Whisky bergogliano para tranquilizar pavos

«REMANSEANDO»
Se me perdonará el modo un poco grosero (sobre todo al final) y desordenado de analizar este nuevo episodio bergogliano; pero, de vez en cuando, vale la pena dejar de lado la prolijidad y el cuidado en el uso de los términos. Porque hay cosas que solamente pueden ser dichas de un cierto modo para que todo el mundo entienda. Al menos así me lo parece. Rescatamos algunas pocas de las palabras del inefable Bergoglio para hacer este chascarrillo.
Debo decir que, una vez que se supera el primer momento de estupefacción, no es tan malo el asunto. Ya no es necesario hacer mención de su chatura, de los lugares comunes, de la total falta de profundidad de su pensamiento (?), porque eso ya fue denunciado en tantísimos lugares.
Lo que asombra todavía un poco es que haya tantos millones de personas que se lo tomen en serio. Pero suponemos que eso habla por sí solo de la chatura global. Los medios hacen su trabajo y además ganan dinero, que de eso se trata; y Bergoglio continúa desparramando sus pensamientos «sapienciales» a diestra y siniestra (sobre todo la última).
La lectura de una nueva entrevista hecha a Bergoglio (esta vez por la revista «VIVA» del diario Clarín) está muy lejos de resultar apasionante. Escucharlo a Bergoglio, lo hace caer a uno en una modorrita interesante. Leerlo es igual, pero, el que quiera que lo haga:
http://cronica.com.mx/notas/2014/847479.html
Hay pensamientos de Bergoglio que hacen que tengamos que preguntarnos cuántos años de esfuerzo intelectual le habrán llevado, para, por ejemplo, concluir axiomáticamente con aquello de que «La guerra destruye». No lo sabíamos hasta que llegó Bergoglio.
La tentación de hacer un chiste fácil es inmediata cuando se leen cosas como esa, o como esta:
«Nunca acepté doctorados y esas cosas que ofrecen, sin despreciar. Ni se me ocurre pensar en eso, y menos voy a pensar qué haría con esa plata, con toda franqueza. Pero evidentemente, prescindiendo de un premio o no premio, creo que todos tienen que estar comprometidos con el asunto de la paz, hacer todo lo que uno puede, lo que puedo hacer yo desde acá. La paz es el lenguaje que hay que hablar».
El Papa dijo que su nominación al Nobel de la Paz no forma parte de su «agenda».
No aceptó doctorados; dice que ni se le ocurre pensar en eso. Hace bien; los bienes mal habidos, o aceptados sin mérito alguno por parte de quien los recibe, se pagan siempre de alguno modo y en alguna parte… mejor pagarlos en esta vida, claro está.
Los que otorgan el Nobel de la Paz deben de estar confundidos. Bergoglio es alquimista y lo que toca… Habría que hacerles llegar lo que ya hemos dicho en artículo anterior.
Pero más allá de lo hilarante del asunto, la evidente demagogia del personaje es inocultable, como también el constante ejercicio de falsa humildad y modestia. Mucho más si se piensa lo que antiguamente exigía el cargo que usurpa que, muy lejos de reclamarle sus propias opiniones respecto de cualquier tema o cuestión, más bien exigiría la constante proclamación de la Verdad y de lo que la Iglesia enseñó siempre.
También recomendó cuidar la naturaleza y olvidarse pronto de lo malo que afecta la vida.
Entonces habría que estipular bien claramente el «decálogo bergogliano» propuesto, para que no queden dudas de qué es «lo malo que afecta la vida».
Pero no queremos ponernos a hacer un análisis serio…, si todo esto parece más bien una burla de Bergoglio.
Vivir y dejar vivir, jugar, ayudar a otros, cuidar la naturaleza, buscar la paz, respetar a los demás y olvidarse rápido de lo negativo son algunos de los diez consejos para alcanzar la felicidad que el papa Francisco dio en una entrevista publicada hoy por una revista argentina.
«Viví y dejá vivir, es el primer paso de la paz y la felicidad», dijo el Sumo Pontífice en una entrevista con Viva, la revista dominical del diario Clarín.
¿Que significará eso? Tal vez se pueda establecer una relación entre su «vivir y dejar vivir» con aquella otra declaración suya que hizo historia: «Quién soy yo para juzgar». Es decir que lo que estaría proponiendo Bergoglio es «que cada cual se meta en sus propios calzones». Básicamente se trata de eso. Al menos es lo que presumiblemente surge del contexto ideológico con que Bergoglio se maneja permanentemente.
¿Será que, por culpa de mi carácter de «pelagiano», no pueda verlo, y que el tipo tenga razón?
Como parte de este decálogo para la felicidad, Francisco recomendó no dejar de brindarse a los demás pues «si uno se estanca, corre el riesgo de ser egoísta» y «el agua estancada es la primera que se corrompe».
Entre la manzana medio podrida de M. Williamson y el agua corrompida de Bergoglio nos han convencido de que hay podredumbre por todos lados.
Pero debemos ponernos serios, muy a pesar nuestro: «el agua estancada»… Esta es una nueva imagen con la cual este revolucionario quiere hacer ver que la historia marcha hacia adelante, entendiéndola como la entiende la Revolución. Lo pasado queda perimido, y se corrompe. El famoso mito del «Progreso Indefinido»; esa creencia diabólica que hace suponer que la humanidad progresará hasta alcanzar un maravilloso estado de beatitud donde quedarán superadas todas las contradicciones y todos los males. La humanidad que marcha hacia el encuentro con el Cristo-Omega del viejo Theilard de Chardín, que sumado a aquello de «cuidar la naturaleza» nos hace pensar que en cualquier momento Bergoglio parafrasea a Theilard y le pide a la naturaleza que nos divinice.
También aconsejó moverse «remansadamente», término que tomó de un clásico de la literatura argentina.
Tengo entendido que San Pedro, príncipe de los Apóstoles, un buen día tuvo una idea semejante; según parece le agarró una especie de «remansamiento» y decidió que era mejor «vivir y dejar vivir» y se «tomó el buque», «se rajó», «puso pies en polvorosa», para usar varias formas de decirlo.
Podríamos suponer que San Pedro, en un arrebato de «benevolencia y humildad» (en realidad una excusa para ocultar sus temores) se habría planteado que ya era suficiente; qué tanto eso de hacer proselitismo «paralizante»…; mejor poner en práctica aquello de «vivir y dejar vivir» y dejar a los romanos seguir con sus propias vidas haciendo lo que pudieran y él (San Pedro) irse a vivir un poco más «remansadamente» a otra parte.
En eso estaba cuando, según cuenta la historia (Quo Vadis? es una novela, no obstante narra un escenario una y situación plausibles), el Señor se le apareció en el camino yendo en la dirección opuesta.
Según la leyenda y la tradición, esas palabras, «Quo Vadis?», fueron pronunciadas por el Apóstol Pedro mientras huía de Roma para ponerse a salvo de la persecución de los cristianos lanzada por Nerón. Ante la pregunta, Jesús le responde: «Voy a ser crucificado en Roma por segunda vez porque mis propios discípulos me abandonan». Avergonzado de su cobarde deseo de «remansamiento», Pedro regresa a Roma para afrontar su destino: el martirio.
Pero vayamos con otra cuestión ya mencionada que evidentemente obsesiona a Bergoglio:
«…lo peor que puede haber es el proselitismo religioso, que paraliza…»
Pensaba en San Pablo, un caprichoso y obsesivo proselitista que, por cierto, nada quería saber de «remansamientos», pero ya se sabe, San Pablo era tremendo (de hecho, perdió la vida por su excesivo afán proselitista) y su manera de entender el apostolado está claramente superada hoy en día, también gracias al modernismo que profesa Bergoglio y el indiferentismo que propaga.
Otra de las claves está en la «sana cultura del ocio», disfrutar de leer, el arte y los juegos con los niños.
Sí. Sobre todo hay lugares donde eso es especialmente realizable. Por ejemplo en Palestina y en la Franja de Gaza. En efecto, allí, gracias a sus amigos del estado sionista de Israel, las familias pueden realizar todo tipo de juegos en sus dignísimos hogares. Lo mismo ocurre en las comunidades cristianas insertas en países islámicos (los islámicos también son muy amigos de Bergoglio).
Los juegos en esos hogares son encantadores. Ellos juegan a esconderse, juegan a ocultar sus prácticas cristianas en un interesante y divertido juego de vida o muerte. Juegan a la horca y a la decapitación. Y también a esquivar las bombas que caen desde el cielo. Todo transcurre de un modo evidentemente muy «remansado».
En general en casi todo el mundo las familias cristianas pueden dedicarse a los juegos. En el este Europeo, por ejemplo, los padres juegan a evitar que sus hijos sean secuestrados por los Servicios Sociales, que prestamente acuden a «rescatar» a los niños de padres que quieren ejercer su autoridad o que quieren enseñarles cosas con el antiguo (y ahora prohibido) método cuasi medieval de darles un cachetazo cuando se lo merecen.
En Estados Unidos, padres e hijos juegan a intentar permanecer cristianos a pesar de Obama y sus políticas destinadas a destruir lo poco que queda de cristiano en la sociedad. Incluso, por supuesto, el tema de la educación formal y oficial, ya que muchas familias tienen interesantísimos «juegos» legales con el estado norteamericano por negarse a enviar a sus hijos a las escuelas donde se los corrompe de manera sistemática.
Ni hablar de la satanizada nación China. Allí los cristianos (pocos por cierto) se inundan de adrenalina casi cada noche de vida conyugal, toda vez que saben que deberán correr pavorosos riesgos si acaso, como resultado inevitable, procrean un nuevo niño. Mantener relaciones sexuales en un país que prohíbe bajo severísimas penas más de un hijo por familia, es casi casi como jugar a la ruleta rusa.
En fin.
Para terminar:
Lo del «remansamiento» se aplica especialmente en estos últimos tiempos. En momentos en que el rebaño de Cristo se encuentra rodeado por manadas de lobos feroces; en momentos en que el Anticristo, enseñoreado de todos o casi (que alguien me muestre el casi donde está) los poderes de este mundo, y que desde esos poderes se propugna y favorece todo aquello que es anticristiano, practicar el «remansamiento», si bien a más de un tradi pelagiano puede parecerle un acto suicida, a nosotros nos pareció mucho mejor compararlo con el whisky para el pavo.
Me explico: dicen los que saben que antes de matar un pavo para preparar el famoso «pavo navideño», hay que darle a tomar whisky. Parece que el pavo intuye que lo están por matar y se pone tenso, lo que hace que sus carnes se pongan duras y eso arruina la cena navideña.
En cambio, emborrachando al pavo, como quien dice «remansando» al pavo, se consigue que no se dé ni cuenta de que la parca lo acecha y no repare del instante en que le van a cortar el gañote. Esto asegura unas carnes tiernas, dice el buen gourmet.
Ahora comprendo perfectamente que de lo que se trata es de eso; Bergoglio nos quiere dar a todos el whisky del «remansamiento»…, impecable sistema que propiciará con toda seguridad, que estemos todos bien relajados para que lo primero que se pierda sea la Fe o, en su defecto, si en el futuro nos empecinamos en no perderla, posiblemente lo que perdamos sea la cabeza.
Dicho de otro modo: o aceptamos la «PAX BERGOGLIANA» ahorita que hay tiempo o, en un futuro quizás no muy lejano, atengámonos a las consecuencias.
El pavo, estimado lector, es usted, yo, y todos a los que Bergoglio quiere darnos a beber una buena ración de su «whisky remansero» con intenciones evidentemente non sanctas.
Bergoglio, por su parte, es uno entre tantos que disuelven a Cristo, por lo que más que al Nobel de la Paz y a todos los doctorados que pudieran habérsele ofrecido y que se le ofrezcan de aquí en adelante, consideramos que Bergoglio es acreedor al título de Anticristo «Cum Laude».
Ahora sí, entendiendo que finalmente hemos alcanzado la exacta comprensión de las verdaderas intenciones de Bergoglio, no queda más que despedirme de él de este modo también muy autóctono aunque no tan finamente poético como el que usara Güiraldes:
Begoglio, andate a la «remansada» c…
