P. JUAN CARLOS CERIANI: EL REINO MILENARIO Y LA DOBLE RESURRECCIÓN – 1º PARTE

EL REINO MILENARIO

Y

LA DOBLE RESURRECCIÓN

Primera Entrega

En los Especiales del día lunes 22 de diciembre ya respondí a las seis primeras partes de ¿Qué pensar del milenarismo?

Ver: La falsa visión sobre el Milenarismo de los impotentes

https://radiocristiandad.wordpress.com/2014/12/22/especiales-de-cristiandad-con-el-p-ceriani-dia-1-audios/

El miércoles 31 de diciembre de 2014, Los Impotentes publicaron la VIIª Parte: Santo Tomás de Aquino contra el milenarismo.

Ver fuente:

http://nonpossumus-vcr.blogspot.com.ar/2014/12/que-pensar-del-milenarismo-parte-vii.html

Allí leemos:

“Con ocasión esas palabras del Apocalipsis [Apoc. 20], como relata San Agustín (Ciudad de Dios, libro XX), algunos herejes afirmaron que habrá una primera resurrección de los muertos para reinar con Cristo en la tierra durante mil años: de donde se les llama quiliastas o milenaristas [quidam haeretici posuerunt primam resurrectionem futuram esse mortuorum, ut cum Christo mille annis in terra regnarent; unde vocati sunt Chiliastae, quasi millenarii], y ahí San Agustín muestra que hay que entender de otra cosa esas palabras [de Apoc. 20], a saber, de la resurrección espiritual, por la cual los hombres resucitan del pecado por el don de la gracia. La segunda resurrección es la de los cuerpos. Mientras que por Reino de Cristo se entiende a la Iglesia, en la que reinan con Él no sólo los mártires, sino también los demás elegidos (…) Y milenario no significa un determinado número, sino que significa todo el tiempo que ahora transcurre, en el que los santos reinan con Cristo» (…).

La cita está tomada del libro IV de los Comentarios a las Sentencias de P. Lombardo (d. 43, q. 1, a. 3, qc 1).

Si bien han dado casi completa la referencia de la cita, dejan desarmado al lector común; el cual raramente la buscará y, de hacerlo, difícilmente la encontrará; y si la encuentra, será en latín. Por lo cual no tendrá ninguna idea de la cuestión que allí trata Santo Tomás.

Lo único que le importa a estas personas es que se hable en contra del milenio, sin tener para nada en cuenta el texto y menos el contexto, ya se trate de Santo Tomás, ya sea de cualquier otro.

Así como el toro de lidia es atraído por el trapo rojo, basta mostrar a estas personas una página en que se lea algo en contra del milenarismo para que arremetan sin ninguna consideración ni distinción.

Pues bien, en el Proemio de la Cuestión 1ª, de la Distinción 43ª, del Libro IV del Comentario a las Sentencias de Pedro Lombardo, Santo Tomás dice de qué va a tratar:

Después que el Maestro se ha explayado sobre los sacramentos que pertenecen al estado actual de la Iglesia, en esta sección comienza a establecer aquellas cosas que pertenecen al último término de la Iglesia, a saber, de la resurrección y de la remuneración.

Esta parte se divide en dos partes: en la primera parte determina las cosas que pertenecen a la resurrección de los cuerpos; en la segunda, lo que pertenece a la remuneración, a la que también se ordena la resurrección.

La primera parte se divide en dos partes: en la primera se determina lo referente a la resurrección y las circunstancias de la misma; en la segunda, sobre la cualidad de los resucitados.

La primera se divide en dos partes: en la primera se prueba que la resurrección es futura; la segunda determina ciertas circunstancias de la resurrección.

Y en cuanto a esto hace tres cosas: primero, determina la causa de la resurrección; segundo el tiempo; tercero el término de la resurrección.

En cuanto al segundo punto hace dos cosas: primero determina el tiempo de la resurrección; en segundo lugar, a partir de lo que se ha dicho remueve una dificultad.

También la tercera parte se divide en dos: en la primera determina el término a partir del cual se produce la resurrección, es decir, la muerte; en la segunda el término en que concluye, que es la integridad del cuerpo.

En cuanto a lo primero hace dos cosas: en primer lugar, se pregunta si todos han de morir, a fin de que puedan ser capaces de resucitar de la muerte; luego explica aquellas cosas sobre las cuales cabe alguna duda.

De aquí, pues, resultan cinco puntos: 1º de la resurrección en sí misma; 2º las causas de la misma; 3º del tiempo; 4º del término desde el cual será la resurrección; 5º de la memoria y el conocimiento de los que resucitarán.

El artículo tercero es el que nos ocupa, y lleva por título: Si el tiempo de la resurrección debe retrasarse hasta que el fin del mundo, para que todos resuciten simultáneamente.

Y la cuestioncilla 1ª de ese tercer artículo comienza de este modo:

Respecto de lo tercero, se procede de la siguiente manera. Parece que el tiempo de la resurrección no debe ser retrasado hasta el fin del mundo, para que todos resuciten simultáneamente.

La cuarta objeción de esta cuestioncilla se plantea de este modo:

Además, después del fin del mundo no habrá cierto número de años. Sino que, después de la resurrección de los muertos, muchos años todavía se han de computar hasta la resurrección de otros, como es evidente en el Apocalipsis 20; está escrito, en efecto, en el versículo. 4: vi (…) las almas de los que habían sido degollados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios; Y más adelante: y vivieron y reinaron con Cristo por mil años; y el resto de los muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Por lo tanto, la resurrección de todos no se debe diferir hasta el final del mundo, con el fin de que sea simultánea para todos.

Recién en la respuesta a esta objeción es que encontramos el texto publicado por Los Impotentes:

Aquí va completo:

A la cuarta objeción hay que responder que, con ocasión de esas palabras, como relata Agustín, De la Ciudad de Dios, libro XX, algunos herejes pusieron una primera resurrección futura de los muertos, para reinar con Cristo en la tierra durante mil años; de donde se les llama Quiliastas, por así decirlo milenaristas; y ahí Agustín muestra que hay que entender de otra manera esas palabras, a saber de la resurrección espiritual, por la cual los hombres resucitan del pecado por el don de la gracia. La segunda resurrección es la de los cuerpos. El reino de Cristo se dice que es la Iglesia, en la que con Él no sólo reinan los mártires, sino también otros elegidos, a fin de que por una parte se entienda el todo. O ellos reinan con Cristo en la gloria, con respecto a todos. Y se hace mención especial de los mártires porque ellos principalmente reinan muertos, porque lucharon por la verdad hasta la muerte. Milenario, en cambio, no significa un determinado número, sino que designa todo el tiempo que ahora transcurre, en el que los santos reinan con Cristo; porque el número milenario designa más la universalidad que el centenario, porque el centenario es el cuadrado del denario, pero el milenario es número sólido que resulta de la reduplicación del denario, porque diez por diez por diez son mil; y del mismo modo, en el Salmos 104, 8 se dice: promesa que hizo por mil generaciones, es decir, todas.

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Ha sido necesario leer todo lo anterior para situarnos bien en el contexto en el cual Santo Tomás trata la cuestión que nos ocupa.

Vemos, pues, que tanto para los milenaristas como para los antimilenaristas existe una relación estrecha entre la noción del Reino Milenario y la doctrina de la doble resurrección.

Este es el tema que vamos a estudiar en detalle en diversas entregas.

Para ello seguiré el esquema del Padre Antonio Van Rixtel, en el capítulo VII de su estudio escatológico El Testimonio de Nuestra Esperanza, que lleva por título: Resurrección de entre los muertos.

A dicho esquema agregaré los comentarios de Santo Tomás, así como los de otros autores, particularmente la exégesis de Monseñor Straubinger.

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Comencemos en esta primera entrega por las Observaciones previas, que hace el Padre Van Rixtel, y lo que podríamos llamar el planteo de la cuestión.

OBSERVACIONES PREVIAS

Todos están de acuerdo en que los muertos, tanto los malos como los buenos, han de resucitar.

Muchos no-milenaristas concuerdan con los antimilitaristas en que esta resurrección ha de ser única y simultánea.

Varios de ellos afirman que la resurrección de entre los muertos, de la cual hablan muchas veces las Escrituras, tiene una prioridad, pero no de tiempo, sino de dignidad con respecto a la resurrección de los justos.

Otros no se pronuncian sobre este punto.

El dogma de nuestra fe dice: “creo en la resurrección de la carne”.

Esto implica dos elementos:

1º) que todos los muertos resucitarán.

2º) que resucitarán con los mismos cuerpos en que vivieron.

No hay, pues, ningún dogma que enseñe la resurrección única y simultánea.

Adjunto aquí como Nota el Decreto de la Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio, del 21 de julio de 1944 (el destacado en rojo es mío):

En estos últimos tiempos se ha preguntado más de una vez a esta Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio qué haya de sentirse del sistema del milenarismo mitigado, es decir, del que enseña que Cristo Señor, antes del juicio final, previa o no la resurrección de muchos justos, ha de venir visiblemente para reinar en la tierra.

Habiendo examinado el tema en la reunión plenaria del miércoles 19 de Julio de 1944, los Eminentísimos y Reverendísimos Señores Cardenales encargados de velar por la pureza de la fe y de las costumbres, después de oír la opinión de sus consultores, decretaron responder: el sistema del milenarismo mitigado no puede ser enseñado con seguridad.

Y al día siguiente, jueves 20 del mismo mes y año, el Santísimo Señor Nuestro Pío XII, Papa por la Divina Providencia, en la habitual audiencia concedida al Excelentísimo y Reverendísimo Señor Asesor del Santo Oficio, aprobó, confirmó y mandó publicar esta respuesta de los Eminentísimos Padres.

Por lo tanto:

1º) Pío XII no define nada respecto de las dos resurrecciones:

2º) Está fuera de la cuestión (y esto refrendado por la firma de Pío XII) aquello de Santo Tomás que hemos leído más arriba “algunos herejes pusieron una primera resurrección futura de los muertos, para reinar con Cristo en la tierra durante mil años; de donde se les llama Quiliastas, por así decirlo milenaristas”.

Tomen nota, señores…

Sigue el Padre van Rixtel:

Los llamados “milenaristas”, afirman que habrá una resurrección general para el juicio delante del gran Trono Blanco (Apoc. 20, 11-13).

En aquel tiempo resucitaran todos, menos aquellos privilegiados que ya resucitaron.

Dicen que la tesis que defiende una resurrección única y simultánea, está en abierta oposición con las enseñanzas de las Escrituras; no existe, pues, la resurrección única y simultánea, porque ya hubo una, y habrá otra que las Escrituras llaman: la de entre los muertos, la primera la de los justos.

Dicen los milenaristas que esa primera resurrección ha de realizarse cuando venga Cristo.

Y no hay duda de que la tesis milenarista, defendida por los Padres y escritores de los primeros cinco siglos, descansa en la doctrina de la primera resurrección.

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Planteo de la cuestión:

No existe la resurrección única y simultanea

Los milenaristas empiezan su argumentación probando que la resurrección general no es tan única, ni tan simultánea como para no admitir ninguna excepción.

1º) La primera excepción la constituye la Santísima Virgen María; y de esto nadie duda, aunque no lo digan expresamente las Escrituras.

2º) La segunda excepción la indica el Evangelista San Mateo diciendo que con la resurrección de Jesús: “Los cuerpos de muchos santos, que dormían, se levantaron y saliendo de los sepulcros entraron en la ciudad, y se apareciendo a muchos” (Mat.27.52-53). Es pues, una resurrección de muchos santos, con cuerpos que sólo eran visibles para aquellos a quienes aparecieron; una resurrección esencialmente distinta de la de Lázaro, del joven de Naín, etc. Afirmar que volvieron a morir no sería posible, puesto que el Evangelio, cuyo texto citamos, deja entrever que no resucitaron con cuerpos que tenían las condiciones de cuerpos mortales.

3º) Otra excepción clara e indiscutible aparece también en el Apocalipsis cap. XI. Allí leemos que los dos testigos: fueron muertos, y sus cadáveres quedaron por tres días y medio en la plaza. Los habitantes de la tierra se alegran por su muerte y envían regalos unos a otros para celebrar su muerte. Estaban, pues, bien muertos. Pasados, empero, los tres días y medios, resucitaron y un gran temor cayó sobre los que les veían. ¡No es, pues, en el día de la resurrección general! Y para que no quede duda: “A la vista de sus enemigos subieron al cielo”. ¿Acaso morirán otra vez en el cielo, para salvar la resurrección única y simultanea?

Con todo, las Escrituras y la tradición afirman con claridad que sólo existe una resurrección general, única y simultánea, para los que no resucitaron antes.

Frente a este hecho, que nadie puede negar, los milenaristas preguntan:

¿Habrá más excepciones a esta ley de la resurrección general?

Y contestan:

Sí, Dios promete en varios lugares de la Escritura que resucitará a muchos otros más, antes de la resurrección general.

Continuará…

 

Padre Juan Carlos Ceriani