Padre Ceriani: La predicación del Evangelio

PREDICAR EL EVANGELIO

 

En diciembre de 2014 fue publicada en varios idiomas una Entrevista al Primer Asistente de la FSSPX, Padre Niklaus Pfluger.

El reportaje fue realizado por una revista del Distrito de Alemania de la misma FSSPX, Der Gerade Weg.

El Primer Asistente contestó a siete preguntas respecto de diversos temas: la Iglesia, la Tradición, la “Resistencia” y la FSSPX.

Muchos han sido los comentarios sobre las declaraciones del Padre Pfluger. Incluso el Obispo que no se retracta (y que suma errores a su Syllabus semana tras semana) le dedicó tres de sus Comentarios Eleison (395 – 396 – 397, del 7, 14 y 21 de febrero de 2015, respectivamente).

Leí con interés esos diversos comentarios, especialmente los Eleison del Obispo inglés; y esperaba una refutación de la declaración final del Padre Pfluger…

Me entusiasmé al leer en el Eleison 395:

Dada la importancia de su cargo, su pensar no puede dejar de ser de interés. Sus líneas principales se presentan aquí abajo, y luego su falla principal.

Pero en ninguno de todos esos comentarios encontré ni siquiera una ligera referencia a lo que considero la falla principal en esa declaración del Primer Asistente de la FSSPX.

¿Cuál es? ¿Qué dijo el Padre Pfluger? Lo siguiente:

Las tempestades continúan rugiendo, las discusiones y querellas que marcaron el sínodo de los obispos en Roma respecto a la familia son escandalosas, ¡mientras que el Superior General de la Fraternidad predica la virtud de la esperanza en Lourdes!

El Superior General no concibe a este respecto ninguna teoría de la conspiración, no anuncia ningún apocalipsis, sino que predica la virtud de la esperanza, Spem contra spem, esperanza contra toda esperanza. He aquí lo que es católico.

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En concreto:

– Hay que predicar la virtud de la Esperanza.

– No debe entrar en esa prédica ninguna teoría de la conspiración.

– No se debe anunciar ningún castigo apocalíptico.

– Ninguna de estas dos cosas es católico. Lo católico es predicar la Esperanza.

Analicemos un poco esta peregrina forma de anunciar el Evangelio, la falla principal de los Superiores de la FSSPX… ¡y no sólo de ellos!, como veremos.

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En cuanto la teoría conspiracionista (me parece que en el original alemán va en plural, serían las teorías) tenemos algunos datos importantes, que nadie puede juzgar contrarios a la Esperanza, y menos tildarlos de no católicos:

1º) San Mateo, X, 17: Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los sanhedrines y os azotarán en sus sinagogas, y por causa de Mí seréis llevados ante gobernadores y reyes, en testimonio para ellos y para las naciones.

Según el Padre Pfluger, Jesucristo anunciaba conspiraciones contra sus discípulos… Su prédica no era católica; era poco esperanzadora, desanimaba a los fieles…

2º) Epístola de San Pablo a los Gálatas, IV, 29: Mas así como entonces el que nació según la carne perseguía al que nació según el Espíritu, así es también ahora.

San Pablo (el Espíritu Santo por medio de San Pablo) nos enseña que Ismael perseguía a Isaac. Y así sucede también ahora. El mismo misterio nos lo revelan, no sólo los dos hijos que el Señor concedió al Patriarca Isaac, Esaú y Jacob, sino también la larga lista de aquellos entre los cuales el mismo Dios puso enemistadas: los descendientes de la serpiente infernal y los de la Mujer.

Y aquí está expresada la necesidad teológica de que Ismael persiga a Isaac, la Sinagoga persiga a la Iglesia, los judíos que están unidos con Abrahán por sólo una unión carnal persigan a los católicos, unidos por la fe en Cristo.

Y los unos tramaron, traman y tramarán conspiraciones contra los otros.

3º) Monseñor Henri Delassus escribió un libro, cuyo título (ni pienso en el contenido…) debe desconocer el pobre Primer Asistente de la FSSPX: La Conjuración Anticristiana.

Basta recorrer el índice para darse una idea de la importancia de esta obra. Pero tenemos mejor testimonio. En efecto, dicho libro recibió una Carta Laudatoria del Secretario de Estado de San Pío X, el Cardenal Merry del Val. Allí leemos:

Monseñor:

El Papa Pío X recibió con un interés paternal la obra titulada: «La conspiración anticristiana”, que usted me pidió le presentara en su nombre.

Su santidad lo felicita afectuosamente por haber llevado a buen término la composición de este libro importante y sugestivo, como continuación de una larga serie de estudios que también honra a su celo y su ardiente deseo de servir a la causa de Dios y de la Santa Iglesia.

Las ideas de su hermosa obra son las que inspiraron a los grandes historiadores católicos: la acción de Dios en los acontecimientos de este mundo, el hecho de la Revelación, el establecimiento del orden sobrenatural, y la resistencia que el espíritu del mal opone a la obra de la Redención.

Usted muestra el abismo al que conduce el antagonismo entre la civilización cristiana y la pretendida civilización que retrotrae hacia el paganismo.

¡Pobre Padre Pfluger! ¡Pobre Monseñor Fellay! Son ellos los que no predican el catolicismo… ¿Qué pensará de ellos el Patrono de la Fraternidad a la que dicen pertenecer? Pero ellos prefieren escuchar a Maximiliano…

4º) Jacques Ploncard d’Assac, otro autor contra-revolucionario, redactó y publicó un libro en cuyo título se refleja la misma idea de la conspiración: La Iglesia ocupada.

Y también Pierre Virion, con sus obras:

– Bientôt un gouvernement mondial, une super et contre Eglise ?

– El Gobierno mundial y la contra-Iglesia

– Le mystère d’iniquité

– Le complot, les forces occultes

– Le Nouvel ordre du monde

– La masonería dentro de la Iglesia.

Tenemos, además, el trabajo de Monseñor de Segur: Los francmasones – Lo que son – Lo que hacen – Lo que quieren.

Y entre nosotros, el gran Padre Julio Meinvielle, con sus obras El judío en el misterio de la historiaDe la Cábala al Progresismo.

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De tener en cuenta los dichos del Padre Pfluger, ninguno de los nombrados anteriormente predicaron, o enseñaron, o defendieron el catolicismo. ¡Sólo lo hace Monseñor Fellay!, que no anuncia teorías conspiracionistas ni un castigo apocalíptico… Y vamos llegando a la segunda falla de estos clérigos: no quieren anunciar lo profetizado en el Nuevo Testamento; a lo cual menoscaban motejándolo de castigos apocalípticos y de no corresponder a la Esperanza cristiana.

Esto nos recuerda que Juan XXIII, después de leer la tercera parte del Secreto de Fátima, dijo que no lo haría público porque no quería ser profeta de calamidades…

Se dice que Juan XXIII abrió el sobre y quedó tan impresionado que solicitó la opinión de su confesor. Decidieron que el Secreto no sería revelado, y el propio Juan XXIII habría agregado unas líneas al escrito de Lucía que luego sería lacrado de nuevo.

«No quiero ser profeta de calamidades»

Más allá de que la anécdota sea verídica o no, el mismo Juan XXIII, en el Discurso de apertura del Concilio Vaticano II, expresó:

En el cotidiano ejercicio de Nuestro ministerio pastoral llegan, a veces, a nuestros oídos, hiriéndolos, ciertas insinuaciones de algunas personas que, aun en su celo ardiente, carecen del sentido de la discreción y de la medida. Ellas no ven en los tiempos modernos sino prevaricación y ruina; van diciendo que nuestra época, comparada con las pasadas, ha ido empeorando; y se comportan como si nada hubieran aprendido de la historia, que sigue siendo maestra de la vida, y como si en tiempo de los precedentes Concilios Ecuménicos todo hubiese procedido con un triunfo absoluto de la doctrina y de la vida cristiana, y de la justa libertad de la Iglesia.

Nos parece justo disentir de tales profetas de calamidades, avezados a anunciar siempre infaustos acontecimientos, como si el fin de los tiempos estuviese inminente. En el presente momento histórico, la Providencia nos está llevando a un nuevo orden de relaciones humanas que, por obra misma de los hombres pero más aún por encima de sus mismas intenciones, se encaminan al cumplimiento de planes superiores e inesperados; pues todo, aun las humanas adversidades, aquélla lo dispone para mayor bien de la Iglesia.

¡Buena compañía tienen Monseñor Fellay y el Padre Pfluger! Dime con quién andas…

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Por su parte, Romano Amerio, en su libro Ioata unum, habla de la Hibridación de fe y esperanza (ver capítulo XIX, § 168):

Puesto que el pensamiento moderno considera la fe como una tensión, tiende a hacer de ella una forma de esperanza, falsificando el orden de prioridades y trasladando la fe del orden cognoscitivo al orden apetitivo.

La confusión de la esperanza con la fe desciende del existencialismo y cree encontrar apoyo en la misma definición paulina de Hebr. 11, 1, traducida por Dante en Par. XXIV, 64-5: «es sustancia la fe de lo esperado / y argumento de cosa no patente».

Todos los Padres y los Escolásticos entendieron rectamente que la fe es sustancia, es decir, substrato y fundamento de la esperanza: las cosas sobrenaturales que se esperan tienen como principio y sustrato las cosas sobrenaturales que se creen. La fe es sustancia que da sustancia a la esperanza, no que la recibe de ella. Se espera el Paraíso porque se cree en él, no se cree en él porque se lo espere.

Pero los modernos han invertido voluntariamente el orden y convertido a la fe en hija de la esperanza, cuando la realidad es exactamente la contraria. Afirman que el hombre se lanza primero con la esperanza hacia su mundo de valores, y después hace de esos valores esperados objeto de creencia y de certeza.

Sobran las aplicaciones a nuestros pobres clérigos…

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Josef Pieper tiene un hermoso ensayo sobre el tema que nos ocupa: El arte de no desesperar, que lleva por sugestivo subtítulo: Reflexiones sobre el “Fin de la Historia”:

La idea de una finalización intratemporal de la historia de la humanidad, ha estado presente en el pensamiento histórico occidental desde Juan de Patmos hasta Wladimir Solowjew. Este último, en los años postreros del siglo XIX, publicó una leyenda sobre el Anticristo, en la que afirmaba que este final (intratemporal, claro está) no tendría lugar de ninguna manera mediante una victoria de la «razón», ni de la justicia, ni siquiera del Cristianismo, sino que se realizaría mediante algo semejante a una catástrofe a la que aplica el certero nombre de «Dominio del Anticristo», lo que equivale a decir dominio mundial del mal, pseudo-orden mantenido por la fuerza., etc.

Si se acepta esta concepción histórica o, al menos, se la considera con seriedad, surgen naturalmente una serie de cuestiones, entre las que se destacan dos.

La primera es la siguiente: basándonos en lo que empíricamente sabemos del curso de la historia y de sus tendencias, ¿la idea de un final catastrófico intratemporal de la misma tiene algún tipo de verosimilitud intrínseca y cabe vislumbrar qué pueda acaecer?

Si a ello se responde afirmativamente, surge una segunda cuestión: en lo que toca a las esperanzas humanas, ¿no habrá, sencillamente, que desesperar de la historia de la humanidad?

Ya hice referencia y hemos publicado en Radio Cristiandad este trabajo. Dios mediante, después de Pascua lo publicaremos nuevamente. Por ahora baste la introducción y sus dos preguntas…, que Monseñor Fellay y el Padre Pfluger ni siquiera tienen en cuenta…

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¿Será realmente contrapuesto a la virtud de la Esperanza anunciar los castigos contenidos en el Apocalipsis?

San Pablo, escribiendo a su discípulo San Tito, II, 12-13, exhortó: Vivamos sobria, justa y piadosamente en este siglo actual, aguardando la dichosa esperanza y la aparición de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo

La dichosa esperanza: Así se llama al Segundo Advenimiento de Cristo en gloria y majestad.

No se trata, pues, de anunciar un castigo apocalíptico, sino, simplemente, de predicar el Nuevo Testamento, con el Libro del Apocalipsis incluido, ciertamente…

Una corta cita del Padre Catellani es suficiente para refutar a estos pitonisos de tersuras… Dice Don Leonardo:

El Apocalipsis es un libro de esperanza; incluso la predicación de cosas tremendas —junto con la seguridad de esquivarlas para los fieles— es para dar ánimo.

Lo que pasa es que estos clérigos están demasiado aferrados a sus esperanzas, en plural y con e minúscula…, esas que le proporciona Maximiliano….

Como publicara oportunamente Radio Cristiandad:

Ellos no pueden hablar de la APOSTASÍA. Su esquema, su sistema, no soporta semejante cosa, por más real y evidente que esta sea, porque se les derrumban unas cuantas cosas.

Ante las palabras APOSTASÍA UNIVERSAL sucumben todos los conservadores, los línea media, neocons, etc.

No pueden soportar semejante cosa puesto que les “patea el nido”, se les cae la estantería o se les derrumban los castillos de arena que han elaborado y con los que vienen subsistiendo (en sus falsas posiciones) desde hace décadas.

No pueden admitir estas cuestiones que van ocurriendo, porque están en el Apocalipsis… lo cual sería reconocer que estamos en el Apocalipsis, como es evidente.

Lo que hoy debe ser asumido, si es que se quiere preservar la Fe, es que transitamos tiempos apocalípticos escatológicos, de los cuales la evidente y actual Apostasía Universal, es una de sus características distintivas.

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¿Pero, acaso, el Obispo de Kent no predica y anuncia un castigo apocalíptico?

Sí, es cierto, lo anuncia. Pero no predica el Apocalipsis, sino revelaciones privadas, incluso algunas condenadas por la Iglesia.

No se trata, pues, de anunciar o predicar castigos apocalípticos que darían término a la Quinta Edad de la Iglesia, para dar paso a un magnífico triunfo de la misma anterior al reino del Anticristo.

Y aquí es útil recordar lo de su Estado de Necedad, anunciando la Tercera Guerra Mundial, que justificaría la consagración episcopal de varios sacerdotes, pero relegando el verdadero Apocalipsis, así como también el Génesis, el Evangelio y las Cartas de San Pablo y San Pedro…

Para medir la inconsistencia de la argumentación basta con recordarla y contraponerla con lo que escribió el 25 de agosto de 2007, justificando el fatídico Motu proprio.

Para fundamentar la consagración episcopal del 19 de marzo pasado (y las futuras próximas anunciadas) recurre al Estado de necesidad, y dice:

Ciertamente había necesidad en este caso. En la medida que el mundo se acerca más y más a la Tercer Guerra Mundial, ¿qué individuo en la tierra puede estar seguro de su propia supervivencia?

Pero, para justificar el relegamiento de la Misa de siempre al rango de forma extraordinaria de un mismo rito cuya forma ordinaria sería el Novus Ordo, dijo en su Comentario Eleison Nº 8, Rebuilding (no hay versión oficial en castellano):

Let me give you a controversial scenario. You do not have to believe in it, but here it is. Mankind’s present desperate situation can be compared only to that of Noah’s time, just before the Flood. Our televidiot civilization, now worldwide, can only crash. God cannot allow it to go on sleep-walking millions of souls into Hell. When it crashes, Catholics are going to be running through the streets, screaming for a priest to confess their sins. There are not going to be enough liturgically perfect priests of the S**X to go round. Therefore God is preparing a number of priests – known only to himself – outside the S**X for those dramatic days. The Motu Proprio, enabling them to pick up the true rite of the Mass at least in private, is an important step in that preparation. Let us pray with all our hearts for all such priests, and for the Pope!

Traduzco como puedo:

Dejadme presentar un escenario controversial; no tienen que creer en él, pero ahí está. La desesperada situación actual de la Humanidad se puede comparar sólo a aquella de los tiempos de Noé, justo antes del diluvio. Nuestra civilización teveidiota, ahora extendida por la Red a todo el mundo, sólo puede concluir en un colapso. Dios no puede dejar que millones de almas sean llevadas sonámbulas al infierno. Cuando esto colapse, los católicos irán corriendo por las calles clamando por un sacerdote para la confesión de sus pecados. No habrá disponibles suficientes sacerdotes litúrgicamente perfectos de la FSSPX para ese fin. Por lo tanto, Dios está preparando un cierto número de sacerdotes –conocido sólo por Él– fuera de la Fraternidad San Pío X para esos días dramáticos. El Motu Proprio, que les permite conectarse con el verdadero rito de la Misa –al menos en privado– es un paso importante en esta preparación. Recemos con todos nuestros corazones por tales sacerdotes, y por el Papa.

Por lo tanto, en agosto de 2007, el estado de necesidad de la época de Noé (dato evangélico dado por Nuestro Señor Jesucristo) se solucionaba con el Motu proprio; el cual preparaba ya un cierto número de sacerdotes que acudiesen a remediar la escasez de confesores en los días dramáticos que se avecinaban.

Han pasado más de siete años… y el Obispo de Kent no encuentra ni un solo Obispo preparado por el Motu proprio…, y tiene que recurrir al Estado de Necedad

Necedad ha sido pedir, aceptar, justificar y alabar el Motu proprio…

Necedad ha sido pedir, aceptar y agradecer el levantamiento de la excomunión…

Necedad ha sido aceptar y justificar las discusiones doctrinales con la Roma apóstata…

Necedad es fundamentarse en revelaciones privadas y apartarse de la Divina Revelación…

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Una vez más comprobamos la coincidencia entre Monseñor Fellay y Monseñor Williamson, aunque transiten sendas alejadas (aparentemente) pero paralelas. Ellos no predican el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.

En la medida en que Monseñor Faure, Dom Tomás y el monseñorible de los dominicos de Avrillé sigan tras las huellas de Monseñor Fellay y de Monseñor Williamson, en esa misma medida no son confiables.

Padre Juan Carlos Ceriani