CARTA DE LECTORES: TARSICIO CABRAL: LOS DOS SAPOS MODERNISTAS

Queridos amigos de Cristiandad

    A veces, no puedo soportar esta barbarie satánica religiosa que se ha cernido desde hace más de 50 años en la Iglesia Católica. Me cuesta ponerle palabras a tamaña apostasía e injusticia. Me ayuda leer cuentos de campo y buscarle una moraleja en relación con la vida y con la Iglesia. Uno que leí en estos días me inspiró para escribir este relato. Quisiera compartirles algunos pensamientos que van dentro de esta historia por si aporta algo a su prestigiosa radio, y sino de antemano, les pido disculpas por haberles hecho perder el tiempo leyendo esto. Al relato que narraré le he llamado:

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LOS DOS SAPOS MODERNISTAS

    Se cuenta que en los pagos bonaerenses, cerca la Casa Vieja, antes San José de Flores, hizo cambio de flete Juan Manuel de Rozas cuando escapaba de los Unitarios decía el moreno Don Palomeque. Estaban, como de costumbre sentados junto al fogón, unos reseros, quienes habían terminado el arreo diario de novillos. El silencio, cortado por el ladrido de algún perro, el chasquido de las brasas, es sabido que llaman a la reflexión y más si el día fue difícil y se anda desanimado. El frio de mayo esa noche se hacia sentir. Unos churrascos y galletas de Dolores era el premio de la ardua jornada. Como queriendo decir algo, levanta la mano Don Celestino Godoy, pero el terrible recuerdo lo amilana, le desdibuja el rostro picado de viruela.

-Hable nomás Don Celestino que no es bueno quedarse con la pena adentro-Dijo Don Crisólogo Arriaga.

-Me persigue un doloroso recuerdo y…

-Hable nomás paisano que le agrego al mate una caidita de ginebra para que tome envión y largue lo que lo atormenta.

Don Crisólogo queriendo darle tiempo a Don Celestino, agregó la ginebra lentamente, con parsimonia, al mate cimarrón recién ajustado.

Don Celestino respiró profundo, como si faltara el aire en ese lugar, suspiró largamente, sorbió de la bombilla de plata que compró en Montiel y tragó dificultosamente con ruido, que traslucía la angustia que le anudaba la garganta.

-Hace años atrás me enamoré de una paisana de los pagos de Lobos, llamada Carmencita, fue tanta la dicha que tuve, que parecía que tocase el cielo con las manos. Hacíamos planes de los nombres de los vástagos que con la venia de Tata/Dios tendríamos…y el oficio que tendrían…resero, payador o cura de pueblo, si eran varones, y las mujeres costurera, panadera, muy dadas a las tareas del rancho y …

-y siga nomás Don Celestino, no me va ha dejar intrigado que no podré conciliar el sueño., y le acercó con la mano tendida un cigarro encendido en el fogón.

-Volviendo de un importante arreo de novillos desde Lujan, me anotician que mi Carmencita había contraído el tifus. Allí fui a galope, a encontrarme con ella para darle el último adiós y la cruz bendita.

Don Crisólogo ante tamaña confesión improvisó una caidita generosa de ginebra, que en parte se derramó en su propia mano y que sacudió hacia el suelo de tierra medio húmeda, un poco contrariado por la torpeza, pero más por lo que tenía que sentenciar.

– Yo nací en el pueblo de Morón y nos mudamos a Mataderos a los doce años y la gente de entonces, echaba en los pozos de agua un sapo para que limpiara de microbios el agua. Mi padre, siempre, siempre se opuso al gusto de mi madre que era el de echar un sapo al pozo de agua. Ante la terquedad de mi madre, debió darle una lección y fue de este modo: Tomó un sapo y le hizo comprender que lo que conta-minaba era el animal. Apenas el sapo estuvo agarrado, se dio a orinar y mi padre le explicaba: «Ves, esto que cae en el suelo, el sapo lo derramaría en el agua» Le hizo ver la secreción lechosa y verde supurando del lomo y le dijo: «Esta baba verde y lechosa, tiene por fuerza sembrar la peste, en el agua del pozo. Gracias a Dios mi madre lo comprendió y por eso nunca llego el tifus a nuestro rancho.

Don Celestino dando anuencia a las palabras del amigo resero dijo- Su padre tenía razón Don Crisólogo… Yo, por años, me quedé pensando que tal vez se la llevó a la pobre Carmen las aguas sin higiene, por ese sapo que mantenía adentro del pozo.

En el fogón callado y meditabundo estaba Don Guiraldes, payador de Areco, que era de buen cantar e improvisar, por ser de mucho escuchar, según se decía…en poblados vecinos.

Don Crisólogo levantando el seño y mirando fijo, le pidió en tono de ruego, que can-tase una coplitas con moraleja de lo que habían estado hablando.

Don Guiraldes se incorporó pesadamente, tomó el encordado, afinó alguna cuerda de tripa de chancho, un poco rebelde a la clavija…Y dijo mientras peleaba por afinar las bordonas…

A mis cosas me han llamado…

el payador esta listo…

Empensándolo se asemeja a lo que han hecho de las cosas de Dios en estos tiempos…los curas de ahora, no son como los de antes, -lo dijo en tono tristón y confidente-se dedican a guardar sapos y sapos dentro del pozo de agua para envenenar la Fe y la Doctrina cristiana…

Don Celestino intrigado por tamaña confesión agregó: -Yo pensé que era chismorreo falso de las viejas parroquianas, que en sus coplas no faltaban algunos palitos a los curas mercachifles del templo. Vaya sabiendo que algunas cuando hablan de su payar, le largan anatemas, insultos y maldiciones, pero con nosotros siéntase libre de cantar que naides lo va a delatar.

Don Guiraldes acomodando la guitarra en su pierna derecha y en queja dijo: Y como si fuera poco…el obispo de un tal San Gabriel del Río Esmeralda…muy cerca de la cordillera de los Andes, me mandó una misiva con un tal Comisario Galvez.

Espere, espere paisano ¿Dónde queda ese lugar, quien es el obispo? y el comesario!!! Dijo Don Crisólogo a quien del nerviosismo se le volcó el mate en la mano en la que se le había caído la ginebra, y se exasperó carajeando en voz baja y grave.

Respondió Guiraldes apoyándose en la guitarra… El obispo es uno que era de un semillero de Devoto, no muy devotos de la verdadera Fe claro, sino de las urnas con votos y por eso lo mandaron, por ladino, a este lugar a varios kms. del fortín de San Gabriel.

¿Que le escribieron en la misiva Don Guiraldes? Dijo Crisólogo gritando y carraspeando la voz, sobrepasado por la tensión de esa noche.

Sosiéguese resero que con esa angustia va a desparramar en vez de juntar al novillar, Dijo Don Guiraldes. Y prosiguió casi sin respirar: Me dijo en tono muy diplomático y palabras difíciles que me prohibía cantar, porque siempre ando aplastando sapos, y que los habitantes parroquianos están siguiendo el rastro de mi huella.

Don Celestino dijo asombrado: ¡No lo puedo creer! Si no lo veo…no lo creo y sepa disculparme.

Don Guiraldes, estiró su mano derecha y del estuche con tierra pegada de los caminos entresacó un papel grueso, medio rasposo y amarillento con sellos y escudos y se lo pasó a Don Celestino con premura, como golpeándole la mano y dijo secamente: Lea, entérese porque la cabeza no ha sido creada para hacer juego con el cuerpo…

Don Celestino lo miró apocado y casi disculpándose de su incredulidad y parándose de tal forma que el fuego del fogón iluminara ese extraño papel leyó en tono ampuloso:

Don Obispo Tachín …perdón…ehhh…Ah…Don Obispo Tapcín desde San Gabriel del Río Esmeralda a los días…ta-ta-ta-ta-ta-tá…eh…aquí está…Le prohíbo con pena de estaquearlo y también mandarlo al cepo, el que ande cantando por los poblados y pulperías de todos lados. Menos que hable mal de los curas, obispos, y Papas .Su actuar y cantar es imitado por mis parroquianos. Sepa que lo tengo entreojos desde hace varios lustros, y que recuerdo los entredichos, porque siempre me ha contestado por indirectas y le advierto que no me he de prestar a una payada de contrapunto allá en Areco, porque siempre he hablado redondamente y no me sale ni un canto. Y prosiguió Don Celestino, previo sorber ruidosamente el aire del mate…Firma Don Tapcín,y a pié de página dice: Le mando la misiva con el Comisario Galvez que es un buen muchacho…Me le hace caso sino ya sabe, que le va a pasar lo que dice la carta arriba…Sosiéguese porque yo tengo palenque pa rascarme ampliamente en La Roma que queda en las Uropas y usted no. Ja, ja!

-¡Es bravo este Tapcin, ni me quiero imaginar como será el Comesario Galvez! Dijo Don Celestino con susto y algo ruiseño.

Don Crisólogo se levantó para servirle una ginebra doble a Don Guiraldes y dijo altisonante: -Está lleno de esos sotretas en todos lados, menos mal que aquí los reseros somos rezadores y vamos a misa tradicional, pero esa misiva no vale ni para atizar un poco el fuego de este fogón. Esa carta no tiene valor entre criollos bien argentinos, que tenemos las pelotas puestas en su lugar y que nunca nos han visto recular cuando han arremetido los malones y los milicos de Roca. Tómese esta ginebra a su salud y por la Tradición, que viva San Pedro y póngase a cantar que le prometemos escuchar con atención…que aquí entre criollos de buena ley no hay ni entredichos ni entreojos que valga!

Don Guiraldes bebió despaciosamente, casi saboreando la ginebra…como quien saborea el triunfo de las coplas que ya habían dado sus brotes y estaba por desembuchar. Se acomodó nuevamente, levantó la cara como cantándole al mismo cielo que lo vio nacer, empezó a puntear una milonga e hiló sus coplas así:

La Doctrina es pozo de agua

Quita la sed si se toma,

Da Fe, gozo y esperanza,

Promete al que no traiciona.

Naides se le ponga a agregar,

Al agua ningún condimento,

Que en vez de apagar la sed,

Dejen al hombre sediento.

Aquí me pongo y afirmo,

Tan sólo existe una VERDAD,

Marcada por Jesucristo

Segundo de la Trinidad.

Perdóneme que yo insista,

por eso me armo de valor,

está el SAPO PROGRESISTA,

y también el CONSERVADOR.

No hay verdad que se resista,

A tan maligna destrucción,

Es la Iglesia modernista.

Aunque en una y otra versión.

El primero Ecumenista,

Sodomita, macaneador,

De mil novedades cultor,

Es el Sapo Progresista.

Las Misas con espamento,

Más baile y música mejor,

Ni hablar de los mandamientos,

Y menos de la confesión.

Hablan mucho de los pobres,

con doble intencionalidad:

guardarse tuito los cobres,

Y falsear tuita la verdad.

La Iglesia es como una feria,

Hay de todo como en galpón,

Diversidad, periferia,

Olor a marxista masón.

Cambian tuita la estructura,

Aguachentan la doctrina,

La tradición no perdura,

su templo: grande oficina.

Discúlpeme, va sin maldad,

es sobre el cura guardador,

con fachada de santidad,

es el SAPO CONSERVADOR.

Conserva floreros de altar,

brillo del mármol, y lozas,

unas viejas para cantar,

al mismo lugar las cosas.

Aquí es pecado el opinar,

Todo siempre ha de ser igual,

El Papa nunca puede errar,

Aunque sea un hijo del mal.

Si el Papa dice sandeces,

A Ver como disimular,

No diga los alreveces,

Más bién retoque’l cantar.

Ellos no son progresistas,

Pues odian la velocidad,

lo que sí, son retrasistas

pa nunca a la verdad llegar

Con Cara de mucho saber,

No les gusta el jolgorio.

Y trompa de poco cantar,

Esa misa es un velorio.

Sapo Progre y Sapapista,

Al agua no hay de arrojar,

A sangre, capa y espada,

Contra estos urgente luchar.

Ansí les doy mi advertencia

Es algo muy esencial:

Ninguno celebra misa,

Ninguna es la tradicional!

Suplico al Tata- Dios quiera,

que tomados de María,

vayamos pa la frontera,

a la espera del gran día…

Día de la restauración,

Día de LA PARUSÍA!

Terminó cadenciosamente Don Guiraldes el punteo, miró fijo a los presentes y como si fuera una proclama dijo: NO HAY QUE ABANDONAR LA FE CATOLICA DE NUESTROS ANTEPASADOS QUE HAN REGADO CON SU SANGRE, POR SER FIELES, LA FAZ DE LA TIERRA, NO SEAN COBARDES RESEROS,PORQUE EN TODO CAMPO HAY HUELLAS, MUCHAS RODADAS Y OTRAS POR RODAR Y NADIE NOS PODRÁ QUITAR EL AMOR A LA TRINIDAD, A LA ENCARNACIÓN, A LA MISA TRADICIONAL, Y AL ROSARIO REZADO EN HONOR DE LA VIRGEN DE LUJÁN.

JAMÁS SE HAN DE CALLAR EN POBLADO Y PULPERÍA AUNQUE VENGAN DEGOLLANDO EL OBISPO O EL COMISARIO, DENUNCIEN AL SAPO PROGRESISTA QUE ENVENENA CON LA NOVEDAD Y AL SAPO CONSERVADOR QUE LO HACE CON LA ARCHI-INFALIBILIDAD PAPAL. NO SE AMILANEN, NO TEMBLEQUEE EL PULSO Y MENOS SE QUEDEN EN SEMBLANTEOS PRUDENCIALES QUE NO LLEVAN A NADA.

LOS ACOMPAÑE SIEMPRE, SIEMPRE LA CRUZ BENDITA ESTAMPADA EN EL CIELO PAMPEANO…LA CRUZ DEL SUR…

Aplaudieron de pie los reseros con vivas y vivas a San Pedro, a la Virgen bendita y a Cristo…al mirar el suelo para sentarse sobre los cueros…sofrenar el mate que trasta-billaba por un roce del tobillo de Crisólogo, que amenazaba con desparramar el elixir de su contenido y volcar la ginebra…un perro pegó un aullido agudo que heló la sangre de los dos reseros…y…

En un abrir y cerrar de ojos…Don Guiraldes desapareció…solo se sintió un viento frío del sudeste que de sopetón entró por la puerta abierta que chirriaba al abrirse, cerrarse y golpearse sin control. El galope grave y veloz de su caballo moro como el de Quiroga sobresaltó a los novillos. Un grito desgarró a la llanura porque no era lo que debía ser: desangrada por las alambradas, fruto de las urnas y ferrocarriles de Inglaterra. Resonó un grito vibrante de guerra y de esperanza de la boca hispánica y criolla de Don Guiraldes.

¡Viva la Patria! ¡Viva la Virgen de Luján! ¡Viva Cristo Rey!

Casi en silencio, con lágrimas en los ojos, los dos reseros repitieron con voz entre-cortada y emocionada, como pudieron: «Viva Cristo Rey».

Medio escondido, bajo un emblemático ombú, como a dos tiros de piedra, se escuchó la voz del hijo del capataz que hablaba al aire con sorna: ¿Ansí que nos ha visitado sin permiso Don Guiraldes? ¡Ja!

Los reseros olieron estas palabras como amenazas y traición, porque conocían la boca de quien venía, un sotreta medio gringo, acomodado con los sarmientistas del pueblo.

Dijo Don Celestino: «!Hijuna gran siete! ¿Será posible Crisólogo que hasta en el pago más perdido de la pampa, nunca falte un Iscariote?…

Respondió lentamente y con sabiduría Don Crisólogo: «Es que por ahora, Don Ce-lestino, no hay trigo sin cizaña…»

Don Tarcisio Cabral: en la laguna del Rosario de Guanacache.