Esta es la hora

Por fin nos adentramos en el gran valle oscuro,
entre sombras de muerte tan sobrecogedoras
que perturban el alma que atisba hacia el futuro.
En lo alto destellan simulacros de auroras.
Parece ser la hora triunfal de la tiniebla:
bulle y se consolida la cátedra del mal
en una falsa iglesia que, usurpadora, puebla
la tierra de herejías con aura fraternal.
Presumen los leprosos y conducen los ciegos,
Belial se exterioriza, crece la apostasía
y Cristo es hostigado dondequiera que esté.
Damnificadas almas prenden sus propios fuegos
y los dientes filosos de una humana jauría
muerden cruces guardadas por el hombre de fe.
