Desde La Inhóspita Trinchera: “Histórico Rompecabezas” y Salutaciones

Desde La Inhóspita Trinchera

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Algún día todo volverá al orden

«Histórico Rompecabezas»

y Salutaciones

La unidad plasmada de la Cristiandad durante el período de la alta Edad Media, reflejada a través de la historia mediante el testimonio de la expresión acabada de la teología, la filosofía, la política, las artes, etc… y hasta podríamos decir de la guerra, da una cabal idea del sentido unitivo de la fe.

La diversidad de esas mismas expresiones, movidas por el único factor que hacía posible la aproximación de esa paz que el hombre busca incesantemente, encajaba como un verdadero rompecabezas con el solo fin de obtener un paisaje o panorama armónico, colocando ya su última ficha en donde cada elemento contribuía a la realización y consumación de dicho fin.

La armonía lograda pudo permitir al hombre desarrollar, enriquecer y profundizar a tal punto su peculiar trascendencia, que fue capaz de plasmar en un lienzo, en un pergamino, en un instrumento, o en un mármol su capacidad de llegar a manifestar y alcanzar «casi» la perfección de las cosas, entendidas a la luz de esa misma trascendencia a la cual se veía llamado.

A Dios sólo le bastaba dejarlo como ejemplo; y que el hombre, hecho a Su Imagen y semejanza, se viera capaz de llegar a aproximarse a la Sabiduría, y ser realizador y copartícipe de su obra, manifestando a través de éstas disciplinas su potencial expresión de la Verdad, del Bien y la Belleza.

Pero eso duró solamente un tiempo, que nos fue regalado por permisión y generosidad Divina; dejando como moraleja al cristiano contemporáneo que sin Él nada podemos hacer…

Las piezas del rompecabezas están desparramadas sobre un tapete, mezcladas, para ser identificadas y colocadas cada una en su lugar.

Pero no encajan, no entran, ni se agrandan ni achican; no es posible entender su forma y su fondo, porque el entendimiento se ha nublado tras la sepultura de Aquél que es el Único capaz de infundirlo; y el paisaje o panorama que capta el alma es el caos, la impotencia, la desesperación, la náusea y el asco, ante un montón de fichas inconexas, imposible de encajar unas con otras.

Es así como hoy la Cristiandad (porque de ella estamos hablando), la unicidad del rebaño, ante la incapacidad de las facultades intelectivas y volitivas, se ve cada día más divorciada del factor aglutinante que amalgamaba, en la diversidad, los distintos aspectos del quehacer humano impulsándolo a la consecución de su fin.

Y no es que Dios no permita con suma liberalidad que hoy podamos alcanzar la sabiduría mediante el recto entendimiento y objetividad, como les fue dado a aquellos que hicieron posible plasmar en las distintas disciplinas la profundidad y anchura de la riqueza interior de sus almas, dejándolo como testimonio inmortal de la historia. Lo que sucede es que nosotros preferimos pisotear esos mosaicos de fichas inconexas, ante la abrumadora montaña de tamaña empresa.

Empresa que hoy, podríamos decir con seguridad, sólo Dios Nuestro Señor en Persona reconstituirá nuevamente, reuniendo a su rebaño disperso, que, aunque dividido por la acción predominante de las corrientes insanas, casi perversas transmitidas por el aire, no deja de palpitar en su corazón cristiano la convicción de la verdadera trascendencia a la que todos estamos llamados.

La permisión de la división del rebaño se hace absolutamente necesaria a los fines de mostrar categórica y cabalmente quién es Aquél que deba reunirlo nuevamente bajo un solo Pastor.

«Hecho está», se dice en la séptima copa derramada en el aire, y las ciudades de los gentiles cayeron, y desaparecieron todas las islas, y no hubo más montañas (Apoc. XVI; 17, 19-20).

Que el aire, elemento indispensable para poder «respirar» y transmitir hoy la palabra, nos muestre a través del testimonio de la Verdad, aunque duela (más allá de la piedad, la penitencia y la oración que van implícito a toda alma cristiana), el verdadero combate al que hoy estamos llamados por el triunfo definitivo de Cristo Rey.

Y es por ello que decimos, ya casi finalizando este agitado y no menos trascendental año: ¡Muchas gracias, Radio Cristiandad! por permitirnos expresarnos a través de este medio; y que el aire, hoy tan contaminado de virus disolventes, llegue, aunque a duras penas, purificado por aquellos que esperan la «Unidad en la Verdad».

Para finalizar, aprovecho la presente para desearles una Feliz Navidad y Año Nuevo a todo el equipo de Radio Cristiandad, especialmente al Sr. Fabián Vázquez y al Sr. Luis Manzano, como a todos los Sacerdotes y aquellos que nos han ayudado durante el transcurso de éste año a esclarecer y alimentar el verdadero combate por la fe; y que, aunque no nos hemos visto nunca, nos permitió unir claramente nuestras almas a través del entendimiento; don gratuito y maravilloso del Espíritu Santo cuando responde a la Verdad.

Esto demuestra que la unidad, dista mucho del rejunte de fichas inconexas; que, aunque se «rompan las cabezas», jamás se alcanzaría a concretar.

Que el próximo año, la Resistencia Católica a los poderes de éste mundo se encuentre «Toda Unida y afianzada en la Verdad», a fin de vislumbrar, por ese hecho, que se aproxima la hora en que Cristo Rey reinará por los siglos de los siglos «Con un solo Rebaño bajo un solo Pastor».

¡Gracias nuevamente…!

En Cristo y María

Desde la Inhóspita Trinchera