
DOMINGO CUARTO DE CUARESMA
En su Carta a los Gálatas, el Apóstol San Pablo revela un gran misterio: Hermanos, escrito está que Abraham tuvo dos hijos, uno de la esclava y otro de la libre. Mas el de la esclava nació según la carne, mientras que el de la libre, por la promesa. Esto es una alegoría, porque aquellas mujeres son dos testamentos: el uno del monte Sinaí, que engendra para servidumbre, el cual es Agar. El Sinaí es un monte de Arabia y corresponde a la Jerusalén de ahora, porque ella con sus hijos está en esclavitud. Mas la Jerusalén de arriba es libre, y ésta es nuestra madre. Porque escrito está: “Regocíjate, oh estéril, que no das a luz; prorrumpe en júbilo y clama, tú que no conoces los dolores de parto; porque más son los hijos de la abandonada que los de aquella que tiene marido”. Vosotros, hermanos, sois hijos de la promesa a semejanza de Isaac. Mas así como entonces el que nació según la carne perseguía al que nació según el Espíritu, así es también ahora. Pero ¿qué dice la Escritura? “Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre”. Por consiguiente, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la libre; con la libertad con que Cristo nos libertó.
San Pablo, escribiendo a los fieles de Galacia, opone la libertad de la Nueva Ley a la servidumbre de Ley Antigua. Para eso toma como figura los hijos de Abraham: Ismael, nacido de Agar, hijo de la sierva, nacido según la carne; e Isaac, nacido de Sara, hijo de la mujer libre, nacido en virtud de la promesa de Dios.
Todo esto, dice el Apóstol, es una alegoría, que en estas dos mujeres nos representa las dos alianzas, una la de los esclavos y la otra la de los libres.
Por lo que hace a nosotros, continúa el Apóstol, somos los hijos de la promesa, como Isaac; no somos, pues, los hijos de la mujer esclava, esto es, de la Sinagoga, sino de la mujer libre, es decir, de la Iglesia, de la Esposa de Jesucristo.
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Contemplemos, pues, la Santa Iglesia, tal como Nuestro Señor Jesucristo la instituyó:
Nuestro Señor Jesucristo instituyó su Iglesia indefectible; lo cual viene de in-defectus, es decir, sin disminución, sin debilitamiento.
Y esto, tanto en cuanto a la existencia (perdurabilidad) como en cuanto a la esencia (integridad).
La indefectibilidad de la Iglesia consiste en que sus elementos esenciales deben durar hasta el fin del mundo.
La indefectibilidad es una de las prerrogativas de la Iglesia de Cristo por la cual dura a través de los tiempos, material y formalmente, de hecho y de derecho.
Indefectibilidad material: el hecho de que un grupo subsista durante un cierto período.
Indefectibilidad formal: se refiere a la continuidad y subsistencia de los principios formales y generales. Los movimientos que desde el interior de la Iglesia intentan cambiar la estructura de la misma, atentan contra esta indefectibilidad: modernismo, progresismo, evolucionismo, iluministas, carismáticos.
Indefectibilidad de hecho: la comprobación de que en tal período un grupo perduraba como tal.
Indefectibilidad de derecho: es la perdurabilidad y la integridad fundada sobre causas y principios ciertos.
La Iglesia durará tal como Jesucristo la concibió, sin cambios esenciales en su doctrina, en su culto y en su constitución.
«Porque a la Iglesia Católica sola pertenecen todas aquellas cosas, tantas y tan maravillosas, que han sido divinamente dispuestas para la evidente credibilidad de la fe cristiana. Es más, la Iglesia por sí misma, es decir por su admirable propagación, eximia santidad e inexhausta fecundidad en toda suerte de bienes, por su unidad católica y su invicta estabilidad, es un grande y perpetuo motivo de credibilidad y testimonio irrefragable de su divina legación» (C. Vaticano I, Dz. 1794).
«La salvación que nos adquirió Jesucristo y juntamente todos los beneficios que de ella proceden, la Iglesia tiene el deber de difundirlos ampliamente a todos los hombres y propagarlos a todas las edades. Consiguientemente, por voluntad de su Fundador, es necesario que sea única en todas las tierras en la perpetuidad de los tiempos. Es, pues, la Iglesia de Cristo única y perpetua» (León XIII Satis congnitum, Dz. 1955).
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Y ahora, consideremos con estupor la Iglesia, tal como la conciben los modernistas.
Nota: en documento adjunto van los textos citados, con una mayor amplitud. Ver aquí
Pablo VI: objetivos fundamentales del Concilio – Alocución para la Apertura de la segunda etapa conciliar, del 29 de setiembre de 1963:
No hay porque extrañarse si después de veinte siglos de cristianismo y del gran desarrollo histórico y geográfico de la Iglesia católica y de las confesiones religiosas que llevan el nombre de Cristo y se honran con el de iglesias, el concepto verdadero, profundo y completo de la Iglesia, como Cristo la fundó y los Apóstoles la comenzaron a construir, tiene todavía necesidad de ser anunciado con más exactitud.
Y creemos que en este Concilio Ecuménico el Espíritu de verdad encenderá en el cuerpo docente de la Iglesia una luz más radiante e inspirará una doctrina más completa sobre la naturaleza de la Iglesia de modo tal que la Esposa de Cristo en Él se refleje y en Él, con ardentísimo amor, quiere descubrir su propia imagen, aquella belleza que Él quiere resplandezca en ella.
Él. Si alguna sombra o defecto al compararla con Él apareciese en el rostro de la Iglesia o sobre su Veste Nupcial, ¿Qué debería hacer ella como por instinto, con todo valor? Está claro: reformarse, corregirse y esforzarse por devolver a sí misma la conformidad con su divino modelo que constituye su deber fundamental.
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Fruto de la reforma conciliar = La Iglesia Conciliar
Carta de Monseñor Benelli a Monseñor Lefebvre, del 25 de junio de 1976:
No tome como pretexto el desasosiego de los seminaristas: es precisamente la ocasión para ellos de explicarles, así como a sus familias, que no puede ordenarlos para el servicio de la Iglesia contra la voluntad del Pastor supremo de la Iglesia. No hay nada de desesperante en su caso: si tienen buena voluntad y se preparan seriamente para un Ministerio sacerdotal en la fidelidad verdadera a la Iglesia conciliar.
Juan Pablo II, constitución apostólica Sacrae disciplinae leges, para la promulgación del nuevo código de derecho canónico, del 25 de enero de 1983:
El instrumento que es el Código es llanamente congruente con la naturaleza de la Iglesia cual es propuesta sobre todo por el magisterio del Concilio Vaticano II visto en su conjunto, y de modo particular por su doctrina eclesiológica. Es más, en cierto modo puede concebirse este nuevo Código como el gran esfuerzo por traducir al lenguaje canónico esa misma doctrina, es decir, la eclesiología conciliar.
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Reacciones: me atengo a los dichos de Monseñor Lefebvre y de los Superiores de la FSSPX, más allá de si han sido o no consecuentes en sus actos. Sé que se podrían oponer otros dichos a éstos. El paso del tiempo y las circunstancias actuales nos deben hacer distinguir entre unos y otros y sacar las conclusiones.
a)Monseñor Lefebvre:
Declaración del 21 de noviembre de 1974:
Nos adherimos de todo corazón, con toda nuestra alma, a la Roma católica guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias al mantenimiento de esa fe, a la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad.
Por el contrario, nos negamos y nos hemos negado siempre a seguir la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y después del Concilio en todas las reformas que de este salieron.
Sermón de Monseñor Lefebvre, del 29 de junio de 1976:
No pertenecemos a esta religión liberal, modernista, que tiene su culto, sus sacerdotes, su fe, sus catecismos, su biblia, su biblia ecuménica. No los aceptamos.
Nota preliminar de Monseñor Lefebvre, del 12 de julio de 1976:
Que no se equivoquen, no se trata de un desacuerdo entre Monseñor Lefebvre y el Papa Pablo VI. Se trata de la incompatibilidad radical entre la Iglesia Católica y la Iglesia conciliar, representando la misa de Pablo VI el símbolo y el programa de la Iglesia conciliar.
Reflexiones de Monseñor Lefebvre sobre la suspensión a divinis, del 29 de julio de 1976:
¡Qué más claro! En adelante es a la Iglesia conciliar que es necesario obedecer y ser fiel, y no a la Iglesia Católica. Es todo nuestro problema precisamente. Somos “suspendidos a divinis” por la Iglesia conciliar y para la Iglesia conciliar, de la cual no queremos formar parte. Esta Iglesia conciliar es una Iglesia cismática, porque rompe con la Iglesia Católica de siempre. Tiene sus nuevos dogmas, su nuevo sacerdocio, sus nuevas instituciones, su nuevo culto, ya condenados por la Iglesia en muchos documentos oficiales y definitivos (…) Esta Iglesia conciliar es cismática porque tomó como base de su actualización los principios opuestos a los de la Iglesia Católica (…) La Iglesia que afirma semejantes errores es a la vez cismática y herética. Esta Iglesia conciliar no es, pues, católica. En la medida en que el papa, los obispos, sacerdotes o fieles adhieren a esta nueva Iglesia, se separan de la Iglesia Católica.
Declaración de Monseñor Lefebvre, del 4 de agosto de 1976:
Este concilio representa, tanto a los ojos de las autoridades romanas como a los nuestros, una nueva iglesia, que ellos llaman, además, la Iglesia conciliar.
(…) Todos los que cooperan en la ejecución de este trastorno, aceptando y adhiriendo a esta nueva Iglesia conciliar, como la llama Monseñor Benelli en su carta del 25 de junio, entran en el cisma.
Sermón de Monseñor Lefebvre. Lille, 29 de agosto de 1976:
La unión deseada por los católicos liberales entre la Iglesia y la Revolución es una unión adúltera, adúltera. De esta unión adúltera sólo pueden venir bastardos. ¿Y quiénes son estos hijos bastardos? Los ritos. El rito de la misa es un rito bastardo. Los sacramentos son sacramentos bastardos (…) Los sacerdotes que salen de los seminarios no saben lo que son. Son sacerdotes bastardos. Ellos no saben lo que son.
Conferencia de Monseñor Lefebvre durante el Retiro sacerdotal, del 4 de septiembre de 1987:
Yo digo: Roma ha perdido la fe, mis queridos amigos. Roma está en la apostasía. Estas no son palabras vacías. Esa es la verdad. Roma está en la apostasía. Ya no podemos tener confianza en esta gente, ellos abandonan la Iglesia, salieron de la Iglesia, salen de la Iglesia. Es cierto, cierto, cierto.
Carta de Monseñor Lefebvre al Cardenal Ratzinger, del 24 de mayo de 1988:
Eminencia, me parece necesario precisarle lo que le escribía el 6 de mayo. Reflexionando, nos resulta claro que el objetivo de los coloquios y de la reconciliación es integrarnos en la Iglesia Conciliar, la única Iglesia a la cual hacía usted alusión en las conversaciones.
Conferencia de Prensa, del 15 de junio de 1988:
El Cardenal Ratzinger lo repitió varias veces: “Monseñor sólo hay una Iglesia, no puede haber una Iglesia paralela”. Le dije: “Eminencia, no somos nosotros quienes hacemos una Iglesia paralela, puesto que seguimos la Iglesia de siempre; son ustedes quienes hicieron la Iglesia paralela habiendo inventado la Iglesia del Concilio, la que el cardenal Benelli llamó la Iglesia conciliar; son ustedes quienes inventaron una iglesia nueva, quienes se hicieron nuevos catecismos, nuevos sacramentos, una nueva misa, nueva liturgia, esto no viene de nosotros. Nosotros, seguimos lo que se hizo antes. No somos nosotros quienes hacemos una nueva iglesia.
b) Los Superiores de la FSSPX, Carta Abierta al Cardenal Gantin, 6 de julio de 1988:
Nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad.
Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro dicasterio no sería más que la prueba irrefutable.
No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años; excluidos de la comunión impía con los infieles.
El ser asociados públicamente a la sanción que fulmina a los seis obispos católicos, defensores de la fe en su integridad y en su totalidad, sería para nosotros una distinción de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles. Estos, en efecto, tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista.
Al cabo de la simple lectura de estos textos, queda claro que en el pensamiento de Monseñor Lefebvre y de los Superiores de la FSSPX existía una distinción entre Iglesia Católica e iglesia conciliar, y que no se podía estar en comunión con esta última, ni siquiera en una mínima parte = nullam partem habemus…
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Pensábamos que había quedado claro. Pero a partir de 1998 hubo un cambio de actitud. Cambio que se fue haciendo cada vez más claro y hace más de seis años no se puede disimular.
Se comprueba que la distinción ya no es neta, y se atribuyen a la iglesia conciliar las prerrogativas propias de la Iglesia Católica.
A cada ejemplo habrá que preguntarse: ¿qué queda de la indefectibilidad e integridad de la Iglesia? ¿Hay acaso en Ella disminución o debilitamiento?
a)Monseñor Fellay:
Conferencia de Bruselas, 13 de Junio de 2005: Perspectivas para la Iglesia en el advenimiento de un nuevo pontífice:
Este es de hecho el estado de la Iglesia. Se trata de un cáncer generalizado, a tal punto que ni siquiera se puede tomar el bisturí para extirpar los tumores.
No me pregunten cómo es posible esto. Es parte del misterio de la Iglesia.
Conferencia del lunes 16 de febrero de 2009, en Flavigny:
Algunos, para facilitar las cosas, hacen una identificación entre la Iglesia Oficial y la Iglesia Modernista. Pero es un error, porque hablamos de una realidad concreta.
Jueves 2 de febrero de 2012:
También es importante que no nos imaginemos una Iglesia Católica que sólo sería el fruto de nuestra imaginación, que no sería la Iglesia real. Es con la Iglesia real que tenemos problemas. Esto es lo que hace que las cosas sean aún más difíciles: el hecho de que tenemos problemas con ella.
Sermón del domingo de Pentecostés de 2012:
¡No! La Iglesia permanece, aún desfigurada, como si estuviera afectada por un cáncer generalizado, pero tenemos la certeza de que se levantará de nuevo…
Sábado 6 de octubre de 2012:
Entonces, para nosotros, no podemos salirnos de la Iglesia, no podemos decir “no queremos oír nada de Roma”. No es posible. Es la Iglesia y hay una sola verdadera Iglesia, que tiene las promesas de Nuestro Señor, y es Nuestro Señor que es la Cabeza de esta Iglesia.
Conferencia del 27 de febrero de 2014 a los Priores del Distrito de Francia, en Flavigny:
Hasta aquí, siguiendo a Monseñor Lefebvre, la posición de la Fraternidad ha sido el de describir un doble elemento. Frente a esta Roma que tenemos delante de nosotros, que llamamos Iglesia católica para simplificar, Monseñor Lefebvre, en su famosa Declaración de 1974 habla de la Roma Eterna y de una Roma modernista.
El problema viene de hacer el discernimiento entre las dos, en lo concreto. ¿Por qué? Porque, en lo concreto, es como si estas dos tuvieran el mismo objeto. Como si hubiera la verdadera Iglesia y una substitución de iglesia. Y es esta substitución de Iglesia que aparece más fuertemente, al punto que tenemos un problema para discernir dónde está la verdadera.
¿Dónde está la verdadera Iglesia? ¿Dónde está la Iglesia? Una cuestión que uno se plantea, con razón, cuando vemos lo que pasa.
Creo que todo el mundo está de acuerdo entre nosotros para aceptar que cuando se dice “iglesia conciliar” no hablamos solamente de una idea sino de una realidad.
El problema se sitúa al momento de que se trata de calificar la naturaleza de esta realidad.
Yo no quiero extenderme más sobre esta cuestión sino detenerme más en la consecuencia. ¿Por qué? Porque creo que es allí que se funda un poco el estado actual de esta incomodidad que sentimos entre nosotros.
La consecuencia es: ¿Cuál va a ser nuestra relación con esta realidad que tenemos ante nosotros, con la Iglesia?
El problema es: ¿Cuál es el terminus ad quem de nuestra relación? ¿Es una o la otra? ¡Eso cambia todo!
Y yo creo que ese es el fondo del problema: Con la iglesia modernista no tenemos nada que ver, mientras que con la Iglesia católica es normal mantener una relación.
Sábado 20 de diciembre de 2014:
El problema de la jurisdicción demuestra la importancia de estar reconocidos canónicamente. No se puede decir que no es importante tener la estampilla de católicos. Hay que tener la estampilla. (…) La iglesia oficial es la visible, es la iglesia católica, y punto.
b)Padre Gleize:
Yo no soy el primero que habla de “tendencias” para calificar la situación actual de la Iglesia ocupada por el modernismo. Recuerde la Declaración de 1974, donde Monseñor Lefebvre trazó el rumbo de la Fraternidad, Monseñor Lefebvre habla exactamente de una “Roma de tendencia neo-modernista, neo-protestante, que se manifestó claramente en el concilio Vaticano II y después del Concilio en todas las reformas que se derivaron de él”. Monseñor Lefebvre no quiere decir que habría dos Roma o dos Iglesias diametralmente opuestas como lo serían dos cuerpos y dos sociedades. Él quiere decir que está Roma y la Iglesia, el único Cuerpo místico de Cristo cuya cabeza visible es el Papa, obispo de Roma y vicario de Cristo. Pero existe una mala tendencia que se ha introducido en esta Iglesia, a causa de las ideas falsas que hacen estragos en el espíritu de aquellos que tienen el poder en Roma.
(…) Si sigo con su lógica, debo concluir que la Iglesia conciliar existe entonces como una secta cismática, formalmente diferente que la Iglesia católica. Por lo tanto: todos sus miembros son materialmente herejes, por lo menos cismáticos, comprendiendo a todos los grupos ralliés; ellos están fuera de la Iglesia; no podemos darle los sacramentos a menos que hayan abjurado públicamente; los papas conciliares son antipapas; si nosotros somos la Iglesia católica, si no tenemos papa, entonces, ¿dónde está nuestra visibilidad?, ¿o bien sí lo tenemos y entonces es el Obispo de Roma?
c)Padre de la Rocque:
La Iglesia, nuestra madre, hoy está enferma.
¿Cuál debe ser nuestra actitud frente a esta enfermedad? ¿Alguna vez hemos visto a un hijo, digno del nombre, abandonar a su madre bajo pretexto de que está enferma?
Esta enfermedad de la Iglesia de hoy no es una enfermedad como cualquier otra. Se la puede comparar al Ébola, es una enfermedad que es contagiosa.
Las autoridades romanas quieren propagar esta enfermedad y nos quieren hacer tragar el virus.
Estamos ante una enfermedad específica, que es contagiosa.
¿Cómo se comporta un niño ante la enfermedad contagiosa de su madre? Su deber como hijo es protegerse del contagio.
La madre digna de ese nombre quiere la vida y la salud de su hijo, y por lo tanto corresponde al deseo de nuestra madre que nos protejamos del contagio. Tenemos este deber filial respecto de la Iglesia, nuestra madre.
Ciertos tipos de enfermedades causan delirio; puede ser que en este delirio, madre enferma de enfermedad contagiosa nos pida que vayamos a abrazarla; sería suficiente para contagiarse el Ébola.
Obedecer en verdad a esta madre es rechazar la solicitud procedente de su delio mucho más que su verdadera maternidad.
¡Ay! ¡ay! ¡oh desgracia!, tenemos que mantenernos alejados de estas personas portadoras de este virus espiritual más sutil y por lo tanto más infeccioso que el Ébola.
¿Es por eso que tenemos que aislar totalmente a estas personas infecciosas, prohibirle cualquier acceso a cualquier persona que busca acercarse?
Es importante considerar los matices. Sería criminal ese niño que rechazase a su madre enferma el acceso de un médico protegido que, tal vez, podría ayudar a la curación.
Hay buenos contactos potenciales con esta madre enferma; es importante enviar las personas suficientemente competentes, verificar luego que no hayan sido infectadas, y luego seguir con la tarea de tratar de ayudar a esta Iglesia enferma a que se recupere
d)El Obispo de Kent… y sus ambigüedades:
Conferencia de Bogotá, sábado 12 de marzo de 2014:
Entonces, un Papa puede ser Papa de la Iglesia sana y de la iglesia mal sana en el mismo tiempo. Porque la iglesia conciliar no es otra que la podredumbre de la Iglesia Católica.
Comentario Eleison Nº 105, del 11 de julio de 2009:
¿Luego hay dos Iglesias? De ninguna manera. Sólo hay una inmaculada Esposa de Cristo. Entonces, ¿la expresión “Iglesia Conciliar” no tiene significado real? Por desgracia, esa locución nombra una muy concreta realidad. Designa a todos los miembros y estructuras de la Iglesia verdadera que están como atrapados en las estrategias de los sutiles errores del Concilio Vaticano II, y como tendiendo todo el tiempo a salir de la verdadera Iglesia por causa de esos errores
Comentario Eleison Nº 281, del 1º de diciembre de 2012:
“Iglesia Conciliar” significa la Iglesia Católica centrada en Dios tal como cae y sigue cayendo desde hace 50 años bajo la desviación del Concilio Vaticano Segundo, centrado en el hombre. El Conciliarismo (como se puede llamar el error destilado del Vaticano II) tiene con la verdadera Iglesia de Cristo la misma relación que la podredumbre que afecta a una manzana podrida tiene con la manzana misma que está pudriendo.
“Iglesia oficial” significa la Iglesia en cuanto está conducida por, y siguiendo a, sus jerarcas visibles. Debido a que éstos son hoy mayormente Conciliares, la “Iglesia oficial” es ampliamente Conciliar y no católica, según su conformidad o no con las cuatro Notas. Similarmente, la “Iglesia actual” significa la Iglesia oficial de hoy en cuanto a que está opuesta al pequeño rebaño “Tradicionalista.” Sin embargo, que nadie vaya a decir que no queda nada de las Notas “una, santa, universal o apostólica” permaneciendo en la Iglesia “actual”.
Comentario Eleison 344:
En el Vaticano II, por ejemplo, el error de la Iglesia llegó bien lejos, sin que Dios, sin embargo, permitiera a Su Iglesia ser totalmente defectible en lo que hace a su presentación a los hombres de la Verdad inerrante proviniendo de Su propia infalibilidad.
Comentario Eleison 388:
En otras palabras, hubo un tiempo cuando Dios elevó Su Iglesia Católica a grandes alturas. Pero hoy en día se está haciendo el hazmerreír del mundo, al punto que uno puede casi estar avergonzado de ser un Católico.
Comentario Eleison 395:
La Roma de hoy en día ciertamente no es católica.
Entrevista de diciembre de 2014:
Ahora estamos con la soga al cuello y no podemos escapar, necesitaríamos un verdadero milagro para escapar. Este milagro sería la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María. Si los hombres de Iglesia lo hicieran, en lugar de ir deslizándonos hacia abajo empezaríamos a remontar. (…) Putin está liderando y haciendo todo lo que puede para promover un renacimiento religioso en Rusia. Ha reconstruido miles de iglesias y eso significa que si se hace la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María, fácilmente se realizará la conversión de Rusia a la religión católica, y Rusia renovará la Iglesia. Rusia lideraría la renovación de la Iglesia porque no seguiría los pasos de la decadente Iglesia Latina. Para nada. Parece haber ahora una verdadera renovación de la religión en Rusia. Si esta renovación se vuelve Católica, entonces Rusia creará un nuevo Catolicismo, tanto nuevo como antiguo, pero definitivamente nuevo.
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Para terminar, tenemos testimonios claros y firmes que nos explican la situación que vivimos:
a)El Cardenal Pie:
Lo que es cierto, es que a medida que el mundo se aproxima de su término, los malvados y los seductores tendrán cada vez más la ventaja: Mali autem y seductores proficient in pejus (II Timoth., III, 13).
No se encontrará casi ya la fe sobre la tierra (Luc, XVIII, 8), es decir, casi habrá desaparecido completamente de todas las instituciones terrestres.
Los mismos creyentes apenas se atreverán a hacer una profesión pública y social de sus creencias.
La escisión, la separación, el divorcio de las sociedades con Dios, dad por San Pablo como una señal precursora del final: nisi venerit discessio primum (II Thessal., I, 3), irán consumándose de día en día.
La Iglesia, sociedad ciertamente siempre visible, se llevada cada vez más a proporciones simplemente individuales y domésticas.
Ella que decía en sus comienzos: “El lugar me es estrecho, hacedme lugar donde pueda vivir” Angustus est mihi locus, fac spatium mihi ut habitem (Is., LXXI, 20), se verá disputar el terreno paso a paso; se sitiada, estrechada por todas partes; así como los siglos la hicieron grande, del mismo modo se aplicarán a restringirla.
Finalmente, habrá para la Iglesia de la tierra como una verdadera derrota: “se dará a la Bestia el poder de hacer la guerra a los santos y vencerlos” (Apoc., XIII, 7).
La insolencia del mal llegará a su cima.
b)El Padre Emmanuel:
La Iglesia, como debe ser semejante en todo a Nuestro Señor, sufrirá, antes del fin del mundo, una prueba suprema que será una verdadera Pasión. Los detalles de esta Pasión, en la cual la Iglesia manifestará toda la inmensidad de su amor por su divino Esposo, son los que se encuentran consignados en los escritos inspirados del Antiguo Testamento y del Nuevo.
c)Nuestra Señora de La Salette:
La Iglesia será eclipsada.
La Santísima Virgen anunció en La Salette que la Iglesia será eclipsada.
Hay quienes niegan que tal expresión haya sido utilizada por la Santísima Virgen.
Sin embargo, más allá del origen genuino de la misma, ella expresa, desde fines del siglo XIX, una realidad que vivimos hoy.
El eclipse, del griego “desaparición”, es un hecho en el que la luz procedente de un cuerpo celeste es bloqueada por otro, normalmente llamado cuerpo eclipsante.
Existen eclipses del Sol y de la Luna, que ocurren solamente cuando el Sol y la Luna se alinean con la Tierra de una manera determinada. Estos eclipses se dividen en dos grupos:
Eclipse lunar: la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna, oscureciendo a esta última. La Luna entra en la zona de sombra de la Tierra. Esto solo puede ocurrir en luna llena. Los eclipses lunares se dividen a su vez en totales, parciales y penumbrales, dependiendo de si la Luna pasa en su totalidad o en parte por el cono de sombra proyectado por la Tierra, o si únicamente lo hace por la zona de penumbra.
Eclipse solar: la Luna oscurece el Sol, interponiéndose entre él y la Tierra. Esto solo puede pasar en luna nueva. Los eclipses solares se dividen a su vez en totales, parciales y anulares.
Un eclipse es, pues, la desaparición, total o parcial, de un astro por la interposición de otro.
La Iglesia eclipsada es la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana.
Aquello que eclipsa a la Iglesia Católica, que se interpone, es la iglesia conciliar.
La iglesia conciliar no es la Iglesia Católica.
Delante de la Santa Iglesia, verdadero sol que da la verdadera luz, han interpuesto un astro de fabricación propia, que no es la Iglesia fundada por Nuestro Señor, y que da una luz falsa.
De allí que presentar y aceptar como criterio de visibilidad ese falso astro, es erróneo.
Por lo tanto, presentar y aceptar como criterio de visibilidad la falsa iglesia conciliar con su jerarquía, es erróneo.
La Santísima Virgen María podría haber dicho: la Iglesia será sacudida, humillada, modificada, transformada, oscurecida, infiltrada, sitiada, ocupada…
Cada palabra tiene un significado muy específico y corresponde a una realidad diferente.
La Santísima Virgen María no ha elegido ninguna de esas expresiones.
La Santísima Virgen María dijo: La Iglesia será eclipsada.
Ninguna otra expresión resume y explica mejor la situación.
Ninguna otra expresión proporciona la mejor solución.
León XIII lo expresó de otra forma en su Exorcismo: Los más taimados enemigos han llenado de amargura a la Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto sus manos impías sobre todo lo que para Ella es más querido. Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la abominación de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey.
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Nos guste o no, la iglesia conciliar es una estructura que se define formalmente por un culto bastardo, una enseñanza masónica y unas leyes que favorecen la herejía modernista.
Ahora bien, este sistema se presenta oficialmente como si fuese la Iglesia Católica.
Un católico no puede y no debe cooperar con esta impostura.
Sabemos que Monseñor Lefebvre, en su Itinerario Espiritual ha escrito: “Es pues un deber estricto para todo sacerdote que quiere permanecer católico el separarse de esta Iglesia Conciliar, mientras ella no reencuentre la Tradición del Magisterio de la Iglesia y de la Fe católica”.
La «jerarquía» conciliar está en ruptura oficial con la Iglesia Católica en varios puntos de la doctrina. Ella impone sacramentos viciados respecto al testimonio de la fe, un código defectuoso, pastoral contraria a la práctica bimilenaria de la Iglesia…
Por lo tanto, los fieles están obligados a organizarse fuera y en contra de esta «jerarquía» para mantener la fe y los sacramentos de la fe.
Vosotros, hermanos, sois hijos de la promesa a semejanza de Isaac. Mas así como entonces el que nació según la carne perseguía al que nació según el Espíritu, así es también ahora. Pero ¿qué dice la Escritura? “Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre”. Por consiguiente, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la libre; con la libertad con que Cristo nos libertó.
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