Búsqueda
Crucé inmensos desiertos, paraísos en ruinas,
amasé falsedades que ahuyentaban la luz;
deambulé como ciego, perseguí multitudes
pero siempre acababa desviándome al sur.
Devoré bibliotecas, bebí en fuentes arcanas
mas el conocimiento me produjo desdén;
perdí miles de ovillos en vastos laberintos,
bebí todas las lluvias y aún seguía con sed.
Me inicié en los misterios y con gran desencanto,
naufragué entre preguntas de un gran mar interior.
El vacío absorbía mi lineal existencia
que seguía cual templo sin consagrarse a Dios.
Pero una tarde llena de gracia y providencia
–al doblar mis rodillas ante a una simple cruz–,
sentí que se entreabrían las puertas de mi alma
y la paz me abrazaba diciendo: “¡Soy Jesús!”

