentido de SUSTITUSIÓN.
Los anticristos (plural) y “el” Anti-Cristo (singular) proceden “de entre nosotros, aunque no eran ni son de los nuestros”, o sea, proceden de adentro de la Iglesia, y más concretamente de sus jerarquías, estamentos y funciones que atañen al cuidado de la FE y la Sacra Tradición.
El Anti-Cristo es un parto de la iglesia apóstata y adúltera.
Nosotros, para terminar, queremos clarificar aún más esta cuestión con los textos de San Juan y con el genio pictórico de El Greco, plasmado en sus retratos de San Juan Joven, donde puede verse que del cáliz que sostiene el Apóstol, generalmente con la mano derecha, surge un dragón en miniatura, o bien literalmente se baña un dragón, que encuadra por su tamaño pequeño entre los bordes del cáliz, pero sobresale nítidamente de él, mientras la mano izquierda del Apóstol lo señala, con gesto tranquilo, firme, pero extrañado, y mientras los ojos profundos y melancólicos miran directamente el rostro del espectador posible del cuadro.
He ahí pues la profecía y enseñanza del Apóstol, transformada en magistral, profética y terrible imagen pictórica por un genio religioso greco-hispánico.
En lugar de la Sangre de Cristo, el dragón campea en su ámbito preferido. ¿Quiénes pueden ser los que le dieron al dragón acceso al vaso sagrado, sino LOS QUE TENÍAN PODER SOBRE EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO?
Porque tenían ese poder (sobre el Santísimo Sacramento, entiéndase bien), pese a la apostasía, por eso el dragón ocupó el Cáliz de Cristo:
Esto ocurrió hace ya CINCO DÉCADAS… Hoy ya ni sacerdotes son los conciliares; mucho menos obispos y cardenales.
“Excelencia“, todo lo expuesto aquí se inspira en la doctrina incorruptible de San Juan. Y contrasta nítidamente con las poderosas tinieblas de la Roma apóstata, que usted sirve en su apostasía, para arrastrar a todo el pueblo fiel, como la cola del dragón a desprevenidos viajeros o peregrinos, sedientos del Cáliz del Señor.
Pues usted es ministro del dragón, es decir, de quien reviste “los signos del Cordero, pero habla como el dragón”, ya que continúa reconociéndolo como Vicario de Cristo.
Leer a San Juan, Apocalipsis, capítulo XIII. 11: et habebat cornua duo similia Agni, sed loquebatur sicut draco.
Estamos, pues, en la apostasía en carácter de TERMINAL, que alcanza a generar un Falso Pontífice (que se autotitula Papa Francisco). Es insanable la Falsa Iglesia por recursos humanos.
Por eso, en medio de la desazón que cunde, es necesario proclamar la FE de siempre, la Tradición, y denunciar la apostasía oficial de Roma.
Es imprescindible demostrar que, si no se define con claridad la impostura del Anti-Cristo, es imposible revivir la FE, y, por ende, es imposible combatir la apostasía.
Pero nuestra denuncia debe ir mucho más allá y recaer en usted y en quienes le hacen el juego y/o lo auspician y secundan. Creemos que este ya largo escrito cumple, de algún modo, con el objetivo planteado, aunque sabemos también que su comprensión no será sencilla.
¿Qué otra cosa hacer? La Verdad debe ser proferida, y vale per se y no por quien la profiera; vale, además, absolutamente; una vez proferida perdura, aun cuando todo parece morir.
Nota: Esta Carta Abierta a Mons. Williamson fue realizada con base en una Carta al “Cardenal” Juan Carlos Aramburu en el año 1989, realizada por el Profesor Carlos Alberto Disandro. Hemos querido utilizar en nuestra Carta Abierta a Mons. Williamson buena parte de sus argumentos.
OSKO



