PÍO XII Y LA FAMILIA CRISTIANA
Discursos de Su Santidad Pío XII a los recién casados ente los años 1939 y 1943
VIRTUDES DOMESTICAS
31 de Mayo de 1939
Al dirigir, como de costumbre, nuestro paterno saludo en primer lugar a los recién casados, no podemos hoy menos de reclamar su atención sobre una especial circunstancias de esta audiencia pública, de la cual son ellos una parte tan importante.
Está a punto de terminar el mes de María, que vosotros, amados hijos, siguiendo la piadosa tradición de todo el pueblo cristiano, habéis pasado rindiendo particulares y más devotos obsequios a la Santísima Virgen: mes en el que respondiendo con fervoroso anhelo a nuestro llamamiento, os habéis unido a Nos en la oración por la paz del mundo.
Es cierto que está para acabar el mes de María: pero no debe terminar en vuestros corazones, ni disminuir en vosotros la devoción, tan saludable y suave, hacia la Madre de Dios; puesto que de la constante fidelidad en practicarla es de donde sobre todo os podréis prometer los frutos más preciosos de bendiciones y de gracias.
Que quede Ella por lo tanto en las manifestaciones públicas y en la vida privada, en el templo y entre las paredes domésticas.
A María el tributo diario de vuestra veneración y de vuestras plegarias, el homenaje de vuestra filial confianza y ternura para esta Madre de piedad y de misericordia.
Pero no olvidéis, esposos cristianos, que la devoción a María, para que se pueda decir verdadera y eficaz, debe estar vivificada por la imitación de las virtudes de Aquella que queréis honrar.
La Madre de Jesús es, en efecto, un perfectísimo modelo de las virtudes domésticas, de aquellas virtudes que deben embellecer el estado de los cónyuges cristianos.
En María encontramos el afecto más puro, santo y fiel, hecho de sacrificio y de atenciones delicadas, a su santísimo Esposo.
En Ella la entrega completa y continua a los cuidados de la familia y de la casa.
En Ella la perfecta fe y el amor hacia su hijo divino.
En Ella la humildad que se manifestaba en la sumisión a José, en inalterable paciencia y serenidad, frente a las incomodidades de la pobreza y de trabajo, en la plena conformidad a las disposiciones, con frecuencia arduas y penosas, de la Divina Providencia, en la dulzura del trato y en la caridad hacia todos aquellos que vivían junto a los santos muros de la casita de Nazaret.
He aquí, amados hijos, hasta qué punto debéis llevar vuestra devoción a María si queréis que ella constituya una fuente siempre viva de favores espirituales y temporales y de verdadera felicidad.
Favores y felicidad que Nos pedimos para vosotros a la Santísima Virgen y de los cuales os damos una prenda en Nuestra paternal Bendición.
