COMENTARIO A LAS ANTÍFONAS «O»: DÍA 7

23 de Diciembre:

O Emmanuel

 

¡Oh Emmanuel (Dios con nosotros), Rey y Legislador, Expectación y Salvador de los gentiles! Ven a salvarnos, Señor y Dios nuestro.

En el Salvador, que se acerca, vemos al Emmanuel, al Dios con nosotros. Es el Hijo Unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, consubstancial al Padre.

Él es quien creó todas las cosas. Por nosotros los hombres, y por nuestra salvación, descendió de los cielos, se encarnó por obra y gracia del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María y se hizo hombre.

¡Dios con nosotros! Es decir, Dios revestido de una misma e idéntica naturaleza humana que la nuestra, hecho semejante a nosotros en todo, excepto en el pecado. Toma sobre sí nuestros pecados y se entrega voluntariamente a la muerte de cruz en lugar nuestro.

¡Dios con nosotros! Nos da su amor, su verdad, su corazón, su gracia, su sangre. Se da Él mismo en el Pesebre, en la Cruz, en el sacrificio de la Santa Misa, en el Sagrario, en la Sagrada Comunión.

Más tarde nos dará también, por toda la eternidad, la posesión de su bella y gozosa bienaventuranza.

¡Ven, sálvanos! El Dios grande y santo viene a nosotros, pecadores, indignos. Viene, no para aniquilarnos, como lo hizo en otro tiempo con Sodoma y Gomorra, sino para salvarnos. Y, ¡cómo nos salva! No se contenta simplemente con ocupar nuestro lugar y con expiar por nosotros nuestros pecados, abandonándonos después a nuestra suerte. Hace mucho más.

Nos levanta hasta sí mismo, nos incorpora consigo, nos comunica su propia vida y nos vivifica con ella.

Ya no nos pertenecemos a nosotros mismos. No estamos solos, aislados. No somos independientes. Formamos un todo con Cristo.

¡Qué gracia, qué dignidad, qué grandeza la nuestra! El Padre ya no ve en nosotros a unos pobres hombres; ve a miembros de su divino Hijo.

¿Podía el Señor redimirnos de modo más perfecto que como lo ha hecho, es decir, elevándonos hasta Él mismo y comunicándonos su misma vida?

¿Podía Cristo asociarnos a sí mismo, identificarnos consigo de modo más perfecto que como lo ha hecho?

¡Qué próximo, qué accesible! ¡Dios con nosotros! El Señor vino a Belén para levantarnos a nosotros del polvo y para comunicarnos su misma vida. A esto vuelve de nuevo todos los años el día de Navidad.

A esto viene también todos los días en la santa Misa, en la Sagrada Comunión y en los frecuentes impulsos e iluminaciones de la gracia.

A eso vendrá, finalmente, más tarde, en el último día.

Pero entonces hará todavía otra cosa más grande: nos llevará consigo a la posesión y al goce perfecto de su gloriosa y eterna vida.

Entonces serán la beatífica contemplación, el dichoso amor y el inefable y extático gozo de Dios.

 

¡Oh María!, Santa Madre de Dios, Madre de Cristo, Madre de la Divina Gracia, ruega por nosotros.

 

***

 

Conocido es la especie de acróstico invertido, es decir la composición poética constituida por las letras iniciales de estas antífonas, comenzando desde la última, formando la frase: ERO CRAS, Estaré mañana:

 

Emmanuel

Rex

Oriens

Clavis

Radix

Adonai

Sapientia

 

¡Sí! Mañana estará con nosotros…

Debemos esperarlo…