ANDRÉS CARBALLO: Tesis. Antítesis y Síntesis

Hegel afirmaba que la historia avanza por contradicciones, es decir que para Hegel, la historia no estaba sujeta al concepto cristiano de la misma sino que por el contrario dependía del voluntarismo del hombre que se hace Dios.

Trasladémosla a la Iglesia y veremos cómo esa revolucionaria teoría se ha aplicado al pie de la letra a los hombre de esa iglesia fundada por Cristo y poco a poco la han ido transformado en una cosa totalmente diferente, quedando reducida, en su parte Militante, a la mínima expresión (pusillus grex) o como bien gusta decir al P. Ceriani: inhóspita trinchera.

Si a la Iglesia de S.S. Pío XII, minada ya desde hacía mucho tiempo por hombres perversos, la llamamos tesis, usando el concepto hegeliano; es evidente que había que preparar desde dentro mismo de ella, por esos «roncallis», montinis etc. la antítesis de la misma. Así vino el conciliábulo V2, verdadera antítesis de la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana, y por tanto otra cosa totalmente diferente a la que fundó Nuestro Señor.

Pero como en todo proceso histórico, era de esperar una reacción por parte de los fieles y parte de la jerarquía, cosa que ocurrió, y esa reacción había que frenarla desde dentro, creando la síntesis hegeliana, había que buscarle otra cara para que el proceso revolucionario se enmascarase y contentar a los tontos útiles, dándole un atisbo de vana esperanza con los rátzigeres y compañía. Era necesario exteriorizar un poco el proceso, calzar a Ratzinger con zapatos rojos, engañar con el motu proprio y sacar la parafernalia del baúl de los recuerdos, haciendo ver a los estultos que era una prueba de que la Iglesia había «recobrado» su pulso.

Dentro de este proceso es cuando entra en juego la Fraternidad de S. Pío X, principal baluarte de la verdadera Iglesia Visible de Cristo. Había que hacerle morder el polvo de la derrota y se logró con el proceso de las estúpidas conversaciones con la Roma apóstata, el ridículo levantamiento de las excomuniones y la»liberación de la Misa de S. Pío V», la cual no necesitaba de ninguna liberación, porque ya estaba canonizada a perpetuidad. Pero los débiles prebostes de la misma cayeron en el engaño, lanzaron las campanas al vuelo y se creyeron el cuento, sin darse cuenta de que ése era un viaje sin retorno. Comenzó con ello a fraguarse la antítesis de la Fraternidad de S. Pío X. Continuando con el proceso hegeliano se hizo preciso la creación de la síntesis. Aparece entonces la resistencia fláccida, que no viene siendo otra cosa que la resistencia a la verdadera Resistencia, reduciendo evidentemente a la prístina reacción y convirtiéndose aquella en la síntesis particular de la fraternidad, la cual sin lugar a dudas no es nada más que un espejismo de reacción, en connivencia total con la primera. Si no, vean: un obispo va corriendo a Roma para someterse a Ratzinger y el otro cogería el primer avión, si Bergoglio lo manda a llamar. 

Al mismo tiempo, la pseudoiglesia ratzingeriana se convirtió en tesis de otra antítesis: la iglesia bergogliana, y así, de esta forma se continúa adormeciendo y anestesiando a las almas, que irremisiblemente se pierden y se perpetúa el proceso revolucionario.

Y es que la Revolución no descansa, sigue su curso inexorable. preparando la madriguera al Anticristo. Porque la Revolución no para hasta conseguir su último fin.

Quiero terminar con un fragmento de  Mons. Gaume, el cual definió a la Revolución así:

«Si le preguntas a la Revolución: ¿Quién eres tú?. te responderá: » Yo no soy lo que se cree. Muchos hablan de mí y pocos me conocen. No soy….ni el motín, ni el cambio de la monarquía por la república, ni el desorden público…….ni el combate de las barricadas, ni el pillaje,…..ni la guillotina. No soy ni Marat, ni Robespierre………. Estos hombres son mis hijos, pero no yo. Esas cosas son mis obras, pero no yo. Esas cosas y esos hombres son hechos pasajeros y yo soy un estado permanente.

Soy el odio de todo orden que no haya sido establecido por el hombre y en el cual él no sea a la vez rey y dios……Soy la fundación del estado religioso y social en la voluntad del hombre en lugar de la voluntad de  Dios. Soy Dios destronado y el hombre en su lugar. He aquí porqué me llamo Revolución, es decir subversión……

Nota: Detrás de donde se cita a Rosbespierre, caben algunos nombres de «actores» muy conocidos en el ámbito del tradicionalismo. Los lectores pueden muy bien entretenerse rellenando el espacio.

                                                       Andrés Carballo.