MONSEÑOR WILLIAMSON, CIEGO QUE GUÍA A OTROS CIEGOS
Monseñor Williamson en su Eleison número 372, intenta impugnar (consciente o inconscientemente) la principal prueba de que estamos ya avanzados en este tiempo que el R.P. Leonardo Castellani llamó Apocalíptico-histórico.
Refiriéndose a los Israelitas, el Obispo dice: «Ni tampoco su recuperada posesión de la Tierra Santa significa que la maldición está siendo levantada porque ellos lo están haciendo en sus propios términos y no en los de Dios, así que la re-posesión ella misma se transforma en parte de la maldición».
Aquí, Monseñor Williamson parece que participa de esa «locura, ceguera y turbación de espíritu» de los israelitas, por intentar interpretar la situación actual con su propia exégesis, alimentada de revelaciones privadas, cegando también así a sus lectores.
El Obispo haría muy bien si, para conocer el tiempo actual y el futuro, meditase la segunda carta del Apóstol San Pedro, 1, 19-21: Y tenernos aún algo más firme, a saber: la palabra profética, a la cual muy bien hacéis en atender, como a lámpara que luce en lugar tenebroso hasta que luzca el día y el lucero se levante en vuestros corazones. Pues debéis ante todo saber que ninguna profecía de la Escritura es de privada interpretación, porque la profecía no ha sido en los tiempos pasados proferida por humana voluntad, antes bien, movidos del Espíritu Santo, hablaron los hombres de Dios.
Sólo bastarán, entonces, para refutar e iluminar al Obispo, dos profecías del Antiguo Testamento:
2 Macabeos, 2, 4-8: «También se leía en aquella escritura que este profeta, por una orden expresa que recibió de Dios, mandó llevar consigo el Tabernáculo y el Arca, hasta que llegó a aquel monte, al cual subió Moisés, y desde donde vio la herencia de Dios; y que habiendo llegado allí Jeremías, halló una cueva, donde metió el Tabernáculo, y el Arca , y el altar del incienso, tapando la entrada. Que algunos de aquellos que le seguían se acercaron para dejar notado este lugar; pero que no pudieron hallarle. Lo que sabido por Jeremías, los reprendió, y les dijo: Este lugar permanecerá ignorado hasta tanto que Dios congregue otra vez todo el pueblo, y use con él de misericordia. Y entonces el Señor manifestará estas cosas, y aparecerá de nuevo la majestad del Señor, y se verá la nube que veía Moisés, y cual se dejó ver cuando Salomón pidió que fuese santificado el templo para el gran Dios».
El otro texto bíblico es de Deuteronomio, 4, 30: «Y después que te hayan alcanzado todas las cosas o males predichos en los últimos tiempos, te convertirás al Señor Dios tuyo, y oirás su voz. Porque el Señor Dios tuyo es un Dios lleno de misericordia: no te abandonará, ni te aniquilará totalmente, ni se olvidará del pacto que confirmó a tus padres con juramento».
Las profecías de estos pasajes bíblicos comprenden dos partes, como podemos notar: en la primera se nos habla de la reunión y males de los judíos; y
en la segunda de que habrá misericordia para ellos y se convertirán.
Todo esto, a la inversa de probar que «la maldición no está siendo levantada», prueba, según la luz profética, que la reunión y males de los judíos son una de las señales remotas de la Parusía, que comenzaron en 1948.
Y desde ese tiempo estamos presenciando ya algunas de las señales próximas. Todo indica que es allí a donde apunta Monseñor Williamson, soslayando, por no decir negando, por ejemplo, la apostasía general de los fieles y la manifestación del Falso Profeta.
Padre Gabriel Grosso

