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7 de noviembre de 2013 |
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Escolios* de Nicolás Gómez Dávila |
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EscolioLa capacidad de sentir auténtico desdén por una actividad cualquiera que enriquezca, no de aparentarlo meramente, es en extremo rara. (Escolios nuevos I, p. 174)* * * [Por favor prescinda de lo siguiente si lo anterior es claro para usted, como de hecho deseo] Comentario (con perdón de don Nicolás y de los lectores): Solo quienes conocen algo de la historia de la humanidad, bien sea por el estudio de la historiografía o bien por la observación de los documentos de otros tiempos (literatura, arquitectura, pintura, tradiciones de las que aún tenemos rastros…) pueden comprender que hubo épocas en los que la mayoría de los hombres ni buscaban ni perseguían la riqueza, la posesión de cosas y más cosas, el atiborrarse de posesiones movidos por la sensación de que se es feliz por el disfrute de artefactos o por la admiración que en los demás despierta la capacidad adquisitiva… La mayor parte de los hombres que han poblado el planeta han tenido como prioridad algo bien distinto, y tras la Encarnación del Verbo hasta… aproximadamente el siglo XVIII, casi la totalidad de los hombres vivientes vieron como enfermedad esta codicia en que nacemos y morimos los hombres de hoy; pues es mal, de los peores: destruye al hombre privándolo de la atención que únicamente merecen los bienes verdaderos, las cosas apropiadas a la dignidad de un ser predilecto por el Creador: la belleza, el crecimiento de los seres, el saber… Esos son los bienes que perduran, los a-temporales, los no sometidos al desgaste de la materia, aquellos cuyo cuidado ennoblece al hombre, elevándolo sobre sí mismo. Es de los brutos (de los seres irracionales, de los animales) el vivir con la mirada puesta en lo que satisface las necesidades corporales, las realidades materiales en su aspecto placentero en relación al cuerpo. Embobada la persona con una cosa cualquiera que despierta su deseo de posesión, consumida muchas veces por ese deseo y la ansiedad que lo sigue, esforzándose para poder tenerlo, gastando sin ahorro energías en todo lo necesario para poder llamar “mío” automóviles, televisores, cámaras, teléfonos, habitación, acción de club, viajes…—, ¿cuánto tiempo y con cuánto esfuerzo estará buscando enriquecerse interiormente con los bienes espirituales, aquellos que hablan de y encaminan al hombre directamente hacia Su fuente: Dios, Creador, Padre, Causa y Dispensador de todo bien, de todo gozo, de toda dicha? Un ser humano que sepa —aunque mínimamente— lo que es y lo que vale desprecia las riquezas materiales, mira como locura la vida dedicada a su consecución, y así mismo juzga cualquier actividad emprendida con ese fin. ¿Cuántos hombres de hoy saben siquiera ese mínimo? |
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Sobre esta edición de los escolios y escolios publicados Sobre Nicolás Gómez Dávila |
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| * Según la Real Academia Española de la Lengua, escolio (del lat. scholĭum, y este del gr. σχόλιον, comentario) es el sustantivo masculino para designar una «nota que se pone a un texto para explicarlo». | |


