OSKO: Quousque tandem… ?

“¿Y con esto caminaba la vieja?”

Quousque tandem abutere, Giorgius Marius?

http://www.aica.org/16774-el-papa-recibio-beso-baston-de-santa-teresa.html

Damos por sentado que nadie habrá de ofenderse.

Es que sentimos que podemos darle al viejo apóstata un trato parecido.

Cariñoso y a la “manera argentina», claro.

Porque en definitiva nos parece apropiado, congruente y justo.

Sin dudas que tan cariñosa manera de referirse a la insigne Santa carmelitana es producto del hábito o la costumbre.

Bastón 1

Aunque se aplique lejanamente aquello de que «el hábito no hace al monje», no podemos dejar de afirmarlo, pero en este caso diremos que «la sotana blanca tampoco hace al Papa»… o dicho de otra manera, «aunque la mona vista de seda, mona queda», con perdón de las monas…

Las costumbres vienen de ciertas reiteraciones.

Es decir que en las personas, tanto como en las sociedades, hay formas de hacer las cosas, y de decirlas también, que surgen de una práctica constante.

Por eso, si este viejo toda su vida fue ordinario, vulgar y chabacano, no le pidamos que se exprese ahora refinadamente o con respeto.

Pero además, por lo que sabemos, tampoco fue distinto cuando se trataba de asuntos más elevados.

Parece que la malsana manera de expresarse que prevalece en la actualidad y de la que casi nadie queda exento, a tenor del artículo cuyo enlace incluimos más arriba, quedaría plenamente justificada por representar nada más que un modo, digamos, coloquial y costumbrista.

Se cuenta una anécdota en la vida de Angelo Giuseppe Roncali: en la apertura del fatídico conciliábulo que convocó, refiriéndose al Cardenal Antonio Caggiano, entabló el siguiente diálogo:

— ¿Quién es ese viejito?

— El Cardenal Primado de Argentina.

— Y el que está al lado, ¿quién es?

— Su confesor.

— ¿Y qué? ¿Todavía se confiesa ese viejo?

También aquél solía burlarse de lo sagrado… Pero este viejito está encantado con eso del aplauso del mundo por su «espontaneidad». Es tan original; se expresa de un modo tan «como todos»… eso lo convierte en encantador.

El viejo de que hablamos, ya se había referido a su antecesor (en la usurpación del trono) con aquella célebre «es como tener al abuelito en casa». También muy cariñosamente, sin dudas.

Tiene muchas como esta, acumuladas en sus ya largos dos años.

Alguna vez se vio al vejete argento en cuestión, muy cariñosamente, «despegar» las manos que en piadoso gesto mantenía unidas un niño acólito, con la comiquísima frase también célebre de, «¿se te pegaron las manos?»

Así que con muy distintas razones y consideración que los escribas de la prensa «católica» diremos ahora nosotros, o mejor dicho, nos preguntaremos:

¿Hasta cuándo continuará este viejo ladino, apóstata e impostor dando testimonio de su completa chatura y de su falta de respeto por las cosas sagradas?

Ya se sabe lo difícil que resulta erradicar un «mal hábito». Imagínense lo difícil que será erradicar una «mala sotana blanca». Así que deberemos seguir soportando al viejito usurpador e irreverente por un tiempo más… Bah, en realidad, los que deben soportarlo no somos nosotros.

De manera que nos parece que quedamos justificados por lo de «viejo», «viejito» o «vejete».

Lo de ladino, apóstata e impostor, que se nos impute.

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