OSKO: EL EVANGELIO DEL ANTICRISTO – PRIMERA PARTE

«Imagine» con Lennon/Bergoglio

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EL EVANGELIO DEL ANTICRISTO

PARTE PRIMERA

PRÉDICA EN CLAVE REVOLUCIONARIA

Cuando hablamos de Bergoglio no nos parece que estemos tratando acerca de un hombre ignorante que vive sumido en el error. Algunas sutilezas con las que se maneja para emponzoñar la verdadera doctrina no nos permiten pensar que es un pobre hombre extraviado y por tanto digno de lástima.

El horroroso espectáculo de su «pontificado» acumula muchos episodios grotescos, multitud de gestos demagógicos que denotan un afán PROSELITISTA descomunal para ganar ADEPTOS y una manera a veces sutil de inocular ideología revolucionaria utilizando como vehículos expresiones con apariencia de piadosas y cristianas.

Pero muchas veces, quienes comentamos estas cuestiones, caemos en la tentación de pensar y decir, «Este tipo es un b…. triste. Un salame, un mistongo sensiblero, torpe… un imbécil, en definitiva, que sucumbe al sentimentalismo más ramplón».

Pues bien, eso es lo que uno quiere ver en Bergoglio en una primera aproximación al asunto.

Podemos ver cómo, cada vez con mayor frecuencia, en algunos sectores conservadores y/o tradicionales se usan ciertos adjetivos al referirse a Bergoglio tales como, «embaucador», «hereje», e incluso se llega a decir que es un «falso profeta» y un «anticristo».

Se asume cada vez más fácilmente que Bergoglio es principalísimo instrumento del Misterio de Iniquidad. «Parece cordero pero habla como dragón»; esto le cuadra a la perfección.

Si por delante hubiera todavía siglos de historia humana, la prédica de Bergoglio tal vez sería reconocida algún día con el nombre de «El Evangelio de un sinvergüenza», pero como no creemos que haya por delante mucho tiempo, sino todo lo contrario, estamos entonces ante el «Evangelio del Anticristo».

Es lo que puede verse en el texto proporcionado por Radio Vaticana en su Sitio Web en español, y que vamos a comentar ahora del modo acostumbrado, haciendo la salvedad de que hemos tenido que variar el orden del discurso de Bergoglio juntando todos los textos que hablan de una misma cosa para no hacer nuestro comentario repetitivo como el mismo texto de RV.

(RV).- El Evangelio «es novedad», Jesús nos pide que «dejemos de lado las estructuras caducas…

El Papa recordó que los escribas quieren poner en dificultad a Jesús y le preguntan por qué sus discípulos no ayunan. Pero el Señor – dijo – no cae en la trampa y responde hablando de fiesta y de novedad. Francisco se inspiró en un pasaje del Evangelio del día para detenerse precisamente en la novedad que trajo Jesús y que exhorta a poner el vino nuevo en odres nuevos:

«A vino nuevo, odres nuevos. La novedad del Evangelio. ¿Qué cosa nos trae el Evangelio? Alegría y novedad.

…»Cosas que hay que hacer – añadió el Papa – «sin la libertad que Él nos trae con la nueva ley, la ley que Él ha sancionado con su sangre». Y ésta – reafirmó – «es la novedad del Evangelio, que es fiesta, es alegría y es libertad». Es «precisamente el rescate que todo el pueblo esperaba» cuando estaba «custodiado por la ley, pero como prisionero». Es esto lo que Jesús quiere decirnos: «A la novedad, novedad; a vino nuevo, odres nuevos. Y no tengas miedo de cambiar las cosas según la ley del Evangelio»…

…»El Evangelio – dijo también Francisco – ¡es novedad! ¡El Evangelio es fiesta! Y sólo se puede vivir plenamente el Evangelio con un corazón gozoso y con un corazón renovado». «Que el Señor – fue la invocación final del Papa – «nos de la gracia de esta observancia de la ley. Observar la ley – la ley que Jesús ha llevado a su plenitud – en el mandamiento del amor, en los mandamientos que vienen de las Bienaventuranzas». Que el Señor – concluyó – nos de la gracia de «no permanecer prisioneros», sino que «nos de la gracia de la alegría y de la libertad que nos trae la novedad del Evangelio»

Falsísimas por donde se las mire, serán las conclusiones que la inmensa mayoría de las personas sacarán de esta endemoniada manera de predicar.

Porque falso es el modo en que Bergoglio presenta la cuestión.

Cuando se descontextualiza un texto se le puede hacer decir casi cualquier cosa, e inclusive lo contrario de lo que ese mismo texto propone. Y el contexto de ese episodio es nada más y nada menos que las SAGRADAS ESCRITURAS.

La ideología denominada «Progresismo» adhiere a prácticas o principios ligados inicialmente al liberalismo, y a tendencias sociales pretendidamente innovadoras pero que realmente son hijas de la Revolución, en algún aspecto de la vida social. En el campo de lo religioso, más precisamente en el catolicismo, progresismo y modernismo se identifican.

¿Esas fiesta, alegría y libertad que predica Bergoglio son, en verdad, lo que esperaba el pueblo?

¿Es en realidad el Evangelio el tipo de novedad que predica Bergoglio?

Nosotros encontramos un sentido diametralmente opuesto.

Sn Mt V, 17-48: «No vayáis a pensar que he venido a abolir la Ley y los Profetas. Yo no he venido para abolir, sino para dar cumplimiento. En verdad os digo, hasta que pasen el cielo y la tierra ni una jota, ni un ápice de la Ley pasara, sin que todo se haya cumplido. Por tanto quien violare uno de estos mandamientos, (aun) los mínimos, y enseñare así a los hombres, será llamado el mínimo en el reino de los cielos…»

Es muy importante destacar que, previendo que hay algunos pocos que harán distingos en su anti-evangelio, Bergoglio se anticipa a la objeción, intentando responder (aunque en realidad no lo hace) de la siguiente manera:

«Alguno de ustedes puede decirme: ‘Pero, Padre, ¿los cristianos no tienen ley?’; ¡Sí! Jesús ha dicho: ‘Yo no vengo a abolir la ley, sino a llevarla a su plenitud. Y la plenitud de la ley, por ejemplo, son las Bienaventuranzas, la ley del amor, el amor total, tal como Él – Jesús – nos ha amado. Y cuando Jesús reprocha a esta gente, a estos doctores de la ley, les reprocha no haber custodiado al pueblo con la ley, sino de haberlo hecho esclavo de tantas pequeñas leyes, de tantas pequeñas cosas que se debían hacer».

Decimos que en realidad no responde porque en sustancia no aclara, simplemente menciona la objeción y sigue adelante con su anti-evangelio como si nada. Sale por la tangente de las «Bienaventuranzas» como si de la plenitud que estas proponen se siguiese que las leyes quedan superadas. Parece estarle hablando a gente poco dada a profundizar en estas cuestiones, que bien sabe él que se conformará y tranquilizará sin que la objeción quede resuelta. ¿Es así?

En efecto, en el marco actual, en un mundo completamente alejado de Dios e ignorante en grado sumo del verdadero sentido del anuncio Evangélico, la inteligencia de los hombres, deformada por el «machacoso» bombardeo revolucionario, constante y sistemático, NO PUEDE discernir objetivamente, ni interpretar correctamente.

Bergoglio no es un ignorante que no ve el peligro y dice bien intencionadamente algo que se entenderá muy mal y de lo cual se sacarán las peores ideas y conclusiones. Cuando Bergoglio hace esas afirmaciones, sabe que la casi totalidad de quienes lo leen o escuchan, personas que tienen sus inteligencias infectadas por el pensamiento revolucionario y están prácticamente INCAPACITADAS de razonar con lógica y buen criterio, dirán algunas de las siguientes cosas:

– Está muy bien. Antes la Iglesia era triste. Con Bergoglio es alegre.

– La novedad no está mal, entonces todo lo nuevo vale.

– Ven… tantos mandamientos y prescripciones están de más. Bergoglio lo dijo.

– Alcanza con creer en Dios; que tantas obligaciones y mandamientos y preceptos…

Bergoglio es un hombre perverso y un pervertidor de la doctrina y, por ende, de los hombres. Su Cristo, su noción de Iglesia, de Libertad, de Redención, no son católicas.

¿Qué entiende el mundo por NOVEDAD?

Bergoglio no ignora lo que significa en el mundo actual la palabra NOVEDAD. Bergoglio sabe que existe un «commune sensus» que automáticamente relaciona la palabra NOVEDAD con aquella falsa noción del PROGRESO que las masas en todo el orbe interpretan de un modo que en nada se compadece con los criterios cristianos. Esa noción propugna que la humanidad va adelante indefinidamente en una suerte de avance constante que hará que siempre lo nuevo, lo que viene, lo que vendrá, será superador de la que ha quedado atrás.

Y mucho más aun cuando, el mismo que hace estas afirmaciones, previamente y durante los meses que lleva usurpando un sitial que no le corresponde, ha abundado en actitudes y gestos que marchan en un sentido contrario respecto de las verdades evangélicas, del espíritu del evangelio y por lo tanto, de la doctrina que siempre enseño la Iglesia Católica.

Ejemplos actualísimos sobran:

NOVEDOSO es que se «casen» los «alegres» sodomitas; novedoso es que muy «alegremente» los aberrosexuales puedan adoptar niños; novedoso es el «alegre» Novus Ordo Misae; novedosa es la «cómica» Iglesia Conciliar, etc. etc. NOVEDAD es que no haya quien pueda juzgar y que no se debe juzgar, según surge del pensamiento bergogliano.

No extraña entonces, que en algunos ex Templos Católicos se haya «bautizado» (con adecuada difusión mediática) pobres criaturas adoptadas o asumidas u obtenidas (mediante diversos modos que la modernidad provee) por tipos nacidos varones que dicen ser mujeres y tipas nacidas mujeres que dicen ser hombres.

Uno entiende mejor aquellos gestos o episodios como el de Mons. Ricca (conocido sodomita) «bendecido» por Bergoglio. El ya paradigmático «¿Quién soy yo para juzgar?»; aquel consejo a una señora conviviente con un divorciado, y las constantes diatribas dirigidas claramente a los sectores conservadores. Y se explica que sus audiencias se hayan convertido en receptáculo de lo peor de lo peor.

Hasta donde sabemos, a los pornócratas como Tinelli, o los viciosos como Maradona no los ha despedido con un «En adelante no peques más», de modo que todos ellos retornan a sus países de origen para proseguir con sus cosas en una casi confirmación de sus conductas.

No se debe juzgar, según dice el nefasto personaje. Y esto parece que debe ser ACATADO rigurosamente, y si acaso no acatamos, ipso facto… SOMOS JUZGADOS y nos convertimos en fundamentalistas, pelagianos, tristes, anatematizados de ese modo por la boca de un Falso Profeta que predica el Evangelio del Anticristo.

La NOVEDAD de que habla el Evangelio es muy OTRA y bien distante de la NOVEDAD del argento antipapa.

Debemos preguntarnos si es cierto que el Evangelio trae alegría y de qué clase de alegría se trata.

Sn Jn XVI,20: «En verdad, en verdad, os digo, vosotros vais a llorar y gemir, mientras que el mundo se va a regocijar.»

Sn Mt XVI 24: «Si alguno quiere seguirme, renúnciese a sí mismo, y lleve su cruz y siga tras de mí.

Sn Mt V: «Bienaventurados los pobres en espíritu…los afligidos…los perseguidos por parte de la justicia… dichosos seréis cuando os insultaren, os persiguieren, cuando dijeren mintiendo todo mal contra vosotros, por causa mía.»

«Entrad por la puesta estrecha, porque…estrecho es el camino que lleva a la vida, y pocos son los que lo encuentran».

«Mirad que os envió como ovejas en medio de lobos… porque os entregaran a los sanehedrines y os azotaran en sus sinagogas».

«Si al dueño de casa llamaron Beelzebul, ¿Cuánto más a los de su casa?»

«No he venido a traer paz sino la espada».

Son las mismas Escrituras en las que se habla de «morir al mundo». Las mismas que afirman que «el mundo es enemigo de Dios». Las que además sostienen que «no se puede servir al Mundo y a Dios al mismo tiempo».

No parecen hacer referencia alguna a la alegría ni a la «FIESTA» bergogliana ni al «LIO» bergogliano ni a la «NOVEDAD» bergogliana, ni a ninguna de las estupideces con las que el antipapa infelizmente reinante ha sabido ganarse el aplauso del mundo.

Parece entonces que la ALEGRÍA cristiana es una cosa muy distinta de la ALEGRIA y del LIO que propone don Jorge Mario.

SI alguno de ustedes ha dicho: ¡Ya basta con esto tengo!, tendrá que hacer acopio de paciencia porque Bergoglio sigue y sigue y sigue… tergiversando.

…El Pontífice subrayó que el cristiano no debe ser «esclavo de tantas pequeñas leyes», sino abrir el corazón al mandamiento nuevo del amor…

…Estos doctores de la ley estaban cerrados en sus mandamientos, en sus prescripciones. San Pablo, hablando de ellos, nos dice que antes de que llegara la fe – es decir Jesús – todos nosotros estábamos custodiados como prisioneros bajo la ley. Esta ley de esta gente no era mala: custodiados pero prisioneros, en espera de que llegara la fe. Esa fe que habría sido revelada en el mismo Jesús»…

…»El pueblo – observó el Papa – «tenía la ley que le había dado Moisés»; y después tantas de estas «costumbres y pequeñas leyes» que habían codificado los doctores. «La ley – comentó Francisco – los custodiaba, ¡pero como prisioneros! Y ellos estaban en espera de la libertad, de la definitiva libertad que Dios habría dato a su pueblo con su Hijo». De modo que la novedad del Evangelio – subrayó – «es ésta: es para rescatar de la ley».

Nuevamente debemos mencionar el contexto. En ese contexto, Bergoglio no puede ignorar que tan demagógico y revolucionario es afirmar algo como que «el cristiano no debe ser esclavo de tantas pequeñas leyes».

Es que son afirmaciones que muy bien pueden, o podrían, ser entendidas católicamente, y eso, también Bergoglio lo sabe. Pero sabe que no es eso lo que ocurre, o más bien, que ocurre exactamente todo lo contrario: prevalece una interpretación REVOLUCIONARIA por sobre una posible interpretación (o inteligencia de lo afirmado) católica.

No se puede perder de vista que existe un «reflejo condicionado» que llevará a la masa humana a entender en clave revolucionaria lo manifestado por el antipapa Bergoglio.

Bergoglio tiene presente el paralelismo que se genera, en las inteligencias de quienes lo escuchan, entre la ANTIGUA LEY y las prescripciones y preceptos de la Iglesia Católica.

Hablamos de aquellas leyes y preceptos establecidos por la Iglesia de Cristo a través de una larga construcción de siglos por parte de la verdadera Iglesia de Cristo, y que son auxiliares útiles y piadosos diseñados para ayudar a los hombres en el difícil camino de la santificación. No hablamos, obviamente, de la Iglesia Conciliar y Oficial.

Pero con Bergoglio la cosa llega lejos, porque gracias a su prédica caen en la bolsa de «las pequeñas leyes» cuestiones que involucran al Decálogo, con su ya famosa prescindencia o negativa de juzgar pecados públicos contra el orden natural.

Sin entrar en la cuestión de lo que el común de las personas entiende por Dios en estas épocas de profunda ignorancia en materia de religión, hay que decir que, en general, la gente NO DISCIERNE NI DISTINGUE. Difícilmente las personas comunes podrán hacer los distingos necesarios. Para la gran mayoría la cosa va «al bulto»…, es abarcativa de todo absolutamente, y TODO queda de ese modo desvirtuado.

Con su anti-evangelio Bergoglio declara obsoletos, y deja en el ridículo TODOS los preceptos de la Iglesia. Absolutamente a TODOS; y gravemente desacreditados a los mismísimos Diez Mandamientos.

Un ejemplo: la inmensa masa ya pensaba respecto del ayuno y de la abstinencia de carne en los días prescriptos obligatoriamente, que esa es una más de las cosas absurdas de la Iglesia antigua. Bergoglio confirma que hay que dejar atrás esas «pequeñas leyes», ergo…

Pero no se quedará en esos aspectos «nimios» solamente; otras cuestiones, relacionadas con el Decálogo también, incluso para quienes se dicen católicos, quedan diluidas.

De este modo caen todas las prescripciones y todos los retenes de contención que otrora servían para ponerle límites a la naturaleza humana herida por el pecado. Bergoglio actúa como quien desconoce o niega la realidad del Pecado Original y sus consecuencias.

Además de conducir a que se piense que todo puede y debe ser FIESTA y NOVEDAD y sabiendo claramente lo que la gente entenderá en su gran mayoría, no podía faltar una referencia al «AMOR»… de lo cual, también aquí, el consenso generalizado será: «Alcanza con amar a los demás», «Yo soy bueno, porque no robo, no mato y amo a todos los hombres», «La Ley del Amor»…

La LEY DEL AMOR, claro… pero ¿QUÉ SE ENTIENDE POR ESTO?

La canción del hippie vicioso que se jactaba de ser «más famoso que Jesucristo»: «IMAGINE»; eso es lo que se entiende. Por eso no extraña que con esa canción, que de bella no tiene absolutamente nada por más que algunos nos lo quieran hacer creer, Bergoglio abrió hace pocos días su «Partido de Futbol Interreligioso por la Paz».

Una canción que niega la existencia de Dios, o que invita a imaginar un bonito mundo sin Dios.

Con la palabra «LIBERTAD» ocurre lo mismo que con la palabra «AMOR». Ambas son entendidas por el hombre moderno de un modo que nada tiene que ver con el Evangelio. Bergoglio habla de libertad y de amor, pero no de Libertad y Amor cristianos.

Pero, la NUEVA LEY, que Bergoglio dice que «ÉL», (suponemos que pretende referirse a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre) ha sancionado con su sangre, ¿es aquello que Bergoglio está predicando?

¿De qué NUEVA LEY habla? ¿De la Buena Nueva del Evangelio? De ninguna manera.

Lo que Bergoglio predica es la NOVEDAD REVOLUCIONARIA, como siempre. Dejar de lado lo que él llama «estructuras caducas» debe ser entendido del siguiente modo: «Dejar de lado la Iglesia tal y como era concebida ANTES del Concilio Vaticano II».

De hecho, es fácil recordar cómo durante los años que siguieron a ese conciliábulo, el clero tercermundista, revolucionario, «zurdo» o «rojo» (en aquellos años a los Helder Cámara, Piroño, Novak, De Nevares, Angelelli, etc. etc. Se los llamaba «obispos rojos») difundía uno de sus más queridos slogans: «Cambio de Estructuras». Ni más ni menos, de eso es de lo que habla Bergoglio.

Los «odres nuevos» de Bergoglio son odres MADE IN VATICANO II y no los que mencionan los relatos evangélicos. El «vino nuevo» de Bergoglio sale de la bodega Iluminista de las sociedades masónicas.

La PLENITUD de la que habla Bergoglio no es otra cosa que los Derechos del Hombre y la Dignidad Humana. En suma, el afán PROMETEICO CANONIZADO por este esperpento maligno surgido de las peores sentinas del pensamiento revolucionario.

Decía Dostoievsky que «Si Dios no existe, todo está permitido». Y si todo está permitido, nada está mal… será por eso que… «¿Quién soy yo para juzgar?»

Sin embargo hay cosas que, Bergoglio, dice que están mal. ¿Cuáles son? ¿Por qué habrían de estarlo?… ¿Basándonos en que principio o fundamento?

¿ACASO EN EL CONSENSO HUMANO? , pues sí. En el Consenso Humano, que se hace Dios y se coloca en el lugar de Dios, y proclama que ES DIOS. Es el HOMBRE el que se da a si mismo sus propias leyes, dejando de lado por «caducas» las antiguas, las de los «teólogos» y la teología a los que Bergoglio se refiere casi siempre de manera peyorativa.

En el mundo de la Revolución es el hombre el que decide cómo debe comportarse. Es el que se permite enmendarle la plana a Dios mismo.

Es el Contrato Social del revolucionario Jean Jacques Rousseau y es el Concilio Vaticano II y sus desastrosas consecuencias.

Colocarse el Hombre en el lugar de Dios, ESO ES EL ANTICRISTO, que tiene en Bergoglio al pregonero de su Evangelio.

De este modo, quedan EN EL PASADO y PERIMIDAS todas las cuestiones relacionadas con la TRADICIÓN de la Iglesia.

Bergoglio es un ANTITRADICIONALISTA militante, decididamente hostil y destructor.

Bergoglio odia desde lo más profundo a la TRADICIÓN; y realmente asombra que quienes se dicen «Obispos de la Tradición» no quieran todavía darse cuenta y tengan expectativas de reunirse con él o con sus agentes.

¿En realidad se puede, abrir el corazón al mandamiento nuevo del amor con esa posición prescindente respecto de lo que Bergoglio denomina «pequeñas leyes»?

Sn Jn XV, 9-10: «Como mi Padre me amó, así yo os he amado: permaneced en mi amor. Si conserváis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, lo mismo que Yo, habiendo conservado los mandamientos de mi Padre, permanezco en su amor.»

«Si me amáis conservareis mis mandamientos».

«El que tiene mis mandamientos y los conserva, ese es el que me ama…».

«Si alguno me ama, guardara mi palabra, y mi Padre lo amara, y vendremos a él y en el haremos morada. El que no me ama no guardara mis palabras…».

Bergoglio como ya dijimos sigue y sigue incansablemente:

«Pablo distingue bien: hijos de la ley e hijos de la fe. A vino nuevo, odres nuevos. Y por esto la Iglesia nos pide, a todos nosotros, algunos cambios. Nos pide que dejemos de lado las estructuras caducas: ¡no sirven! Y que tomemos odres nuevos, los del Evangelio. No se puede comprender la mentalidad – por ejemplo – de estos doctores de la ley, de estos teólogos fariseos: no se pude entender su mentalidad con el espíritu del Evangelio. Son cosas distintas. El estilo del Evangelio es un estilo diverso, que lleva la ley a la plenitud. ¡Sí! Pero de un modo nuevo: es el vino nuevo, en odres nuevos».

Pablo. Vaya uno a saber de qué Pablo se tratará, porque San Pablo, El Apóstol, enseñaba cosas bien distintas de las que predica Bergoglio.

Hemos destacado en negritas un fragmento porque en él Bergoglio está diciendo algo importante para el entendimiento de toda esta cuestión. Por «estructuras caducas» Bergoglio entiende LA TRADICIÓN COMPLETA. No se está refiriendo a la antigua estructura farisaica del antiguo y PERIMIDO Pueblo de Dios que era Israel. Como puede verse claramente, no les habla a aquellos doctores de la Antigua Alianza que devinieron en falsos doctores y que rechazaron al Mesías.

Él hace mención de los «teólogos fariseos», en el mismo momento en que afirma que «la Iglesia nos pide a nosotros algunos cambios; nos pide que dejemos de lado las estructuras caducas. No sirven.»

Bergoglio es un hombre de este siglo, de este tiempo y es absolutamente práctico y puntual. No pierde el tiempo hablando del pasado. Se dirige a los hombres de hoy y ataca a los que hoy se oponen de un modo u otro a sus ideas liberales, modernistas y heréticas, y los llama «teólogos fariseos».

Siendo que el Concilio Vaticano II es la «Revolución Francesa en la Iglesia», como se ha dicho en más de una oportunidad, no será difícil comprender que Bergoglio ataca de la manera más frontal que puede permitirse y del modo más directo posible a todos aquellos que en mayor o en menor medida representan al «Ancien Régime», entendido en sentido amplio, ya que los revolucionarios franceses utilizaban esa fórmula tanto para designar peyorativamente al sistema de gobierno anterior a la Revolución francesa de 1789 (la monarquía absoluta de Luis XVI), como para referirse, y también de modo peyorativo, a la cristiandad entera, con su cabeza, Iglesia Católica.

Modernista típico. Cierra su nefasta prédica con unas palabras que podrían pasar por católicas (con reservas), pero que serán entendidas también como todas las demás.

La gente escucha: «El Evangelio es fiesta» (recordamos aquí el famoso Ágape que tanto les gusta mencionar a los modernistas, en detrimento del SACRIFICIO; esto en referencia a la Santa Misa), y se dice…. «Sigamos con la fiesta entonces»; pero claro… ya lo dijo el Papa, ¿qué tantas normas y leyes caducas»?, hay que quererse más. Es lindo que la gente se quiera.

«Prisioneros»…. ¿acaso se refiere al pecado? En absoluto. Se refiere a la Ley. Y no a la Ley de la Antigua Alianza, Bergoglio no se dirige contra ella sino que lo hace contra las enseñanzas de la Iglesia Católica, haciendo una tremenda pirueta y retorciendo el sentido de las cosas y de la realidad.

Dice el Catecismo Mayor:

68) ¿Cuál fue la misericordia que usó Dios con el linaje humano?

— La misericordia que usó Dios con el linaje humano fue prometer en seguida a Adán el Redentor divino o Mesías, y enviarlo después a su tiempo para liberar a los hombres de la esclavitud del demonio y del pecado.

De esto, claro, no se habla. A Bergoglio le parece mejor la «cháchara». Lógicamente, conclusión cabal de ese ideario revolucionario ya eran las «misas» conciliares del Novus Ordo Misae, las guitarritas en las celebraciones, las misas rock, las misas tangueras, las exhibiciones circenses, los «curas» disfrazados de payasos, etc. etc. Fiesta y Novedad que Bergoglio ratifica y lleva al paroxismo.

¿Será necesario todavía reiterar que el contexto histórico, social, político, religioso, es claramente revolucionario?

Todos tenemos amigos. Amigos o conocidos que no son de la tradición y en algunos casos o muchos, que no son ni católicos ni conciliares. Es muy sencillo hacer la prueba preguntándoles que piensan de estas declaraciones de Bergoglio. Ver sus reacciones, escuchar sus pensamientos, sus ideas, su forma de entender.

En la lectura que hacen esas personas y las conclusiones a que arriban, puede verse con toda claridad a dónde conduce la prédica de Bergoglio. Ya hemos visto lo que dicen personajes mundanos, públicos o con exposición mediática, respecto de Bergoglio y de su prédica.

Bergoglio habla de un modo y en un lenguaje que al mundo le resulta agradable y por ende se ha ganado el aplauso de ciertos «poderes»; y sabemos que el mundo no suele aplaudir, ni celebrar a quienes predican la Verdad.

Y también sabemos que los «poderes» a que hacemos referencia, trabajan para aquel que fue homicida desde el principio.

Continuaremos. Mientras tanto dejamos aquí un texto del Padre Lacunza para que los lectores realicen una profunda meditación de lo señalado hasta ahora, y de las razones por las que decimos que Jorge Mario Bergoglio predica El Evangelio del Anticristo.

 

Apéndice

Cuarta bestia terrible y admirable

§ VII

96. Después de esto miraba yo en la visión de la noche, y he aquí una cuarta bestia espantosa, y prodigiosa, y fuerte en extremo, tenía grandes clientes de hierro, comía y despedazaba, y lo que le sobraba lo hollaba con sus pies, y era desemejante a las otras bestias, que yo había visto antes de ella, y tenía diez astas, Etc (442).

Os considero, amigo, con gran curiosidad de saber quién es esta bestia, a qué es lo que aquí se nos anuncia. Si las tres primeras bestias, os oigo decir, simbolizan tres falsas religiones, esto es, idolatría, mahometismo, y falso cristianismo, ¿qué religión falsa nos queda todavía que ver, figurada por unas semejanzas tan terribles? A esta pregunta yo no puedo responder en particular, porque no sé con ideas claras e individuales lo que será esta bestia en aquellos tiempos, para los cuales está anunciada… ella descubre un natural tan impío, tan feroz, tan inhumano (aunque llena por otra parte de humanidad),…. Elevada en la contemplación de sí misma, y considerándose superior a todas las cosas, piensa de sí, que es única en la especie, que a nadie tiene obligación alguna, que todo lo tiene de sí misma, o del fondo de su razón, y que todo se lo debe a sí misma.

… 102. Acaso me preguntaréis, ¿cuál es el nombre propio de esta cuarta bestia, o de esta monstruosa religión? Yo me maravillo que ignoréis una cosa tan pública en el mundo, que apenas ignora aún la ínfima plebe. Años ha que se leen por todas partes públicos carteles, por los cuales se convida a todo el linaje humano a la dulce, humana, suave y cómoda religión natural. Si a esta religión natural le queréis dar el nombre de deísmo, o de anticristianismo, me parece que lo podréis hacer sin escrúpulo alguno, porque todos estos tres nombres significan una misma cosa; aunque algunos son de sentir, y esto parece lo más cierto, que este último nombre es el más propio de todos, siendo los dos primeros vacíos de significación. No obstante, se llama religión, lo primero, porque no se niega en ella la existencia de un Dios, aunque un Dios ciertamente hecho con la mano que no adoraron sus padres (443); un Dios insensible a todo lo que pasa sobre la tierra, un Dios sin providencia, sin justicia, sin santidad, un Dios, en fin, con todas la cualidades necesarias para la comodidad de la nueva religión. Lo segundo, se llama religión, porque no se impide, antes se aconseja que se dé a Dios alguna especie de culto interno, que como tan bueno, con este sólo se contenta, sin querer incomodar a sus adoradores. Aunque estos dicen, que su Dios no les ha puesto otra ley, ni otro dogma de fe, que su propia razón (la cual en todos debe estar en toda su perfección); con todo eso, si hemos de creer a nuestros ojos, parece que tienen un dogma especial, y una ley fundamental a que todos deben asentir y obedecer efectivamente. Este dogma, y esta ley, es todo cuanto significa la palabra anticristianismo con toda su extensión. Es decir; se profesa en esta religión terrible y admirable, no sólo el abandono total, sino el desprecio, la burla, el odio y la guerra viva, no digo ya a las religiones falsas, de que hemos hablado, sino a la verdadera religión, al verdadero cristianismo, y a todo lo que hay en él de venerable, de santo, de divino. Comía, dice el Profeta, y desmenuzaba, y lo que quedaba lo hollaba con sus pies
(444).

103. El falso cristianismo con sus cuatro cabezas (mucho menos el mahometismo, y la idolatría), no le dan gran cuidado a esta bestia feroz. Sabe muy bien que le bastan sus dientes de hierro, aunque todavía pequeños, para desmenuzarlos, y convertirlos en su propia sustancia. Ya vemos que lo hace en gran parte, y debemos pensar que hará infinito más, cuando los dientes hayan llegado a su perfección. Mas el cristianismo verdadero es demasiadamente duro; no hay bronce, ni mármol, ni diamante que se le pueda comparar. Son poca cosa los dientes de hierro para poder vencer su dureza. Para este, pues, no hay otra arma que pueda hacer algún efecto, ni más fácil de manejar que los pies.

…El mismo Jesucristo, hablando de estos tiempos, dice, que será menester abreviarlos, y que se abreviarán en efecto por amor de los escogidos: Y si no fuesen abreviados aquellos días, ninguna carne sería salva, mas por los escogidos aquellos días serán abreviados (445).