Interesante anécdota es esta que cuenta Página Católica. Como su línea editorial todavía no es clara con respecto a Jorge Bergoglio, de seguro llamará la atención el recurso empleado. No obstante, lo más desconcertante, para los autores, no para nosotros, es la aseveración final…
Gematría desconcertante
Quien tiene inteligencia que calcule el número de la bestia. Porque su número es de un hombre; y el número de la bestia es 666.
Saben nuestros lectores que para intermediar entre el sistema de numeración binario, con el que se guarda la información en las memorias de los ordenadores, y el teclado de todos ellos, se utiliza un código mundialmente conocido bajo el nombre ASCII, que da a cada letra un valor numérico determinado.
Por ejemplo la letra «ñ» corresponde al valor 164. De modo que si una persona opera un teclado que no contiene esa letra (por ejemplo en USA), podrá escribirla si mantiene presiona la tecla«Alt» y, al mismo tiempo, oprime «164».
Pues bien, alguien ha descubierto que sumando el valor numérico que el código ASCII da a las letras de la palabra BERGOGLIO, el resultado obtenido es «666».
Pueden nuestros lectores comprobar fácilmente la veracidad del aserto si, abriendo un programa como WORD, digitan los siguientes números:
En el mismo capítulo en que San Juan nos da la cifra, se narra que la fiera que representa al «sin nombre» sale del Mar. Palabra que en las Sagradas Escrituras designa al Mundo, lugar inestable, inseguro, sobrecogedor, a veces mortal, como el piélago que lo simboliza.
En cambio el profeta que lo servirá, la otra Fiera, sale de la Tierra, que por su estabilidad, y por la seguridad y calor que procura, es símbolo de la Religión.
Así pues el Anticristo será un personaje salido de los poderes mundanos, de la política y la intriga; mientras que su promotor, el falso profeta, provendrá del ámbito religioso, y será probablemente la cabeza, ¿mitrada? de una nueva cuan falsa religión.
Es muy curioso que el valor numérico de la palabra BERGOGLIO, en un código universalmente difundido que trasciende los diversos idiomas, sea 666; más aún cuando para lograrlo no haga falta aditamento alguno. Al efecto, como dijimos, antiguamente se tuvo que recurrir a «Nerón César o Dioclesiano Augusto», mientras que aquí se trata de un apellido a secas.
Pero: ¿se habrán puesto a pensar los descubridores del caso cuántos apellidos sumarán 666 en ASCII? ¿No es poco serio? ¿Es hora de jugar con procedimientos cabalísticos?
Nos resistíamos a escribir este comentario, pero es necesario prevenir el escándalo que puede causar en muchas almas pías un entretenimiento como el presente.



