UT ADVENIAT REGNUM TUUM,
ADVENIAT REGNUM MARIÆ
En los dos últimos Comentarios Eleison (393 y 394) el Obispo que no se retracta analizó muy bien los sucesos de París, enero de 2015:
C.E. 393: El ataque Charlie Hebdo del 7 de Enero en el cual dos pistoleros musulmanes asesinaron a una docena de caricaturistas y periodistas en la oficina de París de un semanario francés satírico, y la enorme protesta pública del 11 de Enero contra ese ataque, protesta en la cual los líderes de varias naciones europeas fueron mostrados en operación fotografía como tomando parte, se entienden mejor considerándolos como un episodio más en la guerra que los enemigos de Dios están haciendo contra lo poquito que queda de civilización cristiana.
C.E. 394: Estos “Comentarios” presentaron la semana pasada, de una manera lo más políticamente incorrecta posible, el pesadamente publicitado ataque sobre Charlie Hebdo en París el 7 de Enero como siendo un ataque a los restos de civilización cristiana en Francia. Entonces, que esta semana ellos ofrezcan como la civilización cristiana resolvería el problema, nuevamente en orden: caricaturistas, pistoleros, políticos, pueblos y conspiradores.
En ambos casos concluyó con el desenlace divino y la exhortación a pedir la mediación mariana por el rezo del Santo Rosario:
C.E. 393: ¿Y el Buen Dios entre toda esta locura? “Aquellos a quien Él desea destruir, Él primero los enloquece”, dice el viejo proverbio. Recen 15 Misterios por día para el triunfo que Él gestionará, únicamente a través de Su Madre. ¡Cómo los pobres Globalistas van a ser tomados por sorpresa!
C.E. 394: Si los Estados no ven esto, solamente queda que las familias recen cinco Misterios por día y los individuos los quince por día (de ser razonablemente posible), para rogarle a Nuestra Señora que interceda con Su Hijo.
El Obispo de Kent exhorta, pues, al rezo del Santo Rosario para obtener “el triunfo que Dios gestionará, únicamente a través de Su Madre”.
Hasta aquí todo parecería lo más normal y católico…
Pero…, en estos dos Comentarios Eleison el señor Obispo no dice nada sobre lo que sucederá después que Nuestra Señora interceda con su Hijo y su obtenga el triunfo que Dios gestionará.
Sin embargo, en muchas oportunidades sí lo ha expresado.
Al respecto, el pensamiento del Obispo de Kent es el siguiente:
Quinta Época: de más o menos 500 años. Nuestra época. Un castigo terrible tendrá lugar al final de esta quinta época y lavará al mundo.
Sexta época: La del triunfo del Corazón Inmaculado de María. La sexta época de la Iglesia será el triunfo más grande de todos los tiempos: el triunfo del Corazón Inmaculado de María. Habrá como una interrupción de la caída. Los hombres serán muy buenos porque tendrán el Temor de Dios, que hoy casi ha desaparecido. Pero la sexta época de la Iglesia no será larga. Veinticinco años de buenas cosechas y unos años más para que el Anticristo llegue.
Séptima época: La del Anticristo. El reino del Anticristo durará tres años y medio. Después de su muerte (hay un versículo de Daniel que permite pensarlo), entre su muerte y el fin del mundo habrá, quizás, unos cuarenta y cinco días de paz.
Por lo tanto, el triunfo gestionado por Dios, mediante su Santísima Madre, el triunfo del Corazón Inmaculado de María, es transitorio, es sólo una interrupción de la caída.
Luego vendrá el Anticristo, destruirá todo lo gestionado por Dios y establecerá su reino infernal durante tres años y medio.
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No sé si usted, estimado lector, está de acuerdo con esta hipótesis kentiana.
Yo, no. Y para eso me baso en la misión providencial que Dios ha encomendado a su Santísima Madre, tal como la conocemos por la Sagrada Escritura y la Tradición.
Claro, para eso hay que seguir la Sagrada Escritura y la Tradición, y no las revelaciones privadas.
Últimamente, al Obispo de Kent le molesta que le toquen el tema del Apocalipsis. Recordemos las preguntas y respuestas luego de su Conferencia en Bogotá…
Y ya que hablamos de recordar, tengamos en cuenta que el Padre Pfluger declaró hace poco: “…, no al apocalipsis, sino que Spem contra spem, esperanza contra toda esperanza. Esto es lo católico”.
El Apocalipsis no es católico para este pobre sacerdote… Hasta en esto se van asemejando…
Dejemos a estos extraviados.
San Luis María Grignion de Montfort se destaca, no sólo entre aquellos que han enseñado y predicado la misión providencial de la Madre de Dios, sino también por ser como el resumen heredado de toda la espiritualidad mariana.
Opongo, pues, a la hipótesis del Obispo de Kent la tesis de San Luis María.
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En su admirable Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, el Santo misionero anuncia, con acentos de profeta, el Reino de Jesús por María.
Todos los resaltados son míos.
Según la tesis de San Luis María Grignion, la manifestación de la Santísima Virgen estaba reservada para los últimos tiempos:
[49] “Por María ha comenzado la salvación del mundo y por María debe ser consumada. María casi no ha aparecido en el primer advenimiento de Jesucristo… Pero, en el segundo María debe ser conocida y revelada mediante el Espíritu Santo, a fin de hacer por Ella conocer, amar y servir a Jesucristo.”
[50] “Dios quiere, pues, revelar y descubrir a María, la obra maestra de sus manos, en estos últimos tiempos.”
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San Luis María pone estos últimos tiempos en relación con la Parusía o Segunda Venida de Nuestro Señor:
[50] “Dios quiere, pues, revelar y manifestar a María, la obra maestra de sus manos, en estos últimos tiempos (…) porque Ella es la aurora que precede y anuncia al Sol de Justicia, Jesucristo, y por lo mismo, debe ser conocida y manifestada, si queremos que Jesucristo lo sea (…) porque Ella es el camino por donde vino Jesucristo a nosotros la primera vez y lo será también cuando venga la segunda, aunque de modo diferente (…) porque María debe resplandecer más que nunca en los últimos tiempos en misericordia, poder y gracia (…) porque María debe ser terrible al diablo y a sus secuaces «como un ejército en orden de batalla» sobre todo en estos últimos tiempos, porque el diablo sabiendo que le queda poco tiempo y menos que nunca para perder a las gentes, redoblará cada día sus esfuerzos y ataques. De hecho, suscitará en breve crueles persecuciones y tenderá terribles emboscadas a los fieles servidores y verdaderos hijos de María, a quienes le cuesta vencer mucho más que a los demás.”
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Estos últimos tiempos están relacionados por el Santo con la plena manifestación de la Santísima Virgen y con el Anticristo, y no con una época más remota; en efecto, San Luis dice:
[51] “Es principalmente de estas últimas y crueles persecuciones del diablo, que aumentarán todos los días hasta el reinado del Anticristo, de las que se debe entender esta primera y célebre predicción y maldición de Dios, lanzada en el paraíso terrenal contra la serpiente: «Yo pondré enemistades entre ti y la mujer, y tu raza y la suya; ella misma te aplastará la cabeza y tú pondrás asechanzas a su talón»” (Gén. 3:15).
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Cuando el Santo escribía estas cosas pensaba que ocurrirían próximamente, y no como algo perdido en la lejanía de los tiempos venideros de la historia; podemos confirmarlo en el texto siguiente:
[47] “He dicho que esto acontecerá especialmente hacia el fin del mundo y muy pronto.”
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La Verdadera Devoción marial tiene una connotación apocalíptica esencial; separarlas equivale a adulterar el mensaje de San Luis y a desnaturalizar la esclavitud mariana.
San Luis María comienza su Tratado relacionando sin ninguna duda el Reino de Jesucristo y su Parusía con la devoción a la Santísima Virgen:
[1] “Por la Santísima Virgen Jesucristo ha venido al mundo y también por Ella debe reinar en él.”
[13] “La divina María ha estado desconocida hasta aquí, que es una de las razones por qué Jesucristo no es conocido como debe serlo. Si, pues, como es cierto, el conocimiento y el Reino de Jesucristo llegan al mundo, ello no será sino continuación necesaria del conocimiento y del Reino de la Santísima Virgen, que lo dio a la luz la primera vez y lo hará resplandecer la segunda.”
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San Luis María precisa, pues, la connotación íntima entre los últimos tiempos y la devoción mariana: la manifestación de la Virgen María es para el Santo un hecho que señala claramente los tiempos apocalípticos, los últimos, de los cuales nos hablan las Sagradas Escrituras.
San Luis María Grignion de Montfort es el profeta de la victoria de María en el gran combate de los últimos tiempos, cuya inminencia prevé.
El santo asocia, no solamente la manifestación y el conocimiento de María a la Segunda Venida de Nuestro Señor, sino también que ésta tiene por finalidad hacer reinar a Jesucristo sobre la tierra:
[158] “Y si mi amable Jesús viene, en su gloria, por segunda vez a la tierra (como es cierto) para reinar en ella, no elegirá otro camino para su viaje que la divina María, por la cual tan segura y perfectamente ha venido por primera vez. La diferencia que habrá entre su primera venida y la última, es que la primera ha sido secreta y escondida, la segunda será gloriosa y resplandeciente; pero ambas serán perfectas, porque las dos serán por María. ¡Ay! He aquí un misterio incomprensible: «Hic taceat omnis lingua» (Calle aquí toda lengua).”
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En su libro El Secreto de María, el Santo pone magistralmente la devoción mariana en relación con la Segunda Venida y el Reino de Cristo:
[58] “Así como por María vino Dios al mundo la vez primera en humildad y anonadamiento, ¿no podría también decirse que por María vendrá la segunda vez, como toda la Iglesia lo espera, para reinar en todas partes y juzgar a los vivos y a los muertos? Cómo y cuándo, ¿quién lo sabe? Pero yo bien sé que Dios, cuyos pensamientos se apartan de los nuestros más que el cielo de la tierra, vendrá en el tiempo y en el modo menos esperados de los hombres, aun de los más sabios y entendidos en la Escritura Santa, que está en este punto muy oscura.”
[59] “Pero todavía debe creerse que al fin de los tiempos, y tal vez más pronto de lo que se piensa, suscitará Dios grandes hombres llenos del Espíritu Santo y del espíritu de María, por los cuales esta divina Soberana hará grandes maravillas en la tierra, para destruir en ella el pecado y establecer el reinado de Jesucristo, su Hijo, sobre el corrompido mundo; y por medio de esta devoción a la Santísima Virgen, que no hago más que descubrir a grandes rasgos, empequeñeciéndola con mi miseria, estos santos personajes saldrán con todo.”
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El pensamiento del Santo es claro y su expresión también: por María llegará el Reino de Jesús, al fin de los tiempos, después de su Parusía.
Para San Luis María el triunfo es por la Parusía y por intermedio de la Virgen. Basta recordar lo que dice insistentemente:
[13] “Si, pues, como es cierto, el conocimiento y el Reino de Jesucristo llegan al mundo, ello no será sino continuación necesaria del conocimiento y del Reino de la Santísima Virgen, que lo dio a la luz la primera vez y lo hará resplandecer la segunda.”
San Luis María identifica, pues, Parusía y Reino de Cristo.
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Recodemos la Oración abrasada, que es eminentemente apocalíptica:
Memento: Acordaos, Señor, de esta Comunidad en los efectos de vuestra justicia. Tempus faciendi, Domine, dissipaverunt legem tuam (Ps. CXVIII, 126: “Tiempo es de obrar, Señor, conculcaron tu ley”): es tiempo de hacer lo que habéis prometido hacer.
Vuestra divina ley es transgredida; vuestro Evangelio abandonado; los torrentes de iniquidad inundan toda la tierra y hasta arrastran a vuestros servidores; toda la tierra está desolada (Jer. XII, 11); la impiedad está sobre el trono; vuestro santuario es profanado, y la abominación está hasta en el lugar santo (Cf. Mat. XXIV, 13).
¿Dejaréis todo, así, en el abandono, justo Señor, Dios de las venganzas?
¿Llegará a ser todo, al fin, como Sodoma y Gomorra?
¿Os callaréis siempre?
¿No es preciso que vuestra voluntad se haga en la tierra como en el cielo, y que venga vuestro reino?
¿No habéis mostrado de antemano a algunos de vuestros amigos una futura renovación de vuestra Iglesia?
¿No deben los judíos convertirse a la verdad?
¿No es eso lo que la Iglesia espera?
¿No Os claman justicia todos los santos del cielo: vindica? (Fest. SS. Inocentium, Ant. 5)
¿No Os dicen todos los justos de la tierra: Amen, veni Domine? (Apoc. XXII, 20: Así sea. ¡Ven Señor!)
Todas las criaturas, hasta las más insensibles, gimen bajo el peso de los innumerables pecados de Babilonia, y piden vuestra venida para restablecer todas las cosas. Omnis creatura ingemiscit, etc… (Rom. VIII, 22).
Señor Jesús, memento Congregationis tuæ. Acordaos de dar vuestra Madre una nueva Compañía, para renovar por ella todas las cosas, y para terminar por María los años de la gracia, como por Ella los comenzasteis.
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Nótese bien la ilación del pensamiento del Santo, es decir el enlace razonado y ordenado de las partes de su discurso y su deducción lógica: ¿No habéis mostrado de antemano a algunos de vuestros amigos una futura renovación de vuestra Iglesia? (…) Acordaos de dar vuestra Madre una nueva Compañía, para renovar por ella todas las cosas, y para terminar por María los años de la gracia, como por Ella los comenzasteis.
Es totalmente claro que el triunfo debe venir por la intervención de Jesucristo en su Parusía.
Esto excluye el triunfo antes de la Parusía; porque, además, el triunfo es el Reino de Cristo sobre la tierra, después de la Segunda Venida.
El Santo identifica en sus escritos Parusía – Triunfo – Reino.
Quien no comprenda que San Luis enseña ésto, no comprende nada sobre la doctrina del Santo.
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Concluyamos con San Luis María:
[217] El alma de María estará en ti para glorificar al Señor y su espíritu su alborozará por ti en Dios, su Salvador, con tal que permanezcas fiel a las prácticas de esta devoción. Que el alma de María more en cada uno para engrandecer al Señor, que el espíritu de María permanezca en cada uno para regocijarse en Dios.
¡Ay! ¿Cuándo llegará ese tiempo dichoso, dice un santo varón de nuestros días, ferviente enamorado de María, cuándo llegará ese tiempo dichoso en que Santa María sea restablecida como Señora y Soberana en los corazones, para someterlos plenamente al imperio de su excelso y único Jesús?
¿Cuándo respirarán las almas a María como los cuerpos respiran el aire? Cosas maravillosas sucederán entonces en la tierra, donde el Espíritu Santo al encontrar a su Esposa como reproducida en las almas vendrá a ellas con abundancia de sus dones y las llenará de ellos, especialmente del de sabiduría, para realizar maravillas de gracia. ¿Cuándo llegará, hermano mío, ese tiempo dichoso, ese siglo de María, en el que muchas almas escogidas y obtenidas del Altísimo por María, perdiéndose ellas mismas en el abismo de su interior, se transformarán en copias vivientes de la Santísima Virgen, para amar y glorificar a Jesucristo? Ese tiempo sólo llegará cuando se conozca y viva la devoción que yo enseño: «Ut adveniat regnum tuum, adveniat regnum Mariæ!»» ¡Señor, a fin de que venga tu reino, que venga el reino de María!
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OPORTET ILLUM REGNARE
AD INSTAURANDA OMNIA IN CHRISTO
INSTAURARE OMNIA IN MARIA

UT ADVENIAT REGNUM TUUM
ADVENIAT REGNUM MARIÆ
Padre Juan Carlos Ceriani
