Más allá de los mundos ilusorios de la Falsa Resistencia…

OBSECUENCIA Y FICCIÓN
El Padre Juan Carlos Ceriani acaba de publicar un artículo en el que menciona al P. Trincado, quien en su sermón del domingo de la Santísima Trinidad se ha expresado del modo que sigue:
«Este fue el primer grupo de fieles de la Fraternidad en reaccionar santamente – es decir de modo resuelto y radical – en defensa de la Verdad, en levantarse valerosamente en contra de los pastores convertidos en lobos».
El P. Trincado se refería a los fieles de Chihuahua, México, que en JUNIO de 2012 reaccionaban contra la conducción de Menzingen.
El P. Ceriani se hace un par de veces la pregunta respecto de si el P. Trincado vive una situación ilusoria, o si deliberadamente miente.
Lo mismo se plantea el sacerdote argentino respecto de los fieles chihuahuenses… Claro, si ellos escucharon al P. Trincado y su ditirámbico sermón, deberían haberle advertido de su error…; cosa que no ha ocurrido hasta donde sabemos. De modo que es lógico preguntarse si estarán también ellos viviendo en un mundo ilusorio, o quizás se han decidido por acompañar el sostenimiento de la impostura.
Menos benévolo que el Padre Ceriani, me inclino en pensar que más bien el P. Trincado parece haber asumido como propio aquel famoso axioma: «Miente, miente, que algo quedará».
Sin retóricas interrogaciones, sin vueltas y también sin respeto alguno, podemos decir, entonces, que el Padre Trincado no vive una ilusión, LA FOMENTA deliberadamente.
Él no puede ignorar en modo alguno que lo que acaba de decir es una impostura. Como tampoco puede olvidar su acritud al momento de denostar duramente a los fieles que se oponían a las políticas de acercamiento a Roma Apóstata por parte de Mons. Fellay, cosa que hizo oportunamente en San Luis, como se señala en el artículo, y se conoce en la Argentina perfectamente. Entonces…
Entonces…, que ya cansan esas imposturas en referencia a esta cuestión de la «Resistencia».
Existe una resistencia genuina; y está muy bien representada por sacerdotes y fieles, aquí y allá, diseminada por diversos sitios, en grupos más pequeños de los que muchos pretenden y quieren hacerle creer a los demás. Eso es todo.
La autodenominada «Resistencia», que se ha encolumnado detrás del pintoresco y excéntrico (e inexacto, confuso y poco confiable) Mons. Williamson, cuenta (entre otros) con especímenes como este P. Trincado, que no puede ocultar que (queda perfectamente evidenciado en este caso) TERGIVERSA LOS HECHOS y MIENTE ALEVOSAMENTE.
Pero que, además, se muestra como un resistente, cuando él mismo REPRIMÍA a los fieles que se levantaban contra Mons. Fellay y sus arbitrariedades y sus afanes acuerdistas.
Este mismo Padre Trincado atacaba a los fieles antiacuerdistas, verdaderos RESISTENTES, acusándolos de ser «Traidores a Mons. Fellay»…
Para colmo, como puede verse por el tenor de su acusación, el P. Trincado no pasa de ser un vulgar obsecuente de la autoridad constituida, aunque la misma, en razón de su traición prevaricadora, deba ser desobedecida y resistida en conciencia.
El Padre Trincado ni siquiera está en condiciones de alegar que, en aquel 25 de Marzo de 2012, él (equivocadamente, por supuesto) habría intentado defender la Verdad, o la Obra de Mons. Lefebvre, o lo que él, el P. Trincado, consideraba que era lo correcto…
¡NO!, de ninguna manera; las palabras con las que el Padre Trincado fustigó a los fieles de la verdadera resistencia LO DELATAN, como un obsecuente de la autoridad, como un cultor de la «obediencia ciega» a los superiores.
De nada sirve que se pretenda alegar que luego, más tarde (¡qué costumbre esta de llegar más tarde!), el P. Trincado se habría dado cuenta de su error, porque jamás hizo la menor aclaración acerca de los episodios ocurridos en San Luis y otros lugares, que lo tuvieron como protagonista estelar.
No exijamos ya que se disculpe o que públicamente se rectifique; pero sí le pedimos que, por lo menos, evite predicar sermones como el del Domingo pasado. Es lo menos que se puede esperar en su caso, que es el mismo al de casi todos los tardíos «resistentes».
¿Cómo no van a creer los fieles de la falsa resistencia en falsas apariciones, en supuestas restauraciones y fabulosas reconquistas «milagrosas», si siguen a sacerdotes que reaccionan tarde, tergiversan la realidad, se encolumnan detrás de un obispo que todavía no ha sabido dar una sola respuesta medianamente satisfactoria sobre todas aquellas cosas por las cuales es cuestionado?
Nadie debe extrañarse de que vivan en la ficción más absoluta.
