MEDITACIÓN SOBRE LA MUERTE

Parca, célebre te veo que caminas
a diestra a siniestra, diligente,
cercenando los hilos del viviente
e intercalando abrojos con espinas.
Te contemplo parada en las esquinas,
pensando a quién asestas tu tridente,
mostrando tu guadaña reluciente,
sin fijarte en la edad del que asesinas.
No te temo, pues sé que no he nacido
para estar de continuo en el destierro;
Al ver tus actuaciones no me aterro,
Ha ya tiempo la lección me he aprendido.
A vivir en el mundo no me aferro
pues sería poseer iluso yerro.
Mi Patria está más alta: allá en el Cielo,
Al que aspiro llegar en raudo vuelo,
contando antes con el favor del Padre
y los ruegos marianos de mi Madre.
Andrés Carballo Real.
