ANTE LA IMBECILIDAD CHUPAMEDISTA…

ERMINDOSOLO UN PERSONAJE COMO ESTE PUEDE SER TAN PUSILÁNIME CHUPAMEDIA…
Adoctrinado en la falsa obediencia a la que han querido someter a los feligreses y sacerdotes las autoridades de la Neofsspx, el titular de este espanto, hace agua por todos lados.

Dice en el blog que creó para atacar a Radio Cristiandad:

Hemos dicho otras veces que no entramos en debate teológico, ya que dejamos esto a quienes tienen verdadera autoridad en la Iglesia.
 Pero con motivo de un reportaje al R. P. Christian Bouchacourt, a raíz del incidente en la Iglesia Catedral de Buenos Aires, hay quienes han salido a cuestionar una de sus respuestas,  y por ende a cuestionar su fidelidad a la Iglesia.
 Con tal motivo, y sin que nos conste que la respuesta haya sido transcripta por el reportero  tal cual la expresó el Superior de Distrito de la Fraternidad San Pío X, queremos plantear ciertos interrogantes que deberían responder sus ahora detractores.
 No dudamos que el sanhedrín, lo más representativo de Israel en ese tiempo, decretó la muerte del Señor en una parodia de juicio, y presionó al procurador romano Pontius Pilatus para que prevaricara y permitiese su crucifixión. Ahora bien, ¿es artículo de fe considerar al pueblo de Israel como deicida?
 ¿Quedan comprendidos en esta calificación todos los que pertenecían a él en ese tiempo, los precedentes y los posteriores, incluyendo la Santísima Virgen, los Apóstoles y los discípulos, muchos de ellos mártires?
 ¿A todos ellos, a todo el pueblo de Israel, se refería nuestro Señor como «judíos», o sólo a fariseos, saduceos y «bienpensantes» de su tiempo?
 Si sólo se refería a éstos, ¿porqué no hacer las precisiones indispensables en homenaje a la verdad?
 Si estos interrogantes pertenecen a un debate teológico, ¿porqué hacer afirmaciones apodícticas que lastiman y en nada contribuyen a la misión evangelizadora de la Iglesia?
 Dice el Credo de los Apóstoles: «… padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado…», y el Credo de Nicea: «… y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado…».
Solamente, a modo de respuesta, vaya este texto de Santo Tomás de Aquino… Y con eso todo dicho. En su afán chupamedista, son capaces de ¡negar la Doctrina Católica! Tanto este personaje como aquel al que intenta defender, hacen agua por todos lados…

DEL CREDO COMENTADO POR SANTO TOMÁS DE AQUINO

Artículo 4

PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO, FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO

Así como le es necesario al cristiano creer en la encarnación del Hijo de Dios, así también le es necesario creer en su pasión y en su muerte, porque, como dice San Gregorio, «de nada nos aprovecharía el haber nacido si no nos aprovecha el haber sido redimidos».

Pues bien, que Cristo haya muerto por nosotros es algo tan elevado, que apenas puede nuestra inteligencia captarlo; no sólo, sino que no le cuadra a nuestro espíritu. Y esto es lo que dice el Apóstol (Hechos 13, 41): «En vuestros días yo voy a realizar una obra, una obra que no creeréis si alguien os la cuenta». Y Habacuc I, 5: «En vuestros días se cumplirá una obra que nadie creerá cuando se narre».

Pues tan grandes son la gracia de Dios y su amor a nosotros, que hizo por nosotros más de lo que podemos entender.

Sin embargo, no debemos creer que de tal manera haya sufrido Cristo la muerte que muriera la Divinidad, sino que la humana naturaleza fue lo que murió en Él.

Pues no murió en cuanto Dios, sino en cuanto hombre. Y esto es patente mediante tres ejemplos.

El primero está en nosotros. En efecto, es claro que al morir el hombre, al separarse el alma del cuerpo, no muere el alma, sino el mismo cuerpo, o sea, la carne.

Así también, en la muerte de Cristo, no muere la Divinidad sino la naturaleza humana.

Pero si los judíos no mataron a la Divinidad, es claro que no pecaron más que si hubiesen matado a cualquier otro hombre.

A esto debemos responder que suponiendo a un rey revestido con determinada vestidura, si alguien se la manchase incurriría en la misma falta que si manchase al propio rey.

De la misma manera los judíos: no pudieron matar a Dios, pero al matar la humana naturaleza asumida por Cristo, fueron castigados como si hubiesen matado a la Divinidad misma (Ideo Iudaei licet non possent Deum interficere, tamen humanam naturam a Christo assumptam occidentes, sunt tantum puniti ac si ipsam divinitatem occidissent).

Además, como dijimos arriba, el Hijo de Dios es el Verbo de Dios, y el Verbo de Dios encarnado es como el verbo del rey escrito en una carta. Pues bien, si alguien rompiese la carta del rey, se le consideraría igual que si hubiere desgarrado el verbo del rey.

Por lo mismo, se considera el pecado de los judíos de igual manera que si hubiesen matado al Verbo de Dios (Et ideo tanto habetur peccatum Iudaeorum ac si occidissent Verbum Dei).