Con mis felicitaciones, oraciones y bendición, van estas palabras de Pío XII – P. Juan Carlos Ceriani

DISCURSO DE PÍO XII SOBRE LA PRENSA CATÓLICA Y LA OPINIÓN PÚBLICA
17 de febrero de 1950
Juzgamos oportuno presentar a vuestras meditaciones algunos principios fundamentales relativos al papel de la prensa católica frente a la opinión pública.
Es un hecho que la prensa se encuentra entre los principales factores que contribuyen a la formación y a la difusión de ésta.
Pero ¿dónde encontrar a estos hombres profundamente penetrados del sentimiento de su responsabilidad y de su estrecha solidaridad con el medio en que viven?
Ya no hay tradiciones, ni hogar estable, ni seguridad de la vida, ni nada de todo lo que hubiera podido mantener a raya la obra de la disgregación y, con demasiada frecuencia, de la destrucción.
Añadid el abuso de las fuerzas de las organizaciones gigantescas de masas que, encadenando al hombre moderno en su complicado engranaje, ahogan a sangre fría toda la espontaneidad de la opinión pública y la reducen a un conformismo ciego y dócil de ideas y de juicios.
¿No habrá, pues, ya en estas desgraciadas naciones hombres dignos de este nombre? ¿Hombres marcados con el sello de una verdadera personalidad, capaces de hacer posible la vida interior de la sociedad? ¿Hombres que, a la luz de los principios centrales de la vida, a la luz de sus fuertes convicciones, sepan contemplar a Dios, el mundo y todos los sucesos, grandes o pequeños, que en él se suceden?
¡Sin duda alguna hay todavía hombres de este temple, aunque, por desgracia, poco numerosos, y cada día más escasos, a medida que se ven suplantados por sujetos escépticos, hastiados, despreocupados, sin consistencia ni carácter, fácilmente manejados por algunos «hacedores del juego»!
Los hombres de buen sentido no cuentan; quedan aquellos cuyo campo visual no se extiende más allá de su estrecha especialidad ni más arriba del poder puramente técnico.
No es de estos hombres de quienes se puede esperar ordinariamente la educación de la opinión pública ni la firmeza frente a la astuta propaganda que se arroga el privilegio de moderarla a su gusto.
En este terreno, los hombres de espíritu cristiano, sencillo, recto, pero claro, aunque la mayor parte de las veces no tengan muchos estudios, son muy superiores a aquéllos.
Los hombres a quienes debería tocar la misión de esclarecer y guiar a la opinión pública se ven frecuentemente en una mala postura para dedicarse a ello con libertad y con éxito.
Esta situación desfavorable afecta particularmente a la prensa católica en su actuación al servicio de la opinión pública.
En esta situación, el mal más temible para el publicista católico seria la pusilanimidad y el abatimiento.
Ved la Iglesia: después de casi dos milenios, a través de todas las dificultades, contradicciones, incomprensiones, persecuciones abiertas o solapadas, nunca se ha desanimado, nunca se ha dejado deprimir. Tomadla como modelo.
Ved, en las lamentables deficiencias que acabamos de señalar, el doble cuadro de lo que no debe ser y de lo que debe ser la prensa católica.
