II Tes, 2, y los tiempos que corren
COMENTANDO UN COMENTARIO
Se nos ha pedido que hagamos un RESUMEN con COMENTARIOS al Comentario de Santo Tomás de Aquino al Capítulo II de la II Carta a los Tesalonicenses del Apóstol San Pablo.
Menuda tarea…
Suponemos que de lo que se trata es de hacer las aplicaciones a nuestras actuales circunstancias, aprovechando que dicho luminoso comentario fuera mencionado por el Padre Rioult recientemente.
De manera que entendemos que de eso se trata. Se nos encomienda resumir, destacando todo aquello que consideremos de aplicación práctica y actual, y adicionarle nuestros comentarios.
Pues bien…, se nos pone en un aprieto. Comentar sobre un texto de Santo Tomás… En fin, que dan ganas de poner el texto completo con tan solo un encabezado que diga: Estimados lectores, «voilà»…
Pero habremos de hacer lo que se nos pide, no obstante, amparados únicamente en que Santo Tomás se ha perdido de ver los últimos 739 años de este mundo, lo cual, con seguridad es el único aspecto en el cual lo aventajamos (si es que puede entenderse como ventaja tal cosa).
El Buey Mudo se perdió de conocer la modernidad; la Reforma Protestante, la Revolución Francesa, la Revolución Rusa y la Revolución Conciliar…, aunque tampoco estamos seguros de que no haberlas visto pueda ser considerado como una pérdida.
No llegó a enterarse de cómo los tomistas desvirtuaron (muchas veces) sus enseñanzas, y de cómo los anti-tomistas lo hicieron peor aún. Al menos no lo supo durante el transcurso de su vida mortal, y se habrá enterado luego, pero no creemos que le haya dado demasiada importancia al asunto.
De todas maneras su clarividencia es insuperable.
Pero, pondremos manos a la obra; aunque lo del RESUMEN, no lo haremos, ya que no nos parece posible ni conveniente. Dejaremos el texto completo y solamente agregaremos aquellos comentarios ordenados a su aplicación actual, a la realidad que nos toca vivir, como así también haremos los destacados que nos parezcan oportunos.
El comentario de Santo Tomás comienza de este modo:
Amonéstalos a no apartarse de la verdad, como si el día del juicio estuviese encima, porque primero ha de darse a conocer el Anticristo, que San Pablo llama el hombre del pecado:
1 Entretanto, hermanos, os suplicamos, por el advenimiento de Nuestro Señor Jesucristo, y de nuestra reunión al mismo,
2 que no abandonéis ligeramente vuestros sentimientos, ni os asustéis con supuestas revelaciones, con ciertos discursos, o con cartas que se supongan enviadas por nosotros, como si el día del Señor estuviera ya muy cercano.
3 No os dejéis seducir de nadie en ninguna manera, porque no vendrá este día sin que primero haya acontecido la apostasía general de los fieles, y aparecido el hombre del pecado, el hijo de la perdición,
4 el cual se opondrá a Dios y se alzará contra todo lo que se dice Dios, o se adora, hasta llegar a poner su asiento en el templo de Dios, dando a entender que es Dios.
5 ¿No os acordáis que, cuando estaba todavía entre vosotros, os decía estas cosas?
En el capítulo anterior el Apóstol corrió el velo a los acontecimientos futuros en lo que mira a las penas de los malos y premios de los buenos; aquí anuncia los peligros que correrá la Iglesia en tiempo del Anticristo; y primero anuncia la verdad de esos peligros futuros, y exhórtalos luego a permanecer en la verdad.
Cuanto a lo primero, excluida la falsedad, los instruye en la verdad. Tráeles también a consideración la (triple) razón que servirá para persuadirlos, y a qué: «a no dejarse alterar tan fácilmente»; y quita de en medio lo que pudiera alborotarlos. Indúcelos, no con mandatos (Ph 1) sino con sus propios ruegos: «os suplicamos» por el advenimiento de Cristo, aunque terrible para los malos (Amós 5), deseable para los buenos (II Tm 4; Ap 22); por el deseo y amor de toda la congregación de los Santos, «en el mismo», es a saber, donde está Cristo, porque «donde esté el cuerpo, ahí se juntarán las águilas» (Mt 24). O en el mismo, porque todos los Santos, en lugar y gloria, estarán en lo mismo, según lo mismo. «juntadle sus santos».
Pero ¿a qué los induce? «a que no mudéis de ligero vuestros sentimientos». Pero una cosa es moverse y otra ser presa del terror. Muévase de su sentir quien deja lo que tenía; como si dijera: no dejéis de presto mi doctrina. Quien pronto cree es ligero de cascos» (Eccli. 19). Pero el terror es un género de trepidación, con el temor de lo contrario. Por eso dice: «ni os aterroricéis», como el impío, en cuyos oídos «suena siempre un estruendo que le aterra» (Jb XV, 21). Asimismo si hay paz, él sospecha siempre celadas y traiciones, «pues siendo como es medrosa la maldad, trae consigo el testimonio de su propia condenación» (Sg 17,10).
-«con supuestas revelaciones». Da de mano a lo que pudiera moverlos, en especial y en general: «que nadie os seduzca»; y es uno seducido o engañado por una falsa revelación; de donde dice: «con supuestas revelaciones» o por el espíritu, esto es: si alguno dijere que el Espíritu Santo le ha revelado algo en contra de mi doctrina, «no os aterroricéis» (I Jn 4; Ez. 13). Algunas veces también Satanás transfigúrase en ángel de luz, como se dice en II Co XI y III Reyes, 22: «saldré y seré un espíritu mentiroso en la boca de todos sus profetas»; b) por un razonamiento o falsa exposición de la Escritura; por eso dice: «con ciertos discursos» (II Tm 2; Ep 5); c) por una autoridad torcida a un perverso sentido. «Según que también nuestro carísimo hermano Pablo os escribió conforme a la sabiduría que se le ha dado, como lo hace en todas sus cartas… en las cuales hay algunas cosas difíciles de entender, cuyo sentido los indoctos e inconstantes pervierten, de la misma manera que las demás escrituras de que abusan, para su propia perdición» (II Pedro, 3, 16). Mas ¿sobre qué versaba el engaño?: «como si el día del Señor estuviera ya muy cercano». Y añade: «o con cartas que se supongan enviadas por nosotros»; porque en la Primera Carta, si mal se entiende, parece decir que la venida del Señor está ya a la puerta, como aquello: «luego nosotros los que vivimos… »
Entonces: Santo Tomás comenta sobre como el Apóstol advierte expresamente que habrá un gigantesco engaño sobre la base de «SEDUCCIÓN», «SUPUESTAS REVELACIONES», «MENTIRAS», «CIERTOS DISCURSOS» que adulterarán la Verdadera Doctrina. Y que todo ello será al amparo de una «AUTORIDAD TORCIDA A UN PERVERSO SENTIDO». El engaño al que tendían en aquel tiempo los falsos profetas era a anunciar «como si el día del Señor estuviera ya muy cercano»…
Es interesante comprobar que en aquellos primeros tiempos se pretendía seducir a los fieles con la «proximidad de la venida del Señor», cuando la misma estaba aún relativamente lejana en el tiempo; cuan sugestivo es que hoy se pretenda seducir a los fieles con una pretendida «lejanía de la venida del Señor», cuando la misma se encuentra indudablemente mucho más cercana.
Y en esto de que se encuentra mucho más cercana, no decimos nada novedoso… ni tampoco que acontecerá en tres o cuatro años; solamente llamamos la atención respecto de «las señales en la higuera». Algunos datos conocidos simplemente. Las cosas que vemos y que no podemos mencionar aquí para no hacer tremendamente largo este artículo, pero que son por todos bien conocidas.
Pero guardemos este dato: los enemigos de la Verdad procuraban seducir con la inminencia de la Parusía cuando era menester abocarse a la construcción de la CRISTIANDAD y ahora procuran seducir con una supuesta lejanía del Retorno del Señor, cuando ya la CRISTIANDAD está destruida y la apostasía campea por doquier… En aquel entonces lo hacían para impedir el desarrollo de la Ciudad Cristiana y hoy para hacernos creer que la misma Ciudad puede ser levantada nuevamente.
Las razones por las cuales ocurre lo antedicho las explica Santo Tomás en el siguiente párrafo donde se verán los motivos por los cuales San Pablo les advierte que no se dejen engañar. Vale para nosotros también pero de otro modo, porque, como veremos más adelante, los signos precursores ya están entre nosotros.
Dice lo mismo en general: «que nadie os engañe de ningún modo» (Lc 21; 1Co XV). La razón por la que quita de en medio estas piedras de tropiezo el Apóstol es porque el prelado por ningún motivo ha de querer que valiéndose de mentiras se consigan algunos bienes. «A más de eso, somos convencidos de testigos falsos» (I Co XV, 15). Asimismo porque la cosa creída era peligrosa: que se avecinaba la llegada del Señor. Primero, porque se daría ocasión a mayor engaño, ya que habría algunos, después de muertos los Apóstoles, que dijesen ser ellos Cristo (Lc 21). Por eso el Apóstol no quiso hubiese lugar a dudas.
También porque el demonio pretende con frecuencia hacerse pasar por Cristo, como consta en la Vida de San Martín; y no quiso que a los Tesalonicenses les pasase otro tanto. San Agustín pone otra razón: porque correría peligro la fe; pues alguno diría: tardará en venir el Señor, y entonces me prepararé para recibirlo. Otro: pronto vendrá, ahora me voy a preparar. Otro, en fin: no sé; y éste está más en lo justo, porque concuerda con lo que dice Cristo.
Pero el que va más errado es el que dice: pronto, porque, pasado el término de la predicción, los hombres entrarían en desesperación y creerían era falso lo que estaba escrito.
Sin dudas solamente un hombre inspirado por Dios pudo haber previsto todas las instancias de que hablan Santo Tomás y San Agustín (este último citado por el primero). Las instancias y sus peligrosas consecuencias. Esos peligros no han desaparecido en la actualidad. Muchos hay que son dados a seducir a los fieles con supuestas revelaciones y con doctrinas nuevas.
En este aspecto, nosotros decimos «NO SÉ», que, tal y como enseña Santo Tomás, es estar en lo más justo. No sabemos… pero esperamos. Esperamos advertidos, puesto que tenemos ojos para ver y oídos para escuchar y lo que vemos y lo que oímos no nos lo hemos inventado. La apostasía está ante nuestros ojos; que muchos han sido entregados a los vicios nefandos mientras el mundo aplaude o condesciende con esas conductas que ofenden a Dios, es harto evidente; que UNA AUTORIDAD TORCIDA EN UN PERVERSO SENTIDO seduce al mundo enseñando FALSAS DOCTRINAS y NOVEDADES, también lo es… y que la VERDADERA FE está desapareciendo de la faz de la tierra, siendo sepultada en las cuevas de nuestras hodiernas catacumbas-garajes… es innegable. El siguiente fragmento del comentario de Santo Tomás, de alguna forma «legitima» nuestra posición:
Establece luego la verdad, al decir: «porque no vendrá este día sin que primero haya acontecido la apostasía»; y muestra primero lo que acontecerá a la venida del Anticristo, que son dos cosas: una anterior a su venida; otra, su misma venida. Primero está la apostasía, que la Glosa explica de muchas maneras, y primero de la fe, que, según estaba anunciado (Mt 24), todo mundo la recibiría. Esta es pues la señal precursora, que -según San Agustín- aún no se cumple; después de ella habrá muchos apóstatas (I Tm 4) «y por la inundación de los vicios se resfriará la caridad de muchos» (Mt 24, 12).
Decíamos que queda legitimada nuestra posición, o, mejor dicho, avalada, porque la APOSTASÍA, la primera de las DOS COSAS de que habla el Aquinate, está delante, y concretamente ante nuestro ojos. La Apostasía es la primera cosa y evidentemente se trata de algo inmediato a la aparición de la segunda cosa, que es la venida del Anticristo.
Es de destacar que la PRIMERA COSA es precursora de la SEGUNDA COSA.
San Juan Bautista fue llamado EL PRECURSOR de CRISTO, y fue también contemporáneo de Cristo, disminuyendo y muriendo, al comienzo de la Vida Pública de Nuestro Señor.
Pues bien…, puede meditarse mucho al respecto. No arriesgaremos hipótesis por ahora pero los lectores pueden hacerlo, de lo cual indudablemente se seguirán buenos frutos.
O entiéndase la apostasía o separación del Imperio Romano, al que todo el mundo estaba sometido. Según San Agustín, figura suya era la estatua de Daniel, en cuyo capítulo II se nombran 4 reinos, acabados los cuales acontecería la venida de Cristo; y que ésta era una señal a propósito, porque la firmeza y estabilidad del Imperio Romano estaba ordenada a que, debajo de su sombra y señorío se predicase por todo el mundo la fe cristiana. Mas ¿cómo puede ser esto, siendo ya pasadas muchas centurias desde que los Gentiles se apartaron del Imperio Romano y, eso no obstante, no ha venido aún el Anticristo? Digamos que el Imperio Romano aún sigue en pie, mas mudada su condición de temporal en espiritual, como dice San León Papa en un sermón sobre los Apóstoles. Por consiguiente, la separación del Imperio Romano ha de entenderse, no sólo en el orden temporal, sino también en el espiritual, es a saber, de la fe católica de la Iglesia Romana. Y ésta es una señal muy a propósito, porque, así como Cristo vino cuando el Imperio Romano señoreaba sobre todas las naciones, así por el contrario la señal del Anticristo es la separación de él o apostasía.
Queda ratificada concretamente la línea de pensamiento que estamos siguiendo. La Apostasía de las naciones, hecho consumado por medio de la Revolución es la separación de las naciones del poder espiritual de la Iglesia Católica y el abandono de la Fe cristiana. Eso es LA PRIMERA DE LAS DOS COSAS.
Predice en segundo lugar al Anticristo, cuanto a su culpa y pena, que toca implícitamente y en común, y seguidamente explica, y cuanto a su poder. Dice pues: primero vendrá la apostasía y entonces se dejara ver. Y llámase «el hombre del pecado, el hijo de la perdición», según la Glosa, porque así como en Cristo abundó la plenitud de la virtud, así también en el Anticristo la multitud de todos los pecados; y así como Cristo es mejor que todos los santos, así el Anticristo peor que todos los malos. Por esto se llama el hombre del pecado, porque todo él, de pies a cabeza, será un puro pecado. Mas esto no quiere decir que no pudiese ser peor, porque lo malo jamás corrompe totalmente lo bueno, aunque cuanto al acto no podrá ser peor; pero mejor que Cristo ningún hombre. Dícese «el hijo de la perdición», esto es, destinado a la perdición final (Jb 21). O el hijo de la perdición, esto es, del diablo, no por naturaleza, sino por la malicia acabada, que en él se colmará. Y dice: «se hará manifiesto»; porque así como todos los bienes y virtudes de los santos, que precedieron a Cristo, fueron figura de Cristo; de la misma manera en todas las persecuciones de la Iglesia los tiranos fueron como figura del Anticristo en que él estaba latente; y así toda aquella malicia, que estaba escondida en ellos, se hará patente a su tiempo.
Como si dijera, TODOS LOS MALES JUNTOS, como nunca antes se haya visto. Muchas veces se dice que en otros tiempos también hubo muchos males, y es verdad. Se dice también que siempre hubo muchas guerras, y corrupción y sangre derramada, y también es verdad; también se dice que la Iglesia siempre debió padecer por las innumerables herejías que quisieron socavarla, y es muy cierto. Sin embargo, debemos recordar que el último Papa Santo hizo mención de una herejía en particular llamándola «LA CLOACA DONDE SE RESUMEN TODAS LAS HEREJÍAS», y que se refería al MODERNISMO, precisamente la herejía que se enseñoreó de la estructura visible de la Iglesia por medio del Concilio Vaticano II y que se apoderó de Roma para que «TODA AQUELLA MALICIA QUE ESTABA ESCONDIDA… SE HAGA PATENTE EN NUESTRO TIEMPO».
Al decir luego: «el cual se opondrá a Dios», explica lo que había dicho, y demuestra cómo es el hombre del pecado y cómo el hijo de la perdición. Asimismo prenuncia su futura culpa, que describe y demuestra y señala su causa, y dice que no anuncia ninguna doctrina nueva. Da también una señal de esa culpa, que es doble, a saber, la oposición contra Dios y el preferirse a Cristo. De donde dice: «que hace oposición» a todos los espíritus buenos (Jb XV; Is 3) y «se alzará contra todo lo que se dice Dios». Y dícese Dios de tres maneras: a) por naturaleza. «Escucha, Israel, el Señor tu Dios es un solo Dios» (Deut. 6); b) en opinión de la gente. «Todos los dioses de los Gentiles son demonios» (S. 95). c) por participación. «Yo dije: dioses sois» (S. 81). Y a todos éstos se prefiere el Anticristo, «y se levantará soberbio e insolente contra todos los dioses; y hablará con arrogancia contra el Dios de los dioses» (Dan. XI, 36).
Todo aquel que esté al tanto de la historia moderna y que, además, siga cotidianamente las novedades de la Iglesia Conciliar y que, por supuesto, sepa su Catecismo y profundice en las verdades de nuestra Fe, no necesitará demasiado para aplicar el párrafo anterior a los acontecimientos actuales, lo cual nos exime de mayores comentarios.
Señal de su culpa es lo que dice: «hasta llegar a poner su asiento en el templo de Dios»;
pues la soberbia del Anticristo aventaja con mucho a la de todos los que le precedieron. Porque así como se lee de Cayo César que quiso en vida pusiesen en todos los templos una estatua suya y le diesen culto; y del rey de Tiro se dice en Ezequiel 28: «yo soy Dios»; así es creíble lo haga el Anticristo llamándose Dios y hombre; y en prueba de eso se sentará en el templo.
Mas ¿en qué templo?
¿Acaso no fue destruido por los Romanos? Por eso dicen algunos que el Anticristo es de la tribu de Dan, que no se nombra entre las otras 12 (Ap 7); y por eso también los Judíos lo recibirán primero, y reedificarán el templo en Jerusalén, y así se cumplirá lo de Daniel: «y estará en el templo la abominación de la desolación» (Mt 24). Pero algunos dicen que nunca será reedificada Jerusalén, ni el templo, sino que durará la desolación hasta la consumación y fin del mundo. Creencia que también admiten algunos Judíos; por eso la explicación que dan de «en el templo de Dios» la refieren a la Iglesia, porque muchos eclesiásticos lo recibirán. O, según San Agustín, se sentará en el templo de Dios, esto es, ejercerá su principado y señorío, como si fuese él mismo con los suyos templo de Dios, como Cristo lo es con los suyos.
Elocuente también. «Será recibido por MUCHOS ECLESIÁSTICOS», porque en definitiva nuevamente coinciden San Agustín y Santo Tomás, en que es EN LA IGLESIA donde se sentará ejerciendo su principado y señorío. Por supuesto que es necesario aclarar que se trata de la PSEUDO-IGLESIA, aquella que es tenida por todo el mundo como si fuese la IGLESIA, pero que en realidad es tan solo un remedo grotesco y falso de la Verdadera Iglesia de Jesucristo.
Muestra que nada nuevo escribe, al decir: «¿no os acordáis que, cuando estaba todavía entre vosotros, os decía estas cosas?»; como si dijera: ya antes, estando con vosotros, os lo había dicho (I Jn 2; II Co X).
Lección 2: II Tesalonicenses 2, 6-9
Se pone de manifiesto la muerte del Anticristo, y declárase la dilación de su venida.
6 Ya sabéis vosotros la causa que ahora le detiene, hasta que sea manifestado en su tiempo.
7 El hecho es que ya va obrando el misterio de iniquidad; entretanto, el que está firme ahora manténgase hasta que sea quitado el impedimento.
8 Y entonces se dejará ver aquel perverso, a quien el Señor Jesús matará con el aliento de su boca y destruirá con el resplandor de su presencia
9 a aquel inicuo que vendrá con el poder de Satanás, con toda suerte de milagros, de señales y de prodigios falsos,
10 y con todas las ilusiones que pueden conducir a la iniquidad a aquellos que se perderán, por no haber recibido y amado la verdad a fin de salvarse.
Arriba el Apóstol, anunciando lo futuro, contó la llegada y culpa del Anticristo; aquí nos muestra la causa que impide esa venida; y primero descubre que ellos ya saben a qué causa se refiere, y la propone en términos obscuros. Así pues: digo que es necesario se dé a conocer el hombre del pecado. «Ya sabéis vosotros la causa que ahora le detiene», esto es, la causa de que se tarde, porque yo os la dije, de suerte que lo que al presente le detiene, «a su tiempo», esto es, oportunamente, «se dará a conocer» (Eccles. 8).
-«El hecho es que ya va obrando o tomando forma el misterio de iniquidad». Explica por qué se dilata el Anticristo; y este texto tiene muchas interpretaciones, porque misterio puede estar en nominativo o acusativo. En el primer caso el sentido es éste: digo que a su tiempo se dará a conocer, porque aun el misterio, esto es, -figuradamente ocultado (enigmáticamente propuesto), ya está obrando en los fingidos (cristianos), que parecen buenos, y en realidad son malos, y están haciendo el oficio del Anticristo, «mostrando, sí, apariencia de piedad, pero renunciando a su espíritu» (II Tm 3, 5).
En el segundo caso, o en acusativo, se interpreta así: porque el diablo, en cuyo poder quedará el Anticristo, ya empezó ocultamente, por medio de los tiranos y engañadores, a perpetrar sus iniquidades; porque las persecuciones a la Iglesia de este tiempo son figura de esa última persecución contra todos los buenos y, en comparación con aquélla, son como la copia respecto del original. «Entretanto el que está firme ahora». Esto también tiene múltiple explicación. Una -según San Agustín y la Glosa- dice que, en opinión de algunos, el Anticristo es Nerón, el primer perseguidor de los cristianos, que no fue muerto, sino hurtado fraudulentamente, y que algún día será restituido en su lugar. Donde el Apóstol, dando por vana esta opinión, dice: «entretanto el que está firme ahora», teniendo en sus manos el Imperio, «manténgase, hasta que sea quitado el impedimento», esto es, hasta que muera. Pero explicado de esta manera no pega, porque ha muchos años que Nerón es muerto, a saber, el mismo año que el Apóstol. Refiérase mejor a Nerón, como persona pública del Imperio Romano, hasta que sea quitado de en medio, esto es, el Imperio Romano, de este mundo (Is 23). O de otro modo: «entretanto el que tiene», esto es, detiene ahora la llegada del Anticristo, deténgalo para que no venga; cual si fuese necesario que algunos vengan todavía a la fe y algunos se retiren de ella, como si dijera: para dejar franca la puerta a ires y venires, entradas y salidas, el que ahora detiene hasta que venga detenga hasta que sea quitado de en medio ese hombre obsceno. O también así: entretanto el que tiene ahora fe téngala, esto es, manténgase firme en ella (Ap 2). Hasta que sea quitado de en medio, esto es, la cáfila revuelta de malos, se divida de los buenos y se ponga aparte, como se hará en la persecución del Anticristo. O entretanto… esto es, que el misterio de iniquidad, la iniquidad misteriosa, que detiene, detenga, hasta que la saquen de su escondrijo a media plaza, a vista del público; pues muchos pecan ahora a ocultas, pero día llegará en que lo hagan a la luz del día; porque Dios soporta a los pecadores mientras a ocultas cometen sus pecados; mas el día en que descubran la hilaza, entonces se le acabará la paciencia, como sucedió con los Sodomitas. Con todo eso, San Agustín confiesa ignorar qué es lo que el Apóstol les dice, si ya lo sabían; por eso dice: «ya sabéis lo que ahora detiene». Además no era cosa muy necesaria de saberse.
Sabemos que el Modernismo se mantuvo agazapado y oculto durante décadas. Las condenaciones de los Papas PRE-conciliares lo mantuvieron a raya hasta que llegó el tiempo. Ese tiempo fue el del Concilio Vaticano II. Y si como bien dice Santo Tomás «Dios soporta a los pecadores mientras a ocultas cometen sus pecados; mas el día en que descubran la hilaza, entonces se le acabará la paciencia, como sucedió con los Sodomitas»… pues ya podemos ir teniendo un buen indicio entonces de que la paciencia de Dios está largamente colmada.
-Al decir luego: «y entonces se dejará ver», pónese la llegada del inicuo y su pena; primero su manifestación, luego su pena. Cuanto a lo primero dice: He: aquel, en singular, inicuo, perverso, se dejará ver., porque su culpa se hará patente, «a quien el Señor Jesús matará con el aliento de su boca». – «El celo del Señor de los ejércitos es el que hará estas cosas» (Is 9, 7), esto es, el celo de la justicia, que es amor; porque el espíritu de Cristo es el amor de Cristo, y este celo es el que el Espíritu Santo tiene para con la Iglesia. O con el aliento de su boca, esto es, por orden suya; porque San Miguel le dará muerte en el monte Olivete, de donde Cristo subió a los cielos. De suerte parecida halló su fin Juliano el Apóstata, ejecutado por mano divina. Y esta es la pena presente, aunque también será castigado con la eterna, porque «lo destruirá con el resplandor de su presencia», esto es, con su llegada que todo lo pondrá como un sol (I Co 4). Y lo destruirá, digo, con la eterna condenación (S. 27). Dice también resplandor, porque el Anticristo pareció llenar de tinieblas la Iglesia, y las tinieblas son desterradas por los resplandores; porque todo lo que el Anticristo dará a conocer quedará demostrado haber sido engaño.
Pues bien. A la realidad del triunfo de la Revolución, del asentamiento en el «Templo de Dios» de la abominación desoladora y del apartamiento de «el obstáculo», se sigue la persecución de aquellos fieles que permanezcan en la Fe. La tribulación que seguirá es descrita en el Apocalipsis como MAGNA, y nunca antes vista. Pero además, aquellos días serán acortados porque si esto no ocurriese NADIE SE SALVARÍA, o «PERECERÍA TODA CARNE»… por lo tanto, aún es mayor el sentido de inmediatez y de urgencia que puede verse en el desarrollo de los acontecimientos que rodean a la llegada de la apostasía y el triunfo (aparente y corto, pero triunfo al fin) del Anticristo y sus secuaces.
Dígase si no es cierto que, leyendo este comentario de Santo Tomás, está viendo uno casi hasta con detalles los hechos de la historia cercana y los que vemos cada día…
No estamos haciendo otra cosa que aplicar este comentario de Santo Tomás, tal y como lo hizo durante la entrevista el Padre RIOULT. Pero lo que hacemos ahora es extendernos a TODO el comentario. Entonces, nos preguntamos cómo, a la vista de este texto, puede haber sacerdotes e incluso obispos de la TRADICIÓN que continúen defendiendo hipotéticas RESTAURACIONES o RECONQUISTAS. ¿Cómo puede ser que todavía no se rindan ante la evidencia?
Porque entenderíamos perfectamente que, si se tratase meramente de nuestra ideas o de nuestra manera de ver las cosas, ellas fuesen desechadas o despreciadas por carecer nosotros de CIENCIA y de AUTORIDAD para decir y enseñar; pero… estamos hablando nada menos que de Santo Tomás de Aquino. Bueno… no es el único de quien venimos hablando en todos estos años, por supuesto, ni tampoco nos apoyamos exclusivamente en él.
-«a aquel inicuo que vendrá con el poder de Satanás». Predice el poder del Anticristo, para seducir, y la causa de este poder de seducción, la justicia del Señor, «por no haber recibido y amado la verdad para salvarse los que perecerán». Pone asimismo al autor de este poder, el modo de seducir, los seducidos o engañados. El autor de este poder es el diablo; por eso lo destruirá Cristo, que para eso vino, «para deshacer las obras del diablo» (I Jn 3, 8). Por eso dice que el Anticristo «vendrá con el poder de Satanás», esto es, se gobernará por instigación diabólica. «Será suelto Satanás de su prisión, y saldrá y engañará a las naciones» (Ap 20, 7). Pues de las obras que hará algunas serán según la operación de Satanás, como las del endemoniado o espiritado, en quien no sólo instiga la voluntad sino aun impide el uso de la razón; en cuyo caso no se le imputa a culpa, porque no usa de su albedrío. Pero en el Anticristo no será así, porque usará de su albedrío, y dentro de él estará el diablo instigándole, como se dice de Judas (Jn 13, 27).
Y engañará de esta manera: primero valiéndose del poder secular; segundo, de la fuerza de los milagros. Cuanto a lo primero dice: «con toda suerte de milagros», a saber, del mundo. «Se hará dueño de los tesoros de oro y de plata y de todas las preciosidades de Egipto» (Dan. XI, 43). O con virtud fingida. Cuanto a lo segundo dice: «de señales». Las señales son una especie de «milagritos». Los prodigios en cambio son grandes, que demuestran que una persona es un ser prodigioso, como quien dice procul: lejos, a dígito: del dedo (Ap 13). Y dice: «prodigios falsos». Llámase falso un milagro, o porque le falta la verdadera razón del hecho, o la verdadera razón de milagro, o el debido fin del milagro. Lo primero es lo que hacen los prestidigitadores, mejor dicho, lo que se hace por arte de magia y brujería, cuando el diablo se encarga de dar gato por liebre para que parezca otra cosa de lo que es; como hizo Simón Mago con un carnero que mandó degollar, que luego se dejó ver vivo; o con un hombre, que todos creían degollado y, por haberle visto luego vivo, le creyeron resucitado. Y esto hacen los hombres mudando fantasmas en la imaginación para engañar.
En este asunto de los milagros se ve que, al estar desviados del verdadero fin del milagro, los «milagritos» del Anticristo se convierten en meros prodigios para seducir y engañar.
Lo mismo diremos de la FALSA HUMILDAD, tanto como de la DEMAGÓGICA SIMPATÍA que derrocha seductoramente a diestra y siniestra el anticristo que ocupa actualmente el Solio Pontificio. En realidad lo mismo decimos de TODO cuanto rodea a Bergoglio y a sus predecesores conciliares. Su autoridad DESVIADA DEL DEBIDO FIN, lo mismo que sus afanes que no procuran la extensión del Reinado de Cristo Rey sino que buscan con el mundo y las falsas religiones idolátricas el establecimiento de un Nuevo Orden Mundial, Nuevo Orden que, si alguien va a presidir, seguramente no será Nuestro Señor, sino «EL OTRO».
La segunda especie de milagros, impropiamente llamados así, son los que despiertan crecida admiración, por verse el efecto, sin conocerse su causa. Así pues «los milagros», que tienen no simplemente su causa oculta, sino para alguno oculta, dícense no simplemente milagros, sino maravillas. Mas los que tienen simplemente su causa oculta son propiamente milagros, cuyo autor es el mismo glorioso Dios, porque están por encima de todo el orden de la naturaleza creada. Pero algunas veces se hacen algunas maravillas, cuyas causas están ocultas, mas no fuera del orden de la naturaleza; y esto con más razón lo hacen los demonios, que conocen las virtudes de la naturaleza y tienen determinada eficacia para especiales efectos; y éstas hará el Anticristo, pero no las que tienen verdadera razón de milagro, porque no tienen poder en aquello que está sobre la naturaleza.
Estamos inundados de prodigios tecnológicos que parecen «milagrosos». Muchas de esas «maravillas» las usamos cada día. Artilugios creados por el hombre. Alardes de una «ciencia» que hace mucho ha «profanado» inclusive hasta a la misma naturaleza haciéndole pagar tributo.
Dícense milagros en tercer lugar los que están ordenados a servir de testimonio a la verdad de la fe, o a reducir los fieles a Dios, como se dice en San Marcos.
Mas si alguno tuviese la gracia de hacer milagros, y no se valiese de ellos para este fin, los milagros serían verdaderos cuanto a la razón del hecho y a la razón del milagro; pero serían falsos cuanto al debido fin y a la intención divina.
Pero esto no sucederá con el Anticristo, porque nadie hace verdaderos milagros contra la fe, ya que Dios no es testigo de falsedades. De donde uno que predique una falsa doctrina no puede hacer milagros, aunque un hombre de mala vida bien pudiera.
«Nadie hace verdaderos milagros contra le fe». Y tanto es así que todos somos testigos de lo dificultoso y forzado que les está resultando a los Romanos apóstatas encontrarlos para canonizar a sus «santos». El ejemplo más elocuente es Roncalli, alias Juan XXIII…; cansados de esperar algún «milagrito»…, ¡decidieron canonizarlo sin necesidad de milagro alguno!
Luego señala a los que se dejarán engañar, al decir: «a aquéllos que se perderán», esto es, a los destinados a la perdición. «Ninguno de ellos ha perecido sino el hijo de la perdición». Y esto precisamente porque «mis ovejas oyen mi voz» (Jn X).
Y como de lo que se trata es de estar entre aquellas «mis ovejas que oyen mi voz», damos por concluida esta tarea sencillamente diciendo:
¡DESPIERTA SEÑOR, QUE PERECEMOS!
Dice el que testifica esto:
Cierto, vengo pronto.
— Ya, Señor —
Ven, Señor Jesús.
La gracia del Señor Jesús
Con todos vosotros.
