OSKO: LA QUE GLORIFICA

No faltará la belleza

list_640pxLA QUE GLORIFICA

Melpómene, musa de la tragedia.

Polimnia, musa de los cantos sagrados y la poesía sacra.

Clío (‘la que glorifica’), musa de la historia.

Mis hermanas y yo hemos visto.

Y hemos llorado y también reído.

Hemos viajado por siglos flotando en el viento, vibrando en el éter, descendiendo en nieves con el aire frío y subiendo en vapores con el aire cálido. Melpómene, mi querida hermana, ha sido aspirada y exhalada en soplos de ardientes pulmones de guerreros pálidos; de épicas luchas entre mil batallas de antiguas espadas y hodiernas metrallas.

Hemos visto toda la humana comedia, que ha culminado las más de las veces en dramas sangrientos. Hemos descorrido el velo de nubes y nieblas para permitir que Apolo por fin se viera en mil reflejos de luces sobre las aguas grises, y la fresca sombra.

Verdes y azuladas, vimos bajar vertientes de aguas montañosas llegando a los valles para dejarlos luego, rumbo al inmenso océano preñadas en sangre, lágrimas y cuerpos.

Hemos contado eras y abierto cadenas mientras traspasábamos todas las fronteras. De padres e hijos y de hombres viejos; de vida y de muerte, de ambición y anhelos.

Hemos inspirado sueños y alcanzado montes; hemos visto garras de gárgolas infames colmando de estragos el mundo del hombre.

Volando y flotando en lunas y soles, guardaba memoria de lo que veía.

Han pasado eones.

La pesada losa de infinitos días que desde el comienzo hasta el fin número tenían. Han pasado todos ya ninguno queda…

Ya ha llegado el día de salud o condena.

A través del tiempo hemos inspirado a poetas, músicos, pintores… incluso a los reyes, príncipes y Lores.

Grandes cosas hicimos por medio del hombre, instrumento, a veces, de belleza dócil.

Con dedos de carne modelamos la piedra, pusimos sobre el lienzo las vivas imágenes de la naturaleza; inspiramos miradas, las hábiles manos que con la madera y cuerdas de tiento, cual homenaje a lo numinoso, al cielo lanzaron aires melodiosos y sutiles poemas.

Mas somos creaturas, y no pudimos nunca, a los hombres todos, convencer de hermosura y obras de bondades puras. De misterios dulces, de buenas venturas, de justicias bellas, de ideal locura anclada en la esperanza de vida futura.

Es triste el momento; ya suenan adagios, retumban tambores clamando epitafios, pues se ha consumido el tiempo del hombre y vienen al mundo muy grandes dolores.

Ya se acaba el plazo de misericordia. Se descorre el velo, y se agitan turbas; resuena la alarma, en las almas serenas; en algunos pocos que miran señales, la calma es profunda; son los que hace tiempo soportan estoicos la risa y la burla.

Yo debo hacer ahora, lo que a mí me toca, que para eso fui creada, junto con Polimnia, otra hermana mía.

Ahora es el momento de inspirar otros himnos que cantarán los Ángeles durante el exterminio… ya resuenan brillantes trompetas y voces… miríadas de ellas, y el Dies Irae entonan desde las alturas centurias de luces de inteligencias puras que bajan a este triste mundo trayendo un fuego de estrellas.

Mi nombre es Clío.

 

Soy la Musa de la historia, más no soy su dueña.

Y aun en medio del dolor y angustias del miedo y de la muerte, de la venganza cumplida y de la Justicia saciada, ahora que por fin la maldad se acaba, llegando a su fin con la tragedia humana y el grande y el pequeño, el pobre y la riqueza, aunque por fuego el mundo es consumido, no permitirá Dios que falte belleza.