LUIS MANZANO: MONS. STRAUBINGER REIVINDICADO – XIII

Johann_Straubinger

MONSEÑOR STRAUBINGER REIVINDICADO

VOLO, SPERO ET AUTEM EXTENDAM

(XIII)

La Patrística

Tal como expresé en mi artículo del día 29 de Septiembre del corriente Año del Señor 2014 (https://radiocristiandad.wordpress.com/2014/09/29/luis-ricardo-manzano-el-milenariazo/), retomo esta interesante serie luego de haber recabado importantísimo material del libro «La Iglesia Patrística y la Parusía» (Ediciones Paulinas, Buenos Aires, 1962), de autoría del Padre Florentino Alcañiz y traducido del latín por el Padre Leonardo Castellani; ambos clérigos integrantes de la Compañía de Jesús.

Parece conveniente, ante este importantísimo acervo proveniente de los Santos Padres más cercanos a los Apóstoles —e incluso algunos de ellos habiendo conocido directamente al mismo Hijo de Dios encarnado— intercalar el debido paréntesis para desplegar diversos temas que pueden discernirse en el magnífico extracto que el Padre Alcañiz efectuara de la Patrología Latina de Migne, para elaborar el opúsculo que luego tradujera el Padre Castellani. El autor no se limitó a la obra principal mencionada, sino que consultó una profusa colección de obras relativas al tema, cuyo listado aparece al final del libro, enumerando alrededor de ochenta textos (libros, enciclopedias y revistas), que le sirvieron de apoyo para su elaboración.

Los temas que he especificado en la obra del Padre Alcañiz son los siguientes:

Tema 1: La exigencia de no alegorizar sobre las escrituras, en detrimento del primer sentido de las mismas: el literal.

Tema 2: Ocurrencia del Reino Milenario y su profesión común por los Padres Apostólicos.

Tema 3: Confusión del milenarismo carnal con el espiritual; existencia sólo de uno de los dos milenarismos; exclusión del milenarismo bíblico.

Tema 4: El Anticristo.

Tema 5: Las dos resurrecciones.

Tema 6: El encierro de Satanás.

Tema 7: Características generales del Reino Milenario.

Tema 8: El imperio de Cristo en el Reino Milenario.

Tema 9: La santidad de los hombres del Milenio.

Tema 10: La sede del Reino Milenario en Jerusalén.

Tema 11: Los bienes temporales y las condiciones de vida en el Reino Milenario.

Tema 12: La suelta de Satanás y el asedio de Jerusalén.

Tema 13: El fin del Milenio y el Juicio Final.

Todos los temas se reproducirán tal como aparecen en la obra del Padre Alcañiz, con excepción de los pasajes bíblicos obrantes en la misma, y los que he agregado para no exigir la consulta simultánea de las Sagradas Escrituras; todos estos fragmentos han sido tomados de la Biblia Platense traducida por Monseñor Doctor Juan Straubinger (Fundación Santa Ana, La Plata, 2001). Para mejor lectura de los diversos pasajes, la prosa del Padre Alcañiz se identificará con texto azul oscuro, quedando en texto común de color negro y en párrafos más angostos, los pasajes transcriptos de los Padres y otros autores.

También se identificarán los comentarios del Padre Castellani agregados a su traducción (destacados en texto verde); y lo que pueda yo agregar (destacados en texto colorado), particularmente en orden a vincular los textos con lo que ya se haya podido desplegar sobre cada asunto en las entregas anteriores. También se indicará, en su caso, si el texto integrado en un tema se ha expuesto en otro. Los destacados en negrita y los subrayados son míos.

Vayamos pues a estos temas:

Tema 1: La exigencia de no alegorizar sobre las escrituras, en detrimento del primer sentido de las mismas: el literal.

Capítulo Segundo (Padres del Iº y IIº Siglo), apartado III (Milenismo en Occidente, San Ireneo), página 152:

«Si pues alguien intentare ALEGORIZAR estos textos, no podrán concordarlos entre sí a todos, y se encontrarán pugnando entre ellos con dichos contradictorios»
(Ibíd. V, c. 35, 1).

Capítulo Tercero (El Milenismo en el Siglo III), apartado I (Tertuliano), páginas 164-165:

«El centro deste Reino Terrestre será la ciudad de Jerusalén «Deofacta» y «del cielo bajada», la cual «Ezequiel profeta conoció y Juan Evangelista contempló». Por tanto Tertuliano no entiende alegóricamente, a lo que parece, sino literal, lo que Ezequiel y Juan de aquella urbe describen; empero hay que reconocer que el abogado africano en sus refinados escritos no garantiza que todos y cada uno de los que las profecías reportan haya de entenderse físicamente; mas solamente en general, que habrá una ciudad real donde los santos hallarán reposo y sede.«

Este tema es substancial porque indica que ya desde los tiempos apostólicos se ponía énfasis en tomar como principal el sentido literal de las Sagradas Escrituras; no hace falta llegar a los tiempos de León XIII y Pío XII para descubrir esa exigencia. Estos Papas han desplegado su Magisterio sobre ese tema de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia de siempre: sólo han enriquecido lo que ya se encontraba en el tesoro de la Iglesia, con una más amplia explicitación de las diversas doctrinas, sin agregar novedades que desvirtúen el sentido principal de aquellas enseñanzas provenientes de la Tradición; véanse los textos de Providentissimus Deus y Divino Afflante Spiritu, en la VIIIª entrega. (Manzano)

Tema 2: Ocurrencia del Reino Milenario y su profesión común por los Padres Apostólicos.

Capítulo Segundo (Padres del Iº y IIº Siglo), apartado I (Milenismo en el Siglo Primero), sección B (Epístola de Bernabé [96/98]), páginas 103-105:

«El Sábado recuerda la Escritura al comienzo del relato de la Creación:
«El día séptimo terminó Dios la obra que había hecho; y descansó en el día séptimo de toda la obra que había hecho. Y bendijo Dios el séptimo día y lo santificó; porque en él descansó Dios de toda su obra que en la creación había realizado.» (Génesis II, 2-3).

«Advertid, hijos, lo que dice:
«las consumé en seis días». Eso quiere decir todas las cosas concluirá Dios en seis mil años; porque para Él un día es como mil años
(II Pedro III, 8). Pues a mí me testificó: «He aquí que el día de hoy será como mil años». De modo que, hijos, en el lapso de seis millares de años consumará Él todas las cosas.
«Y descansará el séptimo día». Quiere decir cuando volviendo su Hijo destruirá al Inicuo, juzgará a los impíos, mudará el sol y las estrellas. Entonces descansará bien el día séptimo. De modo que si lo que Dios mismo no santificó, alguno ahora cree poder santificar SIN manos limpias, nos equivocamos.

«Mirad pues: entonces descansaremos y santificaremos bien cuando podamos obrar con perfección, recibida la promesa, borrada la iniquidad, todas las cosas renovadas por acción divina.

«Después les dice:
«… no aguanto más las neomenias ni los sábados, ni las asambleas solemnes… » (Isaías I, 13), atended lo que dice: no me son aceptos los actuales Sábados, sino el Sábado que hice Yo; es decir, cuando ponga término a todas las cosas, e inicie la octava, es decir, el principio de un mundo nuevo. Por eso ahora hacemos fiesta no el sábado sino el Octavo Día (Domingo), el día pues que Jesús resucitó y después de aparecido subió a los cielos… «

«En otro lugar, VI, 17:

«Así que nosotros somos los entrados en la tierra buena. Mas ¿por qué leche y miel? Porque a los infantes con leche primero y después con miel los vivifican; así nosotros con la fe de las promesas y el Verbo vivificados viviremos poseyendo tierras. Pues más arriba había dicho:
«Sed fecundos y multiplicaos, y henchid la Tierra y sometedla; y dominad sobre los peces del mar… »
[Génesis I, 28] ¿Quién puede ahora dominar a los peces, las bestias o los pájaros? Pues hay que saber que ese «dominar» significa mandar con imperio. Y como hoy no acontezca, sin embargo, nos lo prometió. ¿Cuándo entonces? Cuando nosotros TAMBIÉN
(alusión a Cristo resurgido)
seamos tan perfectos que herederos del testamento de Dios seamos…
«

«La doctrina de Bernabé es, pues, esta:

«Como Dios concluyó la obra de la Creación en seis días y el séptimo descansó, así en seis milenios concluirá este mundo humano (desde Adán) y el séptimo milenio «descansará bien»». ¿Qué ocurrirá en este milenio?

«Comenzará con el retorno de Cristo, el cual abolirá al Inicuo, juzgará a los impíos, borrará la iniquidad, mudará el cielo, Tierra, estrellas y renovará todas las cosas. Entonces junto con Cristo también descansará bien «aquel que antes tendrá del todo puro el pecho».

«También entonces los mansos —sugiere el escritor— poseerán la Tierra y ejercerán dominio sobre la naturaleza, la cual les obedecerá, como mandó Dios al crearla.

«Acabado el séptimo «Día» o milenio, Dios pondrá remate a todo, y «el comienzo de la octava» o sea de otro mundo será hecho.

«Nótese, Bernabé no pone el comienzo de la renovación del mundo al fin del reino milenario sino al comienzo: importantísima nota que veremos explicada en San Policarpo. Y como no menta la resurrección, no sabemos quiénes son esos «justos» que dominarán la Tierra, si los viadores o los beatificados.«

Capítulo Segundo (Padres del Iº y IIº Siglo), apartado I (Milenismo en el Siglo Primero), sección B (Epístola de Bernabé [96/98]), página 106:

«La Parusía es uno de los núcleos esenciales de la Revelación Cristiana. No discutiré si es el «punto central» (aunque podría) pues siendo la dogmática cristiana tan trabada y solidaria, se puede decir que el punto central es la Paternidad de Dios respecto del hombre, la Eucaristía, la Encarnación… como de hecho se ha dicho. Baste decir que la Parusía es tan central en la fe, como sería el corazón, el cerebro, o el hígado en un organismo. De hecho acerca de ningún otro punto la Escritura se expide más frecuente y categóricamente.

«De donde un teólogo que tergiversa acerca deste punto no es excusable por ninguna causa posible imaginable.»

Capítulo Segundo (Padres del Iº y IIº Siglo), apartado II (Milenismo en el Siglo Segundo), sección A (San Papías), página 111:

«Además San Justino Mártir escribió hacia el 150; y ya en ese tiempo, como el mismo Justino testifica, el milenismo era profesado comúnmente (sino universalmente) por los cristianos; y ninguna opinión, no digamos una nueva e insólita, podría haber obtenido eso en poco tiempo.«

Capítulo Segundo (Padres del Iº y IIº Siglo), apartado II (Milenismo en el Siglo Segundo), sección B (San Justino), páginas 115-118:

«Justino Mártir propugna abiertamente el Milenio; y su doctrina acerca deste se cifra en estas palabras:

«Después de la derrota del Anticristo, que «nefandas impiedades hablará contra el Altísimo; y que dominará, según Daniel, por tiempo, tiempos y medio tiempo» vuelve Cristo. Pues vendrá alguien como Hijo del Hombre de las altas nubes, como Daniel declara, circundado de ángeles. Con el retorno de Cristo acontecerá la Resurrección. ESTA SERÁ DOBLE, a saber, primero la «Santa», o sea de los justos, al llegar Cristo; después la «eterna» o general, que cerrará el Reino Milenario, TRANSCURRIDO ENTRE LAS DOS. He aquí el texto del Santo (en su apacible «Diálogo con un judío», n. 31, 32 y 80).»

«Vamos, dime (dice el judío) vosotros ¿realmente profesáis de veras que Jerusalén esta de la Tierra será restaurada; que vuestro pueblo se congregará allí, que viviréis victoriosos con Cristo no menos que con nuestros Patriarcas y Profetas, que son de nuestra raza, o bien que se añadieron a nuestra religión antes que Cristo viniera; o bien mirando que en controversia nosotros os llevamos de pecho, os habéis refugiado en este subterfugio?

«No soy tan ruin, Trifón (dije yo) que una diga y otra crea. Ya te confesé antes, que yo y muchos otros esto sentimos, de modo que cuadradamente creemos sucederá… Así que yo, y todo cristiano que rectamente en todo siente, recibimos la futura resurrección de la carne y los Mil Años reinando en la ciudad de Jerusalén Nueva reedificada, y mejorada y amplificada, tal como también Ezequiel, Isaías y los demás profetas prometieron… A esto añádase que entre nosotros un varón llamado Juan, uno de los Apóstoles de Cristo, en la revelación a él hecha, predijo que cruzarían mil años en Jerusalén aquellos que creyeren en nuestro Cristo; y después sucederá la general y por así decirlo eterna resurrección unánime de todos para ser juzgados. Acerca de lo cual también nuestro Señor pronunció:
«Porque cuando resuciten de entre los muertos, no se casarán (los hombres), ni se darán en matrimonio (las mujeres), sino que serán como ángeles en el cielo.» [Marcos XII, 25] (Diálogo, nº 81).«

«Por tanto repetimos. Justino pone un Reino de mil años después de la resurrección de los justos, su capital será una Jerusalén magnificada y con la presencia de los resucitados a los cuales ve con una vida angélica y no ya con la vida común de los humanos.

«Pues deste modo habló Isaías deste espacio de mil años en su capítulo LXV:

«Porque he aquí que voy a crear nuevos cielos y nueva Tierra; de las cosas anteriores no se hará más mención, ni habrá recuerdo de ellas. Alegraos y regocijaos eternamente por lo que voy a crear; porque he aquí que voy a crear a Jerusalén (para que sea) alegría y a su pueblo (para que sea un) gozo. Me regocijaré en Jerusalén, y hallaré mi gozo en mi pueblo; y no se oirá más en ella voz de llanto ni de lamento. No habrá allí en adelante niño (nacido) para (pocos) días, ni anciano que no haya cumplido sus días, pues morir niño será morir a los cien años, y el pecador de cien años será maldito. Edificarán casas, y habitarán en ellas; plantarán viñas y comerán de su fruto. No edificarán para que habite otro, ni plantarán para que otro sea el que coma; porque como los días de los arboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos consumirán (el fruto de) la obra de sus manos. No se fatigarán en vano, y no darán a luz para muerte prematura; porque estirpe de los benditos de Yahvé son, así ellos como sus hijos. Antes que ellos clamaren, responderé, y cuando ellos aún estén hablando, ya los habré escuchado. El lobo y el cordero pacerán juntos; el león, como el buey, comerán paja, y la serpiente se alimentará con polvo; no dañarán ni causarán muerte en todo mi santo monte, dice Yahvé.» (Isaías LXV, 17-25).

«Deste Reino habla también el Salmo LXXI per totum: «Oh Dios, entrega al Rey tu juicio… » Justino interpreta en este sentido lo que el Salmo predice:

«Ante Él se prosternarán sus enemigos, y sus adversarios lamerán el polvo. Los reyes de Tarsis y de las islas le ofrecerán tributos; los reyes de Arabia y de Sabá le traerán presentes. Y lo adorarán los reyes todos de la Tierra; todas las naciones le servirán.

«… y serán benditas en Él todas las tribus de la Tierra; todas las naciones lo proclamarán bienaventurado.» (versículos 9-11 y 17).

El pasaje de Isaías es también de suma importancia, puesto que habla de un reino evidentemente terrenal, dado que hay nacimientos, muertes, pecado, edificación, siembras y cosechas. Del modo en que lo describe el Profeta no se ha verificado aún en la Historia. (Manzano)

Capítulo Segundo (Padres del Iº y IIº Siglo), apartado II (Milenismo en el Siglo Segundo), sección C (San Teófilo), páginas 123-125:

«¿Ha profesado San Teófilo las doctrinas del Milenismo? No se puede afirmar con certidumbre, pues en lo que nos resta de sus escritos no trata de la Parusía; pero hay algo en el Segundo libro para Autólico que constituye un no leve indicio afirmativo. Comentando la creación de las bestias en el sexto día del Génesis, dice:

«Fieras que se llaman apo tou therausthai es decir, porque fueron «enfierecidas», no porque hayan sido feroces y venenosas desde el principio; pues nada malo fue hecho por Dios sino todo bueno y muy bueno; mas el pecado del hombre las descarrió en vicio; ya, que descarriando el hombre, todas sus cosas de descarriar habían. Lo mismo que cuando el dueño de casa se conduce noblemente, induce casi necesidad a todos sus domésticos de portarse bien, así mismo aconteció que el hombre que era el Señor, cuando cayó hizo caer a sus siervos. Mas cuando retorne el hombre a su ser natural y ponga fin al pecado, también los brutos animales serán restituidos a su mansedumbre prístina… » (Ad Autol., II, 17).

«La ultima proposición es obviamente una condición que se supone se ha de llenar; como nota también Vacant en su Diccionario Teológico, V, 2518. De donde según San Teófilo las bestias «serán restituidas a su primera mansedumbre»; lo cual hemos visto es típica sentencia milenista; mientras que jamás se encuentra en los que se oponen al milenismo.

«Según estos, como es sabido, antes del Retorno de Cristo ni tendrá fin el pecado ni se amansarán las fieras; y después del Retorno de Cristo no quedarán vivos ni fieras ni nada; pues acontecerá el juicio y el universal incendio —Y mares ya no habrá, Apk., XXI— mas los hombres se marcharán al cielo o al infierno por la posta.

«Por tanto esa razón de San Teófilo es propia de los milenistas y absurda en un alegorista

Capítulo Segundo (Padres del Iº y IIº Siglo), apartado II (Milenismo en el Siglo Segundo), sección D (San Melitón), página 127:

«Siendo así que los Kiliastas (o milenistas) de continuo recurren a esta Revelación, no me parece en ningún modo improbable que San Melitón, autor de un comentario, lo mismo que otros Padres deste siglo, sostenga el Milenismo, no por cierto el carnal, sino el moderado.

«Hay que reconocer la verosimilitud desta conjetura; pues en el siglo II solamente escribían comentarios al Apocalipsis los milenistas; sobre todo en Asia Menor, que era el centro principal desta doctrina.»

Capítulo Segundo (Padres del Iº y IIº Siglo), apartado III (Milenismo en Occidente, San Ireneo), páginas 135-139:

«En cuántos días fue hecho el mundo, en otros tantos milenios será consumado. Por eso dice el Génesis: «Fueron, pues, acabados el cielo y la Tierra con todo el ornato de ellos. El día séptimo terminó Dios la obra que había hecho; y descansó en el día séptimo de toda la obra que había hecho.» [Génesis II, 1-2].

«Esto es a la vez narración de lo pasado y profecía de lo porvenir —continúa Ireneo—. Si, pues, «un día de Dios es como mil años» y en seis días consumó la Creación, manifiesto es que en seis milenios consumará la historia»
(Tratado contra las herejías V, 28, Nº 3). Después vendrá el Día Séptimo «que es santificado, en que descansó Dios de todas las obras que hizo, que es el verdadero Sábado de los justos, en el cual no hará ya ninguna obra terrena» (Ibíd., V, 32, Nº 2).

«Consuena y casi coincide con la Epístola de Bernabé que arriba vimos.»

(…)

«… entonces vendrá el Señor de entre las nubes y en la gloria de su Padre; y al otro y a los que le obedecen arrojará al estanque ardiente; y llevará a los justos al Tiempo del Reino; es decir del Descanso; al Séptimo Santificado Día, cumpliéndole a Abrahán la promesa de la heredación; en el cual Reino, dice el Señor, vendrán muchos del Oriente y del Occidente, a sentarse con Abrahán, Isaac y Jacob… » (Tratado contra las herejías, capítulos XXV, XXVIII, XXX).»

(…)

«Reinarán los justos sobre la tierra creciendo de por la visión del Señor para con ello irse a la gloria de Dios Padre, y la conversación con los santos ángeles y la conjunción y absorción en la unidad de lo espiritual…» (Ibíd., libro V, c. XXXV, N9 1).

«Aquí hay punto de notar: Ireneo parece sustentar la teoría, que más tarde fue condenada, de que los santos no obtienen la visión beatifica de inmediato sino después del Juicio Final; de modo que los resucitados primero viendo la humanidad gloriosa de Cristo y conversando con los ángeles, se van como haciendo y acostumbrando («assuescere») para ir intuyendo gradualmente y más y más la Divina Esencia. Désa manera debemos entender esas expresiones que parecen poner cierta evolución o metamorfosis en la gloria o gozo de los que se salvan…

La opinión de que la gloria final plena eterna y trascendente de la visión de Dios y nuestra asimilación con Él no sobreviene de golpe a la muerte sino gradualmente (que veremos luego en Policarpo y existe en muchos Santos Padres) fue excluida principalmente por el Concilio Florentino, 1438, bajo el Papa Eugenio IV, en los decretos contra los errores de los Griegos y Armenios.

Leyendo
empero este y otros decretos posteriores se ye que lo que excluyen es el postergarse de la visión de Dios, no el acrecentarse o perfeccionarse: pues explícitamente dicen que ella tiene grados y que no excluye el temor de Dios (según parece decirse en la condena de los errores de Abelardo); o sea que no iría contra lo definido o condenado sostener que la visión beatifica comienza con la visión de Cristo y va perfeccionándose hasta llegar a su plenitud, que es lo que parece decir Ireneo. Una vida donde no hubiese movirniento alguno no parece concebible; y la vida del cielo no puede ser de otra especie, género y esencia que todas las otras vidas. Véase sobre esto a Frank Duchesne: «Lo que nos espera después de la muerte«; y «Satán, notes marginales á la tradition judeo chretienne«, Editado por Desclée Bower.
(Castellani)

«Hasta aquí todo lo que Ireneo promete a los justos resucitados es espiritual y puro. Luego empero promete algo terreno, nada menos que la tierra:

«Es menester decir más, pues necesario es que los justos en su misma condición, renovada por la aparición de Dios y la resurrección, realmente reciban la heredad de la Promesa, prometida a los Patriarcas, y reinen en ella; y más tarde venga el Juicio. Pues en la misma condición en que padecieron y sufrieron, trabajados de infinitas maneras por el dolor, en esta misma condición conviene que reciban el fruto del dolor; y en la misma condición en que por Dios fueron muertos, revivificados; y en la misma condición en que sirvieron, conviene que ellos reinen…

«… así persevera firme la promesa que prometió a Abrahán Dios. Le dijo: «Alza tus ojos y mira desde el lugar donde estás, hacia el norte y hacia el mediodía, hacia el oriente y hacia el occidente; pues toda la tierra que ves, te la daré a ti y a tu descendencia para siempre» (Génesis XIII, 14-15) y luego dice: «Levántate, recorre el país, a su largo y a su ancho; porque a ti te lo daré.» (Ibíd., 17). Y de hecho no recibió toda esta tierra, ni un pie de tierra, pues toda su vida fue forastero y peregrino… Así pues, si Dios le prometió esta tierra, y él no la obtuvo durante su terrenal destierro, conviene que la reciba junto con su Semilla —es decir, con los que a Dios conocen y temen— en la resurrección de los justos… Pues Dios es fiel y firme; y por estos venturosos fue dicho: «Bienaventurados los mansos, porque heredarán la Tierra». (Mateo V, 5).

«Hasta aquí el doctor lionés en Tratado contra las herejías V, XXXII.»

Capítulo Segundo (Padres del Iº y IIº Siglo), apartado III (Milenismo en Occidente, San Ireneo), páginas 143-144:

«Y (reinarán sobre) ellos (los justos revivificados) sobre los que evadieron las manos del Inicuo (el Anticristo) y soportaron la tribulación (magna) que el Señor al llegar hallará en carne. Ellos son de quien dijo el Profeta: «y los dejados se multiplicarán sobre la Tierra». Y cuánto número (de los entonces) creyentes se reservará el Señor a fin de que «los dejados» pueblen la Tierra y formen los súbditos de los Santos y sirvan a la Jerusalén nueva, eso lo significó Baruc profeta al decir:

«Mira, oh Jerusalén, hacia el oriente y contempla el gozo que Dios te envía… Levántate, Jerusalén, sube a lo alto, y dirige tu vista hacia el oriente, y mira cómo se congregan tus hijos, desde el oriente hasta el occidente, en virtud de la palabra del Santo, llenos de gozo porque Dios se ha acordado de ellos. Partieron de ti a pie, llevados por los enemigos; pero Dios te los devolverá traídos con honor, como en trono real.» (Baruc IV, 36; V, 5-6).

«Y todo esto —concluye sonriente Ireneo— se me ocurre no va a suceder allá arriba en el Cielo Empíreo.«

Capítulo Segundo (Padres del Iº y IIº Siglo), apartado III (Milenismo en Occidente, San Ireneo), páginas 149-152:

«Hemos transcrito arriba el período del capítulo 33, libro V, en que afirma las promesas hechas a Isaac y Jakob cumplirse en el Reino Milenario —con su fórmula usual «sin sombra de dada» («sine contradictione»)— después de lo cual dice: «Conforme recuerdan los Ancianos, que vieron a Juan el Discípulo del Señor, que oyeron lo que el Señor de aquellos Tiempos enseñaba; y decía… Y estas cosas el oyente de Juan, Papías, puso por escrito… » (Ibíd. V, c. 33, n. 3).

«Lo mismo en el capítulo 35 cuando trata del «cielo nuevo y Tierra nueva» que sucederán a los actuales después del Juicio, dice, como hemos visto: «Y conforme refieren los Ancianos… «

«Vemos pues que San Ireneo afirma su sentencia acerca del milenismo no es forjada sino trádita, (o como se diga en castellano «entregada» en el sentido teológico) de «los Ancianos»; los «Ancianos que vieron al Discípulo Juan»; los Ancianos que fueron «Discípulos de los Apóstoles».

(…)

«Puesto que trasvasan algunas sentencias tomadas de los herejes; y son ignaros de la disposición y orden divina, y el misterio de la resurrección de los Santos, y del Reino, que es el comienzo de la Incorrupción, por el cual Reino los que dignos fueren GRADUALMENTE SE ACOSTUMBRAN A COMER A DIOS; es necesario pues redargüirles que es preciso primero resurgir los justos en esa condición de renovados, y recibir la promesa de la Heredad, que Dios prometió a los Patriarcas; y reinar en ella. Y después al fin se cumple el Juicio» (Ibíd. XXXV, 1).

«Hablando luego de las bendiciones de Isaac en favor de su hijo Jakob, dice:

«Si estas cosas alguno recusa y no recibe, acerca de las predicciones del Reino, en gran contradicción y absurdidad caerá, lo mismo que les pasa a los judíos que caen en grandes «aporías», angustia o perplejidad intelectual»
(Ibíd., c. 33, n. 3).»

Capítulo Segundo (Padres del Iº y IIº Siglo), apartado III (Milenismo en Occidente, conclusión) páginas 154-155:

«Existen otros escritores eclesiásticos pertenecientes sin duda al segundo siglo; pero que no tocan las cuestiones esjatológicas o las rozan tan de paso que es imposible decir si fueron milenistas o alegoristas.

Muy bien, Padre Alcañiz: esto es lo correcto.

Deducir del silencio de los Santos Padres primitivos acerca del milenismo que fueron antimilenistas… es anticientífico e incluso antisentido-común.

Sin embargo encontrarán ustedes manuales, Biblias anotadas e incluso tratados que así lo hacen.

Para dar un ejemplo la HISTORIA DOGMATUM en tres tomos de I. F. De Groot que me enseñaron cuando mozuelo, aplica continuamente ese criterio; de San Justino, verbigracia, que es netamente milenista (como arriba está visto) dice inexactamente: «Sanctus Justinus in Chiliasmum INCLINATUR». De San Ireneo «Difícil es decir que Ireneo en su doctrina esjatológica no haya errado… » sin decir en qué (pág. 148).

De San Cipriano (pág. 283): «San Cipriano no abrazó esta opinión, el milenismo, porque en su doctrina esjatológica no se halla vestigio del Reino Milenario». De Orígenes dice que «rechazó el milenismo», sin advertir que rechazó solamente el kerinthianismo craso; ni tampoco que Orígenes en diversos lugares advierte que: «Cristo debe reconquistar la materia», proposición milenista. Lo mismo de San Basilio el Grande y los dos Gregorios (pág. 424) que se limitaron a acusar a Apolinar de «milenismo judaico». La aserción conclusiva de De Groot: «En el Oriente entonces ya no había milenismo» es discutible, por no decir falsa.

«Argumentum ex silentio«, de que tanto abusan hoy los racionalistas, no sirve en este caso. Al contrario, si algo puede deducirse del silencio, sería más bien que fueron milenistas; el milenismo era la interpretación común casi unánime, no dicen nada de él, es señal que la asumen como implícita y corriente; de otro modo la contradirían. Ni Cipriano ni Basilio ni Gregorio tenían razón alguna para tocar esa cuestión: estaban mortalmente empeñados en otras dos controversias, a saber: «de Ecclesia» (Cipriano) y la controversia arriana cristológica (Basilio y Gregorio).

Pero lo más seguro es atenerse al sentido común como hace el P. Alcañiz y decir simplemente:

«Sed ii aut quaestiones eschatologicas non tractant aut eas breviter percurrunt ut perspici nequeat an millenarismun teneant, an potius illum rejiciant». (Castellani)

Pero [otros escritores eclesiásticos del siglo II], o no tratan las cuestiones escatológicas, o los rozan tan de paso, de modo que sea imposible advertir si sostienen el milenarismo, o si más bien lo rechazan.

Capítulo Tercero (El Milenismo en el Siglo III), apartado I (Tertuliano) páginas 161-164:

«Mas sea lo que fuere desta cuestión, es cierto que Tertuliano sostuvo el milenismo siendo católico; incluso dando a Harnack que el doctor africano fue montanista desde 207, lo cual es improbable; pues mucho antes de escribir contra Marción el 207, había publicado el libro: «La esperanza de los creyentes» (De spe Fidelium) en el cual defiende extensamente el milenismo, como refiere San Jerónimo en su comentario a Ezequiel I, XI, c. 36.
«Pues nosotros tampoco ponemos nuestra esperanza en la enjoyada y áurea Jerusalén celeste, conforme a los cuentos judaicos, que llaman deuteroseis… La cual Jerusalén prometen muchos de los nuestros, y principalmente Tertuliano en su Spe Fidelium y las Instituciones de Lactancio en su volumen séptimo… »
(M. L., XXV, 539). Y que este libro milenista «Spe Fidelium» fue hecho antes que el Contra Marción consta por el mismo Tertuliano que dice en el L. III, c. 24 desta obra:
«Acerca de la restauración de la Judea, la cual los judíos mismos esperan como ha sido predicha… sería largo explanar aquí y está hecho en otro libro nuestro De Spe Fidelium» (M. L. II, 355).»

(…)

«El abierto milenismo de Tertuliano puede verse en estos párrafos del libro cuarto de «Contra Marción» (capítulo 24):

«Pues confesamos también un Reino en la Tierra a nosotros prometido; pero antes del cielo, en otro estado; a saber, después de la resurrección durante Mil años, en la ciudad Jerusalén Deofacta, que el Apóstol llama madre nuestra de arriba, y politeuma nuestro; es decir, pronunciando que nuestra ciudadanía es el cielo y aplicándola a una cierta ciudad celeste. También la conoció Ezequiel y la vio el Apóstol Juan, y la testifica el verbo de la nueva profecía que nuestra fe acepta (el Apocalipsis) que incluso la pinta futura en figura de una ciudad revelada a su vista.

«Lo cual confirma la expedición que vino del Oriente. Nos consta incluso por testigos paganos que en Judea fue vista durante cuarenta días todas las mañanitas una ciudad suspendida del cielo, todos cuyos muros y casas desaparecían al crecer el día y por otra parte de cerca tampoco se veían.
(Una «brillazón», o espejismo sin duda.)

«Esta ciudad decimos recibirá a los santos resurrectos y los refocilará con abundancia de todos
los bienes, espiritualizados por cierto, que durante este siglo o despreciamos o por Dios perdimos; abundancia por Dios mismo dispensada. Pues es sin duda justo y digno de Dios que allí exulten sus siervos donde fueron afligidos por el nombre suyo.

«Esta es la razón del reino terrestre, después de cuyos Mil Años, que comprenden el tiempo de la resurrección de los Santos —que más temprano o tarde según sus méritos irán resurgiendo— entonces seremos transferidos al reino celeste, destruido el mundo, y por el incendio del Juicio convertidos nosotros en un abreycierraojo en angélica sustancia; quiero decir por el superindumento de la incorruptiblez…

«¿Qué piensas desto, en la primera promesa de Abrahán fue predicho a su semilla que se multiplicaría no sólo como las arenas del mar sino también como las estrellas del cielo; no es señal a la vez del cumplimiento terreno y el cumplimiento celeste? Y cuando Jakob bendiciendo a su hijo predilecto le dice: «Dete Dios del roció del cielo y lo gordo de la tierra» ¿no es un ejemplo de la doble beneficencia? Finalmente hay que fijarse también en la forma de aquella bendición; pues en Jakob, que es figura de la segunda y más aventajada progenie es decir, de nosotros cristianos, la promesa primera es del rocío del cielo y después viene la de la grosura de la tierra: pues nosotros primero a lo celestial somos invitados, al arrancarnos del mundo; y así mas tarde conseguiremos también lo terrestre. Y el mismo Evangelio vuestro
(a saber el Evangelio de Lucas falseado por el hereje Marción) tiene esto: «Buscad primero el Reino de Dios y todo esto se os añadirá» (Lucas XII, 31).
Por lo demás a Esaú le promete al contrario la bendición terrestre y añade la celeste: «En la ubertad de la tierra —le dice—
será tu morada, y en el rocío del cielo
» (Génesis
XXVII, 39).
En donde se ve el destino de los judíos en Esaú, el primer génito y el segundo amado de los dos hijos; que al final también será deducido por medio del Evangelio al Reino de los Cielos…« (1)

1)
He tratado de dar un poco, en lo posible, el sabor de la prosa de Tertuliano; y así también en los otros estilos tan diversos, Hilario, Jerónimo…
(Castellani).

Capítulo Tercero (El Milenismo en el Siglo III), apartado II (Sentencias de Cayo y San Hipólito), sección B (San Hipólito) páginas 174-175:

«Vacant en su Diccionario cuenta a San Hipólito entre los milanistas; y el mismo San Hipólito se proclama discípulo de San Ireneo; de donde puede concluirse que adhiere a la doctrina de su maestro. De hecho vemos que en el texto transcripto atribuye a los justos un reino glorioso manifiestamente terrestre; al cual alude también en otros lugares, como en su tratado sobre «El Cristo y el Anticristo», donde exponiendo la famosa estatua de Daniel dice:
«Pronto después vino del cielo un guijarro que hirió el simulacro y lo deshizo y traspasó los Reinos y dio el reinado a los Santos; el cual reinado se hizo un monte tamaño que cubrió la Tierra toda»
(capítulo 26). «La piedra que hiere y desmorona el simulacro, que llenó después el mundo e introdujo el Juicio, es Cristo (capítulo 28)».
Por ende Cristo en su Segundo Adviento llenará toda la Tierra por medio de su Reino, al cual Hipólito aplica las palabras de Daniel
(VII, 14): «Y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron».»

Capítulo Tercero (El Milenismo en el Siglo III), apartado III (Nepote) página 183:

«De la narración de Eusebio Historiógrafo aparece que el siglo tercero en Egipto existían Nepote milenista y Dionisio antimilenista; que el milenismo se había extendido ya antes; y con ocasión del libro de Nepote, Iglesias enteras lo acogieron. Contra esta doctrina San Dionisio convocó una disputa pública en donde según él «se llegó a la reconciliación y consenso de todos». Algún resultado sin duda tuvo la asamblea del Alejandrino, pero pensar que esta opinión tan arraigada en Egipto de golpe desapareció a resultas della es improcedente; como posteriores noticias confirman

Capítulo Tercero (El Milenismo en el Siglo III), apartado IV (Orígenes, San Dionisio y San Victorino), sección C (Victorino), página 196:

«También en un minúsculo fragmento realmente auténtico que de Victorino tenemos, se insinúa el milenismo. Sabemos ya y hemos expuesto que los Padres milenistas con frecuencia afirman la duración del mundo, o ciclo adámico, ser de siete mil años, conforme a los días de la Creación; de los cuales seis milenios son de trabajo; el séptimo o sea el sábado, de reposo en el Reino de los Santos. Ahora bien, tratando San Victorino de la Creación y llegado al sexto día, dice:
«Este día se llama Parasceve, o sea preparación del Reino… »
Y poco después:
«Y por lo mismo que el Señor a estos días les asignó sendos milenios, por eso nos previno en los Salmos: (89) «Así como mil años son a tus ojos lo que el día de ayer, una vez que ha pasado, y lo que una vigilia de la noche».» (versículo 4).

Capítulo Tercero (El Milenismo en el Siglo III), apartado V (Milenismo de San Metodio y de Commodiano), sección A (San Metodio), página 202:

«¿Trata del milenismo en sus libros San Metodio? Ciertamente; y lo abraza; pues en su libro De Convivio Decem Virginum, escrito en forma de diálogo una de las diez vírgenes dice, en un latín sumamente elaborado y preciosista:

«Por lo cual a todos los demás, a los que ansían la lucha y son de grande ánimo, lo primero que
tienen que hacer es cultivar la castidad como cosa grande y gloriosa, es lo que yo les aseguro. Pues en aquel nuevo mundo no finible el que con los lauros de la castimonia no se hallare ornado, ni conseguirá el descanso, como quien llenó la ley y Mandato del Señor, ni entrará en la tierra prometida, porque no pasó por la fiesta de los Tabernáculos. Pues solamente entrarán allí aquellos que celebrado hubieren la Scenopegia, y saliendo de las llamadas Tiendas contendieren por la tierra prometida, saliendo dellas para entrar en el Templo y Ciudad de Dios, progresando a mayor y más esclarecido gozo, como indican figuradamente las cosas que en los judíos fueron primeramente hechas…

«Pues a igualdad de los Hebreos, que salidos de Egipto, y tomado primero el camino que los llevó a las Tiendas (Soccoth llamadas en hebreo) y partiéndose de allí, llegaron a la Tierra de Promisión, así también nosotros. Pues yo misma que soy caminante, saliendo del Egipto de este mundo, llego primero a la Resurrección, que es la verdadera Scenopegia, y allí habiendo sido colmada mi tienda hermosamente de los frutos de la virtud, el primer día de la resurrección, que es el día del juicio, celebro junto con Cristo el descanso de los Mil Años, que es nombrado el séptimo día y es el verdadero Sábado. Y de allí al final con Jesús por Compañero «el cual penetró los cielos» (Hebr. IV, 14) —como los judíos después de la Scenopegia en la Tierra de la Promesa— llego a los cielos, no permaneciendo en la Tienda; es decir, no en este cuerpo de ahora, sino transfigurado él por los Mil Años de humanal corruptible materia en sustancia y hermosura angélica: de donde nosotras vírgenes, del lugar de la tienda admirable, consumada la fiesta de la resurrección, a mayor y mejor pasaremos, a la misma casa de Dios superceleste ascendiendo en
el grito del júbilo y el reconocimiento, en el son del que hace festividad, como el Psalmista dijo (Ps. XLI, 5) […entre cantares de júbilo y alabanza, en festivo cortejo]… Convivium, Orat., IX, c. 5).

«En estas palabras evidentemente el milenismo está presente. Contienen lo siguiente: 1) El día del Juicio es el Reino Milenario, quizás según aquello de San Pedro (II Petr. III, 10): «para el Señor un día es como mil años»; día que es llamado también «el sábado» por San Metodio. 2) Este Reino es el descanso y es celebrado con Cristo. 3) Cumplido el Milenio «a la casa de Dios superceleste… a mayores y mejores pasaremos». 4) La resurrección de los justos es el comienzo del día milenario, durante el cual los hombres habitan en «la Tienda», es decir en su cuerpo «hermosamente colmado de los frutos de la virtud», pero que todavía no ha logrado toda la gloria sobrenatural y perfección de que es capaz; mas «después del espacio del Milenio» será transfigurado «de humanal corruptible materia en sustancia y hermosura angélica».«

Capítulo Tercero (El Milenismo en el Siglo III), apartado V (Milenismo de San Metodio y de Commodiano), sección B (Commodiano), página 210:

«El milenismo de Commodiano contiene lo siguiente: resurrección de los justos, Reino de los Mil Años en la Ciudad Santa, atadura de Satanás, abundancia y benignidad terráquea, existencia de incrédulos y viadores, conflagración del mundo al final y compleción del Juicio Final. Los justos que no matará el Anticristo permanecerán en la Tierra y engendrarán hijos.

«Es completo. ¿Carnal o espiritual? Commodiano no asigna alimentos ni bodas a los justos resucitados, y por este capítulo es espiritual. Pero por otra parte, parece concebir demasiado materialmente la Ciudad Apocalíptica; aunque su descripción es parca, y la abundancia de la tierra discretamente apuntada. Espiritual del todo no parece este milenismo; aunque más cerca deso que de lo craso

Capítulo Cuarto (El Milenismo en el Siglo IV), apartado I (Lactancio), página 217:

«Extinguido así el contagio y comprimida la impiedad, descansará el universo; que por tantos siglos soportó servidumbre a manos del error y el crimen. No se venerarán más ídolos hechos a mano, y de sus aras y altares serán llevados al fuego los deformes simulacros y arderán con sus dones maravillosos y todo (Instituciones VII, 109).»

Capítulo Cuarto (El Milenismo en el Siglo IV), apartado I (Lactancio), páginas 224-225:

«Mas en cuanto a los tiempos coincide Lactancio con los demás Padres milenistas donde dice:
«Tal vez alguien pregunte ahora cuándo serán estas cosas hechas. Serán hechas, como arriba dije, cuando se cumplan seis mil años del ciclo adámico».

(…)

«Igualmente, de la Ciudad Santa que será el centro desa nueva progenie, solamente dice:
«Cumplido el Juicio, se constituirá en medio de la Tierra la Sagrada Urbe, en la cual Dios su fundador con los justos vencedores tenga morada; ciudad que la Sibila designó cuando dijo:

«Más fúlgida que el sol, luna y estrellas…

la Urbe que hizo Dios. Así la hizo».»

«Todo lo cual, como se ve, es sobrio bastantemente. De donde, aunque aquella felicidad de los justos describa Lactancio con expresiones concretas y «edénicas», por así decirlo, no obsta a que se pueda llamar a Lactancio decididamente milenista espiritual

«¿Hay en Lactancio indicios que muestran la mente de la Iglesia en ese tiempo? Hay algunos pocos.

«En el capítulo VII, 25, tratando desto dice:
«Estas son las cosas que predicen futuras los Profetas; cuyas palabras y testimonios no quise copiar ni estimé necesario; pues serian infinitas, ni tanta balumba de cosas cabría en mi libro: tantas cosas semejantes dichas con un mismo espíritu

«Esto muestra que el escritor no da el milenismo como opinión suya propia sino como doctrina abiertamente contenida en la Escritura.

«Más allá, al final deste tema, que es el último del libro, dice:
«Esta es la doctrina de los Santos Profetas que nosotros cristianos recibimos y seguimos. Esta es nuestra sabiduría… »

«Tales expresiones descubren que Lactancio predica, lo mismo el Milenismo que los otros artículos que allí explana, como doctrina de los Profetas, que los cristianos comúnmente profesaban. De donde es lícito concluir que en ese tiempo, en la Iglesia africana por lo menos, era el Milenismo doctrina común

Capítulo Cuarto (El Milenismo en el Siglo IV), apartado II (Milenismo de Q. J. Hilariano y de San Zenón), sección A (Quinto Julio Hilariano), páginas 228-230:

«En su obra «La duración del mundo» Hilariano profesa abiertamente el milenismo.

«Desde la pasión de Cristo (dice) es necesario que se complete la suma de los seis mil años. Y comenzando el año sietemilésimo, los creyentes con fe vera serán liberados del mundo; pues entonces se hará la resurrección primera de los santos»
(Chronol. XVI). «Los cuales seis mil años no se acabarán antes que diez reyes se levanten en el mundo y a la hija de Babilonia que ahora rige, la saquen de en medio. Después de los cuales saldrá de golpe un poderoso sobre ellos, que es el llamado Dragón en el Apocalipsis, y vencerá a los diez reyes; de los cuales algunos deshará, otros someterá a su mandato: «Porque primero debe venir la apostasía y hacerse manifiesto el hombre de iniquidad, el hijo de perdición; el adversario, el que se ensalza sobre todo lo que se llama Dios o sagrado, hasta sentarse él mismo en el templo de Dios, ostentándose como si fuera Dios».
(II Thes. II, 3-4).»

«Este será propiamente el Anticristo. A este, aquel potentísimo Dragón que derrotó a los diez reyes cederá su poder y potestad, y se asombrará el universo. Y serán los tiempos deste Anticristo (que tiempos mortales serán por cierto) como los de Antíoco, cuando durante su reino conaba por derribar en apostasía a un pueblo; el cual, porque no era el tiempo, no perpetró cosas como las que tentará perpetrar el Anticristo. Cuando este viniere, vendrá para la destrucción de los fieles; del cual el tiempo será grave y abominable; y al cual Jesucristo solo derribará con un soplo de su boca y lo aniquilará con la presencia de su Retorno (Chronol. XVII).

«Superado pues y muerto el Anticristo, y llenada la suma de seis mil años, se hará la resurrección de todos los santos, sobreviviendo el mundo; y transcurrirán todavía mil años, en los cuales «el dragón, la serpiente antigua» (Apocalipsis XX, 3) que es el diablo y Satanás, será secuestrado con cadenas en el abismo para que no seduzca a nadie hasta que se consumen tres años; los cuales tres años se añadirán a los que quedan bajo el signo del Anticristo (?) Y todos contraerán matrimonios y morirán; y sobre ellas (?) caerán esas plagas descriptas en el Apocalipsis y en partes después es cortado este mundo… (2)

2)
Desde el comienzo del capítulo hasta aquí el sentido es muy oscuro; probablemente perecieron algunas palabras o fueron mudadas del texto.

«Porque uno será el día de la resurrección de los Santos; y tanto será en luz prolongado este día de los Santos, cuanto el otro de los impíos vivientes en el mundo con trabajo, es decir mil años.

«Este es el día séptimo y el Sábado eterno y vero, del cual no es sino imagen y figura el Sábado temporal terreno que escribió Moisés en su Ley. Pues como fue dicho a los hebreos: «Seis días trabajarás, y al séptimo dejarás de trabajar» (Éxodo XXIII, 12) así a todos los santos desde el principio del mundo acá y los de ahora creyentes en Cristo; concluidos los Seis Días (o sea los seis millares de años) en que tuvieron trabajo y tormento, les vendrá el día séptimo, el Sábado vero (Ibíd. XVIII).»

Capítulo Cuarto (El Milenismo en el Siglo IV), apartado II (Milenismo de Q. J. Hilariano y de San Zenón), apartado B (San Zenón), páginas 233-236:

«Parece haber sostenido el milenismo. Interpretando por ejemplo el texto de San Pablo: «… después el fin, cuando Él entregue el reino al Dios y Padre»
(I Corintios XV, 24) del cual abusaban los arrianos para hacer el Hijo menor que el Padre, dice:

«¿Por qué aquí tropiezas, oh cristiano? Si sientes menos del Hijo porque entrega el Reino al Padre, peor le va al Padre si algún tiempo está sin reino. Añade que oramos cada día «venga tu Reino» (Mateo VI, 10)
de donde esperamos todavía el reino del Padre como el del Hijo. Falla pues la conducción del mundo y su ser, si un solo momento cesara de la Divinidad el imperio». En estas últimas palabras se afirma evidentemente que NUNCA cesa el imperio de la Divinidad; por donde cuando San Pablo afirma Cristo ha de entregar su Reino al Padre, no se refiere al imperio eterno de la divinidad, pues ese nunca dejó el Padre de tenerlo.»

«Pero si (continúa el Santo) la razón misma proclama que nunca puede cesar el imperio divino, esta diferencia del reino está destinada por el Creador de todo a aquel Hombre que asumió la Deidad y a todos sus santos, no a Dios, no al Sempiterno Rector».

(…)

«Destas no tan acuradas palabras como la fama de elegante de Zenón darían a esperar, se ve empero que, según el Veronense, Cristo o el Dioshombre ha de tener un reino temporal con sus Santos en este mundo, después de su segunda venida, y antes de que el mundo sea destruido por la postrimer catástrofe; el cual reino es diverso del reino eterno que Pablo apellida «de Dios y el Cristo», no menos que del reino de que Cristo habló cuando dijo que: «no era deste mundo».»

(…)

«Por ende, según la sentencia de San Zenón, los Santos con ingente triunfo alcanzarán el Reino después de la resurrección debajo del Rey Eterno.

«Mas este Reino no puede ser el cielo, que ya han alcanzado, y que en la lengua del veronés más bien Reino del Padre que no del Hijo debe llamarse.

«Además, tanto de sus palabra como del modo de traer los textos de la Escritura, se ve que admite dos resurrecciones; lo cual es, entre los milenistas, solemne.

«De modo que, más que probable, San Zenón profesó el milenismo, en el cual ni sombra de crasitud o carnalidad percibimos.»

Capítulo Cuarto (El Milenismo en el Siglo IV), apartado IV (San Epifanio y San Ambrosio – El Ambrosiastro y San Severo), sección D (El Ambrosiastro), página 254:

«¿Qué piensa el Ambrosiastro del milenismo? Sus palabras lo dicen. Explicando el capítulo XV de la Primera a los Corintios, versículo 54, expresa:
«En la trompeta postrimera… por esto postrimera, porque la postrer guerra se lleva contra los demonios y los príncipes y las potestades y el mismo Satán. Y esto será después de los mil años en que reinará nuestro Salvador, eliminado ya el Anticristo; cuando Satán será soltado del calabozo para seducir las gentes de Gog-Magog, que son demonios, a que guerreen contra el campo de los Santos; porque hombres terrenos no podrían hacerlo contra hombres eternos… ».»

***

Hasta aquí queda en claro la casi unanimidad de la creencia en el Reino Milenario por parte de los Padres Apostólicos hasta el Siglo IV.

En la siguiente entrega continuaremos con los Padres de la Iglesia y el Milenarismo, adentrándonos en el siglo V, con San Jerónimo, San Agustín y otros que trata el Padre Alcañiz.

Hasta la próxima.

Luis Ricardo Manzano

Director Ejecutivo

Radio Cristiandad