Tu fe
Tu fe debe ser simple. Simple como la vela
que ahuyenta la tiniebla del oscuro rincón,
simple como la espuma de la obediente estela
que escribe sobre el agua su lineal oración;
debe ser como el grano de mostaza pujante
que un día toca el cielo con brazos de madera,
y crecer obediente, fervorosa, constante,
austera por adentro, generosa por fuera.
No intentes, con tu llave, penetrar el misterio;
confórmate aceptando que Cristo es nuestra luz.
Haz de tu frágil barro tu propio monasterio
y busca las respuestas abrazado a la cruz.
Tu fe debe ser simple; no abundes en razones
ni dejes que tu alma se convierta en desván.
Que sean, no lo olvides, tus consideraciones,
tan simples como el vino, tan simples como el pan.

