OSKO: LA “UNION SACERDOTAL MARCEL LEFEBVRE”

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LA «UNION SACERDOTAL MARCEL LEFEBVRE»

«Tenemos que controlar al mismo tiempo ambas cosas: La Acción y la Reacción que se le oponga»

Este escrito surge a raíz de la publicación en NON POSSUMUS de un anuncio.

http://nonpossumus-vcr.blogspot.com.ar/2014/07/surge-la-union-sacerdotal-marcel.html

«Los Sacerdotes de la Resistencia reunidos en Avrillé han decidido continuar la FSSPX bajo la denominación de Unión sacerdotal Marcel Lefebvre. Desde ahora ella es la continuación de la obra de Mons. Lefebvre. La USML es la verdadera FSSPX.»

El sector que se autodenomina «la Resistencia» lo es tan sólo a la conducción de Mons. Fellay. Lo cual no está nada mal, pero allí se termina.

Como no pueden RECONQUISTAR esa posición, como no pueden RESTAURAR la FSSPX, ahora se hicieron una propia. La necesidad de contar con el respaldo de lo «institucional», aunque sea que eso tenga un carácter precario o virtual, parece que calma las expectativas de muchas personas.

Esto se manifiesta por el largo tiempo que permanecieron dentro de la FSSPX la mayoría de los que ahora se suman a esta nueva organización, a pesar de que las señales llegaron a ser harto evidentes. El mismo Obispo Williamson instaba a no abandonar la FSSPX; seguramente vería en ella lo mismo que sigue viendo en la Iglesia Conciliar: una manzana, medio sana y medio podrida.

Y es precisamente un aspecto ese muy interesante y que guarda estrecha relación con la realidad de la Revolución. Esta última actúa por medio de las instituciones. Las instituciones legítimas son buenas en sí mismas, por supuesto; pero en un estado de cosas como el actual, ninguna organización logra mantenerse en pie.

Ahí tenemos a la FSSPX; a la vista de todos, ella continúa; allí está, visible, «oficial», prosigue con sus actividades; mantiene sus centros de misa, sus prioratos y procura continuar en la línea que sus autoridades han decidido desde hace bastante tiempo. Sin embargo la FSSPX ya no es lo que fue.

La Revolución controla, no destruye; disuelve lo genuino transmutándolo. Y a la postre tenemos otra cosa; parece lo mismo, pero no es lo mismo.

La Revolución ha arrasado con todo aquello que, de una u otra manera, ha intentado oponérsele; y esto no cambiará en el futuro inmediato. Tal lo que pensamos, y nos parece que hay suficientes ejemplos y argumentos a favor de esa tesis.

En nuestro artículo «METIDA DE PATA», refiriéndonos a Mons. Williamson, medio en broma y medio en serio, decíamos:

«O peor…, tal vez le hagan meter la pata los miembros de la Resistencia Fláccida induciéndole perversamente a consagrar un obispo, lo cual constituiría una nueva contradictoria acción del obispo… Dicen algunos que él ya tiene redactada la carta de agradecimiento para cuando otro disfrazado de blanco le levante la excomunica…..»

Pues, suponíamos que eso iba a ocurrir y probablemente más pronto que tarde. Pero la jugada, la METIDA DE PATA, va un poco más allá todavía; llega al punto de haber instituido una organización. Haber creado una INSTITUCIÓN, tornará a los «resistentes» mucho más vulnerables.

De hecho, ya lo eran, porque llegan a esta instancia cargando TODOS ELLOS con la joroba, el baldón de sentirse… VAGOS. Pero ahora lo son mucho más.

Por el hecho de darse a sí mismos un formato, tal o cual, no evitan seguir siendo «ajenos» a lo que ellos creen que es La Iglesia. A menos que…, a menos que desde que se empiecen a sentir INSTITUCIÓN, comiencen a pensar en «negociar», porque, después de todo, para el obispo y líder de esa «resistencia», la Iglesia Conciliar sigue siendo LA IGLESIA CATÓLICA… ¿Qué no? Parece imposible, sin dudas, pero esperemos un poco y ya veremos.

De la misma manera que Mons. Fellay se siente fuera de lo que él, erróneamente, cree que es la Iglesia, estos «resistentes» se sienten ilegales, irregulares, como fuera del derecho y de la Iglesia también.

Los capitostes de la falsa resistencia no lo reconocerán. Nunca lo dejarán entrever siquiera, pero de eso se trata, y trae consecuencias inevitablemente.

¿Quién hubiera pensado hace unos 20 años que las autoridades de la FSSPX iban a ponerse a «negociar» (en este caso negociar y claudicar son sinónimos) con los modernistas del modo en que lo hizo Mons. Fellay y la cúpula de Menzingen?

Será otra instancia, tal vez a un plazo mediano posiblemente.

No se comprende cómo, el mismo Mons. Williamson, que había manifestado fuertes reservas al respecto, ahora hace las cosas como si algo así pudiera funcionar.

Mucho más que reservas.

Hace muy poco tiempo mencionaba en uno de sus comentarios ELEISON, el 319 de Agosto del año pasado, al Padre CALMEL. El Padre CALMEL hacía una muy clara explicación de las razones según las cuales, ya no queda espacio para nuevos intentos de tipo institucional.

El Padre Calmel con gran clarividencia predicaba que para los tiempos que corren la Iglesia debe esperar verse cada vez más disminuida y acabar reducida al ámbito de lo doméstico, con sacerdotes que prácticamente en soledad y desgajados de toda asistencia institucional o eclesiástica cumplirán su ministerio asistiendo algunos pocos fieles, algunas familias en medio de la apostasía generalizada.

De eso mismo hablaba Mons. Williamson en el ELEISON señalado anteriormente, aunque lo hacía como siempre, «a media agua», como si le pareciera bien lo que decía el Padre Calmel pero… con el rabillo del ojo intentando dar una pauta que permita esperar todavía un Gran Milagro, restaurador o reconquistador.

Otro tanto habría que decir sobre la utilización del Cardenal Pie…

Se trataría de una incoherencia, y de hecho lo parece pero estamos convencidos que va mucho más allá porque nadie puede estarse contradiciendo constantemente y no darse cuenta (del modo que lo hace Monseñor Williamson).

Creemos que se trata de etapas. Son etapas que se trabajan de una determinada manera y que, según se van dando las circunstancias sufren algunos pequeños cambios de dirección. En ese marco uno puede encontrar un sentido a ciertas declaraciones de Mons. Williamson; a ciertas «gaffes»; a la forma en que «retrocede» cuando luego de haber dicho o escrito alguna cosa que genera un cierto malestar o preocupación en la gente que lo sigue, él da un vuelco y cambia por completo de tema.

Sus alardes literarios encuentran explicación; sus chistes o bromas también. Pero lo cierto es que en cuestiones elementalmente básicas Mons. Williamson coincide exactamente con Mons. Fellay: a) La Iglesia Conciliar y Oficial sigue siendo para ellos LA IGLESIA CATÓLICA. b) Para ambos, Bergoglio no es Bergoglio, es FRANCISCO, c) Para ellos, todo el séquito de «cardenales» y «obispos» los son de la verdadera Iglesia, que está medio podrida, como la manzana, del ejemplo williamsoniano, pero tiene algunas partes sanitas todavía y eso ES LA IGLESIA.

Búsquese donde se quiera, jamás se encontrará un «exabrupto» de su parte en referencia a la persona de Bergoglio (no digamos de Ratzinger, porque eso les resultaría imposible siquiera pensarlo)… y la verdad es que ya se pasó la hora en la que podíamos esperar que los señores obispos de la Tradición demostrasen que tenían algo más que pantalones debajo de sus sotanas. Nos hubiese encantado un episcopal exabrupto en boca de alguno de ellos. Ilusos.

Algunos reclaman una suerte de adhesión incondicional a sus actos. La Falsa Resistencia es de esa clase. De modo que les resulta inadmisible ser cuestionados o puestos en dudas. Otros reclaman una suerte de necesidad de «obediencias» o por lo menos de respeto (como si de eso se tratase) a la investidura del prelado, puntualmente Mons. Williamson, a quien habría que dejar de cuestionar. Y en esto también se parecen a los que permanecen dentro de la FSSPX.

Se reitera la misma historia, como si los que estamos de este lado de la cuestión le buscáramos la «quinta pata al gato», cuando en realidad el asunto no nos cierra porque además de que hay una historia detrás del obispo que todavía reclama explicaciones, ahora se agregan otras cosas, como esta fundación de la Unión Sacerdotal Marcel Lefebvre.

Escuchaba hace unos días en Radio Cristiandad aquel concepto que manejaba muy bien Vladimir Ilich Ulianov (Lenin), que hemos destacado debajo del título de este artículo, y no pude evitar recordar el particular contexto en que actuaba ese estafador devenido revolucionario (esa era su actividad antes de convertirse en «revolucionario»; la estafa la siguió practicando desde el ámbito de las ideas y de la política). El contexto era, como se sabe, un momento de la historia especialmente tenso y complejo.

Pero lo interesante del asunto es que Lenin sabía perfectamente de que se trataba el asunto. Resulta indiferente si Lenin comprendía o no que hay una poderosa inteligencia detrás de la REVOLUCIÓN y que esa inteligencia no es humana sino angélica.

Nada ha cambiado tanto desde los tiempos de Lenin a la fecha como para que ingenuamente desechemos la actitud de pensar que una REACCIÓN, cualquier REACCIÓN, puede dejar de ser (por lo menos) sospechable.

Entre los miembros de esta nueva organización, hay quien, o quienes, saben perfectamente aquello de, «Debemos controlar la Acción y también la Reacción que se le oponga».

Ahora se ha conformado la «Unión Sacerdotal Marcel Lefebvre», instrumentada por la Falsa Resistencia, obviamente; por sacerdotes que se colocan bajo la jefatura de Mons. Williamson. ¡Enhorabuena!… ya tenemos entonces, la cáscara institucional que tanto reclamaban algunos.

Claro que una cáscara es susceptible de ser ocupada por un personaje «dudoso». Un huésped que se instala armado de mucha paciencia porque tiene por delante una tarea que llevar a cabo: la de CONTROLAR la reacción.

Ser infiltrada, por supuesto, es una entre las posibles maneras de que acabe una cosa como esa, aunque no es la única seguramente, pero es el mecanismo que preferentemente utilizan los revolucionarios de todo pelaje, incluidos los religiosos.

Objeción: Esa es una manera muy negativa de ver las cosas. Dejémoslos caminar y luego veamos.

Respuesta: FALSO.

En la etapa actual, en este estadio en el que se debate el mundo después de lo que entendemos es «EL GRAN CASTIGO», el Concilio Vaticano II, vivimos una era que muy bien podría denominarse Post-cristiana, o Post-Católica.

No existe más la Cristiandad y eso no es algo que tenga data de hace tres o cuatro años; hablamos de mucho más. Ni siquiera podemos decir que esta era actual, post-cristiandad, comenzó durante o al final del CVII, sino antes. La Iglesia se mantuvo erguida pese a los embates del anticristo hasta hace cinco décadas, luego fue retirada de lo institucional y eclesiástico.

Antes habían caído uno tras otro, imperios, reinos, naciones e instituciones. La última en caer, posiblemente haya sido el PAPADO.

Sea que el OBSTÁCULO del que habla San Pablo haya sido la Verdad (hoy despreciada por los hombres), la Iglesia (estamos hoy ante una imitación de la misma), el Papado (grotesca apariencia de tal cosa, el actual) o la Cristiandad en su conjunto, TODO ESO ha sido liquidado por los revolucionarios y por la Revolución.

Todo intento de organización más o menos estable, planteado al modo o usanza convencional está condenado al fracaso, pero la falsa resistencia no cree, no comprende, las palabras del Padre Calmel, a pesar de haberlo citado en sus trabajos alguno de ellos.

Esta es la razón, y no otra, del porqué hablamos de «falsa Resistencia». Puede haber excelentes intenciones en la inmensa mayoría, pero con las intenciones no impedirán que la «manzana» que han creado ahora se pudra rápidamente. Porque el gusano está adentro; que cada uno le ponga el nombre que le quiera poner.

Causa eficiente de la posición de quienes dirigen la falsa resistencia: la visión que tienen todos ellos (o la gran mayoría) en referencia a la cuestión del Apocalipsis.

Por todo lo dicho, por lo específico y lo contextual, es que creemos que estamos ante una nueva «voie de garage», más allá de los nombres y de las intenciones de cada uno de los que conforman el núcleo fundacional de la Unión Sacerdotal Marcel Lefebvre.

Una cosa más, nos apena profundamente el nombre que han elegido. Merecía la memoria de su dueño un mejor destino.