LA SOCIEDAD CIVIL CRISTIANA – Ilmo. Sr. Dr. PEDRO SCHUMACHER – PRÓLOGO (NUEVA SERIE)

LA SOCIEDAD CIVIL CRISTIANA

SEGÚN LA DOCTRINA DE LA IGLESIA ROMANA

Texto de enseñanza moral para la juventud

Ilmo. Sr. Dr. PEDRO SCHUMACHER

Obispo de Portoviejo

Quinta edición considerablemente aumentada (1900)

Con la aprobación y recomendación del Emmo. Sr. Cardenal-Arzobispo de Zaragoza

y de los Rvmos. Sres. Arzobispos y Obispos de Bogotá, Burgos, Caracas, Comayaqua, Guatemala, León, Nueva Pamplona, Quito, San Salvador, Tarragona, Tehuantepec y Veracruz.

SOCIEDADPRÓLOGO

Para manifestar la idea y los motivos que nos han impulsado a escribir la presente obrita, reproducimos aquí la patética exhortación que el Papa reinante (S.S León XIII) dirige a todos los Obispos del mundo católico, excitando su celo para combatir y luchar contra los errores de nuestros tiempos:

«Cuanto a vosotros, Venerables Hermanos, os rogamos, os conjuramos, que unáis vuestros esfuerzos a los Nuestros y que empleéis todo vuestro celo en procurar que desaparezca el impuro contagio del veneno que circula en las venas de la sociedad y toda entera la inficiona. Trátase, para vosotros, de procurar la gloria de Dios y la salvación del prójimo.

Combatiendo por causas tan grandes, no os han de faltar valor ni fuerza. A vosotros toca determinar, en vuestra discreción, los medios más eficaces para vencer las dificultades y los obstáculos que se alzarán contra vosotros. Pero ya que la autoridad inherente a Nuestro cargo Nos impone el deber de trazaros la línea de conducta que estimamos mejor, os diremos:

Primeramente, arrancad a la francmasonería la máscara con que se cubre, y mostradla tal cual es.

En segundo lugar, con vuestros discursos y cartas pastorales especialmente dedicadas a este asunto, instruid a vuestros pueblos: hacedles conocer los artificios empleados por esas sectas para seducir a los hombres y atraerlos a sus filas, la perversidad de sus doctrinas, la infamia de sus obras.

En nuestra época parece que los fautores del mal se han coligado en inmenso esfuerzo, a impulso y con ayuda de una sociedad esparcida en gran número de lugares y vigorosamente organizada, la francmasonería.»(Enc. Humamum Genus).

Obedeciendo a estos preceptos terminantes del Supremo Pastor de la Iglesia, nos hemos decidido a formar un pequeño texto de enseñanza para la juventud de nuestra Diócesis, a fin de señalar los errores que propaga el liberalismo asociado con la secta masónica, y ofreciendo argumentos y razones para confundirlos y rechazarlos.

En efecto, pasaron los tiempos de religiosa y humilde fe, en que bastaba exponer e inculcar los misterios y dogmas revelados, y los preceptos de la Iglesia, siendo doctrina reconocida por la razón natural que, cuando Dios ha hablado, el hombre debe inclinar su inteligencia y voluntad a esta autoridad soberana.

¡Hoy ya no es así! Se ha levantado una secta atrevida y astuta, que con el nombre de «liberal» pretende negar y atacar la soberanía de Dios, y proclama la del hombre en su lugar; una secta que, negando los derechos de Dios sobre el hombre, quiere colocar las sociedades humanas sobre una base nueva que llaman «moral libre, moral independiente».

Esta secta tiene su código propio, formado por los artículos que formuló la revolución francesa con el título de «derechos del hombre». Código impío y ateo, cuya perversidad se halla como condensada en la pretensión de que el hombre y la humana voluntad sean la fuente única de todos los derechos.

Para los pueblos cristianos había existido el principio fundamental de toda justicia y moral, de que Dios, como Legislador Supremo, es la norma de todas las leyes humanas. Contra este supremo dominio de Dios se alza la secta liberal, y protesta, sosteniendo que la ley no es otra cosa que la expresión solemne de la voluntad de los pueblos. Según esta doctrina nueva, será ley lo que el hombre mande, sea esto conforme o no con la voluntad de Dios.

No es extraño que los pretendidos «derechos del hombre», apoyados en tan impío fundamento, hayan atribuido al hombre el derecho de manifestar y enseñar de viva voz o por la imprenta, todos los errores y todas las impiedades, sin tomar en cuenta la autoridad de Dios y de su Iglesia.

Si estas son las máximas fundamentales del liberalismo, ¿quién podrá dudar todavía de que esta secta se proponga otra cosa que la ruina completa de la moral y de la religión del Cristianismo?

¡En verdad es así! Que muchos lo hayan ignorado hasta ahora, creyendo de buena fe en las ofertas liberales que prometen libertad, progreso y prosperidad, esto debe atribuirse únicamente a las astucias de la secta, y a los medios de seducción que ha empleado para encubrir sus verdaderos proyectos que son, formar sociedades sin Dios y sin religión.

Pero ¿qué católico podrá dudar todavía de la perversidad del sistema liberal, cuando el Representante de Dios en la tierra nos dice que los que siguen el liberalismo son «imitadores de Lucifer», de aquel ángel rebelde que se alzó contra Dios y le dijo: «No serviré»?

Es por consiguiente de suma urgencia poner en manos de la juventud textos católicos, que le señalen los errores y las astucias de la secta liberal, y la armen con los invictos argumentos de la verdad católica, para resistir a unos adversarios tan audaces como insinuantes.

El enemigo ya nos había prevenido, pues hemos sabido con grande sorpresa, que en ciertas escuelas de esta Diócesis se había introducido furtivamente, como texto de enseñanza liberal, un pequeño libro anónimo que lleva por título: Compendio de los derechos del hombre en sociedad.

Si pues los adversarios son tan activos, si los hijos de este siglo son tan astutos para su negocio de perversión, no podemos callar por parte nuestra, y así nos hemos decidido a ofrecer a nuestros amados diocesanos el antídoto del veneno liberal, no sea que siga circulando por las arterias de la sociedad.

Os ofrecemos, pues, amados diocesanos, este pequeño trabajo, en el cual nos ha guiado el amor a la santa Iglesia, y el deseo de vuestro bien. ¡Tomad y leed! Y después de haber leído, escoged la bandera que deberéis seguir, pues quedaros en campo neutral no es posible. «No querer defender a Cristo peleando, es militar en las filas del enemigo, y Él nos asegura que no reconocerá por suyos delante de su Padre en los cielos a cuantos rehusaron confesarle delante de los hombres en este mundo.» (Enc. Sapientiae Christianae).

Entre la sociedad de Dios y la junta de Satanás no hay partido medio. Pues, ¿por cuál de los dos nos decidiremos? ¡Sea por el reino de Dios! ¡Sí, vénganos, Señor, el tu reino! Adveniat regnum tuum!

Portoviejo, en la dominica de Quincuagésima.

Febrero 16 de 1890.

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OBSERVACIONES PARA LA EDICIÓN TERCERA

Aprovechando algunas indicaciones de amigos, he procurado precisar un tanto algunas definiciones, que ocurren en esta obrita; va completamente refundida la primera parte, y en la última he tratado más detenidamente la tan grave cuestión del socialismo.

Los esfuerzos que por acá hacen masones y liberales para impedir que esta obra sea adoptada como texto de enseñanza en los colegios, es su mejor recomendación. ¡Ojalá contribuya, mediante Dios, a difundir más y más en nuestras sociedades las doctrinas de la política cristiana, de las cuales ningún pueblo puede apartarse, sin encaminarse a su propia ruina!

Portoviejo, en el Ecuador

A 28 de abril de 1892.

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PRÓLOGO PARA LA QUINTA EDICIÓN

Son algo extensas las amplificaciones que se ha dado en la presente edición a ciertas materias, que en las anteriores apenas estaban indicadas. En los capítulos XI y XII, después de haber manifestado que el liberalismo tiene su origen en el protestantismo, hemos presentado toda su parentela moderna de racionalismo, naturalismo, positivismo; y sus hijos propios, que son el comunismo, el socialismo y el anarquismo.

Aun cuando el carácter de este opúsculo me haya obligado a tratar todas estas materias de una manera muy concisa, sin embargo abrigo la esperanza de no haber omitido ningún punto importante. Los lectores que no pueden consultar las voluminosas obras filosóficas, que tratan estas materias in extenso, quedarán siquiera iniciados en un estudio que hoy se impone a todo católico deseoso de oponerse a la propaganda disociadora de la prensa liberal.

Con la reflexión y meditación detenida de los principios de filosofía cristiana que proponemos, ateniéndonos siempre a las enseñanzas del Vicario de Jesucristo, presentadas en la encíclica del Papa León XIII sobre la cuestión social, el lector ensanchará por sí mismo el horizonte de sus conocimientos, y disfrutará la satisfacción que causará en su ánimo la admirable harmonía que se descubre en la ciencia cristiana.

Este pequeño trabajo lo he emprendido aprovechando el grato descanso que tras una serie de amenazas y persecuciones de parte de los sectarios liberales, he hallado en tierra colombiana.

El masonismo cosmopolita, habiendo invadido a mano armada la República del Ecuador, me ha obligado a buscar un asilo en Colombia, huyendo con mis sacerdotes del exterminio que nos preparaban las huestes radicales.

Este asilo, ¡gracias a Dios!, lo hemos encontrado en medio de este pueblo profundamente religioso, que nos ha acogido como a representantes y ministros de su propia religión, odiados y perseguidos por los enemigos de Dios.

Contemplando desde aquí las ruinas causadas en mi Diócesis de Portoviejo por aquellos irreconciliables enemigos de la civilización cristiana, viendo los sacerdotes dispersos, nuestras casas de educación o de beneficencia usurpadas por los revolucionarios, la falta de toda garantía y seguridad personal bajo el absolutismo radical, he depuesto a los pies del Pastor Supremo de la Iglesia el cayado que me había confiado, presentando humilde y respetuosamente mi renuncia del cargo episcopal. Pero mientras Dios manifieste su voluntad respecto del vínculo que aun me liga con aquella Iglesia, he consagrado mi tiempo y mi ministerio a las buenas y sencillas gentes del campo, y mostrarme de algún modo agradecido a la bondad con que me han acogido, dándome habitación y sustento.

A las incesantes invectivas, amenazas y calumnias con que los órganos de la prensa radical nos persiguen, a mí y a mis sacerdotes, desde allá de las fronteras ecuatorianas, en un lenguaje que es digno de los fines abominables que pretenden, he opuesto el silencio más absoluto, gozándome yo y mis sacerdotes con la dicha y gloria de ser calumniados y perseguidos por la causa de Dios y de su santa Iglesia.

Íntimamente convencido de que los desgraciados autores y propagadores de tanta calumnia no creen ellos mismos una sola palabra de cuanto escriben para rebajar nuestra dignidad de sacerdotes, y que contestarles sería darles una honra que no merecen, los dejo y abandono a su ciega obstinación; pues la fe no es de todos, dice el Apóstol, y con serena calma espero que nos veamos ante el tribunal de Aquel que en su tiempo manifestará las obras de cada uno.

Mientras tanto el liberalismo masónico sigue mostrando una vez más los tristes y amargos frutos que produce inevitablemente, cuando en sus adorables decretos Dios permite que un pueblo caiga en su poder.

Estos sectarios, siempre tan profusos y elocuentes, para anunciar y prometer libertades, dicha y grandeza han reproducido en la desgraciada provincia de Manabí los ejemplos de barbarie que aprendieron de sus padres, los execrables héroes de la revolución de 1793.

A las nobles e indefensas religiosas de Calceta, cuyo carácter de personas consagradas a Dios y al ejercicio de la caridad debería haber inspirado veneración y respeto a la soldadesca liberal, las ultrajaron, despojaron y arrojaron de su habitación. Nosotros, es decir yo y los respetables sacerdotes que me rodeaban, nos vimos expuestos a los más viles insultos, amenazas y malos tratamientos, salvando nuestra vida con la intervención providencial de un puñado de soldados valientes y leales, que acudieron en nuestra defensa al grito: ¡Viva la Religión!

En el interior de la República, se repitieron las mismas escenas de ferocidad; se hubiera dicho que el masonismo liberal en su ciego furor de ultrajar todo lo más sagrado, se había olvidado en daño de su propia causa de la prudencia más elemental, que le aconsejara más moderación. Desde los pocos meses de su desgraciada dominación, el liberalismo ha introducido una dictadura absoluta y tiránica, cual los ecuatorianos no la habían experimentado desde la existencia de la República. Desaparecieron las libertades públicas y privadas ante los arbitrarios decretos del invasor, las escuelas y los establecimientos de enseñanza fueron suprimidos casi en su totalidad, las rentas públicas desaparecieron en el insondable remolino revolucionario.

Una multitud de hojas liberales a cada cual más impía y blasfema, apareció como una plaga de langostas, para infestar la atmósfera con sus abominables producciones, mientras las imprentas católicas fueron destruidas, y los escritores creyentes reducidos a la cárcel. La tortura de los baños de agua fría, del trapiche y de la flagelación fue empleada por los sectarios para humillar y rendir a sus desgraciadas víctimas. Aun el Arzobispo de Quito se vio asaltado en su propia residencia por las hordas radicales, y salvó su vida con una fuga precipitada, merced a la rapacidad de los enemigos, que saquearon su palacio y quemaron su biblioteca y el archivo de la curia.

Todos estos hechos, si bien tristes y lamentables, encierran sin embargo una enseñanza preciosa:

El cabecilla masónico, al desembarcar en la playa ecuatoriana, declaró sin rodeo ante la multitud de sus amigos que había venido para poner fin a la teocracia en el Ecuador. Pues el jefe ha cumplido con su execrable misión; en lugar del reino de Dios, que dio al Ecuador paz y ventura, ha puesto el reino de Satanás!!!

Pero ya, al cabo de unos pocos meses de haber experimentado el horrendo yugo de semejante dominador, el desgraciado pueblo ecuatoriano se debate y retuerce para recobrar su perdida libertad. Mientras escribimos estas líneas, llegan a este retirado y silencioso valle los rumores de una agitación universal de los pueblos del Ecuador con el fin de sacudir el yugo que le oprime. ¡Ojalá sirva la experiencia de lo que acaba de sufrir para desengañarlo de las falaces ofertas del liberalismo, y que el desengaño sea perpetuo!

Samaniego de Colombia,

14 de Setiembre, 1899.

El autor

***

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN. El Reino de Dios y el Reino de Satanás

I. La Iglesia — el Reino de Dios

II. El Reino de Satanás — la francmasonería y el liberalismo

CAPÍTULO I. Fin y fundamento de la sociedad civil

CAPÍTULO II. De la ley

Articulo I. De la ley en general

Artículo II. De la igualdad de todos ante la ley

CAPÍTULO III. De los gobiernos; gobierno cristiano y gobierno ateo o liberal

I. De la teocracia

II. De lo que llaman «clericalismo» los enemigos de la Iglesia

III. De lo que llaman «soberanía popular»

IV. De la separación de la Iglesia y del Estado

CAPÍTULO IV. De la, libertad cristiana y del liberalismo

CAPÍTULO V. De la conciencia: conciencia cristiana, y conciencia atea o liberal

I. De la libertad de conciencia

II. libertad de culto en el sentido católico

III. De la tolerancia de cultos

CAPÍTULO VI. Enseñanza sin Dios y escuelas ateas

    I. Necesidad de la enseñanza religiosa para la perfección de la ciencia

    II. Necesidad de la enseñanza religiosa para la educación de la juventud

Breve historia de la revolución de Francia en 1789

CAPÍTULO VII. De la imprenta libre o libertad de imprenta

I. Libertad de imprenta cual la pide el liberalismo

II. Libertad de imprenta en el sentido católico

CAPÍTULO VIII. De la familia o sociedad doméstica

    I. De la familia cristiana

II. Del divorcio

III. Del estado de castidad perfecta, del celibato eclesiástico y religioso

CAPÍTULO IX. De la secta de los masones

Encíclica del Papa León XIII sobre la francmasonería

CAPÍTULO X. De dos medios que emplean el liberalismo y la secta masónica para conseguir sus depravados fines

    I. Del abuso y falsificación del sentido natural de las palabras

II. De las astucias de la prensa liberal y masónica

CAPÍTULO XI. Del protestantismo y de los demás sistemas racionalistas en su relación con el liberalismo

Artículo I. Del protestantismo en cuanto es fuente y origen del racionalismo y de la libertad de pensar

Artículo II. De los diversos sistemas racionalistas

1º. Del racionalismo propiamente dicho

2º Del naturalismo

3º Del positivismo

CAPÍTULO XII. De las consecuencias últimas del liberalismo: comunismo, socialismo y anarquismo

I. Del comunismo

II. Del socialismo

III. Del anarquismo

CAPÍTULO XIII. Del pretendido «progreso infinito» de la humanidad enseñado por los naturalistas

Del progreso considerado a la luz de la razón cristiana

Objeciones de los naturalistas contra la doctrina expuesta

Conclusión

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INTRODUCCIÓN

EL REINO DE DIOS Y EL REINO DE SATANÁS

La Iglesia y la Francmasonería con el Liberalismo

I. La Iglesia — el Reino de Dios

«El linaje humano, después de haberse rebelado contra Dios,

se dividió en dos partidos distintos y opuestos.

El uno es el Reino de Dios en la tierra;

el otro es el Reino de Satanás,

en cuyo poder y dominio están

los que no quieren obedecer

a la ley divina y eterna.»

(Palabras de León XIII. Enc. Humanum Genus).

1. ¿De quién traen su origen las sociedades civiles?

Las sociedades civiles traen su origen de Dios, quien es Criador y supremo y soberano Ordenador de cuanto existe en el universo.

2. ¿Por qué se debe reconocer a Dios por Autor y soberano Señor de la sociedad civil?

Dios es el Autor y Señor de la sociedad civil, primero porque Él creó al hombre en tales condiciones que debe busca la sociedad de sus semejantes; segundo porque el mismo Dios comunicó al hombre la razón y la facultad de hablar que son los medios principales para organizar una sociedad y vivir en ella.

«La naturaleza, o mejor dicho Dios, Autor de la naturaleza, quiere que los hombres vivan en sociedad: lo demuestran claramente ya la facultad del lenguaje, la más poderosa mediadora de la sociedad, ya el número de las necesidades innatas en el alma, y muchas de las cosas necesarias e importantísimas que los hombres, si viviesen solitarios, no podrían procurarse y que se procuran unidos y asociados entre sí.» (Palabras de León XIII. Enc. Immortale Dei).

3. ¿Cuál es el fin que Dios ha señalado a la sociedad civil?

El objeto para el cual los hombres, movidos por la naturaleza, se reúnen en sociedad civil es que cada uno alcance los medios para llegar al fin que Dios le ha señalado, y es verdadero bienestar temporal en esta vida y felicidad eterna en la vida futura.

El Papa León XIII precisa de la manera siguiente el fin y objeto de la sociedad civil en su Encíclica sobre los deberes de los católicos: «El fin de toda asociación humana es ayudar a cada uno para alcanzar el fin que Dios le ha puesto. Una sociedad civil, pues, que se propusiera buscar el bienestar temporal y lo que puede hermosear y hacer agradable la vida, pero en la administración y en todos los negocios públicos no tomara en cuenta a Dios y descuidara la ley moral dada por Dios, no cumpliría con su obligación, y sólo en apariencia, pero no en realidad y verdad, sería una sociedad humana fundada en derecho.» (Enc. Sapientiae christianae).

4. ¿De qué nos sirve la razón que Dios nos ha dado para organizar la sociedad civil?

La razón nos da a conocer la ley natural de Dios que es el fundamento firme e indispensable para el orden público, y esta misma razón, iluminada por la fe, nos habilita para conocer la revelación sobrenatural, con la cual el Hijo de Dios ha completado y perfeccionado la ley natural, y le ha añadido los conocimientos y los medios sobrenaturales necesarios para alcanzar la vida eterna.

5.. ¿Cómo llamaremos a la sociedad humana cuando es ordenada según la ley de Dios?

La sociedad civil organizada y ordenada según la ley divina es el reino de Dios en la tierra, porque semejante sociedad reconoce a Dios por Legislador y soberano suyo; le adora y le sirve.

Esto es precisamente lo que el Liberalismo llama teocracia, afectando desprecio para una teoría que tanto ennoblece a la sociedad humana, pues ¿qué cosa puede ser más gloriosa para el hombre que reconocer a Dios por Señor, según está escrito? «Le adorarán todos los reyes de la tierra: todos los pueblos le servirán.» (Salm. 71, 11.)

6. ¿Qué hizo Dios para establecer su reino en la tierra?

Dios estableció su reino cuando creó al primer hombre manifestándole su ley y voluntad, pero habiéndose destruido este reino por la desobediencia de Adán, mandó Dios a su propio Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, para restaurarlo. De Él está escrito que es «Rey de los reyes y Señor de los que gobiernan».

Jesucristo anunció esta su misión encargando a sus apóstoles: «Decidles: El reino de Dios ha llegado para vosotros.» (S. Luc 10, 9).

7. ¿De qué manera restauró Jesucristo el reino de Dios en la tierra?

Jesucristo nos libró del poder de Satanás, nos enseñó la ley divina y nos dio su gracia para vivir según sus preceptos, y formar de esta manera una sociedad cristiana.

8. ¿A quiénes encargó Jesucristo el cuidado de su reino, cuando subió a los cielos?

Jesucristo encargó a los pastores de la Iglesia que fundó, el cuidado de extender y conservar el reino de Dios en la tierra: «Como mi Padre me envió a mí, así os mando yo a vosotros.» (S. Juan 20, 21.) «Id y enseñad a todos los pueblos, mandadles guardar todo cuanto os he encargado.» (S. Mat. 28, 19. 20.)

9. ¿Deben por consiguiente los pueblos y sus gobiernos obedecer a la Iglesia?

Los pueblos y sus gobiernos deben respetar y seguir la ley de Dios y, como la Iglesia está encargada de enseñar y explicar esta ley, se sigue de aquí que la sociedad civil debe obedecer a la Iglesia en todo cuanto se relaciona con la ley de Dios; en las cosas indiferentes o puramente temporales, la Iglesia los deja libres y no pretende mandar en ellas.

10. Pero ¿no quiso Jesucristo enseñarnos que no pretende reinar sobre los pueblos y sus gobiernos cuando dijo: «Mi reino no es de este mundo»?

Jesucristo dijo a Pilato: «Mi reino no es de este mundo», para enseñarnos que no es el mundo quien le ha dado su potestad, sino su Padre celestial, como lo ha declarado en estas palabras: «Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre.» (S. Mat. 11, 27.) «Todo poder me ha sido entregado en el cielo y en la tierra.» (ibid. 28, 18.)

II. El Reino de Satanás — la Francmasonería ‘ y el Liberalismo

«En nuestra época parece que los fautores del mal

se han unido en inmenso esfuerzo,

a impulso y con ayuda de una sociedad

esparcida en gran número de lugares

y vigorosamente organizada,

la francmasonería.»

«Los que tomando nombre de Libertad

se llaman a sí mismos Liberales,

son imitadores de Lucifer,

cuyo es aquel nefando grito:

«¡No serviré!»

(Palabras de León XIII.)

1. ¿Existe en el mundo un reino de Satanás?

Hay un reino de Satanás en el mundo como lo declara repetidas veces Jesucristo: «Llega el príncipe de este mundo y en mí no tiene parte alguna.» (S. Juan 14, 30.) «El príncipe de este mundo ya está juzgado.» (Ibid. 16, 11.)

2. ¿Quiénes forman el reino de Satanás?

El reino de Satanás se compone de todos los que hacen la guerra a Dios y a su santa Iglesia, siguiendo el ejemplo de Lucifer, quien se alzó contra el Señor diciendo: «¡No serviré!»

3. ¿Qué nombre toman los que en el día siguen la bandera del ángel rebelde?

Los enemigos más declarados del reino de Dios forman en el día de hoy una sociedad oculta o secreta que se llama francmasonería, con la cual está íntimamente unida la secta del liberalismo, porque tiene el mismo fin y los mismos principios.

4. ¿Cuál es el fin característico de las sectas masónicas y liberales?

El fin de estas sectas es separar al hombre de Dios y destruir la autoridad de la Iglesia católica.

5. ¿Qué diferencia hay entre los masones y la secta liberal?

Los masones se tienen escondidos y no quieren ser conocidos; la secta liberal por lo contrario se manifiesta públicamente, ofreciendo a los pueblos progreso, civilización y felicidad nunca vista, con tal que se separen de la Iglesia de Dios.

Del mismo modo engañó Satanás a nuestros primeros padres, ofreciéndoles que llegarían a ser iguales a Dios negándole la obediencia.

6. ¿Cuál es el medio principal que los masones emplean para combatir a la Iglesia?

El medio principal que los masones emplean para destruir la religión de Jesucristo es desacreditar a los sacerdotes valiéndose de la calumnia y de la mentira.

«Preciso es mentir como diablos, decía Voltaire, pues siempre queda algo.»

7. ¿Cómo procede la secta del liberalismo para destruir la autoridad de Dios?

El liberalismo quiere persuadirnos que el hombre no tiene otra ley que su propia voluntad; que no depende de Dios ni de la Iglesia; de esta manera entiende la libertad que ofrece a los pueblos.

8. ¿Qué hace el liberalismo para introducir esta su falsa libertad?

El liberalismo se vale principalmente de los medios siguientes:

1º Procura que los pueblos y sus gobiernos excluyan a Dios de la constitución y de sus leyes, alegando que la religión nada tiene que ver con la política.

2º Enseña que cada uno puede creer, hablar y escribir lo que quiere, sea verdad o mentira, bueno o malo.

3º No consiente que en las escuelas públicas se enseñe la religión a los niños.

4º Quiere excluir a Dios de las familias, haciendo que los esposos no se unan con el sacramento del matrimonio, sino que vivan en mal estado o concubinato.

9. ¿De qué engaño deben precaverse los católicos cuando oyen o leen esas doctrinas liberales?

Fieles imitadores del padre de la mentira, los liberales emplean constantemente el engaño siguiente: Cuentan y exageran los males que la humanidad ha sufrido hasta los tiempos presentes; en seguida atribuyen maliciosamente estos males a la Iglesia y a la religión, y finalmente prometen que con los principios de su mentida libertad todo cambiará, todo ha de ser progreso y felicidad.

10. ¿De qué manera se puede deshacer esta astucia de la secta liberal?

Hay un medio muy fácil para desvanecer este engaño; pregúntese a la secta liberal ¿qué ha hecho ella en los pueblos y en los tiempos que ha tenido el gobierno? Su libertad es tiranía, la felicidad que ofrecen es perseguir a los institutos de caridad con que la Iglesia sabe aliviar todas las dolencias.

Como naturalmente se presenta aquí una pregunta, a saber ¿si los masones y liberales podrían formar una sociedad civil duradera aplicando su doctrina y principios? Anticipándonos a las demostraciones posteriores diremos algo sobre esta curiosa pregunta.

El demonio puede destruir, pero no tiene poder para edificar cosa que dure; sin Dios, sin religión y sin las virtudes que esta inspira es imposible que dure una sociedad humana. Un pueblo de sólo masones comería sus propias entrañas. En efecto, hubo época en que los liberales y masones tuvieron plena libertad para mostrar lo que pueden; pues en la revolución francesa se pusieron a la obra organizando una república según «los derechos del hombre» que son el Credo del liberalismo.

— ¿Qué hubo entonces?

Sangre y exterminio, reinado del terror, una tiranía cual nunca había visto la humanidad, y en poco tiempo se mataron unos a otros.

Nuestros libros sagrados nos anuncian claramente que Dios en sus adorables decretos permitirá que Lucifer consiga por medio del Anticristo establecer su reino satánico en la tierra con aparente triunfo sobre la Iglesia.

Entonces el Anticristo, jefe del reino satánico, prohibirá el culto cristiano; pero a pesar de todo su poder, su reino será de corta duración y sus días serán contados, como lo anuncia el profeta Daniel en las palabras siguientes: «Desde el tiempo en que será quitado el sacrificio perpetuo (la Misa) y será entronizada la abominación de la desolación, pasarán mil doscientos y noventa días. Bienaventurado el que espere y llegue a mil trescientos treinta y cinco días.» (Dan. 12, 11. 12.)

De la exposición general que acabamos de hacer resulta claramente la diferencia que existe entre los nobilísimos principios de la política cristiana y los perniciosos errores del liberalismo. Resumiéndolos todos en el cuadro siguiente proponemos el argumento de este libro:

La Iglesia enseña

Que Dios es el autor de la sociedad civil.

Que los magistrados civiles son los ministros y representantes de Dios, de quien tienen su Autoridad.

Que las leyes civiles deben fundarse en la ley de Dios, quien es Supremo Legislador.

Que los gobiernos deben ser cristianos y apoyar a la Iglesia.

Que la conciencia del hombre depende de Dios.

Que la verdadera libertad se somete a la ley de Dios.

Que la enseñanza dada en las escuelas debe ser cristiana.

Que la imprenta debe sujetarse a la ley moral y religiosa dada por Dios.

Que el matrimonio es un sacramento instituido por Dios y es indisoluble.

El Liberalismo pretende

Que el hombre por sí solo es autor de la sociedad civil, sin participación de Dios. — Contrato o pacto social.

Que los magistrados son unos meros mandatarios y encargados del pueblo.

Que el pueblo «soberano» es el Supremo Legislador y que las leyes nacen de la sola voluntad humana.

Que los gobiernos deben ser ateos, esto es, sin religión alguna.

Que la conciencia no depende de Dios. — Moral independiente.

Que la libertad es negar la obediencia a Dios.

Que ninguna religión debe ser enseñada en las escuelas.

Que la imprenta debe ser libre para publicar y enseñar cualquier error o falsedad.

Que el matrimonio no es institución divina, sino puramente humana. — Matrimonio civil.

Después de haber dilucidado estas diversas cuestiones, examinaremos el carácter íntimo de las sectas masónicas y liberales y los medios que ponen por obra para engañar y pervertir a los pueblos.

Finalmente trataremos de algunas asociaciones modernas que son hijas del liberalismo masónico.