P. CERIANI: EL P. TURCO RESPONDIÓ POR ANTICIPADO A MONS. WILLIAMSON…

p. Turco

EL PADRE TURCO

RESPONDIÓ POR ANTICIPADO A

MONSEÑOR WILLIAMSON

Se dice comúnmente que una foto, una ilustración, vale más que mil palabras.

La que hemos publicado para hacer comprender la gravedad de los dichos de Monseñor Williamson en Bogotá, prueba lo acertado del refrán.

Como también tenemos palabras para justificar y fundamentar la ilustración, hoy envío a los lectores al enlace con el excelente trabajo del Padre Juan José Turco, en sus Especiales del mes de marzo de 2014:

https://radiocristiandad.wordpress.com/2014/03/16/especiales-de-cristiandad-con-el-p-juan-jose-turco-la-nueva-iglesia-marzo-2014/

No son 1000 palabras, tan sólo 819… Podría haber completado las mil…, pero corría el riesgo de ser denunciado como milenaristas…

Ah…, a propósito del Reino Milenario y la objeción planteada por Monseñor Williamson, les prometo una refutación para esta tarde…

Ahora los dejo en la buena compañía del Padre Turco y un resumen de su trabajo:

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En general podemos decir que una iglesia es una congregación de fieles con un objetivo religioso.

Es decir: el término «iglesia» designa a una especie de sociedad.

En toda sociedad tenemos:

– causa material: las personas que son miembros.

– causa formal: la unión de las voluntades de esos miembros en la prosecución de un fin.

– causa eficiente: la autoridad que la fundó y la mantiene, gobernándola. La causa eficiente es la que establece el fin que especifica esa sociedad.

– causa final: el objetivo, el fin buscado en la sociedad. Es lo que se llama «el bien común».

 

¿Qué especifica a una sociedad para que sea «iglesia» y no sea otro tipo de sociedad (familiar, comercial, etc.)? Que sea una sociedad religiosa: que tenga como fin, ordenar sus miembros hacia Dios.

 

Entre las sociedades, la diferencia específica para determinar que es «iglesia», es el orden a Dios; la causa final, el «bien común» buscado, debe ser la gloria de Dios.

Lo que diferenciará específicamente a una «iglesia» de otra, es si el fin es específicamente distinto del de las demás. O lo que es lo mismo: si el fin de la religión de esa iglesia es propiamente distinto del de otra religión.

Artículo 1: La iglesia después del concilio tiene como objeto de su religión algo distinto del objeto de la religión católica: es la religión de cierta divinidad en el Hombre.

1º) En la doctrina modernista se aplican atributos divinos al Hombre.

2º) La doctrina conciliar va a aplicar ese principio general (ordenación al hombre) a todos los temas de la religión.

Para resumir:

1. La doctrina del Concilio Vaticano II es propiamente una religión, puesto que se ordena a un culto.

2. En ese culto aparece el hombre.

Artículo 2: Aun cuando en los textos del CV II se dan al hombre caracteres divinos, también se ve que hay algo más: hay una cierta divinidad.

1º) En el lenguaje confuso del Concilio, este menciona al hombre y a una divinidad.

2º) Aquí podemos preguntarnos: esa divinidad, ¿es el mismo Dios que el de la religión católica?

3º) Se puede pensar que esa «divinidad» es el demonio mismo.

Ahora bien, ¿lo es? Podemos afirmarlo, porque:

1) Como veremos, el que verdaderamente dirigió el Concilio fue la alta masonería.

Ahora bien: la masonería es satanista

2) Y sabemos por revelación, que la religión que impondrá el Anticristo, tendrá en el fondo la adoración del demonio

Así podemos comprobar que hay unas equivalencias muy luminosas:

1. La masonería tiene un culto al Hombre, a la Razón. Pero detrás de esto, está el culto al Gran Arquitecto del Universo, Lucifer, el demonio. Éste, revestido de humanismo, culto al hombre, culto a la razón, filantropía.

2. El Concilio Vaticano II atribuye características divinas al hombre, al mismo tiempo que hay una divinidad.

3. La religión que impondrá el Anticristo será la adoración del Hombre (de él mismo, la Bestia del mar) pero al mismo tiempo, en ese hombre, adorarán también al Dragón.

¿Cómo no ver la relación que tienen estos tres? El agente (masonería, títere del demonio), el medio producido (iglesia conciliar), fin al que tiende (religión del Anticristo).

Artículo 3º: La iglesia que posee la religión del Concilio.

1. Puesto que una iglesia es propiamente una sociedad religiosa, la organización que profesa oficialmente la religión del Concilio Vaticano II es propiamente una «iglesia».

2. Puesto que la doctrina profesada en esta nueva iglesia es distinta de la Fe católica. Estamos frente a una nueva fe: con nuevas enseñanzas, nuevo magisterio (subjetivista y evolucionista), nuevo sacerdocio, nuevo culto, nueva estructura eclesiástica, nuevo fin de esa sociedad religiosa.

Artículo 4º: Siendo así, es imposible que las dos sean una sola y la misma iglesia.

Pero, cuando se constata que las enseñanzas del CV II son «una nueva religión», no se puede admitir que sea solo una «modalidad» que sigue estando «en la Iglesia católica».

En su obra, el Padre Calderón reconoce que «la finalidad» (es decir, lo que va a especificar) de la religión del Vaticano II es el culto de la persona humana. Ahora bien, la finalidad es lo que especifica una acción.

Por lo tanto la religión del Concilio Vaticano II es una religión específicamente
distinta e incluso opuesta a la católica.

Por lo tanto es imposible que la religión conciliar esté dentro de la Iglesia Católica.


La diferencia que hay entre «Iglesia católica» e «iglesia conciliar» está en lo que determina una religión, distinguiéndola específicamente de las otras.

La iglesia conciliar verdaderamente es una iglesia, sí, con su doctrina, su jerarquía, su culto.

Pero, al haber cambiado lo que la hace ser «tal» o «cual» iglesia (el dios al que se adora) la iglesia modernista es específicamente distinta y opuesta a la Iglesia Católica.

Por eso también es imposible subsistan juntas en un mismo sujeto, en una misma organización.

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Hemos de tener en cuenta que sobre esa podredumbre de iglesia conciliar todos los Superiores de la FSSPX se han expresado en los siguientes términos, en su Carta del 6 de julio de 1988:

Quiera usted mismo juzgar sobre el valor de tal declaración que viene de una autoridad que, en su ejercicio, rompe con la de todos sus antecesores hasta el papa Pío XII, en el culto, enseñanzas y el Gobierno de la Iglesia.

En cuanto a nosotros, estamos en plena comunión con todos los Papas y todos los Obispos que han precedido el Concilio Vaticano II, celebrando exactamente la Misa que ellos codificaron y celebraron, enseñando al Catecismo que ellos compusieron, oponiéndonos contra los errores que ellos condenaron muchas veces en sus encíclicas y cartas pastorales. Quiera usted entonces juzgar de qué lado se encuentra la ruptura. Estamos extremadamente apenados por la ceguera de espíritu y el endurecimiento de corazón de las autoridades romanas.

En cambio, nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad.

Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro dicasterio no sería más que la prueba irrefutable.

No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años; excluidos de la comunión impía con los infieles.

Creemos en un solo Dios, Nuestro Señor Jesucristo, con el Padre y el Espíritu Santo, y seremos siempre fieles a su única Esposa, la Iglesia Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana.

El ser asociados públicamente a la sanción que fulmina a los seis obispos católicos, defensores de la fe en su integridad y en su totalidad, sería para nosotros una distinción de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles.

Estos, en efecto, tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista.

Hemos de tener en cuenta que se trata de esa podredumbre conciliar cuando Monseñor Williamson:

Se alegra del Indulto de octubre de 1984 para rezar la Santa Misa…

Acepta, festeja y se alegra del Motu Proprio de julio de 2007, que califica de forma extraordinaria a la Santa Misa…

Pide, acepta, festeja y agradece el levantamiento de la excomunión en enero de 2009…

Habla de la tan preciada regularización que sólo Roma puede conceder…

Por eso mismo, Monseñor Williamson sólo reaccionó (¿en serio?…) en abril de 2012, y todavía estaría dentro de la podredumbre de la FSSPX, si no hubiese sido expulsado.

Padre Juan Carlos Ceriani