OSKO: CIENCIA FRICCIÓN

El nuevo Atanasio de los conservadores

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CIENCIA FRICCIÓN

(Masoterapia para ingenuos)

Según pasan los años se nos vienen encima los achaques, con forma de algunos dolorcitos; más regulares visitas al médico, y un progresivo aumento de cajitas y frasquitos de medicamentos en nuestros botiquines.

Ciertas afecciones se convierten en cotidiana compañía, y solemos recurrir entonces, en un afán respetable por mejorar nuestra calidad de vida lo más que se pueda, a ejercicios, caminatas, ciertas dietas, visitas al gimnasio o al sauna, e incluso nos ponemos en manos (nunca mejor aplicado que aquí) de un buen masajista para que nos ayude con los dolores lumbares, dorsales, cervicales, plantares…, y muchas veces mentales también.

Pues bien; así como muchos suelen decir que la revolución conciliar ha entrado en la senectud, también decimos nosotros que aquello que se le opone desde hace más de cincuenta años, se encuentra bien entrado también en la edad provecta.

Es claro que se trata de una apreciación muy personal, que seguramente no muchos compartirán.

Pero es que, observando a algunos conservadores, tradis y neocon, nos da toda la sensación de estar frente a personas afectadas por un enorme cansancio (producto de la edad), falta de reflejos (producto de la edad) y ciertos dolores… (también productos de la edad y de no haberse sumergido en la «fuente de la juventud» desde un primer momento, cuando se desató la crisis, o mejor…, cuando los «padres conciliares» abrieron la famosa CAJA DE PANDORA de las reformas conciliares y pretendieron adecuarse al mundo o, como decían entonces, AGIORNAR A LA IGLESIA).

Si me preguntan cuál es aquella fuente de la juventud, diré que se trata de la sencillez y simplicidad para recibir las verdades de Fe, apoyándose en el Magisterio Solemne, en la Tradición y, por cierto que también, en las Sagradas Escrituras, en especial las Profecías, dejándoles a otros los entuertos canónicos, las interpretaciones jurisdicistas, y todos esos devaneos teológicos que terminaron derivando en las únicas dos opciones que son aceptadas como posibles (que ya eran previsibles en los años `60) dentro del marco de posibilidades que propone la Iglesia del Concilio del llamado «Papa Bueno».

Esas dos OFICIALES y ADMITIDAS posiciones llamadas «serias», son «hermenéutica de la ruptura» y «hermenéutica de la continuidad».

Ninguna de ellas es católica.

Porque en la dialéctica entre esas dos posiciones se debate la inmensa mayoría de los católicos a los que, poco o mucho, les preocupan estas cuestiones, y que en realidad son una muy pequeña minoría de personas en el mundo, mientras que a los demás, a la inmensa mayoría, estas cuestiones les importan bien poco o nada.

Salirse de ese juego dialéctico significa sumarse a la «Inhóspita Trinchera». Y eso no es pa` cualquiera. No se trata de ser ni mejor, ni más valiente, ni más inteligente, ni nada de eso.

Nos parece que más bien se trata de haberlo perdido todo; o, al menos, saber que eso, si no ha ocurrido, seguramente va a ocurrir.

En general, los tradicionalistas han llegado a ser en muchos casos muy parecidos a los jansenistas.

Seguramente se me criticará duramente por decir esto; y también por decir estotro: No sólo jansenistas, sino hipócritas, lamentablemente.

Porque nos parece hipócrita la escandalosa reacción promovida por ese asunto de los divorciados y de los sodomitas tal y como lo propone la Iglesia Conciliar y Oficial (ICyO) en su «sínodo», en comparación con la casi ninguna reacción respecto de otros asuntos anteriores, cronológicamente hablando, y que son causa eficiente de aquellos otros.

Un ejemplo: cuando en 1986 Wojtyla presidía el Encuentro Ecuménico Interreligioso de Asís, nos hubiera gustado ver a prelados conservadores reaccionando católicamente diciendo que lo que estaba haciendo el apóstata WOJTYLA era una aberración y una herejía… Pero nada dijeron.

De hecho, nada dicen ahora mismo. Tampoco dijeron, ni dirán jamás, nada contra el «sacrosanto» e intocable CVII.

Es por esa razón que no nos parece que haya ningún signo, ninguna señal, absolutamente NADA que pudiera alimentar la esperanza en restauraciones en términos verdaderamente católicos.

Esas esperanzas son comprensibles y razonables para todo aquel que ha llegado a ser lo que decíamos al principio, un católico tradicionalista, conservador, que insensiblemente ha ido decayendo en cierta hipócrita o jansenista manera de entender el catolicismo.

También para aquél que es un recién llegado a estas «tierras», porque algo le dijo que debía rajarse de Bergogliolandia, para evitar compartir la fila con vaya uno a saber qué extraños especímenes «transgénero» (así los llaman), de camino al reparto de la consumición gratuita dominguera que se dispensa en cada parroquia conciliar.

Todo este escandalizarse por cosas que ya hace rato que la ICyO pone en práctica en todo el orbe, mientras todos miran para otro lado, nos parece una actitud bastante farisaica.

Todo el mundo conservador o tradi saltó escandalizado por estos asuntos que involucran al SEXTO y NOVENO mandamientos.

Pero no se ha visto tanta efusividad cuando los que han sido conculcados son el PRIMERO, el SEGUNDO y el TERCERO de esos Mandamientos de la Ley de Dios, de modo sistemático, en medio de un proceso disolvente puesto en marcha hace ya 50 años (en realidad mucho antes) y cuya primerísima víctima fue la LEX CREDENDI, con el intento masónico AVALADO por MONTINI, de lograr la destrucción y desaparición de la Misa Católica.

Podríamos denominar esa forma de ver las cosas, que ahora estamos criticando, como un «fariseísmo moralista»… o «moralismo farisaico». Es lo mismo.

El de ellos es un escándalo que sólo se alimenta de zonas «húmedas» y cuestiones lúbricas…, y su reacción es propiamente la de fariseos, o protestantes y/o puritanos.

El P. Castellani decía que la flor del fariseísmo crece únicamente en derredor del vero altar…

De modo que ahórrense críticas, puesto que lo que estamos diciendo es que los verdaderos tradicionalistas tienen ese verdadero altar católico.

Solamente apuntamos a que tenemos esa enfermedad que tanto detestaba el Señor; no es poco… Claro es que habrá que purificarse de eso.

Purificarse de eso, significa huir de la Iglesia Conciliar y Oficial. Admitir que nada hay de católico en esa iglesia apóstata y enemiga de la Verdad; por lo cual nada se pueda esperar.

Purificarse de eso también significa dejar el Libre Examen Protestante, que hace que cada obispo de la Tradición, cada cura y cada fiel se ponga a discernir cada día si el supuesto Papa dijo o no dijo esta mañana algo que va en contra de la Tradición, de las Sagradas Escrituras y del Catecismo. O sea, terminar con eso de pretender que la medida de la fe es cada cual por sí mismo.

Bergoglio casi no deja pasar un solo día sin burlarse de las tres fuentes de la Doctrina Católica que hemos mencionado; de modo que muy bien podrían ahorrarse el trabajo descartando de plano el infecto argento (Infecto de modernismo, que es una herejía; la peor de todas…).

Pero sigamos, y volvamos sobre el asunto de este artículo: la senectud de los sectores mencionados, que, como si se tratase de ancianos frente al umbral de la muerte, se esperanzan en alargar sus vidas «ad multos annos».

Me explico.

La inmensa mayoría de los involucrados en esas posiciones, se ha acostumbrado a esperar, más tarde o más temprano, una RECONQUISTA y posterior RESTAURACIÓN.

El paradigma en que creen es ése; y por lo tanto siguen mirando hacia Roma con la esperanza puesta, de modo casi obsesivo, en que se sucedan algunos eventos, dentro de la Secta del Vaticano II, que permitan revertir la situación.

Realmente, parecería una esperanza digna de elogio. Pero más que de elogio es digna de asombro.

Elogiosa en su persistencia, digna de mejor causa; pero asombrosa por lo que nos toca ver cada día.

El asunto es que los dolores que padece el senil sector conservador parecen disminuir con algunas sesiones de poderosas fricciones musculares que, de vez en cuando, le son proporcionadas por «masajistas» destacados, que aparecen con cierta frecuencia en los medios y que los tradis y conservadores interpretan como un «guiño» y una promesa.

Para abreviar. Esos masajistas son hoy los Müller, los Gadenski, los Schneider, los Pell, los Burke, etc. etc. Hay unos cuantos más, con menor predicamento y difusión, que aportan de vez en cuando unas caricias, unas palmaditas, pero que no llegan a ser masajes profundos.

Los masajes vienen en forma de declaraciones en contra de la manipulación que los ultra progresistas hicieron del último sínodo. Los declarantes, entre los que se encuentran los mencionados, se manifiestan en contra de los ultra-progresistas, pero no mencionan claramente los nombres de los prevaricadores, y de modo que todo el mundo sepa quiénes son.

Kasper ha quedado expuesto más que nadie, es verdad. Pero, aunque algunos se animan a sentenciar (dicen que «off the record») que el gran culpable del «lio» viste de blanco, ninguno de los prelados conservadores que nos ocupan ha dicho claramente que Bergoglio está detrás de Kasper, y que desde el primer día de su «pontificado» ha promovido todo aquello de lo cual se quejan.

El elenco de «masoterapeutas», que hace las delicias de los conservadores, tradis y neocons, tiene sus estrellas en el universo de prelados conciliares. Quien descuella con brillo propio es, sin dudas, Raymond Burke. Pero ahora ha aparecido otro más, que es Athanasius Schneider…, un interesante exponente, cuyas fuertes palabras han gozado de bastante difusión en los últimos días.

Se propone a Schneider como un moderno ATANASIO; tarea que se ve facilitada por ser homónimo del santo Patriarca de Alejandría, aunque en realidad Schneider nació en 1961 y fue bautizado con el nombre de ANTON, adoptando posteriormente el que hoy ostenta.

Es especialmente interesante la lectura del artículo de IN EXSPECTATIONE en relación con el «obispo» conciliar de origen polaco Athanasius Schneider, ya que, entre sus dichos, el mencionado prelado se refiere a Montini de esta manera: «Es el testimonio lo que convencerá al mundo, no los maestros, como dijo el Beato Pablo VI en Evangelii nuntiandi.»

¿Beato Pablo VI?

Se puede alegar que los prelados conservadores que reaccionaron por estos días contra la evidente manipulación llevada a cabo por el ala ultra-progresista procura minimizar los daños, o evitar un cisma, lo cual no parece haber sido nunca algo que preocupase demasiado o integrase una hipotética «agenda» del ATANASIO que combatió al arrianismo.

Se puede alegar que estos conservadores dijeron ¡basta! al llegar al punto donde llegó el sínodo, pero eso precisamente abona más aún nuestra forma de ver las cosas. La reacción parece llega TARDE, ignora las CAUSAS y pretendería solamente acometer contra las CONSECUENCIAS.

CAUSAS: La prevaricación de toda la Jerarquía en relación con los tres primeros Mandamientos de la Ley de Dios.

CONSECUENCIAS: La plasmación de una «pastoral» que atañe y pretende modificar la concepción católica sobre el 6to y el 9no mandamientos.

Por consecuencia, nos parece que estos intentos (otorgándoles benévolamente un margen razonable de honestidad, a regañadientes) tendrán el mismo efecto que una cataplasma para el enfermo de cáncer terminal.

Similar a aquello de las fricciones; disipa los dolores, pero solamente por un poco de tiempo.

La realidad es que se trata de episodios aislados provenientes de unos «masajistas» que calman, pero NO CURAN.

Estos «masajistas» no curan.

Y no curan porque no pueden; y no pueden porque NO SABEN.

¿Por qué no saben? Porque no son MÉDICOS.

Estos «masoterapeutas» solamente atacan los síntomas.

El dolor es un síntoma, y el masoterapeuta lo trata con sus fricciones. ¿Ayuda…? Claro que ayuda, pero no modifica la cuestión de fondo.

Es decir, ALIVIA…; pero, en realidad, termina siendo un engaño, si no se advierte al paciente de aquello por lo cual padece esos dolores.

Muchos dolores provienen de una cuestión POSTURAL, es decir, por haber adoptado, a veces por mucho tiempo, el hábito de una MALA POSICIÓN.

Y allí está el problema.

El masoterapeuta debería indicarle al paciente la modificación de los malos hábitos posturales; pero, si no lo hace…, tendrá cliente por mucho tiempo, porque el dolor volverá una y otra y otra vez.

En términos de lo que estamos hablando, el mal hábito postural o MALA POSICIÓN no es otra cosa que las doctrinas modernistas emanadas del Concilio Vaticano II.

Claro… Los «masoterapeutas» conciliares, jamás dirán eso.

Nunca admitirán que los dolores que atormentan a los tradis y conservadores son producto de ese mal hábito de creer que el Conciliábulo Vaticano II fue un Concilio Católico.

Para que haya una verdadera cura sería necesario que los prelados masajistas que alimentan las falsas esperanzas de los conservadores y de muchos tradicionales, dijesen claramente estas cosas y que, además, reconociesen que los llamados «Papas Conciliares» han sido y son culpables de la desquiciada situación actual; de la catástrofe de una jerarquía de la cual ellos son parte.

Deberían ser capaces de cuestionar seriamente al Concilio Vaticano II completo; deberían ser capaces de comprender que los conciliares Roncalli, Montini y Wojtyla son tan santos o beatos como Calígula o Enrique VIII (Esto no hay que decirlo en voz alta…, porque Decimejorge los canoniza al instante…; si hasta Calígula y el otro tienen «milagros conciliares»…)

Deberían expresarse con toda claridad respecto de la falsedad del ECUMENISMO conciliar.

Deberían atreverse a condenar, por lo menos y básicamente, dos documentos conciliares: NOSTRA AETATE y LUMEN GENTIUM, para comenzar obviamente, porque la lista de cuestiones es bastante larga y todo no puede hacerse al mismo tiempo.

Eso podría ser el comienzo de una lucha real contra los malos hábitos conciliares, que también existen en el ámbito de la Tradición.

Los malos hábitos desarrollados durante ya demasiado tiempo en la Tradición, incluyen el continuar mirando al actual disfrazado de blanco como si se tratase del Vicario de Cristo.

El mal hábito es creer todavía que la ICyO, sigue siendo la Iglesia Católica y esperar que ocurran dentro de esa ICyO eventos fabulosos que restauren todas las cosas.

Por nuestra parte, como creemos que no se verá a los «prelados conservadores» plantarle batalla al Concilio Vaticano II ni al espíritu de ese concilio y que, por el contrario, continuaremos viéndolos y escuchándolos incensar las «venerables memorias» de los «pontífices» conciliares elevados a los altares y defendiendo la «hermenéutica de la continuidad» ratzingeriana, pensamos que la de los conservadores es tan solo una vana esperanza.