EL REINO MILENARIO
Y
LA DOBLE RESURRECCIÓN
Sexta Entrega
Ver entregas anteriores:
https://radiocristiandad.wordpress.com/2015/01/17/p-juan-carlos-ceriani-4o-parte/
Continuamos en esta entrega con la argumentación exegética que nos proporciona el Padre Van Rixtel.
Debemos estudiar ahora tres temas:
- A) la señal de la trompeta,
- B) la confirmación que proporciona el Antiguo Testamento,
- C) la doctrina del Apocalipsis.
+++
CONFIRMACIÓN del ANTIGUO TESTAMENTO
Entre los muchos lugares del Antiguo Testamento, los milenaristas suelen citar con preferencia los siguientes pasajes como confirmación de su doctrina:
No así los impíos, no así: sino que serán como la cascarilla que el viento desparrama por la faz de la tierra. Por tanto: no resucitarán los impíos en el juicio, ni los pecadores en la asamblea de los justos (Salmo 1º).
Aquí se afirma que los pecadores no resucitarán en el juicio para participar en la asamblea de los justos; luego es preciso que haya otro Juicio en el cual se levantarán. Por tanto distingue bien entre la resurrección de los justos y la resurrección general.
Se gozarán los santos en la gloria; se regocijarán en sus moradas resonarán en sus bocas elogios de Dios; vibrarán en sus manos espadas de dos filos, para ejecutar la venganza en las naciones, y castigar a los pueblos; para aprisionar con grillos a sus reyes, con esposas de hierro a sus magnates; para ejecutar en ellos el juicio decretado. Tal es la gloria reservada para todos sus santos (Salmo 149).
Es esta una profecía mesiánica, que se refiere al triunfo de Cristo con sus Santos, cuando ellos reinen con Él, pues: “¿No sabéis que los santos han de juzgar al mundo?” (I Cor. 6, 2), hasta poner a todos los enemigos debajo de sus pies (I Cor.15, 24).
Con esta visión del Reino que ha de venir, nos invitan los milenaristas a leer también el cap. 3 de la Sabiduría:
En el tiempo de su recompensa los justos brillarán; como centellas correrán a través del campo. Juzgarán a las naciones y señorearán a los pueblos; y el Señor reinará con ellos eternamente (Sab.3, 7).
A la luz de esta enseñanza se aclara hermosamente el texto de Isaías cuando exclama:
Vivirán tus muertos; los cadáveres de los míos se levantarán. ¡Despertad y cantad! ¡Vosotros que moráis en el polvo! porque vuestro rocío es un rocío de luz, y la tierra echará afuera los muertos. Ven pueblo mío, entra en tus moradas, cierra tus puertas sobre ti, escóndete por algunos instantes, hasta que pase la indignación. (Isaías 26, 19-20).
Después de esta resurrección de los que son de Dios, sigue La descripción del juicio sobre los habitantes de la tierra, y de la restauración de Israel.
En el Antiguo Testamento la doctrina de la resurrección de los justos siempre está unida con la esperanza del Reino Mesiánico.
De allí que la escatología judía no conoce una resurrección única y simultánea.
Así que la doctrina de la primera resurrección del Nuevo Testamento concuerda por completo con la revelación del Antiguo Testamento.
+++
LA SEÑAL DE LA TROMPETA
En tres de los textos citados en las entregas anteriores, relativos a la resurrección y al Reino, las Escrituras hablan de la señal de la trompeta.
Porque el Señor descenderá del cielo… con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero (I Tess. 4, 16).
No todos dormiremos, mas todos seremos cambiados en un momento… al son de la trompeta final; porque sonará la trompeta y los muertos resucitarán en un estado incorruptible, y nosotros seremos mudados (I Cor. 15, 52).
Verán venir al Hijo del hombre… el cual enviará a sus ángeles, que a voz de trompeta sonora congregarán a sus escogidos (Mat. 24, 31).
La trompeta de Dios sonó otrora para indicar la Venida y presencia de Yahvé en el monte Sinaí, convocando a su pueblo para recibir la santa Ley (Ex. 19, 16; 20, 18).
Y más tarde dijo a Moisés, que condujo al pueblo por el desierto hacia el país de la promesa: “Hazte dos trompetas… y te servirán para convocar la congregación y para hacer levantar campamentos” (Núm. 10, 2).
Así también, como lo indican los mismos textos, sonará la trompeta de Dios para anunciar la Venida de Cristo; entonces los escogidos sarán congregados alrededor de Él, e introduciéndoles en su Hogar, como el Esposo a su esposa, les dará el Reino.
Y para que no quede ni sombra de duda, dicen los milenaristas, se ve confirmada esta visión con claridad en el Apocalipsis, donde San Juan explica el misterio de la trompeta final tocada por siete ángeles; cuando suene la séptima “sintieron grandes voces en el cielo”, diciendo: “El reino del mundo ha venido a ser de Nuestro Señor y de su Cristo, reinará por los siglos de los siglos”.
Y enseguida dicen los veinticuatro ancianos: “¡Gracias te darnos, Señor Dios Todopoderoso, que eres y eras, porque has tomado tu gran poder, y has comenzado a reinar!” (Apoc. 11, 15) y el efecto de esto lo describe el mismo Apocalipsis en los caps. 19 y 20.
+++
LA DOCTRINA DEL APOCALIPSIS
Los milenaristas presentan estos dos capítulos del libro de las Revelaciones como la confirmación concluyente de la doctrina de la primera resurrección y del Reino de Cristo con su Iglesia.
En síntesis:
En Apocalipsis 19, 11-16 viene Cristo para destruir al Anticristo. El viene con sus Santos, los resucitados de entre los muertos y los transformados de entre los vivientes, que juntos han sido arrebatados al encuentro de Cristo al son de la trompeta de Dios.
En Apocalipsis 19, 17-21, sigue la destrucción del Anticristo y todos sus secuaces.
En Apocalipsis 20, 1-4 San Juan describe el encadenamiento de Satanás por mil años, para que no ande engañando a las gentes.
Sigue la descripción del Reino: “Y vi unos tronos blancos y se sentaron en ellos, y les dio potestad de juzgar”. Es la iniciación del Reino de Cristo con sus Santos.
Sigue:” Y vi también las almas de los que habían sido decapitados por el testimonio de Jesús y por la palabra de Dios y de los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y no recibieron su marca en las frentes o en sus manos; y volvieron a vivir, y reinaron con Cristo mil años”.
Esto es el complemento de la primera resurrección; la resurrección de aquellos que han quedado fieles durante la tremenda persecución del Anticristo; estos recibirán también el Reino de Cristo.
“Esta es La primera resurrección. Bienaventurado y santo quien tiene parte en la primera resurrección; sobre estos la segunda muerte no tiene potestad (lo que entiende San Juan por segunda muerte, lo dice en Apocalipsis 20, 14) sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinaran con ellos mil años”.
Y para que nadie quede en duda sobre el sentido literal de esta primera resurrección, San Juan dice poco antes “los demás muertos no volvieron a vivir hasta que se acabaron los mil años” (20, 5).La resurrección de ellos es descrita fuego en el versículo 12.
Acabados los mil años, viene el desencadenamiento de Satanás (antes anunciado en Apocalipsis 20, 7) y la rebelión de Gog y Magog que son consumidos por el fuego (20, 8-10).
Entonces viene el fin: El Juez sentado en el trono blanco, ante cuya faz desaparecieron el cielo y la tierra. Resurrección de los demás muertos. Juicio (Apoc. 20, 11-15). Sigue cap. 21: la descripción de la creación nueva, a la que baja la Jerusalén celestial.
+++
Este es el pasaje del Apocalipsis, que está en juego (20: 1-6):
Y vi a un Ángel que bajaba del cielo y tenía en su mano la llave del Abismo y una gran cadena. Y se apoderó del dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y satanás, y lo encadenó por mil años, y lo arrojó al Abismo que cerró y sobre el cual puso sello para que no seduzca más a las naciones hasta que se hayan cumplido los mil años, después de lo cual ha de ser soltado por poco tiempo. Luego vi unos tronos, y se sentaron en ellos, y se les dio el poder de juzgar; vi también las almas de los que fueron degollados a causa del testimonio de Jesús y a causa de la Palabra de Dios, y a todos los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni habían aceptado la marca en sus frentes o en sus manos; y resucitaron y reinaron con Cristo mil años. Los restantes de los muertos no tornaron a vivir hasta cumplidos los mil años. Esta es la primera resurrección. ¡Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección! Sobre éstos no tiene poder la segunda muerte, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, con el cual reinarán mil años.
Monseñor Juan Straubinger comenta así:
La primera resurrección: He aquí uno de los pasajes más diversamente comentados de la Sagrada Escritura.
En general se toma esta expresión en sentido alegórico: la vida en estado de gracia, la resurrección espiritual del alma en el Bautismo, la gracia de la conversión, la entrada del alma en la gloria eterna, la renovación del espíritu cristiano por grandes santos y fundadores de Órdenes religiosas (San Francisco de Asís, Santo Domingo, etc.), o algo semejante.
Bail, autor de la voluminosa Summa Conciliorum, lleva a tal punto su libertad de alegorizar las Escrituras, que opta por llamas primera resurrección la de los réprobos porque éstos, dice, no tendrán más resurrección que la corporal, ya que no resucitarían para la gloria. Según esto, el versículo 6 alabaría a los réprobos, pues llama bienaventurado y santo al que alcanza la primera resurrección.
La Pontificia Comisión Bíblica ha condenado, en su Decreto del 20 de agosto de 1941, los abusos del alegorismo, recordando una vez más la llamada “regla de oro”, según la cual de la interpretación alegórica no se pueden sacar argumentos. [cfr. Denzinger-Schönmetzer 3792-3793].
Sin embargo, hay que reconocer aquí el estilo apocalíptico.
En I Corintios XV, 23, donde San Pablo trata del orden en la resurrección, hemos visto que algunos Padres interpretan literalmente este texto como de una verdadera resurrección primera, fuera de aquella a que se refiere San Mateo en XXVII, 52 y siguiente (resurrección de santos en la muerte de Jesús) y que también un exégeta tan cauteloso como Cornelio a Lapide la sostiene.
Cf. I Tesalonicenses IV, 16; I Corintios VI, 2-3; II Timoteo II, 16 y siguientes, y Filipenses III, 11, donde San Pablo usa la palabra “exanástasis” y añade “ten ek nekróon”, o sea literalmente la ex-resurrección, la que es de entre los muertos.
Parece, pues, probable que San Juan piense aquí en un privilegio otorgado a los Santos (sin perjuicio de la resurrección general), y no en una alegoría, ya que San Ireneo, fundándose en los testimonios de los presbíteros discípulos de San Juan, señala como primera resurrección la de los justos (cf. Lucas XIV, 14 y XX, 35).
La nueva versión de Nácar-Colunga ve en esta primera resurrección un privilegio de los santos mártires, “a quienes corresponde la palma de la victoria. Como quienes sobre todo sostuvieron el peso de la lucha con su Capitán, recibirán un premio que no corresponde a los demás muertos, y éste es juzgar, que en el sentido bíblico vale tanto como regir y gobernar al mundo, junto con su Capitán, a quien por haberse humillado hasta la muerte le fue dado reinar sobre todo el universo (Filipenses II, 8 y siguiente)”.
Véanse Filipenses III, 10-11; I Corintios XV, 23 y 52, y notas; Lucas XIV, 14; XX, 35; Hechos IV, 2.
Continuará…
Concluye en la próxima entrega.
Padre Juan Carlos Ceriani
