«EL TRIUNFO DEL DÍA DE RAMOS»
Juan F. Cafferata.
***
***
Marchó Jesús hacia Jerusalén, “sentado sobre una asna, en cumplimiento de lo que dijo el profeta: decid a la hija de Sion: mira que viene a ti el rey lleno de mansedumbre, sentado sobre una asna y su pollino, hijo de la que está acostumbrada al yugo”.
“Y una gran muchedumbre de gentes tendían por el camino sus vestidos; otros cortaban ramas de los árboles y los ponían por donde había de pasar. Y tanto las gentes que iban delante como las que venían detrás clamaban diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito sea el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en lo más alto de los cielos!”.
La entrada de Jesús fue triunfal y “se conmovió toda la ciudad”.
Allí le saldrían al paso: el leproso que curó después del sermón de la montaña; el criado del centurión de Cafarnaúm; Jairo con la hija resucitada; la cananea; los ciegos de Jericó; todos los que había hecho objeto de sus milagros, de gracias, de bendiciones; todos los que le reconocían como el Mesías y el Hijo de Dios.
Estarían también en acecho, endurecido el corazón, ciegos voluntarios: los orgullosos, los fariseos, los doctores, los pontífices. Tramando el plan que habían de ejecutar cuatro días después, ante aquel mismo pueblo que lo aclamaba y que lo abandonaría cuando estuviera crucificado sobre el Calvario.
Pero los príncipes de los sacerdotes y los escribas, al ver las maravillas que hacían y a los niños que le aclamaban en el templo, diciendo: Hosanna al Hijo de David, se indignaron y dijeron; ¿Tú oyes lo que dicen estos? Jesús les respondió; Si por cierto ¿pues qué, no habéis leído jamás: de la boca de los infantes y niños de pecho es de donde sacaste la perfecta alabanza?.
Si hoy Jesús entrara en nuestras ciudades, acaso se repitiera la escena de Jerusalén. El pueblo, los niños, los enfermos curados, los sencillos, los humildes lo aclamarían. Los soberbios, los sensuales, los de corazón de piedra, los “espíritus fuertes”, levantarían el puño y lo amenazarían con el Calvario.
¡Misterio de la iniquidad y abismo de la maldad humana!
Incomprensible mudanza del pueblo, que le aclama el domingo de Ramos y piden que lo crucifiquen el viernes Santo. Que blasfema de Cristo, para quedarse con Barrabás.

