OSKO: La enfermedad de Mons. Williamson.

En Papas modernos tal enfermedad encontramos, que no puede ser asida por ninguna mente sana…

Monseñor Williamson

¡¿QUÉEEE… DIJO EL TIPO?!

OJAZOS DE GATO

Se hace muchas preguntas el Padre Ceriani en su último trabajo sobre el ELEISON 399 de Mons. Williamson.

Ver aquí:

https://radiocristiandad.wordpress.com/2015/03/13/padre-juancarlos-ceriani-en-torno-al-eleison-399/

Él reflexiona sobre cuáles son las causas ciertas de los desvaríos episcopales.

“… digamos que caben tres posibilidades:

1ª) O el Obispo de Kent está en el error sinceramente, e induce a él con sinceridad

2ª) O el señor Obispo no tiene la mente sana, como podría deducirse de sus mismas palabras…

3ª) O el Obispo que no se retracta está cumpliendo una misión, con mensaje en su blasón

(…)

Si alguien puede aportar una solución al enigma, bienvenida sea.

Personalmente creo que tal vez no se trate de una sola de las situaciones descritas, insinuadas o sugeridas por el sacerdote argentino.

Pienso que existe una cuarta posibilidad:

4ª) Las tres citadas, pero combinadas.

Estimo que en el último trabajo del P. Ceriani hay mucho que podrá ser de provecho para toda persona que realmente quiera hacerse algunas preguntas, o que, simplemente, tenga dudas respecto del obispo y quiera discernir justa y certeramente:

“Aquellos que insistan en sostener que es imposible que el Obispo de Kent esté, sea en el error con sinceridad, sea mentalmente enfermo, sea cumpliendo con una misión (al interior ahora de la falsa Resistencia), tendrán que admitir, entonces, que su error es a sabiendas, con conocimiento de causas

Y en ese caso, ¿a qué obedece y a qué se ordena dicho error conocido y sostenido?

De todos modos, con o sin solución, este Obispo no es confiable y no podemos confiar en los que confían en él y lo secundan.”

Todo seguidor de Mons. Williamson (máxime si confía en él) deberá asumir que hay un factor INDISCERNIBLE (esto es así…, inevitablemente; tanto en la cuestión de la “enfermedad” de los conciliares como en los dichos de Mons. Williamson)… Factor indiscernible…, incluso y con mayor razón para una inteligencia sana y católica…

Esto significaría, si fuera cierto, que Dios estaría permitiendo que los cada vez menos católicos que hay en el mundo sean sometidos a una situación, a un dilema (del cual pende nada menos que la salvación) imposible de resolver o de afrontar.

Si ninguna mente sana (léase CATÓLICA) puede captar cuál es la enfermedad en los Papas Modernos, los católicos estaríamos en un aprieto bien difícil.

Pero…, ¡GRACIAS A DIOS!, NO ESTAMOS ANTE UN TAL DILEMA…

Creemos que nunca antes en la historia ha sido más necesario que hoy recurrir a los fundamentos de carácter invariable e indefectible.

Indefectible es la Tradición que, como supo afirmar San Vicente de Lerins, «ya por nadie puede ser cambiada». Esa Tradición es mucho más que una cuestión folclórica o el nostálgico ensueño de personas sensibles.

Por el contrario, la Tradición es, en estos momentos más que en ningún otro, la tabla de salvación en materia de DOCTRINA DE LA FE.

Es por eso que, por ejemplo, cuando se habla de la lucha del Movimiento Tradicional, no se puede hablar solamente de la cuestión litúrgica, obviamente, porque hay cosas que son mucho más importantes…

Sin la Fe, podría haber cientos, miles o millones de misas Vetus Ordo celebradas en todo el mundo; pero… no serían más que un decorado bonito y vacío.

Declaración de Monseñor Lefebvre, del 4 de agosto de 1976:

Este concilio representa, tanto a los ojos de las autoridades romanas como a los nuestros, una nueva iglesia, que ellos llaman, además, la Iglesia conciliar (…)

Creemos que podemos afirmar, ateniéndonos a la crítica interna y externa del Vaticano II, es decir, mediante el análisis de los textos y el estudio de las modificaciones y las conclusiones de este Concilio, que este último, dando la espalda a la tradición y rompiendo con la Iglesia del pasado, es un concilio cismático (…)

TODOS LOS QUE COOPERAN EN LA EJECUCIÓN DE ESTE TRASTORNO, ACEPTANDO Y ADHIRIENDO A ESTA NUEVA IGLESIA CONCILIAR, COMO LA LLAMA MONSEÑOR BENELLI EN SU CARTA DEL 25 DE JUNIO, ENTRAN EN EL CISMA.

Conferencia de Prensa, del 15 de junio de 1988:

El Cardenal Ratzinger lo repitió varias veces: “Monseñor sólo hay una Iglesia, no puede haber una Iglesia paralela”. Le dije: “Eminencia, no somos nosotros quienes hacemos una Iglesia paralela, puesto que seguimos la Iglesia de siempre; son ustedes quienes hicieron la Iglesia paralela habiendo inventado la Iglesia del Concilio, la que el cardenal Benelli llamó la Iglesia conciliar; son ustedes quienes inventaron una iglesia nueva, quienes se hicieron nuevos catecismos, nuevos sacramentos, una nueva misa, nueva liturgia, esto no viene de nosotros. Nosotros, seguimos lo que se hizo antes. No somos nosotros quienes hacemos una nueva iglesia.

Queda claro que, según Monseñor Lefebvre, SÍ existe una “Iglesia” paralela, la del Concilio, una “Iglesia” nueva.

Y Mons. Williamson se aparta de la Tradición y de las luces dadas por Monseñor Lefebvre para entender los tiempos que estamos viviendo.

Lamentablemente ocurre que el único Obispo que se ha apartado de la declinante FSSPX, lo ha hecho tarde, mal y dejando detrás suyo pésimos precedentes; consecuentemente no logra enderezar su camino…

Pero…, y la pregunta es inevitable: ¿Acaso hay un camino que él quiera enderezar?

Huuummm… Me parece que no.

¿Por qué?

Porque tenemos el tándem M. Fellay/M. Williamson.

Ambos creen en lo mismo:

a) Bergoglio es Papa verdadero.

b) La Iglesia Conciliar y Oficial es la Iglesia de Cristo.

c) Ambos son antiapocalípticos a ultranza.

d) Ambos sostienen que ocurrirá una (¿milagrosa?… ¡NO!…. FANTASIOSA) restauración, en algún momento… quién sabe cómo… quién sabe cuándo…

e) Ambos son antimilenaristas, por obvia consecuencia.

f) Ambos son, también, ANTIsedevacantistas viscerales; deliberadamente asumen la posición de un AGNÓSTICO con referencia a ese tema en particular, ya que se niegan siquiera a considerar una mínima posibilidad al respecto de esa opinión teológica.

Ergo…, ambos Obispos DEBEN SER EVITADOS por las mismas razones: son FUNCIONALES al MISTERIO DE INIQUIDAD.

Para mí, cuando Mons. Williamson se refiere a los conciliares lo hace, sencillamente, como alguien que proyecta, sobre quienes son objeto de sus análisis, las enfermedades (psíquicas, o del alma, o sea del intelecto) que lo afectan a él mismo.

Ya que a los dos Obispos les encanta dar ejemplos (cáncer generalizado, manzana podrida), daremos uno nosotros; es como el caso de un médico que diagnosticara la enfermedad de sus pacientes teniendo en cuenta los análisis, radiografías y demás estudios de su propio organismo…

Todos sus “sinceros errores” son tributarios de otro error, mayúsculo, anterior en las premisas.

Se sabe que en todo razonamiento o proceso intelectual, un error en las premisas invariablemente conducirá a falsas conclusiones. En el caso del Obispo Williamson las conclusiones son desastrosas; y mucho de eso puede verse casi semana tras semana.

Decimos casi, porque algunas veces los ELEISON traen cuestiones algo aleatorias o tangenciales; como si, en determinados momentos, el prelado prefiriese tomarse un resuello en su tarea (ímproba por cierto) de construir un entramado nebuloso, plagado de indefiniciones y pletórico en ambigüedades y de ideas suyas propias.

Mons. Williamson visiblemente hace importantes esfuerzos con el objetivo de impedir que más fieles lleguen a conclusiones inevitables, o para que aquellos que ya han llegado duden.

Es decir, procura encontrar imágenes, figuras y revelaciones que le permitan sustentar la posición que sostiene, solamente porque a él le parece inaceptable que el trono pontificio haya estado ocupado y esté ocupado por una sucesión de herejes usurpadores.

Y el problema es tanto más grave cuanto los basamentos en los que se apoya se nutren, invariablemente, en fuentes poco seguras, como son algunas revelaciones de carácter privado, que nunca deberían ser tomadas como punto de partida ni como fundamento, sobre todo cuando la necesidad de pisar terreno sólido y firme es tan importante.

Él confunde, o simula confundir, gordura con hinchazón.

Llama ENFERMEDAD a lo que sencillamente debemos denominar herejía o apostasía. Porque adherir, o aceptar, o hacer propio un pensamiento resabiado de liberalismo es haber apostatado, o estar en vías de hacerlo.

Qué tan resabiado de liberalismo se encuentra el pensamiento de todos los “papas” conciliares, en todo caso es una cuestión de grado, pero no de SUSTANCIA.

Sustancialmente el asunto es invariable e inexcusable.

Es por eso que estoy seguro de que Monseñor Williamson coincidirá con estas palabras del Padre Gleize, importante referente de Menzingen, en respuesta a la entrevista realizada por la revista The Angelus:

Padre Gleize: “Si sigo con su lógica, debo concluir que la Iglesia conciliar existe entonces como una secta cismática, formalmente diferente que la Iglesia católica. Por lo tanto: todos sus miembros son materialmente herejes, por lo menos cismáticos, comprendiendo a todos los grupos ralliés; ellos están fuera de la Iglesia; no podemos darle los sacramentos a menos que hayan abjurado públicamente; los papas conciliares son antipapas; si nosotros somos la Iglesia católica, si no tenemos papa, entonces, ¿dónde está nuestra visibilidad?, ¿o bien sí lo tenemos y entonces es el Obispo de Roma?”

Es tremendo. El sentido común y la lógica están presentes en las palabras del Padre Gleize; y, sin embargo, este sacerdote no quiere concluir consecuentemente; sino que se desvía, obnubilado por la cuestión de la visibilidad de la Iglesia, como si ésta se agotase en la sola figura del Obispo de Roma, o en diez obispos o en mil.

Esto que le ocurre al P. Gleize es EXACTAMENTE LO MISMO que le ocurre a Mons. Williamson.

¡Entonces es lógico! Cuando se cae, inevitablemente, en que la única conclusión teológica posible es que la SEDE está VACANTE…, es cuando se inventan una supuesta enfermedad en los Papas conciliares, indetectable…, y que, para aquellos que están afectados de la misma, es además asintomática…, tanto así que ni se dan cuenta de lo que tienen.

En la tremenda fantasía williamsoniana, los liberales eclesiales no sienten los síntomas; están enfermos, pero sin malestares y se creen sanos.

No son sanos que se creen enfermos…, son enfermos que se creen sanos… Una suerte de hipocondría al revés…

Lo grave del caso es que se trata de una enfermedad mortal. Mortal para su alma y las de aquellos a quienes pastorean.

De todo lo cual podemos decir que cuando miramos a los conciliares romanos estamos viendo una especie de zombis.

Esa enfermedad rara y mortal no es otra que «el error sincero», según Mons. Williamson.

Pero… ¿existe tal cosa?

Mejor dicho. ¿Puede existir en los Papas algo así como el “error sincero“?

¿Existirá todavía alguien que comprenda que es imposible entender católicamente este asunto del “error sincero”?

No estamos hablando de UN ERROR ocasional, cometido por tal o cual pontífice en un determinado momento; un error menor.

Estamos hablando de un error que puede arrastrar a muchos a la perdición. Pero además un error que estaría siendo difundido (según Mons. Williamson) por el titular legítimo de la Cátedra de la Verdad. Y un error difundido desde hace más de cincuenta años por todos los papas conciliares que… ¡¡¡no se dan cuenta del error y viven sinceramente creyendo que hacen las cosas bien!!!

Esto es lo que enseña Mons. Williamson.

Si no terminan de aceptarlo, lean el siguiente extracto de una carta, supuestamente apócrifa…, dirigida por el Obispo a sacerdotes de la Unión Sacerdotal. Se non è vero, è ben trovato…:

Estimado Padre:

Me dirijo a usted tensamente tranquilo por la situación que nos toca vivir.

Mi completamente relajada preocupación es consecuencia directa del vertiginoso y lento sucederse de los acontecimientos, que esperamos para el año que viene, Año Santo de la Misericordia, recuérdelo, pero déjelo en el olvido.

¿A qué me refiero? A lo que acontecerá cuando el amigo Putin restaure la Iglesia, después de que Bergoglio consagre misericordiosamente Rusia al Inmaculado Corazón, y entonces el mismo Putin se convierta y luego veamos cómo convierte a Bergoglio, es decir, lo saque de su enfermedad inimaginable.

Si aún no le queda claro…, le pido, por primera vez y una vez más, que reflexione cuidadosamente pero sin pensar mucho; además, le ruego que me tenga un poco de paciencia colmada de urgentes reclamos…, pues usted debe comprender el estado de sobria embriaguez al que me encuentro sometido en este momento.

Le aconsejo que, si luego de leer tres capítulos del libro de María Valtorta, sigue sin comprender nada de ese asunto del “error sincero”, o del “sincericordismo erroridiano”, o del “síndrome de bilateridad psico-cordial pontificia”, como así tampoco del otro claro-obscuro de los Cucúes y Ruiseñores (que tampoco entendió niente), vaya a que se los explique el padre Ceriani, porque él, como afirman ustedes, mis leales seguidores, tiene la mente enferma, y por eso lo puede entender como yo, mente sana si las hay cerca del mar de Kent.

Sincera y misericordiosamente en el error, suyo…, pero mío.

Mons. Nelson Richard Williamson

 MOCHOS GATOS

Sacerdotes de la Resistencia Fláccida
luego de leer la carta episcopal

Si los lectores, al igual que estos clérigos, se sorprendieron al leer la contradictoria nota anterior, deberán comprender que mucho más sorprendente debería resultarles la lectura del ELEISON 399. Y, si no se sorprendieron, yo me sorprendo de que se sorprendan al pensar que dicha carta pudiese ser real… Porque la realidad es mucho más grave que lo que allí se bosqueja…

Y si les parece que exagero, bueno…, ¡qué tal si alguien aclara el asunto del “ERROR SINCERO”!…, para que luego nos digan si en verdad soy exagerado.

CONCLUSION:

Tenemos la inmensa suerte de que Mons. Williamson posea un “don” que le permita identificar la inexplicable enfermedad de las mentes modernistas. Poseedor de ese «don» especialísimo, el Obispo inglés consigue explicarse y enseñarnos por dónde pasa el meollo del asunto que mantiene atribulados a miles (¿miles?) de católicos de todo el orbe desde hace…, desde hace… qué sé yo cuántas décadas (parecen centurias ya…).

La extraordinaria enfermedad descubierta por el Obispo Williamson en las mentes conciliares, combinada con aquella otra que lo afecta a él mismo (si su mente estuviera sana, él mismo dice que no vería la enfermedad conciliar), viene a ser para nosotros una suerte de tabla de salvación.

¡Para nosotros!… Porque para sus consuetudinarios seguidores es todo lo contrario.

Ellos (los consuetudinarios) lo siguen, y lo defienden, y le festejan sus dichos o escritos (además de festejarle sus cumpleaños cibernética y misericordiosamente), y contribuyen de ese modo a la difusión de sus errores.