JORGE DORÉ: MENSAJES, MOTIVADORES Y CADENAS

117691_cuando-tengas-la-oportunidad-de-ser-felizMensajes, motivadores y cadenas

Jorge A. Doré

“y vosotros estáis completos en él (Cristo), que es la cabeza de todo principado y potestad”. (Col., 2:10)

Con frecuencia recibo correos electrónicos con citas célebres y frases de autores, filósofos o pensadores que alguna vez han escrito o dicho algo digno de ser conservado para la posteridad. Pero siento un gran pesar al comprobar que apenas recibo mensajes cristianos. Sólo un ínfimo número. Y esta amarga estadística se debe a una larga y paciente labor de los zapadores del diablo, los enemigos de Cristo.

En la década de los 60, una marea cultural surgida del oriente desembarcó en las playas de occidente. Por entonces yo era un joven católico que, ajeno a exóticas influencias, veía con curiosidad la creciente infiltración de filosofías orientales penetrar el ámbito social de una España reciamente católica. Fue entonces que empecé a familiarizarme con nombres tales como Krishnamurti, Ramakrishna, Vivekananda; a enfrentarme con algún libro como El tercer ojo de Lobsang Rampa, a conocer el pensamiento inspirador de Lin Yutang, a escuchar los exótcos sonidos producidos por la cítara de Ravi Shankar, a hojear el Tao Te King de Lao-tse y a escuchar, por vez primera, citas de legendarios filósofos orientales.

Simultáneamente, la furia de los platillos voladores y la creencia de que habíamos sido visitados por extraterrestres a quienes vetustas culturas suponían dioses, ganaba notoriedad con las teorías y los escritos del suizo Erich von Daniken. Libros como El retorno de los Brujos de Louis Pauwels y Jacques Bergiere, y las aventuras de Thor Heyerdahl, –investigador del misterio de los moai de la Isla de Pascua–, sazonaban con sus enigmas el sabor cultural del momento.

von-daniken-la-respuesta-de-los-dioses-7512-MLA5227518541_102013-FEsta invasión de información exótica y chocante iba dirigida a los católicos y formaba parte de un astuto plan para sembrar en la mentalidad cristiana las semillas del paganismo y de la duda. En realidad, era el preludio de una satánica agenda que, pocos años más tarde, culminaría en un insólito encuentro en Asís que cambiaría radicalmente el rostro del mundo católico.

No es casual que en la misma década de los 60 se llevara a cabo el conciliábulo Vaticano II, que abriría sus brazos a las mismas culturas que habíamos saboreado poco tiempo antes y con las cuales ya estábamos familiarizados. La insólita reunión convocada por Juan Pablo II en Asís en 1986, en cierto modo ya se había propiciado en nuestras mentes años antes. En el recuerdo de muchos, ya oriente y occidente se habían dado la mano.

Ha transcurrido el tiempo y las influencias ajenas y perniciosas al cristianismo –entre ellas el New Age, la cábala hebraica, la masonería y el satanismo– siguen en aumento dentro de los círculos cristianos. Como resultado de esta persistente avanzada, algunos fieles han bajado la guardia y han permitido que el enemigo franquee sus puertas, creyendo que éste viene en son de paz. Incontables cristianos se han vuelto antenas repetidoras de ondas infieles, en detrimento de la preservación y progagación de la única fe verdadera establecida por el único dios verdadero: Jesucristo.

Entronizar a Cristo en vidas y almas

Muchas personas que se precian de ser católicas usan la tecnología para enviar todo tipo de mensajes que ensucian nuestros discos duros porque no le dan la más mínima gloria al dueño de toda la gloria.

Por eso, antes de mandar o reenviar mensajes, tengamos en cuenta la voluntad de Dios. Propaguemos la sabiduría, la gracia y la luz que Jesús ha tenido la misericordia de concedernos. Demos gloria a Cristo con las cosas de Cristo. Demos gloria a Dios con las cosas de Dios.

No está mal que usemos nuestras herramientas tecnológicas para hacer apostolado digital. Pero cribemos toda la basura que nos llega. Sepamos discriminar.

Los caminos de Dios son infinitos y El obra de forma misteriosa. ¿Quién no ha recibido el consuelo inesperado que necesitaba tal vez al mirar la calcomanía de un auto, o por cualquier otra insólita vía? Quizá esa cita que nosotros enviemos constituya el alivio de alguien que precisaba escuchar santas palabras.

Propiciemos los mensajes cristianos para mayor gloria del nombre de Jesús. No podemos promocionar al sonriente Dalai-Lama, a Gandhi y olvidarnos del Verbo hecho carne que nació y murió por nosotros y que tantos relegan a la cola de sus preferencias.

“Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras, el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria y en la gloria del Padre y de los santos ángeles”. (Lc. 9:26)

Si nos preciamos de ser cristianos, debemos sacudir las limaduras adheridas a nuestras espadas y hablar con la voz de Cristo. Tenemos la Biblia de referencia, más los escritos de los Padres, los doctores de la Iglesia, los santos y los papas. ¡Citémoslos a ellos! Expongamos los tesoros de sabiduría que sobreabundan en el cofre de nuestra fe para que otros puedan enriquecerse con ellos. Así honraremos a Dios y haremos al prójimo partícipe de las grandezas de Nuestro Señor.

Motivadores engañosos

Con el paso de los años, y como resultado del deterioro de su fe, muchos cristianos han buscado y buscan auxilio no en Cristo, sino en “motivadores o inspiradores” de carne y hueso cuya “maestría” consiste en indicar el camino a una vida exitosa, comprometida con las glorias del mundo y sus efímeros valores. Millones de interesados acuden a seminarios y pagan cantidades sustanciales de dinero para que los guíen por equívocos atajos ninguno de los cuales desemboca en la eternidad, olvidando que:

“Porque ¿qué aprovechará el hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8:36)

Anthony Robbins, uno de los motivadores e inspiradores más exitosos de Estados Unidos en la actualidad, acuña frases como ésta que no deben ser sino banderas rojas para el cristiano:

“Mi definición de éxito constituye en vivir la vida de modo que te permita sentir una tonelada de placer y muy poco dolor para que, por tu estilo de vida, hagas sentir a quienes te rodean mucho más placer que dolor”.

Por supuesto, estos diestros oradores manejan su información de forma que los desatinos más radicales quedan disimulados entre conceptos más fácilmente digeribles por sus auditorios.

La filosofía de Anthony Robbins nos lleva de la mano hacia la puerta ancha, nos encandila con las glorias del mundo, y nos recuerda la infame promesa hecha por el ángel sombrío a Cristo:

“Todo esto te daré si, postrándote, me adoras”. (Mateo 4:9)

Quizá no sea fortuito que, como broche de algunos de sus seminarios, Robbins haga caminar descalzos a miembros de su audiencia sobre brasas de carbón, lo cual ha ocasionado más de un accidente entre aquellos que, despreciando las promesas de Cristo, prefieren cebar el ego de falsos profetas.

No parece casual la ceremonia del fuego y la promesa del “mucho placer y poco dolor” aceptada por los seguidores de este motivador. ¿No tiene todo esto un tinte satánico?

Es vital que permanezcamos unidos a Nuestro Señor como las uvas a los sarmientos y lo entronicemos en nuestras vidas en todo momento y en todo lugar. No nos avergoncemos de predicarle a un mundo que cada día lo necesita más. Le estamos negando el agua a la tierra seca.

Cuántas veces, entre cristianos, ni nos comportamos como tales ni somos capaces de compartir ese profundo sentimiento que, inspirado por el Espíritu Santo, brotaba de las entrañas del apóstol cuando decía:

“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Fil., 4:4).

De ese regocijo, deben salir las palabras de Cristo de nuestra boca y propagarse como un eco por todos los rincones de la tierra. Cristo es nuestra guía, Cristo es nuestro “motivador”. Cristo es nuestro Dios. ¡Cristo ES Dios!

Otro “gurú”… ¿a nuestro rescate”?

Deepak_Chopra_010Otro “guru”, doctor en medicina y autor de numerosos libros de medicina alternativa es Deepak Chopra.

Chopra, nacido en New Delhi, India, vive actualmente en California, USA. Discípulo del controversial y ya fallecido gurú de meditación trascendental Maharishi Mahesh Yogi.

Estos son algunos de los célebres consejos de Chopra que ningún cristiano puede sancionar:

“Camina con los que buscan la verdad… y aléjate de los que dicen haberla encontrado”.

“Si realmente eres una persona espiritual, entonces debes mantenerte ajeno a las buenas y malas opiniones del mundo… debes tener fe en ti mismo”.

“El universo no tiene una agenda fija. Una vez que tomas una decisión, todo gira en torno a la decisión tomada. No existe lo correcto o lo incorrecto, sólo una serie de posibilidades que cambian con cada pensamiento, sentimiento, y acción que usted experimente”.

“Debes encontrar dentro de ti ese lugar donde nada es imposible”.

¡Cuán distinta a esta última afirmación de Chopra son las extraordinarias palabras de San Pablo que confiesan de dónde procede nuestra verdadera fuerza: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”! (Filipenses 4:13).

Seudo-cristianismo a la carga

Otro motivador, –pastor televangelista con infinidad de seguidores– es Joel Osteen. Este hombre llena estadios completos con su canto de sirenas. Emocionadas multitudes se rinden a sus pies. Sin embargo, algunas de sus frases famosas son lazos tendidos por los dedos del enemigo del hombre y de Dios:

“Si quieres cambiar tu vida, comienza cambiando tus palabras”.

“Ser positivo y tener una actitud agradecida determina cómo vivirás tu vida”.

Tú puedes cometer ciertos errores, pero eso no te hará un pecador. Tú tienes dentro de ti la verdadera naturaleza de Dios”.
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Nosotros éramos pecadores pero cuando nos entregamos a Cristo, dejamos de serlo.

“No aceptes cualquier cosa que la vida te proponga. Has nacido para ganar; haz nacido para grandeza; has nacido para ser un campeón en la vida”.

Pero, ¿necesita un cristiano estos consejos y son ellos compatibles con el cristianismo? Obviamente, no. El peligro de estos inspiradores es que en su colorida arena ocultan la cáustica paletada de cal. No son del rebaño de Cristo. ¿Pero qué hace un verdadero cristiano hurgando en los basureros del mundo cuando aspira –y en cierto modo goza ya en su alma– los preludios de todas las riquezas del cielo?

¿Por qué conformarnos con términos tan imprecisos como “tener una mente abierta” y “ser positivos” cuando en el catolicismo encontramos el fundamento necesario para servir a Dios, quien se encargará de proveernos con todas las gracias necesarias para nuestra salvación? ¿Qué más buscamos? ¿Palabras lisonjeras susurradas en nuestros oídos? ¿Estímulos temporales y fútiles? ¿Consejos de poca duración y corta longitud ajenos a la voluntad de Dios? ¿Consuelos vanos?

Estos motivadores son flechas que no apuntan al cielo y que por lo tanto deben ser descartadas. Sus plumas podrán parecer hermosas pero sus puntas están envenenadas. Evitemos que pasen cerca de nuestras almas.

Cadenas. Un verdadero lastre

Por último, existe también otro tipo de mensaje que, desafortunadamente, no pasa de moda: la llamada “cadena”. Quién no ha recibido alguna en su correo electrónico prometiéndole éxito, –a menos que la rompa–, en cuyo caso queda garantizado un futuro de desgracia e infortunio.

DIEGOAparte de ser absurdas, la mayoría de las cadenas están ligadas a cierta condición que obliga, –bajo amenaza–, a no desecharlas, por lo cual se adentran peligrosamente en el campo de la hechicería, ya que juegan indistintamente con malas y buenas intenciones hacia el prójimo haciendo alarde de un poder sobrenatural.

Además, por su petición de reenvío a otros, involucran al prójimo contribuyendo a multiplicar la propagación de la estupidez y de la vanidad. Esto es concederle trascendencia a una información totalmente inútil. Se supone que todo católico sepa que los hechiceros no tienen entrada en el reino de los cielos.

Obviemos estos mensajes y si alguien nos cuestiona, dejemos bien claro que no nos interesan. Nuestras acciones como cristianos importan y dan ejemplo. No podemos pedirle a Cristo que nos esconda dentro de sus llagas para, desde ese sacro rincón, dedicarnos a propagar mundanalidades ajenas a nuestra fe.

A continuación, me complazco en citar la sabiduría que algunos santos católicos han tenido a bien legarnos y que vale la pena compartir con quienes desconocen estas joyas espirituales. Sabiduría que puede servir de consuelo a muchos si determinamos propagarla por correo electrónico y redes sociales, en noble apostolado digital.

“Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar, te enseña a que hagas cuanto puedes, y a que pidas lo que no puedes”. –San Agustín.

Debemos amar a Dios porque Él es Dios, y la medida de nuestro amor debe ser amarlo sin medida. –San Bernardo

Si se levanta la tempestad de las tentaciones, si caes en el escollo de las tristezas, eleva tus ojos a la Estrella del Mar: ¡invoca a María! –San Bernardo

La verdadera perfección consiste en esto: hacer siempre la santísima voluntad de Dios. –Santa Catalina de Siena

La ciencia que sirve para hacernos orgullosos y que degenera en pedantería no vale mas que para deshonrarnos. –San Francisco de Sales

La oración es la mejor arma que tenemos: es la llave que abre el corazón de Dios. Debes hablarle a Jesús, no sólo con tus labios, sino con tu corazón. En realidad, en algunas ocasiones debes hablarle sólo con el corazón. –San Pío de Pietrelcina

A cualquier precio que sea, es necesario que Dios esté contento. –San Claudio de la Colombiere

No entones las alabanzas divinas sólo con la voz; acompaña también la voz con las obras. Si cantas sólo con la voz, por fuerza tendrás al fin que callar. çanta con la vida para no callar jamás. –San Agustín.

Un cristiano fiel, iluminado por los rayos de la gracia al igual que un cristal, deberá iluminar a los demás con sus palabras y acciones, con la luz del buen ejemplo. –San Antonio de Padua.

Predica el Evangelio todo el tiempo con obras  y si es necesario, usa las palabras. –San Francisco de Asis

Besad de corazón frecuentemente las cruces que Nuestro Señor mismo pone sobre vuestros hombros; no miréis si son de madera preciosa o perfumada; ellas son más cruz cuanto sean de una madera más vil, abyecta y maloliente. –San Francisco de Asís

Para poder sufrir más, Cristo no abrió enseguida su costado. Lo abrió después de morir, para revelar el amor de su corazón, para enseñarnos que el amor no se hace espiritualmente presente antes de la muerte del hombre viejo que vive en nosotros según la carne. –San Francisco de Borja

Tu deseo sea de ver a Dios; tu temor, si le has de perder; tu dolor, que no le gozas, y tu gozo, de lo que te puede llevar allá, y vivirás con gran paz. –Santa Teresa de Jesús.

“Es el amor lo que da precio a todas nuestras obras; no es por la grandeza y multiplicidad de nuestras obras por lo que agradamos a Dios, sino por el amor con que las hacemos”. –San Franciso de Sales.

Errar es humano; perservar en los errores es diabólico. –San Agustín

Meditad bien vuestra respuesta y elegid con toda libertad: Si confesáis los milagros de Jesucristo y de los apóstoles, al hacerlo así confesáis que la religión cristiana es obra de Dios, pues sólo Dios puede obrar milagros verdaderos, y no puede hacerlos sino a favor de una religión verdadera y divina. Si negáis estos milagros, atestiguáis mejor aún la divinidad de la religión cristiana. Porque si una religión, enemiga de todas las pasiones, incomprensible en sus dogmas, severa en su moral, se ha establecido sin el auxilio de los milagros, este mismo hecho es el mayor y más inaudito de los milagros. Dadle todas las vueltas que queráis: este dilema es un círculo de hierro del que no podéis salir. –San Agustín

Trabaja en algo para que el diablo te encuentre siempre ocupado. –San Jerónimo

El sagrado Corazón de Jesús sabe bien lo que pasa en el vuestro, y por esto permite vuestras penas. Guardad paz y someteos a las disposiciones que tome sobre vuestras almas. Al fin hallaréis la victoria y la paz en el Sagrado Corazón. –Santa Margarita María.

El hombre no puede ser separado de Dios, ni la política de la moral. –Santo Tomás Moro

La santidad no consiste en tal o cual práctica, sino en una disposición del corazón que nos hace humildes y pequeños en los brazos de Dios, conscientes de nuestra nonada y confiados hasta la audacia en la bondad del Padre. –Santa Teresa de Lisieux

Quien busca a Jesús por María, asegura la paz y la serenidad de su alma. –San Benito abad

No busco, en efecto, entender para creer, sino que creo para entender. Pues creo esto, porque si no creyere, no entendería. –San Anselmo de Canterbury

La ley de Cristo, que se cumple en el amor, nos obliga a procurar la salvación de las almas más que la del cuerpo. –San Francisco de Asís

No eres más santo porque te alaben, ni más vil porque te desprecien. –Beato Tomás de Kempissan pancracio y velas

Tenemos que permanecer en la barca en que estamos mientras dura el trayecto de esta vida a la otra. Y debemos hacerlo de buen grado y con amor; porque, aunque algunas veces no haya sido la mano de Dios la que nos ha puesto allí, sino la de los hombres, una vez en la barca, estamos allí porque Dios lo quiere, por lo que debemos seguir en ella de buena gana y con gusto. –San Francisco de Sales

La Cruz es de Dios, y no debemos sólo mirarla sino conformarnos con ella, como haríamos con una persona con la que nos viéramos obligados a convivir. Sin pensarlo más, hay que cargar con ella dulcemente, tomando las cosas con sencillez, como venidas de la mano de Dios, sin más reflexiones. Desnudez y pura simplicidad de espíritu. –San Francisco de Sales

No pienses que vives en el mundo únicamente para divertirte, enriquecerte, comer, beber, dormir como los animales privados de razón; pues el fin para el que has sido creado es infinitamente superior y más sublime; esto es: amar y servir a Dios en esta vida y salvar tu vida en la otra. –San Juan Bosco

Lo que es el hombre delante de Dios, eso es, y no más. –San Francisco de Asís

No retengan nada de ustedes mismos a fin de que enteros los reciba el que se da por entero. –San Francisco de Asís

¿Cómo es posible que alguien que cree en Dios pueda amar algo fuera de Él? –San Felipe Neri

Es evidente que existe la verdad. Porque el que niega que existe la verdad, conoce que la verdad existe. Si, pues, no existe la verdad, es verdad que la verdad no existe. –Santo Tomás de Aquino

Dios golpea sin cesar las puertas de nuestro corazón. Siempre está deseoso de entrar. Si no penetra, la culpa es nuestra. –San Ambrosio

Enséñanos, buen Señor, a servirte como mereces: a dar sin contar el costo, a luchar sin contar las heridas, a trabajar y a no buscar descanso, a laborar sin pedir recompensa excepto saber que hacemos tu voluntad. –San Ignacio de Loyola