ALEJANDRO BAYER: ESCOLIOS DE NICOLÁS GÓMEZ DÁVILA: EL SUPLICIO DE LA LITURGIA

novalectio
29 de octubre de 2013
escolios

Escolios* de Nicolás Gómez Dávila

Escolio

El sacrificio de la Misa es hoy el suplicio de la liturgia. (Escolios nuevos I, p. 62)

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[Por favor prescinda de lo siguiente si lo anterior es claro para usted, como de hecho deseo]

Comentario (con perdón de don Nicolás y de los lectores):

Como solamente un sabio puede decirlo, con la precisión certera de la flecha que se clava en el único sitio vulnerable de un enemigo, don Nicolás se valió de los múltiples sentidos de “sacrificio” —definitorio del verdadero sentido de la Santa Misa, no de la mascarada de hoy definida sin vergüenza luteranamente como “cena del Señor”, y ladinamente como “conmemoración pascual”— y de “suplicio” (palabras de significado cercano) para describir algunos de los efectos de las acciones de los ladrones salteadores introducidos en el redil de Cristo.

Mediante dos paráfrasis quiero mostrar algunos de los sentidos que yo capto en el escolio. Primera: el sacrificio realizado por Cristo el Viernes Santo y renovado a perpetuidad (hasta su abolición anunciada, ya consumada), tergiversado hace 44 años por la malhadada reforma litúrgica, se ha hecho tortura abominable para el Amantísimo Corazón de Nuestro Divino Redentor. Su deseo “era” ofrecerlo en unión con todos los hombres, para nuestro beneficio y para la glorificación del Padre, pero este odioso y blasfemo remedo es más bien renovación multiplicada de los desprecios, de las humillaciones y de las vejaciones infligidas por los judíos y los romanos deicidas.

Segunda: el pastiche de hoy día del augusto Sacrificio mediante una liturgia que de divina no tiene nada, ni de sagrada, ni de seria siquiera, es suplicio para el fiel, para aquél que procura amar a Dios sobre todas las cosas y sabe que su Señor ha sido de nuevo traicionado y está siendo objeto de desprecio por Sus aparentes ministros, burlado y hecho objeto de befa peor que la operada por los judíos. Algunos, conscientes de que el rito ha dejado de ser agradable a Dios y alejados de él, no pueden dejar de sufrirlo mientras siga siendo medio de ofensa al Señor y medio de engaño a los pocos fieles que aún no están corrompidos totalmente por la nueva religión de la que la “nueva” liturgia es expresión. Y es también suplicio para estos últimos: creyendo por ignorancia —que en muchos es pecado grave— que desobedecerían a Dios si rechazaran la falsa liturgia, sienten cada vez mayor repugnancia ante las miles de cosas espantosas que ocurren en el mundo en torno a lo que otrora fuera Santo, Divino y, como consecuencia, bello (hoy es repugnante hasta el extremo). “Saben” que esa payasada es algo que no agrada a Dios, y lo detestan sensiblemente, y lo tienen que soportar porque los agarrota el temor humano, un miedo cobarde idéntico al de muchos judíos obedientes al sanedrín deicida.

Sobre esta edición de los escolios y escolios publicados Sobre Nicolás Gómez Dávila

* Según la Real Academia Española de la Lengua, escolio (del lat. scholĭum, y este del gr. σχλιον, comentario) es el sustantivo masculino para designar una «nota que se pone a un texto para explicarlo».