Sin olvidarnos de Mons. Fellay, Mons. Williamson y Bergoglio…
Apuntes en derredor de la Carta del Padre ALTAMIRA

Advertencia: ¡No les va a gustar!
Farragoso asunto, indudablemente, que nos coloca en la nada envidiable situación de tener que volcar «ríos de tinta»…, cuestión que por todos los medios intentamos evitar, aunque por alguna razón la existencia e insistencia de ciertos personajes nos obliga a hacerlo.
Es que en el minimundillo tradi cada quien se esfuerza en afirmar las posiciones individuales y particulares asumidas. De ese modo parecen actuar los que participan en él, a expensas de la realidad misma. Realidad que se nutre de un pasado inmediato, que algunos desearían poder soslayar.
La afirmación anterior no es para nada arbitraria, como comprenderá inmediatamente todo aquel que no haya perdido de vista la tremenda gravedad de la hora; en especial si prestó la debida atención a los últimos acontecimientos que son de dominio público y que profusamente ha publicado Radio Cristiandad en los últimos días. Particularmente nos referimos a Bergoglio y su viaje/visita a Tierra Santa.
Un aspecto que no deja de llamar la atención del autor de estas líneas es el modo insensible con que pasan ciertos hechos. Cómo se proyectan, se gestionan, se hacen realidad e inmediatamente quedan en la historia sin más.
Es cierto que algunas personas (pocas, ciertamente) se sobresaltan, o se entusiasman o bien (estos sí muy pocos) se asombran e inquietan de, por ejemplo, los hechos protagonizados por Bergoglio en su viaje a Medio Oriente; y que algunos (menos todavía) lo hacen por las políticas que implementa Mons. Fellay en vista a asegurarse un final feliz para coronar su «Largo Camino de Regreso a Casa», o sea a su tan venerada ROMA (apóstata Roma, por supuesto; claro que él eso no lo ve como consecuencia de la infección liberal que le ha cocido los sesos a él y al resto de la cúpula de Menzingen); deberemos agregar que muchísimos menos se asombran por las imposturas, a veces ridículas y estrafalarias del excéntrico obispo inglés que encabeza una autodenominada «Resistencia».
Pues bien…, llegados a este punto no esperamos que sea más de un puñado de personas las que se asombren de la Carta del Padre Altamira a Mons. Fellay.
El asombro podrá surgir por otros motivos distintos a los nuestros, en todo caso, pero no será nuestro asombro.
Porque nuestro asombro adquiere ribetes de mitigado cinismo. No se trata del cinismo convencional y condenable, por supuesto, sino de aquel que inspiraba a Séneca como una suerte de disposición a no creer en la sinceridad o bondad humana, ni en sus motivaciones y acciones, así como una tendencia a expresar esta actitud mediante la ironía, la burla y el sarcasmo, y eso… ya sabemos que para muchos es desagradable.
Es todo un reconocimiento de nuestra parte como sabrán apreciar.
Pero el «cinismo» a que nos referimos, se nutre de una importante dosis de decepción, combinada con un hartazgo bien curtido a esta altura de los tiempos.
La decepción a que hacemos referencia, por su parte, se nutre de infinidad de situaciones ya acontecidas.
El hartazgo, nace de las enormes monstruosidades que nos toca contemplar.
Enormidades monstruosas provenientes de la Iglesia Conciliar, aquella extraña cosa que se parece a lo que era pero que ya no es, o nunca fue, por más que se afane en remedar lo que procura aparentar, mientras que se alimenta del hálito tóxico de la apostasía.
Enormidades monstruosas en la forma enmascarada con que se mueve la cúpula de la NEO- FSSPX, que se apoya en el «secretismo», en el «ocultamiento» y en las ambigüedades sistemáticas y delicuescentes de Mons. Fellay, que lleva, lentamente y sin pausa, a SU congregación en camino de la apostasía mencionada en el párrafo anterior.
Enormidades monstruosas en las… (¿inexplicables todavía?) y tortuosas elaboraciones de Mons. Williamson que, de pronto, parece poseído de un hipertrofiado celo anti-sedevacantista que, al amparo de sus propias y personales interpretaciones (que suponemos se apoyan en aquellas «tremendas» y «sólidas» columnas cuales son AKITA y VALTORTA) lo llevan a emitir semanalmente disparatados comentarios que, entre otras cosas absurdas, presentan como IGUALADOS postulados tan distintos y distantes como el LIBERALISMO y la Posición Teológica denominada SEDEVACANTISMO.
Comentarios, los de Mons. Williamson, que ni siquiera hemos de molestarnos en responder en el futuro, salvo que una importante «vuelta de rosca» de los mismos lo haga recomendable.
En otra escala y a otro nivel, tenemos que mencionar al Padre Altamira, al que, luego de haber leído la Carta Pública que dirige a Mons. Fellay, solamente nos queda por decirle una cosa: que tu hablar sea SÍ SÍ o NO NO. No se ofenderá, ya que él mismo hace referencia a ese famoso modo de reclamar claridad en las expresiones.
Sin dudas, el Padre Altamira se mostrará sorprendido al leer estas líneas de un, para él, ignoto comentarista…
Por cierto, Radio Cristiandad y el Padre Ceriani han hecho mención del asunto; ya que al recibir la carta del Padre Altamira en respuesta al verdaderamente detestable Monseñor Fellay y sus igualmente detestables actitudes, conductas, palabras, mentiras, deformación de la realidad y sonrisas (estas últimas ya resultan ser el non plus ultra de lo desagradable), mencionan el hecho concreto de que el sacerdote en cuestión (por el cual continuaremos rezando, como bien se pide) no consideró importante responder a las respetuosas (aunque admitimos que machaconas) interrogaciones que le efectuáramos oportunamente.
Los términos en los que se expresa Radio Cristiandad son claros y perfectamente comprensibles:
Publicamos la siguiente carta del P. Altamira con su pedido de publicación por medio del P. Méramo. Tal intercesión no era necesaria puesto que no nos hemos negado a publicar las cosas que el P. Altamira nos ha enviado. No obstante, sería muy bueno pedirle al P. Altamira que conteste las apreciaciones de nuestro comentarista y colaborador Osko, al cual, aún, no se ha dignado responder.
Seguimos rezando por los sacerdotes tradicionales, para que lejos del error y trampa de la Neo-FSSPX, salgan también o no caigan en la red que los llevará al mismo destino de los primeros: el engaño de «RESISTENCIA» llevado adelante por Mons. Williamson.
Y es que, aunque no nos parece necesario que el Padre Altamira nos responda, ya que no se trata de una puja entre pares ni pretendemos enmendarle la plana ni darle lecciones a los sacerdotes, en realidad queremos que explique, del modo que sea, las incoherencias entre su actuar y su decir; y más aún, que defina su posición; ya que hasta el momento se muestra jugando a dos bandas (¿o a tres?), pretendiendo conciliar posiciones inconciliables como son la de la verdadera y la falsa resistencia, fracciones en las que el sacerdote se mueve a su acomodo y conveniencia.
En cuanto al «hartazgo», que también menciona el Padre Altamira, coincidimos con él también en cuanto a que se trata de la falta de claridad que muestran la mayoría de los sacerdotes de la Tradición (incluido por supuesto él mismo) y ni que decir de «nuestros» Obispos.
Es que así están las cosas.
La Iglesia Católica reducida a un estado y una existencia casi doméstica, en la que los fieles procuran encontrar a aquel sacerdote que se equivoque lo menos posible o que sea capaz de encender al menos un pequeño cirio detrás de cuya luz se pueda caminar de un modo relativamente seguro. Conviene que los lectores, fieles de la Tradición, pertenecientes al grupo, capilla, o sector que le sea más sencillo entender (en primer lugar), puedan discernir concretamente frente a quién están o a qué sacerdote están siguiendo y elegir si quedarse allí o buscar una mejor opción.
Se podrá estar de acuerdo o no estarlo con la posición asumida tanto por la Radio, como por el Padre Ceriani, o por quien escribe esto, pero no podrán negar que es perfectamente reconocible la posición que asume cada uno de los mencionados.
Sencillamente, en la comparación entre la dimisión, que realizara oportunamente (¡año 2009!) el Padre Ceriani, con esta carta del Padre Altamira (CINCO años más tarde) aparece en claro contraste la diferencia.
Y no se trata de una cuestión menor. No es solamente el momento, el modo, o las circunstancias. Es mucho más que eso: hay los que se «retoban» y hay los más dóciles y, podría decirse, «diplomáticos» (para no herirlos en sus susceptibilidades). Pues bien, preferimos a los que se «retoban», porque los «diplomáticos» normalmente conceden, y si conceden… transan.
No estamos ni dolidos ni enojados con el sacerdote que supo ser Prior de la FSSPX en Bogotá, capital de Colombia.
Enojados, NO…
¿Cómo fue que dijimos al principio?
AH, SÍ: ESTAMOS HARTOS Y DECEPCIONADOS…
Es arrastrar enormidades monstruosas, andarse con vueltas por estos tiempos.
La incoherencia del Padre Altamira aparece develada casi de modo obsceno cuando se hace una lectura de algunas de las argumentaciones que le dedica a Mons. Fellay; y que se aplican, palabra por palabra y letra por letra, a Mons. Williamson… Porque, si de ambigüedades y de falta de respuestas y claridad se trata…, ¡vaya que nadie le gana al obispo Ingles!
Y es que ya no se trata sólo del Blasón episcopal con una Rosa Cruz sino de todo un enérgico apostolado de Monseñor Williamson en defensa de la legalidad de la jurisdicción de la Roma Apóstata.
El Padre Altamira se tomó sus tiempos; y nos da la sensación que fueron demasiados tiempos. Y la explicación que da al Sr. Carballo (a quien, al menos, sí tuvo la delicadeza de responder…) es que confiaba en sus superiores, como quien dice, «medio inocente la ceguera».
Pero que la excusa siga siendo la misma, nos parece inconcebible. Porque ahora, frente a su Nuevo superior, Monseñor Williamson, se hace de nuevo el ciego y dice que también confía.
Confía en Monseñor Williamson por las mismas razones (exactamente las mismas) que desconfía de Monseñor Fellay. Hum…, aquí hay algo raro. Y de ello reclamamos una explicación.
Afirmamos que Mons. Williamson hace exactamente lo mismo (en lo esencial) que Mons. Fellay, y para demostrarlo daremos un solo ejemplo. No se necesitan más:
Ambos obispos de la Neo FSSPX procuran «exorcizar» a los fieles para evitar que estos lleguen a las conclusiones harto evidentes de la situación actual: ROMA ESTÁ EN LA APOSTASÍA, ROMA NO ES la Iglesia Católica.
¿Y cómo hacen los Monseñores Fellay y Williamson para practicar esta suerte de exorcismo colectivo?
Muy sencillo: ambos agitan el CUCO ante los ojos de los temblorosos niñitos de la Tradición. El CUCO se llama «sedevacantismo». ¡Y dale con el sedevacantismo!…
Esta es la clave del asunto, según nos parece a nosotros. Esto es lo que puede permitirnos comprender las causas del extraño comportamiento de Mons. Williamson. Es su reacción actual sistemática, constante y abrupta contra el postulado sedevacantista; lo que, por contraste, demuestra que el obispo inglés procura afanosamente que la menor cantidad de fieles posible se aparte de Roma Apóstata.
Luego, él trabaja para la Roma Anticristo, del mismo modo que lo hace Mons. Fellay; aunque por cierto, transitan por distintas sendas, pero en paralelo…
Podríamos decir que es algo semejante a Ratzinger y Bergoglio. El primero, idolatrado por los conservadores, línea media e incluso muchísimos tradis; el segundo, odiado por esos mismos. Y, sin embargo, comulgan en los mismos principios. Estilos distintos al servicio de los mismos principios.
Así tenemos que Fellay es a Bergoglio, lo que Williamson es a Ratzinger. De hecho, gracias a un artículo publicado por Radio Cristiandad, sabemos que Mons. Fellay está prácticamente encantado con Bergoglio. En cuanto a Williamson-Ratzinger…, más serios, circunspectos, aparentemente tradicionales, pero, en el fondo, tan liberales como el que más.
Los cuatro… ¡SÍ, los CUATRO!, trabajan en definitiva para la REVOLUCIÓN ANTICRISTIANA.
El Padre Altamira escapa de la cuestión esencial que, además…, si todavía no se dio cuenta de cuál es, pues, nosotros no lo repetiremos.
De los errores que tienen su origen en debilidades del carácter u otras de tipo personal o moral, que se ocupen otros; pero de la simple comparación de textos, palabras y argumentaciones, debemos ocuparnos TODOS…, y no pasarlas por alto en aras de un equivocado modo de entender lo relacionado con el respeto hacia un sacerdote u obispo.
Y menos si ese sacerdote u obispo me anda macaneando…
¿Acaso el lector acaba de caer en la cuenta de que afirmamos que el Padre Altamira nos está macaneando…?
Perceptivo lector…, no solamente eso…
Con las mejores intenciones del mundo, con las más elogiables de todas las posibles búsquedas de concordia, podríamos dejar la cuestión en este punto y a otra cosa…
¡Pero no! Non Possumus… Perdonen el sarcasmo… Porque, pudiendo callarnos, no queremos hacerlo…
¿Qué quiso decir, exactamente, el Padre Altamira con su Carta? Porque, sinceramente, no lo sabemos. Y como no lo sabemos, le preguntamos. Esto significa que el Padre Altamira debería respondernos.
Si, como podemos apreciar, el P. Altamira parece incapaz de dar una respuesta contundente a su expulsión decidida por Mons. Fellay, pensamos que debió no dar ninguna (era mucho mejor que esa respuesta chirle).
No nos satisface la intrincada respuesta, por parecernos una de alguien que escribe como esperando algo, allí justamente, donde no es posible esperar nada.
Si la Carta en cuestión fue escrita pensando en los fieles, la cosa es peor aún.
En ese caso, hubiera sido esperable una arenga, un llamado al combate de resistencia, a mantenerse firmes en la Fe.
Una carta breve, enjundiosa, afirmada en principios inclaudicables. Pero… NO.
Nada que ver con las posiciones de los Padres Méramo, Ceriani, Turco o Grosso.
Debemos insistir con algo: para demostrar lo que decimos basta comparar la CARTA DE DISIMISÓN del Padre Juan Carlos Ceriani, dirigida oportunamente al impresentable Superior General de la FSSPX.
Realmente es necesario hacer una relectura de la misma, y una vez asimilada y asumida pasar a la comparación.
Es decir…, compárese un texto con el otro.
La DIMISIÓN del Padre CERIANI, sus argumentos, la forma o el modo impersonal y sistemático, frío y desapasionado; más allá del estilo que este sacerdote eligió en aquel momento, nos queda el fondo, o sea la SUBSTANCIA, que en definitiva es lo ESENCIAL.
Se nos perdonará el modo, ciertamente redundante, que hemos manejado en el párrafo anterior; pero es que deseamos precisar algo, y ese algo es ESENCIAL; se refiere a las ESENCIAS, se dirige a ellas, se apoya en ellas y concluye también en las ellas.
Lo esencial sigue siendo lo que está siendo soslayado, tanto por el Padre Altamira como por Mons. Williamson. Y es que tanto uno como otro parecen siempre estar moviéndose con cuidado en diferentes escenarios, sacando el mejor provecho a sus intereses y asumiendo posiciones contradictorias (que a ojos de muchos parecen conciliadoras), dependiendo del ámbito donde se encuentran.
Ello se hace evidente en las palabras del padre Ceriani al destacar el hecho de que el padre Altamira «se sirve de Radio Cristiandad cuando la amplia difusión de la misma conviene a sus intereses», y en las palabras de Fabián Vázquez que le dice al padre Altamira que no era necesario usar al Padre Basilio para pedir que le publiquen su carta.
¿Dónde estuvo metido el Padre Altamira en los últimos DIEZ AÑOS, que no vio y sigue sin ver lo ESENCIAL?
¿Acaso en todos esos años, nunca se le ocurrió interiorizarse de lo ocurrido con los Padres Méramo, Ceriani, Turco, Grosso, Abramovich, etc.?
Y si lo hizo, ¿cómo es posible que ahora reaccione, hable y escriba como si aquellas cosas no hubieran ocurrido jamás?
¿Acaso el Padre Altamira se hubiese ido de la NEOFSSPX mucho antes, pero no puede decirlo porque en ese caso debería decir también que su actual «superior», Mons. Williamson, insistía en que no se fuera de la Neo FSSPX? De hecho, ni uno ni otro se han ido…, los expulsan…
Pero…, ¿no ve el Padre Altamira la tremenda lógica de todo el asunto?
¿No es lógico acaso que EL MISMO QUE INSTABA A SACERDOTES COMO ÉL A NO ABANDONAR LA NEO FSSPX sea el mismo que TODAVIA sigue predicando que la Roma Apóstata y Anticristo y los funcionarios que de ella se sirve y la sirven SON LA IGLESIA DE CRISTO?
Finalmente, Padre ALTAMIRA, le preguntamos su verdadera posición, porque «Parece que jamás su modo de hablar será «sí-sí, no-no». Al revés, uno tiene que estar siempre frente a esos «sí, pero no», «no, pero sí», «blanco, pero negro», «negro, pero azul»: Perdón, pero es un cuento de nunca acabar.»
¿Salió, usted, de la NEO-Fraternidad San Pio X? ¿O será que, tal vez, insiste en permanecer en ella?
Siendo que Mons. Williamson ha manifestado en forma reiterada que para él Roma sigue siendo la Iglesia Católica, y que usted, Padre Altamira, manifiesta ser un seguidor de Mons. Williamson, y que confía en él, todo lo cual lo ha dicho públicamente, nos queda por preguntarle lo siguiente:
¿Lo sigue por convicción y por comulgar con sus ideas y posición actual, o lo sigue por la conveniencia de estar con alguien que le proporciona condiciones, materiales y espirituales, dada su condición episcopal?
