La hora del Fénix
Jorge Doré
“Cuando el Diablo se apodera de una nación, exige sacrificios humanos.”
R.P. John O’Connor
Vivimos un momento único en la historia. Así como hubo una “madurez de los tiempos” para recibir al supremo bien, al Verbo hecho carne, a la Luz del Mundo anunciada por la estrella de Belén hace más de dos mil años, la contrapartida diabólica de este suceso histórico, hoy se encuentra casi en su apogeo. Estamos en la madurez de los tiempos para recibir al supremo mal, a la carne imbuida de pecado, a la noche del mundo aureolada por el eclipse de la Iglesia de Roma. Ya sus huestes acampan entre nosotros y en sus estandartes puede leerse: “Novus Ordo Seclorum”.
En una de sus esclarecedoras conferencias, el padre John O’Connor, sufrido luchador de la fe católica, asociaba la bestia herida del Apocalipsis 13:3 con el comunismo. Decía que este engendro representaba ese perverso sistema porque, –habiendo sido herida de muerte–, sorpresivamente revivía ante el asombro de todos.
Sin entrar en consideraciones teológicas que como simple laico no me competen, no me parece tan descabellada su interpretación, ya que el marxismo está más vivo y agresivo que nunca y, tras su rostro cambiante, su esencia anticristiana continúa siendo la misma. Su amenaza persiste bajo nuevos disfraces y expresiones.
Muchos jóvenes de hoy vuelven a servir de “tontos útiles” a los propagadores de una doctrina que ha contribuído a torturas, asesinatos y esclavitud de más de 100 millones de seres humanos y que, no obstante, sigue encontrando adeptos indiferentes a estas cifras. Algunos son los negros apóstoles de esta perversa filosofía y otros, los útiles del presente y desechables del mañana, víctimas del engaño y de la desinformación.
Siempre ha habido crisis, guerras y revoluciones, pero tres novedades nos diferencian del pasado: la sofisticación tecnológica, la reducción de la Iglesia católica hasta su casi extinción y la aparición del satanismo como un poder visiblemente cautivador. Algo nunca antes visto.
Razón del mal presente y su concreta amenaza
Los cristianos nos hemos rebelado contra Dios; no con brazos alzados en señal de protesta, sino con tibieza, ignorancia de la propia fe y falta de celo apostólico. Hemos subestimado Sus leyes y perseguido el ruido del mundo en vez de la divina gracia. Hemos querido un Dios a nuestro modo. Cruces con cristos deformes y aberrantes en los nuevos templos dan testimonio de ello.
Por no velar, hemos sido rebeldes como el pueblo elegido. Y por marchar en sentido contrario a la tierra prometida, la ira de Dios pende hoy sobre nuestras cabezas.
Mas el retorno a nuestras auténticas vidas cristianas se encuentra en las sencillas, pero profundas palabras de San Pablo:
“…renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente”. (Tito 2:12)
Agenda de los enemigos de Cristo y de su Iglesia
La institución de un nuevo orden mundial y la destrucción del catolicismo son parte de un mismo plan. El cumplimiento del uno está ligado a la aniquilación del otro. El catolicismo fue una vez barrera contra las flechas del maligno, pero habiendo sido ésta demolida, quedan sólo al descubierto las ruinas de una fe malograda y sin sustancia, incapaz de resistir los embates del mal. Es más, ahora los secunda. La seudo-iglesia católica de Roma, es hoy la embajada de Lucifer en la Tierra donde el enemigo celebra su victoria con globos, pelotas de colores y narices de payaso ante nuestros propios ojos.
En una artículo titulado “The Jewish Conspiracy – Last Moment of Lucidity” el autor Henry Makow, Ph.D. explica:
“La historia es el producto de un oculto plan a largo plazo llevado a cabo por banqueros cabalistas (satanistas) para subyugar a la humanidad mediante la guerra (genocidio), la revolución y el colapso financiero como instrumentos principales”.
Esa élite mundial, esa plutocracia oligárquica está compuesta por diversos grupos que buscan la absoluta dominación y esclavitud de todos los pueblos de la Tierra bajo un gobierno totalitario y una sola religión mundial, fuera de la cual, todas las demás quedarán prohibidas y catalogadas como amenazas sociales. Especialmente el catolicismo.
El “novus ordo seclorum” (nuevo orden de las eras) –frase acuñada en el billete de un dólar americano–, es una revolución en perenne marcha. Aunque la élite que lo impone con tenacidad ha ganado mucho terreno últimamente, el resurgimiento de partidos ultraderechistas dentro de países de la Unión Europea como Francia, Grecia y Holanda, hartos de la subversión que está minando sus identidades nacionales, pudiera llegar a ser una piedra en el zapato de estos genocidas. Si algo tratan de evitar estos despiadados, es que los pueblos despierten.
En esta sangrienta revolución (recuérdese el aborto), nuestras identidades se ven amenazadas por un enemigo que busca forjar una humanidad digna del advenimiento del anticristo, y el precio a pagar por los pueblos es la eutanasia de nuestras idosincracias nacionales y de nuestra herencia moral y religiosa.
No es una mano humana la que maneja los cientos de hilos que hoy mantienen zozobrando al mundo, sino una garra diabólica. A la par que los hijos de las sombras corrompen nuestras naciones, buscan vaciar nuestras vidas de trascendencia para anular cualquier resistencia sobrenatural que pudiéramos hacerles. Ellos no son ateos. Su Dios es Lucifer. Y hoy, la cúpula de San Pedro, es su trofeo.
La poderosa influencia de los medios de comunicación y la tecnología actual, aceleran el proceso del deterioro social generado por el liberalismo, que avanza ruda e implacablemente, dejando tras de sí naciones corruptas y desmoralizadas; sin tabla de salvación a la que asirse, por haber aceptado el canto de sirenas que las incitaron a hacer astillas de la cruz.
Estados Unidos de América: pieza esencial del rompecabezas.
El lema de los Illuminati “Ordo Ab Chao” (Orden mediante el caos), aplica a la destrucción de las bases de una sociedad para construir un nuevo orden sobre sus ruinas. Filosofía esta inherente al comunismo, que tanta devastación moral y física ha causado y continúa sembrando en la historia.
Los Estados Unidos de América es una nación fundada y dominada por la masonería. La planificación y la arquitectura de algunas de sus ciudades y la gran profusión de símbolos cabalísticos que todos los días pasan de mano en mano ante los ojos de quienes usan su papel moneda, dan fe de ello. Los billetes de cualquier denominación están plagados de simbología masónica.
Para las sectas ocultas, hacernos vivir en medio de sus secretos sin que nos percatemos de ello, es un triunfo y a la vez, una burla hacia quienes, por no compartir sus misterios, estamos considerados como cabezas de ganado, como simples números movibles.
El águila, emblema nacional de la nación americana, también ícono en el dinero, representa para los masones el Ave Fénix; ave que si hasta ahora había desplegado sus alas como símbolo de poder, está llamada a plegarlas y a transformarse en cenizas para resurgir adecuada al nuevo cielo que circundará la Tierra.
Uno entre los muchos proponentes de este requisito, el educador Theodore Brameld, en su libro “Education as Power” (1965), describe claramente esta necesidad:
“La soberanía, como históricamente la conocemos, está completamente obsoleta, es insidiosamente engañosa y absolutamente peligrosa. Los Estados Unidos, al igual que cualquier otra nación, tendrá que abrogar su soberanía tradicional con respecto a todas las pólizas relacionadas al mantenimiento y a la prosperidad del orden mundial, en favor de la alternativa disponible: la soberanía internacional. Es esencial para nosotros dar otro paso gigante en la evolución de las relaciones políticas. Este paso es el gobierno mundial…”
El Presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, títere al servicio del establishment americano, –la verdadera mano oculta que rige la nación–, está socializando el país. Los fundamentos cristianos ya están siendo mal vistos y puestos en entredicho por fuerzas antagónicas que trabajan infatigablemente para corromper moralmente la sociedad y destruir la familia y la tradición. A la expulsión de Dios, sucede el encumbramiento del hombre. Así prepara Obama a la nación para su nuevo rol mundial. La hegemonía americana, –por voluntad o fuerza–, tiene que cesar.
En su libro “The secret constitution and the Need for Constitutional Change” (1987) Arthur Selwyn Miller, su autor, describe:
“Existe un sistema dominante de control de pensamiento en los Estados Unidos… la ciudadanía es adoctrinada por el empleo de los medios de comunicación y por el sistema de educación pública… a la gente se le inculca lo que tiene que pensar… el viejo orden se derrumba… al nacionalismo debe ser visto como una enfermedad social… una nueva visión se requiere para planear y manejar el futuro, una visión global que trascienda fronteras nacionales y elimine el veneno de las soluciones nacionalistas… una nueva constitución es necesaria… los americanos no tienen elección, ya que los cambios constitucionales vendrán les guste o no o hayan sido o no planeados… La nuestra es una era de sociedad planificada, no hay otro camino posible.”
Por supuesto que esta descripción aplica a otros países de la tierra implicados en la misma situación porque el campo de batalla es todo el orbe.
En Estados Unidos, el recién estrenado, –mas ya catastrófico plan de salud– “Affordable Care Act” (bautizado familiar y tendenciosamente como Obamacare), no tiene otra intención que avanzar la socialización en una nación ajena a este tipo de invasiones a la privacidad. Las regulaciones del programa llenan 10,535 páginas, cantidad capaz de desalentar a cualquier curioso que prentenda intentar averiguar lo que en realidad contienen y que ningún político confiesa haber leído, mas sí aprobado para perjuicio del pueblo.
Sería absurdo creer que este plan se basa en una sincera preocupación social por la salud de toda la ciudadanía cuando por otra parte, los creadores y proponentes del mismo, consideran el aborto, –o sea, el legal asesinato en masa–, como un derecho personal y hasta una necesidad o conveniencia. ¿Desde cuándo los asesinos se preocupan por la salud de sus víctimas?
Como bien decía el Padre O’Connor, el diablo exige sacrificios humanos y la prueba de la satanización estadounidense está en el millón doscientos mil abortos que, anualmente, se realizan en el país.
El “Affordable Care Act” dispone del dinero de los contribuyentes para hacer obligatoria la cobertura gratuita de fármacos abortivos y el financiamiento del aborto, negando el derecho a la objeción, por conciencia, de quienes rechazan esta tiránica a injusta imposición convertida en complicidad criminal.
En un discurso pronunciado el 1º de junio de 1941, S.S. Pio XII diría sobre situaciones semejantes:
“Así se hacen culpables de escándalo quienes instituyen leyes o estructuras sociales que llevan a la degradación de las costumbres y la corrupción de la vida religiosa o a condiciones sociales que, voluntaria o involuntariamente, hacen ardua y prácticamente imposible una conducta cristiana conforme a los mandamientos”.
El humo de Lucifer se filtra hoy por las grietas de la Casa Blanca y se extiende hasta los confines de la nación americana. Pero en el aborto no acaba todo: ya la pedofilia ha dejado de ser aberración para convertirse en tendencia y en estos momentos se baraja la posiblidad de la eutanasia infantil.
“Maldito quien acepte soborno para quitar la vida a un inocente. Y todo el pueblo dirá: Amén”. (Deuteronomio, 27:25)
Degradación de los Estados Unidos
La socialización de los Estados Unidos avanza sin que sus ciudadanos apenas lo perciban. Numerosos norteamericanos, dando por sentado el histórico liderazgo y hegemonía de su país, no sospechan que su nación pueda ser degradada hasta niveles nunca imaginados por ellos. Pero de hecho, está pasando. El socialismo penetra como un lento suero en la aorta de la nación americana.
El feminismo, el laicismo, el multiculturalismo, la corrección política, la libertad sexual, el ecologismo, el uso de las minorías falsamente victimizadas para amedrentar a las mayorías y silenciarlas, son hoy el nuevo “estilo de vida” de una nación que se autodemuele mientras chapotea en la hecatombe moral.
La desmedida acumulación de armamento por parte del gobierno, el sofisticado entrenamiento de las fuerzas policiales y la nueva adquisición de vehículos blindados y de guerra para uso de la policía local, hace pensar en una preparación no sólo anti-terrorista, sino más bien destinada a controlar rápida y eficazmente cualquier revuelta civil.
La élite del mal, –los dueños de las ingentes fortunas del mundo– exige el sacrificio del águila americana. La libertad debe deponer sus alas para dar paso a una tiranía sin fronteras. Los espectros de Marx y Lenin se desperezan y codiciosamente rondan la Constitución americana. Es muy probable que, –un día no lejano–, los Estados Unidos despierten encadenados.

